El ideológico retorno de las interfaces transparentes

Cuando en 1998 elegí el tema para mi tesis doctoral no tuve ninguna duda. Desde hacía unos cuantos años venía leyendo libros y artículos sobre interacción persona-ordenador, usabilidad, hipertextos y diseño interactivo. Casi todos los autores, antes o después, confluían en un mismo punto: “la mejor interfaz es la que desaparece”, la que el usuario no percibe porque el dispositivo tecnológico se vuelve “transparente”.

Investigadores de primer nivel como Don Norman, Gui Bonsiepe o Ben Schneiderman no dudaron en convertir esta idea en un principio innamovible de la Human-Computer Interaction y el Interaction Design. Mi tesis, en pocas palabras, desarrolló una crítica a esa razón instrumental que reduce las interfaces a objetos que desaparecen y convierte a la interacción en un proceso transparente, casi natural.
Las interfaces, como los lenguajes o la comunicación, no pueden ser “transparentes” o “invisibles”: se trata siempre de dispositivos artificiales que, cuando están bien diseñados, se naturalizan y vuelven imperceptibles. La interfaz es como una metáfora: si está bien construida y colocada dentro del relato, el lector no la percibe (Borges). El principio de la transparencia, desde la perspectiva de los usuarios, está fuera de discusión: a todos nos gusta concentrarnos en la tarea u objetivo que queremos llevar adelante y olvidarnos de los dispositivos técnicos que tenemos entre manos. Sucede igual que con una prótesis: ¿Cuál es la mejor pierna artificial? La que no se siente cuando caminamos.

Sin embargo, desde una perspectiva teórica el planteo no convence… si algo nos enseña la semiótica y las ciencias del lenguaje es que no existen intercambios simbólicos transparentes. Siempre, incluso en las más básicas interacciones, existe un conflicto y al mismo tiempo una negociación entre el diseñador y el usuario; esta cooperación se define en un posible “contrato de interacción” entre el usuario y el diseñador. La interfaz es la sede de ese contrato que, no olvidemos, puede ser aceptado o no por el usuario.

En mi tesis de doctorado -publicada en formato libro bajo el título Hacer Clic. Hacia una sociosemiótica de las interacciones digitales (Barcelona: Gedisa, 2004)- traté de evidenciar estos conflictos interpretativos en diferentes tipos de interfaces, desde los procesadores de textos hasta la web de un diario online. Un breve resumen de este planteo se puede leer en el artículo que lleva el mismo nombre del libro publicado en el número 5 de deSignis.

El multi-touch screen de Jeff Han (su presentación en las TED Conferences es uno de los clásicos de ese ciclo) es uno de esos productos que reabre el debate sobre la transparencia de las interfaces. El mismo Han lo dice mientras sus dedos de mago digital se deslizan sobre la pantalla interactiva: Señoras y señores, aquí no hay interfaz, todo es transparente y natural! El mouse o el joystick dejan de existir  y la interfaz se vuelve transparente con un toque de magia tecnológica.

La llegada del iPhone en el 2007 y la difusión de las pantallas táctiles vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la desaparición de los interfaces. Inclusive los diseñadores de videojuegos cada vez más hacen hincapié en estas formas de interacción en las cuales el dispositivo tiende a volverse transparente. La sensación de estar manipulando directamente objetos (un concepto elaborado originalmente por Ben Schneiderman en el lejano 1982) es total.

Me encantan todos estos dispositivos. Desde la perspectiva de los usuarios, ponen en pie una nueva generación de tecnologías que facilita notablemente la manipulación de la materia digital. Cuando Apple presentó el iPhone en el 2007 pocos dudamos en considerar que nos encontrábamos de frente a un arquetipo, uno de esos productos que marcan una época y generan descendencia.  Una vez que uno se acostumbra a la pantalla multi-touch no hay retorno atrás: cuando un amigo me prestó un eBook de la Sony, mis dedos fueron derecho a tocar la pantalla… mientas mi amigo me alertaba: “Tiene botones, eh!”

Sin embargo, esto que me entusiasma tanto como usuario sigue encendiendo una luz roja en mi tablero científico: las interfaces parecen naturales y creemos que desaparecen, pero siempre están ahí. Es en la interfaz donde se expresa el diseñador: ahí está su ideología, su visión del mundo y su concepción del intercambio que propone a los usuarios. Es el diseñador el que decide qué podemos y qué no podemos hacer con la interfaz, de la misma forma que determina nuestros movimientos dentro de una red a través de la creación de enlaces. En la interfaz se expresa  -como diría Lawrence Lessig- el poder del código (“code is law”).

Todas las estrategias (políticas, ideológicas, comunicativas, económicas, etc.) del diseñador se expresan en la interfaz y allí se confrontan con las tácticas de los usuarios. Las interfaces, como dice Umberto Eco a propósito de los textos, son la sede de un conflicto entre dos sujetos, y eso no es para nada transparente.

Carlos Scolari
Doctor en Lingüística Aplicada y Lenguajes de la Comunicación.
Profesor titular de Teorías de la Comunicación y Fundamentos de Comunicación Digital en la Universitat de Vic.
Coordinador del Grup de Recerca d’Interaccions Digitals (GRID).

* Publicado originalmente en http://hipermediaciones.com/ y reproducido con permiso del autor.

Innovar con blogs en las aulas universitarias

1. Introducción

La web 2.0. permite utilizar todo tipo de herramientas digitales de manera más intuitiva y participativa. Herramientas y entornos como la red social ayudan a la comunicación personal, el intercambio de informaciones y la generación de conocimiento (Jubany, 2009).

Coincidimos con Ruiz (2009), que en estos últimos años el usuario ha pasado a ocupar un lugar más activo. Anteriormente el usuario era un mero lector y su capacidad de interactuar con los contenidos ofrecidos por la Red era prácticamente nula. En estos momentos se ha convertido en un lector-escritor de contenidos, por lo que su papel ha ganado en influencia en las nuevas creaciones que se vierten a la Red.

Además, los entornos sociales interactivos que ofrecen las aplicaciones de la WEB 2.0 constituyen un instrumento idóneo para favorecer metodologías socio-constructivistas centradas en los estudiantes y en el aprendizaje autónomo y colaborativo (Marquès, 2007).

En resumen y haciendo nuestras las palabras de Area (2009), hemos evolucionado de sitios web estáticos y/o multimedia elaborados con la finalidad de ser consultados y vistos por las personas a espacios virtuales destinados a la creación de redes sociales o espacios virtuales para la colaboración entre personas (la Web 2.0).

2. Blogs y Universidad en el marco europeo

En el marco del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) se manifiesta la necesidad de promover la convergencia entre los diferentes sistemas de educación superior para facilitar a los titulados la integración en un mercado laboral sin fronteras y ofrecer un marco más atractivo para los estudiantes del resto del mundo. El objetivo que se proponen es conseguir, antes del 2010, el desarrollo progresivo del EEES teniendo como eje, el aprendizaje y el respeto a la diversidad de culturas, lenguas y sistemas educativos y la autonomía universitaria (Montserrat, Gisbert y Sofía, 2007). Con ello se plantea un nuevo contexto universitario en la que:

- Se tiende a una creciente movilidad de los estudiantes y de las políticas de participación. El intercambio, la transparencia y la comunicación se convierten en elementos claves para la calidad en las universidades.
 
- Aumenta la heterogeneidad de los alumnos. Tradicionalmente, la universidad se dirigía a una audiencia muy específica. En la actualidad nos encontramos con perfiles de alumnado muy heterogéneo, con características personales, intereses, expectativas y necesidades diferentes.

- Se manifiesta la necesidad de que las universidades, las demás instituciones superiores y sobre todo los estudiantes participen para crear de manera constructiva el Espacio Europeo de Enseñanza Superior.

- El perfil académico profesional es definido a través de competencias. Con ello se desprende que la universidad debe dar respuesta a los nuevos requerimientos profesionales (saber, saber hacer, saber estar y ser).
 
- Se propone un cambio en el paradigma educativo, donde el alumno se sitúa en el centro del proceso del aprendizaje y se manifiesta la necesidad de una formación continua y metodologías orientadas al aprendizaje activo.

- Se requiere sistemas de orientación, seguimiento y evaluación como elementos fundamentales para garantizar la calidad.

Los blogs han ganado una creciente popularidad en los últimos años, extendiéndose a todas las esferas del ámbito social, incluidas las iniciativas en el campo de la formación (Baggetun, 2006).

En el contexto educativo, se suelen denominar edublogs que son las bitácoras que tienen como objetivo ser una herramienta de uso en el campo de la Educación. Por lo tanto, los Education+blogs o edublogs son los blogs orientados al aprendizaje y la educación que implementan recursos para las comunidades de estudiantes, alumnos y profesores por medio de un sistema de publicación en red interactivo (Lara, 2005). Con esta interactividad, el blog pasa de ser un monólogo a un diálogo, en una invitación constante a la conversación (Wrede, 2004).

Con los edublogs, el estudiante puede recibir el feedback de otros participantes en el debate y tomar mayor conciencia de su propio aprendizaje. Además, puede observar las conversaciones que tienen lugar en su propio blog a través de los comentarios que recibe, o ver las referencias a su blog con los trackbacks. Asimismo, el carácter modular de los sistemas de publicación de los blogs permite al estudiante utilizar los servicios de sindicación de contenidos para mantenerse actualizado en los blogs de su interés. Por su parte, el profesor también puede utilizar este sistema para organizar las lecturas de los blogs de sus alumnos (Richardson, 2005).

Efimova y Filder (2004) señalan diversas características educativas dentro de las comunidades de weblogs:

- Aumentan el interés de los estudiantes en el aprendizaje, les abre cauces efectivos de participación.

- Es un medio de expresión de la construcción del conocimiento que están realizando.

- Ayudan a los alumnos a convertirse en expertos.

- Soporte para el desarrollo de habilidades meta-cognitivas.

- Les acerca y ofrece nuevas perspectivas dentro y fuera del aula.

- Un recurso para el aprendizaje comunitario.

Dickey (2004) y Wise (2005) señalan que tanto profesores como alumnos se benefician del uso de weblogs en los procesos teleformativos. Por una parte, los profesores-tutores cuentan con el formato para organizar los materiales, motivar comunidades de aprendizaje y crear vínculos con los alumnos. Y a los estudiantes, la elaboración de su blog personal les ayuda a construir su propio aprendizaje y establecer redes de interrelación social que sirvan para paliar los sentimientos de aislamiento que generalmente se asocian con los sistemas de Teleformación.

Quisiéramos cerrar resaltando que la incorporación de la universidad española al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) está conllevando una serie de adaptaciones legislativas y diversas modificaciones en el papel del profesorado universitario y en el papel del alumnado. Algunas de estas modificaciones están relacionadas con el concepto de competencias (transversales y específicas) establecidas en los títulos de grado. Este concepto supone realizar cambios importantes en el sistema universitario que equilibren las competencias pretendidas, las capacidades a desarrollar, las metodologías aplicadas y el tipo de evaluación que se lleve a cabo (Pérez, Tabernero y otros, 2008).

Referencias bibliográfica y Webgrafía

Biblioblog de consulta: http://recursos-webgrafia.blogspot.com/

  • Area, M. (2009): Introducción a la Tecnología Educativa.. Universidad de La Laguna.           [consulta: 14/03/09] <http://issuu.com/manarea/docs/tecnologiaeducativa?mode=embed&documentId=090108181124-0dadb94940824b57bd33e4e59da02a6e&layout=grey>
  • Baggetun, R. (2006): Prácticas emergentes en la Web y nuevas oportunidades educativas. Revista Telos. Cuadernos de Comunicación, Tecnología y Sociedad, 67.  [consulta: 17/03/09] <http://www.campusred.net/telos/>
  • Dickey, M. D. (2004): The impact of web-logs (blogs) on student perceptions of isolation and alienation in a web-based distance-learning environment. Open Learning, 19, 3.
  • Efimova, L., y Fiedler, S. (2004): Learning webs: learning in weblog networks. [consulta: 5/03/09] <https://doc.telin.nl/dscgi/ds.py/Get/File-35344/LearningWebs.pdf>
  • Farmer, J. (2006): “Blogging to basics: How blogs are bringing online education back from the brink”. En: BRUNS, A;  JACOBS, J. (eds.): Uses of blogs New York: Peter Lang, 91-103. 
  • Jubany, J. (2009). Guía práctica para participar activamente en una red social  y educativa digital.  Revista Didáctica, Innovación y Multimedia, 5, 13.  [consulta: 12/03/09] <http://www.pangea.org/dim/revistaDIM13/Articulos/jordijubany.doc>
  • Lara, T. (2005): Blogs para educar.Usos de los blogs en una pedagogía constructivista. Revista Telos. Cuadernos de Comunicación, Tecnología y Sociedad, 65. [consulta: 19/03/09] <http://www.campusred.net/telos/>
  • Marquès, P. (2007): “La web 2.0 y sus aplicaciones didácticas” [artículo en línea] [consulta: 14/03/09] < http://www.peremarques.net/web20.htm>
  • Montserrat, S, Gisbert, M y Sofía, I. (2007): E-Tutoría: uso de las tecnologías de la información y comunicación para la tutoría académica universitaria. Revista electrónica de Teoría de la Educación: Educación y Cultura en la Sociedad de la Información, 8, 2. [consulta: 14/03/09] <http://www.usal.es/~teoriaeducacion/rev_numero_08_02/n8_02_sogues_gisbert_isus.pdf>
  • O’Donnell, M. (2006): “Blogging as pedagogic practice: Artefact and ecology”. Asia Pacific Media Educator. 17, 5-19. [consulta: 14/03/09]  <http://incsub.org/blogtalk/images/Odonnell.doc >
  • Pérez, A, Tabernero, B y Otros. (2008): Evaluación formativa y compartida en la docencia universitaria y el espacio europeo de educación superior: cuestiones clave para su puesta en práctica. Revista de Educación, 347, 435-451.
  • Pérez, A;  Tabernero, B y Otros. (2008). Evaluación formativa y compartida en la docencia universitaria y el espacio europeo de educación superior: cuestiones clave para su puesta en práctica. Revista de Educación, 347, 435-451
  • Rircharson, W. (2005): The ABCs of RSS. [consulta: 14/03/09] <http://www.techlearning.com/story/showARticle.jhtml?articleID=163100414>
  • Suárez, C. (2009): Estructura didáctica virtual para Moodle Revista Didáctica, Innovación y Multimedia, 5, 13.  [consulta: 16/03/09]  <http://www.pangea.org/dim/revistaDIM13/Articulos/cristobalsuarez.doc >
  • Tekinarslan, E. (2008): “Blogs: A qualitative investigation into an instructor and undergraduate students’ experiences”. Australasian Journal of Educational Technology.  24, 4, 402-412. [consulta: 6/03/09]  <http://www.ascilite.org.au/ajet/ajet24/tekinarslan.html>
  • Williams, J. B. y Jacobs, J. (2004). Exploring the use of blogs as learning spaces in the higher education sector. Australasian Journal of Educational Technology. 20, 2, 232-247. [consulta: 14/03/09] <http://www.ascilite.org.au/ajet/ajet20/williams.html>
  • Wise, L. (2005): Blogs versus discussion forums in postgraduate on line continuing medical education. BlogTalk conference paper. Sydney. [consulta: 11/03/09] <http://incsub.org/blogtalk/?page_id=106>
  • Wrede, O. (2004): Weblogs and Discourse. Weblogs as a transformational technology for higher education and academic research. En BURG, T.N: BlogTalks. Viena: Zentrum für Wissenschaftliche Forschung und Dienstleistung. 217-237.

Eloy López Meneses
Doctor en Ciencias de la Educación.
Profesor de la Universidad de Extremadura.
Miembro del grupo de investigación: Nodo-Educativo

Este extracto de la nota, publicada originalmente en el Nº14 de la Revista DIM: Didáctica, Innovación y Multimedia, fue reproducida con permiso del autor. La nota completa puede encontrarse en http://dialnet.unirioja.es/

El sector cultural en las redes sociales

En los últimos meses hemos detectado cómo muchas entidades culturales (editoriales, bibliotecas, museos, fundaciones, etc.) se han lanzado a crear perfiles o grupos en las diferentes redes sociales (Facebook, MySpace, Xing, Flickr o Twitter, entre otras) sin haber reflexionado previamente sobre cuáles son los objetivos de negocio y de comunicación que quieren lograr con su presencia en estas plataformas.

A nivel individual cualquier persona puede crearse un perfil en cualquiera de estas redes sociales, pero algo muy distinto es crear una página o grupo de la propia editorial o del museo. Dejándose llevar por las modas o pensando que estas herramientas son un mero juego, muchas entidades culturales han entrado en las redes sociales sin analizar sus consecuencias e implicaciones en la organización. 

Consideramos que esta precipitación puede generar problemas a algunas entidades dado que su presencia y comportamiento en la web social tendrá un impacto en la organización interna de la empresa, así como en el tono y enfoque de sus estrategias de comunicación y marketing.

Antes de lanzarse a la web social, las entidades culturales deberían reflexionar sobre algunos aspectos básicos con el fin de evitar cometer errores y malentendidos:
- ¿Cuál es el objetivo de la presencia en las redes sociales? Por ejemplo, una editorial debería preguntarse si quiere utilizar su presencia en una determinada red social  como canal de información a sus actuales lectores o bien utilizar esa red social para captar nuevos lectores que no conocen la editorial. El enfoque y contenidos del perfil serán totalmente distintos.
 
- ¿Qué tipo de contenidos específicos ofrecerá ese perfil/grupo? Uno de los errores más comunes que hemos detectado es que las entidades culturales divulgan en las redes sociales los mismos contenidos ya publicados en su propia web o a través de su boletín. Es decir, saturan al usuario enviando la misma información a través de tres o cuatro canales diferentes. Al final, el usuario acaba harto y se da de baja de uno o varios canales. Estas nuevas herramientas de comunicación nos permiten complementar los canales tradicionales, no machacar al público con un simple autobombo.
 
- ¿Quién gestionará el perfil? Otro de los errores que hemos detectado es que al cabo de unas semanas el perfil de muchas entidades deja de actualizarse. Antes de lanzarse a la web social,  la entidad no ha contemplado quién va a ser la persona responsable de su actualización. Si queremos hacer bien las cosas deberíamos asignar a alguien la responsabilidad de gestionar y promover el perfil. Dicha persona debería sentirse cómoda con esta nueva responsabilidad. A ser posible debería ser un “nativo digital”.
 
- ¿Hemos comunicado internamente la futura presencia de la entidad cultural en las redes sociales? Estas organizaciones deberían tener presente que muchos de sus empleados ya cuentan con perfiles personales en estas redes sociales. Si una editorial o museo crea un perfil o grupo corporativo, ¿debe el empleado hacerse amigo?

- ¿Qué pasa con los empleados que no quieran ser “amigos”? ¿Será tenido en cuenta por el equipo directivo? Este tipo de malentendidos se pueden evitar llevando a cabo un proceso de comunicación interna sobre el papel de la entidad cultural en la web social.

- ¿De qué pueden hablar nuestros empleados en las redes sociales? En sus perfiles personales, de lo que les dé la gana, siempre y cuando no divulguen información confidencial de la entidad. Prohibir la participación de nuestros empleados en la web social sería un grave error, aunque sorprendentemente algún directivo lo ha pensado… Con el fin de evitar futuros malentendidos o  conflictos, varias entidades culturales están redactando unas pautas internas de uso de estas herramientas, basadas en el sentido común, que sirven de referencia para todos los empleados a la hora de participar en la web social, ya sea durante la jornada laboral o fuera de la compañía. Las editoriales, museos, bibliotecas, etc.  deberían reflexionar sobre este tema y redactar una política clara sobre la posible actuación de sus empleados en las redes sociales. Ambas partes (los empleados y la entidad) se evitarán disgustos y sorpresas.

socialnetworks%201

- Si la entidad cultural exige responsabilidad a los empleados en su actuación en la web social, ¿cuál será el compromiso por parte del equipo de gestores? ¿Pueden entrar los directivos en la web social para cotillear los perfiles de sus empleados con el fin de saber qué hacen los fines de semana? Tal y como comenté en mi libro “La empresa en la Web 2.0”, sigo viendo que pocas entidades hayan reflexionado sobre este importante aspecto del comportamiento virtual de los directivos en la Red. En los mercados anglosajones varias empresas han elaborado una política interna de autorregulación que prohíbe a cualquier directivo de la compañía tener en cuenta la información publicada en los perfiles de sus empleados en cualquier red social. Estas empresas consideran que esta información es privada y que, por tanto, leer estos perfiles sin su permiso es como entrar en el salón de su casa sin estar invitado.
 
- ¿Han leído detenidamente las cláusulas de adhesión a las diferentes plataformas? Muchos gestores culturales se han llevado más de una sorpresa al leer con detalle las condiciones  generales y la cesión de cierto tipo de derechos y datos a la plataforma como contraprestación de sus servicios. Nunca aceptarían este tipo de condiciones en el mundo analógico,  pero los han cedido alegremente en la web social.

Las entidades culturales deben estar y participar en las redes sociales, pero antes de darse de alta en las mismas deberían tener en cuenta estos aspectos básicos, así como otros más estratégicos, con el fin de evitar errores, desagradables sorpresas o la sensación de tener una nula rentabilidad por su presencia en la web social.

Javier Celaya
Master en Relaciones Internacionales (Universidad de Columbia de Nueva York)
Fundador de Dosdoce.com
Autor de libro “La empresa en la web social” (2008).

Publicado originalmente en el sitio Dosdoce.com. Reproducido con permiso del autor.

Estrategias institucionales para los nuevos procesos culturales

En el nuevo escenario que genera la tecnología y la cultura digital, las instituciones culturales ya no pueden jugar los mismos papeles que en el mundo analógico. Sus clásicas funciones de conservación, investigación, comisariado o exhibición ya no de su exclusividad, por lo que deben abrirse a las redes de creación que superan los límites disciplinares y organizativos. Pero esta estrategia pasa, necesariamente, por que las instituciones entiendan e incorporen en su modelo organizativo y de comunicación los nuevos papeles de creadores y público así como la necesidad de redefinir y flexibilizar la propiedad intelectual para posibilitar los procesos de producción basados en la remezcla, elemento esencial de la cultura digital. Analizaremos aquí las estrategias y modelos de las instituciones que, independientemente de que trabajen con procesos y productos digitales, han incorporado las prácticas y cultura digital a su organización y comunicación y, por tanto, a los modos de relación con sus diferentes stakeholders como son los creadores y los usuarios, además de otras organizaciones. Las organizaciones que se incluyen en los esquemas no son más que ejemplos y no constituyen, ni mucho menos, un catálogo completo.

freire1

Por otra parte, deberíamos ampliar el concepto tradicional de “institución” dado que existen muchas más, y diferentes, organizaciones que se convierten en actores emergentes y relevantes en la producción y difusión cultural. Estas organizaciones pueden, por una parte, caracterizarse por su modelo organizativo. En un extremos tendríamos las instituciones tradicionales, públicas y privadas como museos o centros culturales dotados de una estructura legal y, habitualmente, una estructura jerárquica y burocratizada. En el otro extremos nos encontramos con múltiples redes y comunidades informales que funcionan sin necesidad de ninguno tipo de estructura legal. Muchas de estas organizaciones informales, en su propia evolución, necesitan dotarse de una cierta estructura que les permita afrontar su crecimiento en tamaño o funciones y, por tanto, abordar proyectos de mayor envergadura o ambiciosos. En esta transformación acaban por convertirse bien en colectivos, con algún tipo de vínculo formal entre sus miembros y unas reglas de juego básicas, o en empresas de producción y gestión cultural. Pero, al tiempo, muchas instituciones convencionales, en su proceso de transformación establecen alianzas con este tipo de colectivos y empresas o, incluso, con las redes informales como una estrategia para superar sus rigideces e inercias e incorporar una parte del dinamismo y capacidad innovadora de las organizaciones menos formalizadas y más flexibles.

Pero además, las instituciones pueden estar caracterizadas por sus funciones u objetivos que oscilan entre la difusión de procesos y productos culturales y la producción. Si analizamos conjuntamente las funciones y la organización podemos identificar al menos 4 tipos de instituciones.

freire2

(1) La mayor parte de las instituciones convencionales (como MNCARS o CCCB) han dedicado, y aún dedican, la mayor parte de su actividad a la difusión, aunque algunas (como LABoral) empiezan a actuar cada vez con mayor intensidad en el campo de la producción para lo que buscan alianzas con otros colectivos.

(2) En los últimos años han surgido toda una serie de iniciativas que nacen desde las administraciones públicas o desde ciertas fundaciones o grandes grupos empresariales que crean organizaciones centradas en la producción cultural. Normalmente, estas organizaciones nacen en realidad como centros de recursos, especialmente tecnológicos, pero algunas de ellas logran trascender estos objetivos para desarrollar un porgrama propio de producción basado en la creación de redes abiertas con múltiples tipos de usuarios. Mediablab Prado de Madrid y Citilab de Cornellá constituyen dos excelentes ejemplos que, además, muestran dos aproximaciones diferentes pero complementarias. Medialab Prado se centra en la creación de redes y comunidades con participantes altamente cualificados (que podríamos definir como geeks tecnológicos y/o artísticos) y genera procesos de producción altamente sofisticados y con un fuerte componente de reflexión y análisis crítico. Este modelo conlleva un impacto muy relevante pero muy centardo en colectivos poco numerosos, aunque enormemente influyentes y activos. Por el contrario, Citilab trata de involucrar a la ciudadanía no especialmente inclinada hacia la tecnología o a la acción cultural en procesos creativos. De este modo debe integrar un componente educativo muy relevante y sus resultados buscan una elevada difusión entre su entorno geográfico y social.

En este mismo grupo, aunque con objetivos claramente diferenciados, podríamos clasificar a proyectos como Disonancias que buscan generar alianzas entre creadores y empresas para provocar una cultura de innovación, influenciada por las prácticas creativas, en sectores empresariales de todo tipo.

(3) Los colectivos y proyectos transformados en empresas, como el caso paradigmático de Zemos98, centran su interés en la producción pero asumen funciones de difusión como modelo de negocio y resultado de las necesidades de otras instituciones culturales. En muchas ocasiones, este tipo de organizaciones se constituyen en conectores que permiten la colaboración entre creadores e instituciones más convencionales al saber adaptar su organización a las necesidades de ambos y asumir ese papel de comisariado.

(4) Las organizaciones informales (con casos como Hackitectura, AulAbierta, La Casa Invisible o Patio Maravillas, algunos de ellos ya han adquirido cierta estructura formal, así como muchos hacklabs) tienen como objetivo principal la producción, en muchas ocasiones entendida como parte de procesos educativos expandidos (que suceden fuera, y al margen, de las instituciones educativas). Este tipo de redes suelen mantener relaciones conflictivas con las instituciones tradicionales al defender modelos culturales radicalmente diferenciados y funcionan en muchas ocasiones en los márgenes del sistema, aprovechando los vacíos legales para utilizar recursos (como espacios públicos) y desarrollar sus prácticas. En ocasiones, estas redes informales acaban involucrándose cada vez más en proyectos “institucionalizados” (un reconocimiento implícito por parte de las organizaciones convencionales de sus propias limitaciones) y aumentando drásticamente su actividad por las demandas de diferentes usuarios. En estos casos, suelen producirse transformaciones hacia los modelos empresariales o de colectivos formales para adaptar su modelo organizativo a las nuevas demandas y oportunidades, si bien es cierto que en muchos casos este proceso es en cierta medida traumático al provocar la escisión de la organización original.

Pero el mayor interés de este mapa que combina funciones y modelos organizativos está en la tendencias que se pueden dibujar en este escenario. Por una parte, como indicaba antes, se produce la transformación de parte de las organizaciones informales a empresas o colectivos; un proceso continuo y sumamente creativo que alimenta la parte más innovadoras de las denominadas industrias culturales. Pero ademas las instituciones más tradicionales, pero con una estrategia digital clara, se incorporan a los procesos de producción casi siempre buscando alianzas con otras organizaciones más dinámicas.

Aparentemente, este mapa reflejaría que las organizaciones más dinámicas y con menor formalización no se involucran en la difusión convencional de la cultura. Este vacío no es más que aparente dado que en realidad, estas organizaciones, como ejemplos paradigmáticos de la cultura digital, incorporan la difusión en el propio proceso creativo. En un modelo basado en los procesos colaborativos, centrados en el diseño de experiencias de los usuarios y basados en la remezcla es imprescindible que la comunicación con los diferentes usuarios se produzca de un modo continuo y bidireccional. De este modo la difusión se convierte en una consecuencia del modelo organizativo y de los procesos de creación.

freire3

Juan Freire
Doctor en Biología
Profesor Titular de la Universidad de La Coruña (UDC)
Responsable de la Cátedra de Economía Digital de la Escuela de Negocios EOI.

Publicado originalmente en http://nomada.blogs.com y reproducido con permiso del autor.

Reflexionando acerca de los “cibervalores”. Una mirada desde el blog

INTRODUCCIÓN

Las nuevas formas de acceso a los bienes culturales tradicionales parecen haber tomado otras formas en respuesta, o como consecuencia, de nuevos valores que parecerían caracterizar a los seres humanos.
Los tradicionales procesos de educación/aprendizaje en el ámbito familiar, social  y en las de las escuelas (como instituciones de socialización primera) parecen haber tomado nuevas modalidades.

El uso de la ciudad, la primacía de los procesos de investigación y producción de conocimiento, las formas primarias de relacionarse con los otros, la estructuras y contenidos de producir y generar cultura, el individualismo creciente junto a las ideas de moral, honestidad, solidaridad han hecho que los ámbitos educativos sean escenarios de tensión y lucha entre los valores tradicionales que están en juego en la construcción de los sujetos.

Las nuevas formas que adquieren y que significan nuestros educandos en sus relaciones cotidianas con los otros y con la institución escolar  parecieran dejar al descubierto una profunda crisis de valores junto a la necesidad de conocer e interpretar  los cambios que se producen en la subjetividad, a partir de las nuevas prácticas vinculadas a las tecnologías de la comunicación e información (Ollari, 2009:1).

Asimismo, las nuevas características en torno a la conformación de las redes sociales virtuales ponen en cuestión la función escolar, familiar y social “real”.

Ante este contexto, proponemos pensar y repensar como la escuela puede y/o debe construir un proceso educativo que incorpore las nuevas formas de configuración identitaria y sus estrategias de construcción virtuales (conociéndolas, incorporándolas y cuestionándolas) para desde esas bases, y manejando similares códigos, podamos retomar la importancia de ciertos valores que hacen a la convivencia, desarrollo y transformación humana en el ámbito educativo.

Es decir, el problema no estriba en las nuevas formas virtuales y tecnológicas en que se construyen las identidades sino en los débiles lazos sociales que existen en el mundo real.

Nos centraremos en conocer y pensar críticamente algunos espacios virtuales, pero con el objetivo de materializar, como los libros de texto y las formas de escritura han dado un giro de los formatos impresos a los digitales transformando en nuestras niñas, niños y jóvenes las modalidades de producción y circulación de los textos. Del mismo modo, reflexionaremos en los “cibervalores” que circulan en las páginas de conformación de redes sociales más utilizadas para desde ahí (re) construir una mirada crítica de nosotros mismos.

DE LOS TEXTOS Y LECTURAS IMPRESAS A LOS FORMATOS DIGITALES

El creciente “uso”  juvenil (sobre todo) de páginas que priorizan el desarrollo de redes sociales y comunicacionales desde los blogs y sus relaciones con el MSN, Facebook, MySpace, YouTube, entre otros han puesto en la sociedad, y en un creciente desarrollo de trabajos de investigación desde las ciencias sociales, la preocupación en torno a las nuevas formas que adquieren las construcciones de  identidad, violencia, solidaridad, conocimiento entre otras.

En esta reflexión no abordaremos las diversas formas y dimensiones de análisis de estas redes virtuales ya que esto implicaría una investigación específica. La intensión será simplemente y no por eso menos compleja, la de señalar algunos puntos cruciales de estas temáticas para interiorizarnos en la dificultad que se nos presenta a la hora de “conocer” como se relacionan nuestros niños, niñas y jóvenes en el mundo virtual.

Asimismo, nos encontramos en un momento socio- histórico (no es el primero) que pone a los jóvenes como los más aptos para impulsar modos innovadores y creativos de comunicación y acción con sus pares los cuales antes de ser rechazados deben ser interpretados y comprendidos (1).

LOS BLOGS DEL CIBERESPACIO

El ciberespacio puede ser definido como un escenario “hipertextual”, que no es lineal y al cual se puede acceder y recorrer por diversos caminos. Al no tener estructuras fijas el desafío es enorme y nada sencillo. Presentarse en el ciberespacio es una decisión de cada sujeto de lo que quiere y no quiere mostrar, de cómo lo quiere mostrar y a quien. Paralelamente, la construcción simbólica y significante del espacio presenta ciertas innovaciones que parecieran no darse en el mundo real: los vínculos sociales, en la vida real, se construyen y reafirman en los lazos familiares, en la escuela, con sus pares, etc.

Los web blog (bitácora en línea), surgen en internet en 1992. Su contenido constaba de un catálogo de datos y directorios universitarios realizado por Tim Berners (Meso Ayerdi, 2006:421). Es posible observar el intenso crecimiento de este formato en por ejemplo “MySpace que alcanza en 2008, 184 millones de usuarios; Facebook, más de 200 millones en noviembre de 2008. En 2006, Technorati reportó 57.3 millones de blogs. Al día se creaban alrededor de 75,000 nuevos blogs (Castells, 2008:8)” (Abrego Molina, 2009:3).

Desde este auge es que se crean también los buscadores específicos que identifican los blogs más visitados y/o populares:

“Un blog es una jerarquía de texto, imágenes, objetos multimedia y datos, ordenados cronológicamente, soportados por un sistema de distribución de contenidos capaz de proporcionar la funcionalidad necesaria para distribuir esos contenidos con cierta frecuencia, exigiéndole unas capacidades técnicas mínimas, y que puede facilitar la construcción de conexiones sociales significativas o comunidades virtuales alrededor de cualquier tema de interés” (Fumero,2005: 2 citado en Abrego Molina, 2009: 4).

Esta forma digital permite ser parte de una comunidad desde el servidor al cual se pertenezca: blogspot, metroflog, hi5, MySpace, sonico, Facebook, entre otros) conformando blogocultura desde usuarios conocidos como los “digitalmente ilustrados” o “digerati=digital literati”, y por supuesto un lenguaje específico denominado Blogslang (Fumero, 2005: 15). Algunos de los grupos más escuchados que construye identidad en este formato son los Floggers, por ejemplo (2) .

Otro dato relevante es que en América Latina existen aproximadamente 42 millones de usuarios jóvenes de los SNS -Sitios de Socialización en Línea (Social Networking Sites), siendo la región que más tiempo está conectada (325 minutos al mes mientras que en Estados unidos se registra un promedio de 249 minutos). Desde una caracterización más técnica nos parece apropiado comentar que estos sitios son parte de la web 3.0 es decir tecnologías que “permiten el establecimiento de nuevas amistades, comunidades, y el mantenimiento de amistades ya existentes… la web 3.0 se trata de la producción de vínculos sociales de pertenencia y unidad… tiene un rol tanto reproductivo como productivo en las relaciones sociales” (Fuchs; 9:2009 citado en Abrego Molina, 2009: 5).

Desde estos breves datos, podemos empezar a desconstruir la premisa de que “los jóvenes no tienen valores”, para reconstruir que valores están en juego en estas nuevas formas de relacionarse y que valores son los que consideran relevantes y por qué.

Si tenemos en cuenta que los jóvenes históricamente son los encargados de llevar a cabo formas y estructuras de decir, de hacer y de denunciar en la vida social ciertas prácticas que no siempre son como los adultos y las instituciones esperamos, es posible que podamos escuchar y/o leer en el mundo virtual lo que no están pudiendo decir y hacer desde las estructuras tradicionales (3).

Es necesario referir también a la situación de los adolescentes y jóvenes que han quedado sin sus rumbos en una momento histórico donde las políticas neoliberales del capitalismo han desistitucionalizado y particularizado a nivel mundial a los sujetos y en la Argentina sobre todo luego de la crisis del 2001. Si hacemos eje además, que la etapa etaria se define por la construcción de su personalidad y por ser en sí misma un momento de incertidumbre entre la niñez pasada y el adulto futuro, notaremos que los espacios de socialización, pertenecía y contención tradicional (familia, escuela, barrio, etc.) no posibilita el acompañamiento de nuestros adolescentes y jóvenes.

Dicha trama social, hace cada vez mayor y veloz las diferencias generacionales con nuestros hijos y/o estudiantes dejando a las nuevas tecnologías ocupar cada vez más esos vacíos convirtiendo  lo cultural en consumo. Es decir, influyen con mayor fuerza en la vida cotidiana siendo parte importante del proceso de subjetivación, socialización y formación de la identidad de los sujetos adolescentes y jóvenes (Krauskopf; 2000).

Por tanto, es necesario transformar la base dialéctica (realidad-espacio virtual) del conocimiento para poder observar que existe producción y reproducción desde lo virtual de formas de ser y de convivir como así también maneras de comunicarse y transmitir subjetividad, cultura e historia. Es aquí donde tal vez, podamos empezar a comunicarnos con nuestros estudiantes y a construir juntos un verdadero proceso de tecnología para la educación construyendo un espacio de aprendizaje donde los niños nos enseñen a los adultos, y los adultos resinifiquemos las formas de enseñar los contenidos.

Asimismo, cuestiones como la estética, la imagen, los colores, la tipografía y el sonido (entre otros) son revalorizadas en las decodificaciones que los cibernautas hacen de los mensajes. En otras palabras, son los “gestos ciberespaciales” en el sentido de lo que se quiere y no se quiere mostrar de uno mismo y el cómo, que no están librados al azar y que son reinterpretaciones del mundo real.

Por último, creemos imprescindible profundizar en qué consisten las señas del espacio virtual para darnos cuenta que las formas tradicionales de lectura y escritura no han desaparecido, se han transformado y entender esto nos permitirá construir innovadoras estrategias digitales.

Por último, develar los gestos ciberespaciales nos permitirá observar los rasgos que unifican los códigos y las formas de comunicación en la cultura virtual para poder interpretar que es lo que se dice y el porqué.

El objetivo de estas reflexiones, apuntó a que podamos cristalizar las representaciones que los cibernautas hacen de sí mismos y de los otros en los sitios de socialización virtuales en relación con las representaciones que hacemos fuera del mundo virtual.

Se trata, entonces, de complejizar y cuestionar los débiles valores y espacios de socialización en el mundo real desde la mirada que nuestros jóvenes nos acercan desde el mundo virtual.

BIBLIOGRAFÍA

- ABREGO MOLINA, Víctor Hugo “La presentación en sitios de socialización en línea de jóvenes. Guadalajara” Ponencia presentada en el Congreso 2009 de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, Río de Janeiro, Brasil, del 11 al 14 de junio de 2009.
- BALAGUER, R. (2009) Facebook y las () Timidades. Disponible en http://ubaculturadigital.wordpress.com/2009/07/31/facebook-y-las-timidades/
- BAUMAN, Z. (2006) Vida de consumo, México: Fondo de Cultura Económica,
- CASTELLS, Manuel (2008): Comunicación, poder y contrapoder en la sociedad red (I). los medios y la política. Telos, España.
- FUCHS, Christian (2009): Social networking sites and the surveillance society. A critical case study of the usage of STUDIVZ, FACEBOOK, and MYSPACE by students in Salzburg in the context of electronic surveillance. Researh Group Unified Theory of Information. Austria.
- FUMERO, Antonio (2005): Un tutorial sobre blogs. El abecé del universo del blog. Revista Telos No. 65, España.
- GOFFMAN, Ervin (1989): La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu editores. Argentina
- OLLARI, Marina Alejandra “Influencia de las tics en la conformación de nuevas subjetividades y formas de sociabilidad. El caso de los floggers del Abasto” ponencia presentada en el Congreso 2009 de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, Río de Janeiro, Brasil, del 11 al 14 de junio de 2009.
- PAÍS ANDRADE, Marcela A.(2008) “Centros culturales y jóvenes de clase media urbana. Un espacio de heterogeneidad cultural” en Mabel Grimberg, María Josefina Fernández y María Inés Álvarez (Compiladoras) Investigaciones en Antropología Social, Buenos Aires, Argentina: Antropofagia-UBA. pp. 133-154.

Notas

(1) Para un análisis exhaustivo de la construcción juvenil ver País Andrade (2008) “Centros culturales y jóvenes de clase media urbana. Un espacio de heterogeneidad cultural”.

(2) “La denominación flogger proviene del hecho de poseer un fotolog: página web personal que permite publicar fotos y texto, y a la vez recibir los comentarios de sus pares en un formato estandarizado. El sitio fue abierto al público en el año 2002, en la actualidad posee más de 20 millones de usuarios en todo el mundo, y se calcula que hacia fines de 2007 seran 2.084.000 los usuarios argentinos de fotolog ocupando el segundo lugar entre los países latinoamericanos” (Ollari, 2009: 2)

(3) “Esta irrupción de las tecnologías impactó de manera particular en los jóvenes. Si tenemos en cuenta las cifras, tomadas de un estudio realizado en el año 2008 por la Fundación Telefónica, el 57% de los adolescentes de entre 10 y 18 años utilizan conexión a Internet. Asimismo, el hogar es el lugar más habitual de acceso. Por otro lado, es interesante saber que Argentina tiene un 46% de respuestas afirmativas en la opción de que se conectan “en casa de un amigo”, lo cual indica un uso marcadamente social de Internet. Argentina es uno de los países en donde predominan los “creadores de contenidos” -cuestión que podemos relacionar con los floggers-: su perfil blogger es del 32%, lo cual significa que un tercio de los adolescentes argentinos crea algún contenido en Internet. Otro resultado del estudio que puede ser destacado, apunta a considerar que hay mayor conectividad a Internet en hogares con adolescentes. Esto es una evidencia de la importancia que ha cobrado la sociabilidad virtual entre los jóvenes” (Ollari, 2009: 2)

Marcela Alejandra País Andrade
Doctora en Filosofía y Letras de la UBA, Orientación en Antropología.
Investigadora del Instituto de Ciencias Antropológicas. Facultad de Filosofía y Letras. UBA.
Docente de la Carrera de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.
Becaria Posdoctoral de CONICET

Este texto es parte del curso de capacitación “Nuevas Herramientas para la Educación en Valores. Descubriendo la Didáctica Multimedia”. Dictado en La Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales perteneciente a la UADER, sede Concordia, Entre Ríos.

El cine después del cine

De la pantalla grande a las películas on-line, aranceladas y “a la carta”, una revolución tecnológica irreversible está modificando el modo de producir y de mirar obras audiovisuales. La muerte del celuloide y el fugaz apogeo de los soportes digitales alumbran una nueva era para una forma de expresión artística emblemática del siglo XX.

785469

Los inicios del cine están fuertemente vinculados a la Revolución Industrial, a la figura de Thomas Alva Edison y de los hermanos Lumière, entre fines del siglo XIX y los albores del XX, cuando la idea de futuro se asociaba a un modelo de bienestar ligado al crecimiento económico. Esto ocurría dentro de un Estado-Nación donde el progreso era un patrón determinante. La idea de lo nuevo se unió a la producción industrial, lo que incluía la previsión de la obsolescencia de los productos y, por lo tanto, la necesidad del reciclaje permanente y la renovación de los bienes de consumo. Así, el mundo audiovisual -puesto en marcha a través de máquinas, desde el nacimiento de la fotografía hasta la actual revolución posdigital del cine- nació acompañado por ese efecto discursivo de la novedad.

Desde hace casi dos siglos se empezó a considerar que lo antiguo debía ser cancelado por efecto de la novedad, la que prometía un futuro siempre diverso y diferente. El teórico Philippe Dubois interpreta esto como “la ideología del progreso continuo. Siempre más, más lejos, más fuerte, más avanzado, etcétera. ¡Siempre adelante!”. Hoy, este pensamiento se hace presente en los nexos del cine con la computadora y la telemática, la confluencia del arte con la ciencia y la tecnología. Estamos en un momento único en la historia de las artes visuales y de las comunicaciones, debido a la total desaparición del soporte fílmico en su esencia fotoquímica y electromecánica. Algo que algunos denominan “la muerte del cine”, pues asocian su existencia directamente con la materialidad que la sustenta. Esto es parte de un fenómeno más amplio, en el que lo audiovisual y todas las comunicaciones analógicas están siendo reemplazadas por la computadora en una simulación cada vez más perfecta de los medios y tecnologías anteriores. Esta virtualización de los medios es irreversible y genera resultados diferentes, ya que, por tratarse de otro soporte, tiene otras características que fuerzan nuevos procesos (en la escritura de un guión, el rodaje, el laboratorio, la posproducción, la exhibición y el consumo de cine).

El tema del postcinema forma parte de una historia que tiene por lo menos medio siglo de existencia. En esta primera década del tercer milenio, es un hecho que los símiles de la máquina fílmica, la imagen digital en movimiento y la computadora, como en su momento pasó con el video, están logrando el efecto de replicar el aparato fílmico, a la vez que intentan mantener la mitología expresiva que va del cine industrial de entretenimiento a ciertos desarrollos artísticos, como el llamado cine de autor y el experimental. En efecto, para muchos, el cine sigue siendo cine, aunque ya no se trabaje con la máquina del cine y su producción sea enteramente digital. A la vez, también encontramos toda una serie de desarrollos que responden a procesos creativos donde la convergencia del cine y la tecnología digital ofrecen espacios profundamente innovadores, que proponen diversas formas expresivas y narrativas e incluyen una reflexión sobre cuestiones fundacionales del cine y su relación con la computadora. En este caso, se advierte que en lugar de la imitación de la realidad se busca el desarrollo de teatros virtuales, instalaciones interactivas o propuestas de un cine telemático. Convivimos, y navegamos, en corrientes de pensamiento que convierten el ciberespacio y la computadora en la clave de un fascinante universo. En ese mundo, el imaginario del hombre se potencia a través de la informática y la comunicación, mientras se ampara en un discurso lleno de eufemismos -optimista y superficial- sobre las posibilidades que brindan las “nuevas tecnologías”.

785472

Keanu Reeves y Hugo Weaving, en Matrix

Hay varios conceptos y prácticas fascinantes que nos pueden servir de pistas para comprender el cruce del cine con otras tecnologías. Esto nos lleva a repensar el concepto de “audiovisual tecnológico”, ya constituido en un campo de estudio fecundo, que excede los límites de los estudios cinematográficos y del género audiovisual específico, expandido a los ámbitos de los estudios culturales, las artes y las ciencias. Varios casos muy difundidos por el periodismo especializado saludaron la aparición de películas hechas en soporte digital. En realidad, eran experiencias que habían sido producidas anteriormente en el campo del cine y el video experimental. Así fue como se comenzó a hablar del cine digital a partir de las experiencias del grupo Dogma en Dinamarca y Suecia, de Leonardo Favio y Fernando Spiner en la Argentina, y de Arturo Ripstein en México, quienes ofrecieron obras de interés a partir de las novedosas instancias de rodaje y posproducción de sus films a través del video digital o de la computadora. Algunos ejemplos en ese sentido son La celebración , de Thomas Vinterberg; La sonámbula , de Fernando Spiner; Perón, Sinfonía del Sentimiento , de Leonardo Favio; La perdición de los hombres , de Arturo Ripstein; Bailarina en la oscuridad y Dogville , de Lars von Trier.

785470

Björk y Catherine Denueve, en una escena de 'Bailarina en la oscuridad'

785471

La celebración

Luego ya fueron Mike Figgis y Pat O Neill en Estados Unidos, Fabián Hofman en México, Alexander Sokurov en Rusia, y Juan Antín, Gustavo Galuppo, Iván Marino y Marcello Mercado en la Argentina quienes marcarían un punto de inflexión al presentar nuevas obras (¿películas?) registradas -si es válido el término- con una cámara de video digital que guarda información original de variables de luz, convertida en bits, en el disco duro de una computadora.

La producción del realizador argentino-mexicano Fabián Hofman, Pachito Rex (2001), es un punto de inflexión en el cine de América latina, pues no solo se trata del primer largometraje digital del continente estrenado en salas sino que también fue parte de un proyecto pionero de investigación narrativo e interactivo, que se cuestionaba sobre las posibilidades creativas del género, realizado por el prestigioso Centro de Capacitación Cinematográfico de México. Pero recordemos que en los Estados Unidos de los años sesenta, los hermanos James y John Whitney, Jacqueline Blum, Larry Cuba y Gary Whitney ya habían realizado las primeras experiencias con computadoras en la manufactura de películas experimentales. Su importancia equivale a la de Nam June Paik y Woody Vasulka, dos referentes del videoarte quienes, a mediados de los años setenta, también experimentaron con procesadores matemáticos de datos audiovisuales cuando al mercado aún le faltaba una década para decidirse a lanzar las primeras máquinas digitales que permitieran la manipulación audiovisual.

En esta línea, hay un caso fundamental, notable y poco estudiado: el gran proyecto de Francis Ford Coppola a finales de la década del 70. Durante sus años jóvenes e impulsivos, el director se enfrentó al sistema de las grandes compañías de Hollywood con una serie insólita de proyectos desde su empresa Zoetrope. Con ella, a principios de los ochenta, se puso al frente de un centro de investigaciones y creación de proyectos cinematográficos. Una iniciativa que, por su magnitud, queda como única en la historia del cine. Coppola, con poco más de 40 años, se lanzó como empresario de un gran proyecto para toda una serie de laboratorios de producción de películas, donde ya se trabajaba la diversidad tecnológica integrada por el cine, el video y la TV de alta definición para la realización de un film. Desde la escritura del guión a la posproducción, pasando por el diseño absoluto de un film en estudio, todas las propuestas apuntaban a los procesos experimentales de producción y de puesta en escena. Esto ya incluía trabajar con nuevas tecnologías (el video y la computadora), recuperar y distribuir películas, por ejemplo, Napoleón , de Abel Gance, y pensar en un centro de emisión satelital desde Belice, entre otros sueños. El proyecto molestó profundamente al mundo de las majors , y tras las deudas dejadas por los fracasos en taquilla de Golpe al corazón , de Coppola, y Hammett , de Wim Wenders (ambas de Zoetrope), aquella experiencia única se terminaría. No así su recuerdo y su impronta en la historia del cine.

Ilustres referentes que han marcado la historia del cine, como Michelangelo Antonioni, Jean-Luc Godard, Peter Greenaway, David Lynch y Chris Marker, por solo citar algunos, han producido experiencias fascinantes basadas en la combinación de imágenes electrónicas y digitales en diversos experimentos formales y narrativos. Antonioni dirige en video El misterio de Oberwald (1980; considerada el primer transfer a 35 mm estrenado en sala en la historia del cine comercial); Godard reformula el discurso sobre el cine y el documental con sus experiencias digitales, las Historia(s) del Cine (1988-98); en 1998 Chris Marker creó el notable CD-ROM interactivo Immemory (y actualmente trabaja en la serie The Hollow Men , un conjunto de instalaciones con imágenes producidas en el lenguaje JAVA); David Lynch produce Inland Empire (2006) en digital, el gran manifiesto sobre la decadencia de la ficción fílmica en Hollywood, y Greenaway se dedica a las videoinstalaciones y a los espectáculos en vivo como VJ [ disc jokey , pero de imágenes]. En la Argentina, Rafael Filippelli es el primer cineasta que ha incursionado en el tema. Estamos frente a algo que podemos llamar “cine expandido”, experiencias de vanguardia en el uso de las tecnologías realizadas por autores de largas y notables trayectorias, cuya edad en el momento de efectuar esas experiencias innovadoras superaba en todos los casos los 60 años.

Otros autores contemporáneos, como Eija Liisa Ahtila, Rejane Cantoni, Iván Marino y Jeffrey Shaw tienen una larga lista de trabajos para ámbitos que trascienden la situación del espectador en su butaca frente a la pantalla de la sala oscura. La finlandesa Ahtila filma películas que se convierten en instalaciones destinadas a espacios de museos, el australiano Shaw y la brasileña Cantoni generan obras para teatros virtuales e interactivos, y el rosarino Iván Marino es el principal realizador de experiencias de cine interactivo para Internet. Marcello Mercado y Gustavo Galuppo son dos autores argentinos que también tienen una amplia trayectoria en un trabajo que puede ser considerado como un cine hecho con tecnologías no cinematográficas, lo cual les ha valido un alto reconocimiento internacional.

Hacia el final de la primera década del tercer milenio, todo el espectro del espectáculo cinematográfico se presenta definitivamente determinado por esta búsqueda titánica -o mejor dicho, corporativa- de la gran industria del espectáculo para lograr parámetros altamente exigentes como base de un cine simulado en el que los procesos de realización no resulten visibles y evidentes. Este reemplazo hoy puede tener dos facetas según el soporte utilizado: el HD (la alta definición) y el DV (video digital). Beowulf (2007) , de Robert Zemeckis es el resultado más notable de la confrontación de un imaginario digital limitado por el molde real de los actores que dan referencia a las animaciones; sin embargo, The World (2004) de Jia Zhang-ke, es una de las variables interesantes al elegir el HD para configurar diversas texturas del alienado y falso mundo del parque de diversiones de Beijing, donde transcurre la historia. Inland Empire (2006), de David Lynch, en cambio, elige la baja definición del DV para violar la transparencia de la calidad exigida por los parámetros del cine imitado para la emisión broadcast de la industria de Hollywood. Esa ruptura de la imagen de baja definición es la forma eficaz con la que Lynch transfigura el relato del espectáculo de la industria del cine.

En la mayoría de los casos, el soporte digital reemplaza definitivamente al celuloide, desde la captación de imágenes hasta la proyección en sala. Recordamos como lejana la novedad La guerra de los clones (2002), un proyecto enteramente digital, que marcó un hito en la historia del cine-espectáculo, porque en ninguna de las etapas de su realización se utilizó material fílmico. Resulta en cambio muy cercana conceptualmente, a cuarenta años de su producción, 2001, odisea del espacio (1968), el antológico film de Kubrick que reinventa la manera de concebir un film sobre un viaje espacial, lo presenta como una experiencia de creación ligada a las computadoras que crean un mundo virtual simulado.

En estos momentos, hablar de un film, más que de rollos de positivo con 130.000 fotogramas, o de duraciones clásicas, por ejemplo de 90 minutos, es hablar de soportes virtuales que contienen los largometrajes que deseamos ver. La simulación digital que comenzó con el disco láser, un soporte noble de gran calidad pero oneroso, continuó en los años noventa con el dominio del DVD (videodisco digital). El DVD tiene sus días contados en un mediano plazo, para dejar paso a información virtual que circulará por las redes y se alojará permanente o temporariamente en discos duros. Frente al advenimiento de la denominada Catch Up TV (televisión a la carta) y de una Internet que permitirá descargar en tiempo real materiales de alta definición, se advierte otra tendencia en propuestas pensadas como un negocio para el consumo domiciliario a través de una conectividad digital paga. Esto pone el foco en el futuro de las salas, y también en la idea del cine como acontecimiento social.

Ocurre que sin el espectador, el cine no es tal. El cine logra su verdadero sentido en la proyección, donde se concreta la percepción a través de la mirada del público. El largo proceso que implica hacer un fi lm, en su producción material, y en su efecto de relato y espectáculo, se verifica con la proyección en la sala oscura. El cine solo es cine en el efecto que produce en la conciencia del público que asiste a su proyección. Durante un siglo, ese público solamente podía consumir cine desplazándose a una sala para observar la luz de las imágenes proyectadas en la tela blanca del espacio teatral. Sin embargo, el VHS y el DVD cambiaron esos hábitos al transferir una simulación del cine al televisor hogareño, al proyector de video, y luego a la computadora y a los teléfonos portátiles. Este aislamiento del consumo se intensificará definitivamente cuando el VHS y el DVD desaparezcan, y se establezca un sistema de distribución on-line, para almacenar en discos de memoria. Este cine virtual telemático producirá otro tipo de secuelas en la memoria del público, variando también los efectos de emoción en los seres humanos. La pérdida del soporte y del efecto cine no necesariamente conduce a la muerte del cine y a la pérdida de los espectadores, aunque sí supone la desaparición de la platea colectiva original de la sala como la única arena de ilusión y consumo del cine. Tal vez nada muy diferente de la situación actual, en la que la mayoría de la población, ciudadanos de periferia convertidos en televidentes compulsivos (por razones económicas, territoriales, sociales) que desde hace tiempo no concurren a los complejos multisalas, se mantienen en contacto con el cine a través de esas interfaces electrónicas o digitales, hogareñas y portátiles donde pueden (y podrán), al menos, seguir viendo otro cine fuera del cine.

El programa eMule, con calidad precaria pero con extrema utilidad, desde hace tiempo permite bajar películas de la red eDonkey. Esto ha determinado que, como nunca antes, cantidad de material sobre la historia del cine esté disponible para el consumo y el estudio en forma gratuita. Es un hecho que el consumo del cine será digital al menos por un tiempo y que la predominancia de esos soportes dejará lugar al consumo on-line, arancelado y a la carta, caro y expandido en su alcance y oferta.

Acerca de los nuevos rumbos tecnológicos y estéticos, Peter Greenaway ha dicho: “No debemos desear un cine de apropiación, de mimesis o de reproducción del mundo conocido, ni siquiera un cine de realidad virtual, sino más bien un cine de irrealidad virtual”.

Y durante su reciente visita a Buenos Aires, el pensador inglés Roy Ascott pareció contestarle: “Seamos claros, el digital ya fue ”. Cuando Ascott, que desde hace más de cuatro décadas investiga y escribe sobre cibernética y realidad virtual, pronunciaba tal sentencia en sus conferencias porteñas, muchos recordaban una famosa boutade suya, retomada por Pierre Lévy para abrir su libro ¿Qué es lo virtual?: “La realidad virtual corrompe, la realidad absoluta corrompe absolutamente”. Su discurso se centra actualmente en áreas de creación que relacionan definitivamente la ciencia y las tecnologías con el género audiovisual, que se amplía al bioarte, las nanotecnologías, la realidad virtual y la robótica. Estas áreas retoman el antiguo discurso que busca la recreación del mundo, y plantean la recuperación de aquel estado adánico perdido por el hombre. La fascinante idea de Occidente acerca de la trascendencia del cuerpo o de la mente deriva en experiencias sensoriales nuevas, en las que participa la idea de consumo. Matrix podría ser el gran manifiesto insuperable de esa tendencia.

También hay artistas y autores que trabajan, piensan y crean obras, que mantienen viva la tradición y las obsesiones de la búsqueda en pos de un cine sin límites. Hoy, para algunos, el videojuego en red Second Life parece canalizar ese espíritu de representación absoluta de la abolición del cuerpo, a través de un neoentretenimiento, banal y perverso, basado en la conectividad.

Pero la idea de un teatro de realidad virtual audiovisual, inmersivo e interactivo, con vertientes en diseños biológicos y multisensoriales, late especialmente en el trabajo de la artista Rejane Cantón. El gran desafío de sus iniciativas, que ella considera el cine del futuro, es conectar lúdicamente al hombre con un mundo virtual en el que toda sensación parezca posible. Cantoni busca una combinación entre lo físico real y lo virtual, una tercera posición frente a otras más extremistas, en las que la virtualidad prevalece como única opción.

Finalmente debemos recordar una serie de acontecimientos que se han desarrollado alrededor de esta temática, en la que se trata de pensar el cine más allá de su propio soporte. La exposición Future Cinema. El imaginario del cine después del cine, realizada en el centro de artes mediáticas Z.K.M, de Karlsruhe, en Alemania, fue uno de losn mayores actos dedicados al tema, a partir del cual se generó una exposición de vanguardia con instalaciones, eventos y experiencias de navegación virtual y cine panorámico interactivo de 360 grados. Algo similar propuso la edición número 16 de la exposición Videobrasil (2007) en San Pablo, denominada Límite, como marca de una zona de corte, pero también de cruces entre el cine del pasado y el devenir que trae sus variables de creación y consumo tecnológico. “Límite” también implica el homenaje al film de 1931 de Mario Peixoto, el inicio de la historia el cine de autor y experimental en América latina. El estival se abrió con la performance VJ Lupper Tulse, a crgo de Peter Greenaway, que proyectó acontecimientos programados en vivo en la calle sobre tres pantallas igantes, al mejor estilo de Napoleón (1927), la película de Abel Gance, pero esta vez en directo y desde una inmensa touchscreen aplicada en un plasma. A su vez, la sesión inaugural del evento en San Pablo se realizó con la proyección en sala de Límite, la película blanco y negro de Peixoto en 16 mm. La aparente paradoja entre el pasado y las nuevas tendencias de un cine del futuro, digital interactivo, aleatorio y ejecutado en directo fue uno de los ejes de discusión durante todo el encuentro. De todos modos, la sofi sticada tecnología utilizada por el director inglés en su novedoso espectáculo en vivo perdía frente ala vigencia del film de Peixoto o al recuerdo de Napoleón de Abel Gance.

Jorge  la Ferla
Profesor titular Carrera de diseño Gráfico,
FADU UBA

Master in Arts, Universidad de Pittsburgh y Licenciado de la Universidad París VIII/Vincennes, es Profesor, Jefe de Cátedra de la U.B.A., de la Universidad del Cine y la Universidad de Los Andes en Bogotá.

* Publicado originalmente en el Suplemento ADN de La Nación, el sábado 16 de febrero de 2008.

¿Por qué aprender computación no es una meta para el 2021?

La incorporación de tecnologías de la información al sistema escolar en Iberoamérica está resolviendo las negativas consecuencias generadas por la mala distribución de los ingresos. En los laboratorios y salas de computación, los estudiantes de los sistemas escolares públicos encuentran lo que sus familias no pueden otorgarles en sus hogares: acceso a las herramientas que hoy definen el estándar de las comunicaciones, procesos productivos, acceso a fuentes de información, transferencia de recursos, etc.

Pero esto es un rol subsidiario, una compensación que el sistema escolar entrega para disminuir la brecha digital que divide a los que están conectados a la red, de los que no están conectados.

Este propósito de equidad, no es tecnología para la educación.

Tener una buena sala de computadores, que cuente además con una adecuada conexión a Internet y a la que acceden los alumnos para aprender “computación”, no implica que los recursos digitales impacten en el mejoramiento de los aprendizajes mínimos o que provoquen innovadoras prácticas pedagógicas. Aprender a usar el procesador de texto está muy distante a desarrollar habilidades comunicacionales adecuadas. Saber buscar información en Internet, no es lo mismo que desarrollar capacidades analíticas para discriminar, sintetizar y procesar información.

Haber aprobado cursos de uso de herramientas informáticas, no es equivalente a poseer elementos para innovar en la incorporación de este nuevo recurso de aprendizaje.

Entonces, ¿cuál debiera ser las metas de las políticas educativas para el 2021?

La primera y obvia es resolver completamente la brecha digital en la región. Así como hoy es un estándar que los niños y niñas tengan derecho a uno más textos de estudio de calidad, en veinte años más debiera ser un derecho acceder a herramientas digitales.

Pero no es suficiente.

La meta no debiera relacionarse con los derechos básicos que nuestros sistemas públicos de enseñanza deben resguardar. Las metas debieran estar relacionadas con las nuevas oportunidades que las tecnologías digitales ofrecerán en los ámbitos de la enseñanza y el aprendizaje.

¿Cuáles son estas oportunidades?

Docentes accediendo a centros de recursos para el aprendizaje, basados en objetos de aprendizaje enriquecidos con multimedios, integrando a sus clases recursos interactivos que ofrezcan retroalimentación inmediata al nivel de aprendizaje alcanzado por los alumnos.

Alumnos integrando sus habilidades y cultura digital en la investigación y construcción de nuevos conceptos. Jóvenes presentando su propias conclusiones  y expresando su visión del mundo en diversos formatos digitales.

Padres y apoderados integrados al sistema escolar con acceso completo a la información detallada de la vida académica y administrativa de su centro educativo.

Administradores escolares con acceso a herramientas que permitan automatizar el levantamiento y administración de datos para la gestión, impactando positivamente en la capacidad de planificación estratégica. Líderes escolares con oportunidades de participar en comunidades de pares, acceder a recursos e información ilimitada.

Estas oportunidades permiten dibujar otros estadios de metas para la integración de las tecnologías al sistema escolar.

Sin embargo los objetivos generales de los recursos digitales para la educación, son los mismos que debieran marcar cualquier política relacionada con la integración de recursos didácticos o recursos para el aprendizaje: impactar positivamente en el aprendizaje de los estudiantes.

En otras palabras, el retorno de la inversión en computadores y conectividad, desarrollo de contenidos y software educativo y capacitación de docentes está directamente relacionado, con el incremento de los niveles de aprendizaje que este recurso pueda aportar.

La meta para el 2021 no debe ser lograr que los alumnos y alumnas de Iberoamérica adquieran las competencias digitales. La meta es que nuestros alumnos y alumnas logren alcanzar mejores niveles de aprendizaje, con el aporte instrumental de las tecnologías digitales.

Para lograr esto, ya debiéramos haber empezado ayer.

Hugo Martínez Alvarado
Director del Portal Educarchile

El texto se reproduce con el permiso explícito del autor. Publicado originalmente en http://www.oei.es/metas2021/expertos01.htm para debate en línea de “Metas Educativas 2021” de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Ciencia y la Cultura.

Facebook y las ()Timidades

delatado-facebook

Introducción

Sin lugar a dudas, el tema de las redes sociales es un tema candente hoy. Recientemente el informe de Microsoft en Uruguay sobre los usos juveniles del MSN, disparó una andanada de artículos, preguntas, temores, de los justificados y de los otros, en relación al manejo de la información privada y a la exposición en la que estarían cayendo los jóvenes. El tema ocupa la prensa, los blogs, el microblogging y, de a poco, lentamente, los espacios académicos. Inclusive dentro del propio Facebook existen algunos grupos dedicados al estudio de esa red social que los cobija como por ejemplo el Proyecto Facebook liderado por A. Piscitelli.

Las aristas para abordar Facebook y las redes son muchísimas, pero en este artículo pretendo acotarme solamente a una de ellas: el manejo de lo privado en Facebook y sus significados en términos de interioridad-exterioridad, pivoteando sobre el concepto de intimidad.

La identidad en Internet

La identidad digital debe ser cuidada cada vez más y no se trata ya de la vieja identidad virtual, la identidad falseada del chat, sino de la identidad que se va forjando en la Red a medida que uno va interactuando y dejando huellas digitales. En relación a esto, una de las cosas que mucha gente se pregunta con cierto nerviosismo en relación a las redes sociales (Palfrey & Gasser, 2008) es si éstas atacan o ponen en riesgo la intimidad. Es una típica y pertinaz pregunta que se hacen los padres de los adolescentes hiperconectados y es un motivo por el cual muchas personas deciden no abrir una identidad en Facebook.
¿Las redes sociales son alterantes de la intimidad? Quizás una vez más el problema radique, más que nada, en la pregunta que estamos formulando que tiene como premisa la propia existencia de la intimidad como algo dado y no como construcción sociohistórica.

Alteración de la intimidad… sí, pero cómo?

Hemos señalado en otro lugar (Balaguer, 2008) que: “La participación en el ciberespacio y particularmente en el chat, el Messenger y las redes sociales proveen a los sujetos de un nuevo espacio psicosocial (Balaguer, 2003) en el cual pueden desplegar aspectos personales y sociales alterando las formas de intimidad.”

Cuando describía Internet como un “nuevo espacio psicosocial”, allá por el 2002, lejos estaban las redes de existir, con excepción del MSN que comenzaba -junto a la libreta de direcciones del e-mail- a forjar las bases de las redes sociales. Volviendo al presente, ese despliegue de aspectos personales, “alterantes de la intimidad” puede ser visto al menos de tres formas diferentes, a saber:

1) Una primera es referirse a una intimidad desbordada. Este es el enfoque de Sibilia (2008) con su concepción de la sociedad del espectáculo. Una intimidad desbordada que, por consiguiente, trae consigo riesgos. Es el enfoque psicoprofiláctico, pedagógico que enseñamos a nuestros alumnos, hijos, etc. Diríamos que se enmarca dentro de lo “políticamente correcto”. Es la visión de una intimidad que se sale de sus cauces y se despliega indebidamente en el espacio público. Se piensa como un vaciamiento de la esfera privada que vierte sus contenidos a la esfera pública y pone en riesgo aspectos que hacen a la identidad. Desde esta óptica, la intimidad es considerada como un concepto existente durante toda la Historia, y no como un concepto que no tiene más de doscientos años. Hemos nacido y crecido con ese modelo de intimidad y por lo tanto, que éste se vea modificado, nos causa profundo impacto. Concomitantemente, pensamos que los que se muestran están en riesgo, y de ahí aparecen toda la serie de peligros a los que se ven expuestos los jóvenes al compartir sus cosas en Internet.

2) Una segunda forma es replantearnos las cosas y concebir esta nueva situación como una outimidad, como la veía yo hasta hace no mucho (Balaguer, 2008). Es decir, como una variación de la intimidad, una mutación de la misma que busca en lugar de preservarse dentro, preservarse fuera. La intimidad busca cuidar al yo, la outimidad también, pero se traslada la conservación del interior al exterior. Es una lógica muy similar a la que se presenta en el “cloud computing”, mis archivos-recuerdos dejan de estar en mi máquina/interioridad, para pasar a estar fuera de mí, en la “nube”. Allí estarían más seguros. Esto es un cambio conceptual importante. Pero, inclusive pensando el concepto de outimidad, se sigue manejando la problemática desde el binomio adentro afuera y ése es el problema quizás derivado de las nociones de esfera pública y esfera privada que nos acompañan desde hace algunos siglos. Esto fue lo que llevó hace más de cien años atrás a Freud a comprender la situación del hombre del siglo XX y a conceptualizar el Inconsciente y el Psicoanálisis como método para sacar fuera (el famoso “chimney sweaping”) lo devenido interno. En términos foucaltianos puede pensarse como una forma de control (algunos análisis de las redes sociales lo ven desde esta arista); esto siempre desde la visión del mantenimiento de una interioridad. Me gustaría entonces vincular esto anterior con la sensación de adicción a algunos entornos de la Red, sobre todo los sociales, como puede serlo Facebook. En mi experiencia, ésta es una sensación que aparece entre los usuarios altos de Internet, especialmente los jóvenes, quienes viven con preocupación y hasta con culpa, el tiempo que transcurren en la Red, “perdiendo el tiempo” con otro(s), según dicen, las más de las veces sarcásticamente, sus padres. Es probable que la Red y sus atractivos no se traten sólo de intensas y nuevas formas de revelar intimidades como plantea Bauman (2006) desde la primera de las ópticas aquí mencionadas. Seguramente haya en juego un asunto de asegurarse, a través de las intimidades y las fotos y videos que se cuelgan, cierta existencia en el mundo de la conexión. Las fotos, las “intimidades reveladas”, esa outimidad que se despliega en las redes sociales son proveedores de existencia en el mundo de de la Red. Jorge Hidalgo Toledo (2009) en una reciente nota en el propio Facebook deja entrever la importancia de los otros, su apoyo, su presencia, algo que yo he denominado como el “sostén del self” (Balaguer, 2003). Internet y ahora mucho más con las redes sociales, funciona como un “holding electrónico”, una función maternante (Winnicott, 1965, 1995), de sostén, distribuido entre todos los contactos, usuarios o “amigos”.

3) La tercera posibilidad es pensar la problemática no desde estos dos puntos de vista anteriores, sino desde un tercero que resalta el fin de la dicotomía dentro-fuera. Siguiendo esta línea, se trataría de la integración de los aspectos públicos y privados. Los jóvenes han sido fundamentales para que esto sucediera; han sido los caballos troyanos en esta dirección del cambio de subjetividad. Instaurada la conexión, viviendo en red y vuelto todo exterior, vemos que casi ha desaparecido lo interior. Aparentemente ya nada quedaría dentro para estos jóvenes digitales. Quizás Facebook y sus “exposiciones” sea la avanzada de un proceso de mutación de los espacios privados y las () timidades, como lo fue el ADD en relación a la atención distribuida en la nueva economía cognitiva. Quizás a lo que estemos asistiendo sea a una mutación de la dicotomía interior-exterior, inaugurada hace no más de dos siglos (Sibilia, 2008). Quizás sea esa alternancia dentro-fuera la que esté puesta en cuestión por los nuevos contextos electrónicos transgresores de la intimidad moderna y sus límites precisos. De ser así, este movimiento traería sus inevitables consecuencias:

• Mayor integración, y por tanto, menor escisión entre una vida pública y una privada
• El hombre público y el privado tenderían a unirse (en parte arrastrados por las redes sociales) en uno solo
• El movimiento subjetivo anterior alentaría el fin de la hipocresía de la doble vida y la doble moral
• El fin de la doble vida trae aparejada una disminución de la culpa como sentimiento cultural predominante y el advenimiento de la vergüenza como afecto surgido ante la exposición

El cambio de Facebook de generar listas de amigos fue un retroceso en este proceso de conversión o mutación de la intimidad. Se volvieron a generar niveles de (in)timidad que habían quedado atrás en las redes, retomándose los clásicos espacios privados.

En síntesis, quizás lo que corra el riesgo de desaparecer o mutar al menos, no sea la intimidad sino la dicotomía interior-exterior, vida pública-vida privada. El propio concepto de intimidad es el que se desarma con el constante flujo de imágenes, fotos, videos y decires que abandonan el adentro seguro y a resguardo y pasan al exterior.
Ha habido una evolución notable en las formas de estar en el mundo desde el mail y el ICQ, pasando por el MSN y llegando hoy al microblogging y a lo que es hoy la plataforma de Facebook. Identidad virtual e identidad real se han acercado y ya casi no se distinguen una de otra.

Igualmente pensar esto como el fin de la hipocresía puede ser una postura un tanto ingenua e ilusoria. Lo cierto es que con el advenimiento de las redes, al menos es más difícil mantener una doble vida sin ser puesto al descubierto. Lo interesante es que este punto no ha sido transitado aún en los análisis que he visto sobre Facebook. “Los otros”, sean amigos o no, funcionan en las redes como representantes de la verdad, Grandes Hermanos distribuidos, no centralizados o “pequeños hermanos” al decir de Alejandro Pisanty. O a veces ni siquiera son los otros. Generalmente no hay peor Gran Hermano que el propio narcisismo y si no lo creen, lean esta nota que aparece en la prensa de hace un tiempo atrás (1) y que recibo casualmente mientras escribo este artículo y que se parece a la que inicia la nota de Jorge Hidalgo: “La tecnología tiene sus beneficios, pero un descuido puede generar situaciones que perjudican la vida de los usuarios. Seguramente este hombre lo pensará mejor antes de volver a publicar una fotografía suya en Facebook, luego de que su novia resolviera suspender su boda por unas imágenes en las que el joven no queda muy bien parado.

En la imagen el muchacho aparece junto a una chica muy ligera de ropa a solo unos días de su casamiento. La novia, enojada y muy dolida por esa imagen, no tuvo mejor idea que vengarse y para hacerlo escrachó a su (ex) futuro marido por toda Roma, según publica el portal perfil.com.

La joven de 28 años pegó por las calles y los comercios un cartel con la foto de la discordia y un mensaje que decía: ¡“Menos mal que existe Facebook! Al menos he descubierto a tiempo que me iba a casar con un CERDO TRAIDOR! Firmado: su ex-novia y los 548 invitados a nuestra ex-boda”.

Notas

(1) (Observa) Fecha: 29/04/2009 | 08:01 | Montevideo, Uruguay Disponible en:
http://www.observa.com.uy/vida/nota.aspx?id=79055

Bibliografía

1. Balaguer, R. (2003) Internet: un nuevo espacio psicosocial, Montevideo: Ed. Trilce
2. Balaguer, R. (2008) “¿Adicción a Internet o adicción a la existencia?”. Revista Digital Universitaria [en línea], Vol. 9, No. 8. Disponible en Internet
3. Barran, J.P.; Caetano, G.; Porzecanski (1986) Historias de la vida privada en el Uruguay. El nacimiento de la intimidad 1870-1920 Tomo II, Montevideo: Ed. Taurus
4. Bauman, Z. (2006) Vida de consumo, México: Fondo de Cultura Económica,
5. Hidalgo Toledo, J.A. (2009) “Vigilancia cooperativa y acompañamiento social” Notas, Disponible en Internet
6. Palfrey, J.; Gasser, U. (2008) Born Digital. Understanding Digital Natives, New York: Basic Books
7. Sibilia, P. (2008) La intimidad como espectáculo, Bs As.: FCE
8. Valleur, M., Matysiak, J.C (2005) Las nuevas adicciones del siglo XXI: Sexo, pasión y videojuegos. Barcelona: Paidós
9. Winnicott, D. (1965) The Maturational Process and the Facilitating Environment, New York: International University Press
10. Winnicott, D. (1971) Realidad y Juego, Barcelona: Ed. Gedisa, 1995

Ps. Roberto Balaguer Prestes
Psicólogo egresado de la Universidad de la República (Uruguay). Postgraduado en Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes y de Adultos.
Coordinador de Grupos de Trabajo en los tres Congresos Online del Observatorio para la Cibersociedad, con sede en Barcelona
http://www.robertobalaguer.com

Publicado originalmente en http://www.facebook.com/note.php?note_id=101937874776

La ciberculturalidad al palo

wired

La palabra palo significa muchas cosas, pero “estar al palo” quiere decir en Argentina estar muy acalorado a nivel sexual (en España dirían “cachondo”), aunque también se suele usar en otras situaciones de gran excitación … En este caso, los que tienen las hormonas excitadas son nuestros amigos de la revista Wired.

Hay números de Wired que pasan sin pena ni gloria; otros entran en la historia como números “bisagra”, que abren nuevas temáticas o rediseñan el mapa cibercultural. El número de junio pertenece a este segundo tipo. No sabemos si por efecto de la crisis económica, el triunfo de Obama o la caída de ventas de la revista, los muchachos de Silicon Valley están dispuestos a construir un nuevo socialismo.

1) The New new economy: desde hace más de un año comencé a definir a la comunicación en dispositivos móviles como el “new new media”; ahora Chris Anderson me copia (;-) y habla de “new new economy”. El texto de Anderson -autor de clásicos como The Long Tail y del futuro Free- es una breve introducción a los tres artículos que siguen…

2) Beyond Detroit de Charles Mann presenta la clave para relanzar la industria automovilística de Estados Unidos: adoptar el modelo de la industria informática basado en la descentralización y la producción de componentes modulares de alta tecnología. Entre otras cosas, Mann sostiene que “automakers will need to transition from a vertical, proprietary, hierarchical model to an open, modular, collaborative one, becoming central nodes in an entrepreneurial ecosystem”.

Si Henry Ford se levantara de la tumba, le vendría un colapso: Mann propone justamente desmembrar los grandes colosos (que están cayendo como moscas) y crear empresas-red en la línea de Manuel Castells. Esto permitiría incrementar la innovación del sector, aumentar la variedad de modelos y reducir costos. En ese contexto, las grandes empresas pueden llegar a desaparecer: “What is good for the country may be no longer good for General Motors” sentencia Mann.

3) The Secret of Googlenomics de Steven Levy es un texto que profundiza en el modelo de negocios de Google basado en las “auctions” (subastas) de las palabras. Partiendo de la figura Hal Varian, el economista de Berkeley contratado por la empresa hace unos años, el autor analiza la evolución del modelo de Google tanto en sus aspectos macroeconómicos (”regalar” sus aplicaciones a los usuarios) como microeconómicos (vender anuncios organizados a partir de las búsquedas de los usuarios).

El sistema de subastas es explicado con lujo de detalles y queda muy claro cómo Google se ha convertido en un sistema que se analiza a sí mismo para mejorar su performance: “it’s a system of constant self-analysis: a data-fueled feedback loop that defines not only Google’s future but the future of anyone who does business online”.

Google cuenta con decenas de estadísticos y econometristas que trabajan en el perfeccionamiento de su sistema de gestión de datos, de los cuales extraen parámetros y tendencias que lo realimentan y perfeccionan. Levy cita a uno de sus entrevistados -”Google is the barometer of the world”- y no duda en afirmar el nacimiento de la Googlenomics.

4) The New Socialism de Kevin Kelly es el artículo más utópico de este paquete. Según KK la Wikipedia, Flickr y Twitter son algo más que un nuevo paradigma de comunicación basado en las redes sociales: ellos son la vanguardia de un movimiento cultural socialista. Si, leyeron bien… obviamente, nos tranquiliza Kelly, este socialismo será simpático, no tendrá planes quinquenales y no avasallará a los individuos. El nuevo socialismo digital nunca gritará “Yanqui go home”; por el contrario, “digital socialism may be the newest American innovation”.

En este nuevo contexto la Wikipedia es un ejemplo de “colectivismo emergente”, al cual se debe sumar la licencia Creative Commons, los sistemas P2P y otras experiencias basadas en las interacciones sociales online. Kelly reivindica a Clay Shirky y levanta las nuevas banderas: cooperación, colaboración y colectivismo. A través de una tabla -similar a la que creó O’Reilly para oponer la web 1.0 a la web 2.0- Kelly marca las diferencias entre el Old Socialism y el New Socialism, y anuncia: “the force of online socialism is growing. Its dynamic is spreading beyond electrons -perhaps into elections”.

En el cuarto capítulo de Hipermediaciones reflexioné bastante sobre los mitos ciberculturales, analicé uno de ellos (”Internet se difundió más rápido que el teléfono, la radio y la televisión”) y propuse una clasificación basada en las teorías de Jacques Ellul. En esta serie de artículos de Wired -como en casi todo el discurso cibercultural- se mezcla el relato utópico con el científico, la Fe ciega en el futuro con la reflexión más calmada de los procesos de digitalización y el texto polémico con el análisis pormenorizado de una experiencia innovativa. Son lecturas necesarias a condición de que activemos una mirada transversal, descolocada, que separe la paja del trigo.

Al final del capítulo 4 de Hipermediaciones escribí lo siguiente: “… no podemos limitar la investigación de las nuevas formas de comunicación digital e interactiva a la aplicación de los viejos modelos de las teorías de la comunicación de masas, pero tampoco podemos diluir esos estudios en el crisol de los nuevos paradigmas ciberculturales de moda, los cuales resultan difíciles de integrar en un cuerpo teórico sólido ni presentan un perfil metodológico claro. Una teoría de las hipermediaciones debe saber moverse en este terreno discursivamente pantanoso, consolidando una sólida red de interlocutores a partir de los cuales comenzar a construir su propio recorrido epistemológico”.

En eso estamos.

Carlos Scolari
Doctor en Lingüística Aplicada y Lenguajes de la Comunicación.
Profesor titular de Teorías de la Comunicación y Fundamentos de Comunicación Digital en la Universitat de Vic.
Coordinador del Grup de Recerca d’Interaccions Digitals (GRID).

* Publicado originalmente en http://hipermediaciones.com/ y reproducido con permiso del autor.

El estudio de los viejos y de los nuevos medios: disparadores sobre la situación actual

A medida que, cotidianamente, los nuevos medios van dejando de convertirse en profecías de un futuro lejano y se van consolidando como alternativas que, cada vez más, disputan su espacio en la vida social a los tradicionales medios masivos, una lucha entre dos tendencias analíticas de estos últimos años ha comenzado a definirse.

Esas tendencias pueden ser caricaturizadas de la siguiente forma: a) la de quienes hace años optaron por concentrarse decididamente en los nuevos medios y, ya sea implícita o explícitamente, abandonaron el estudio de los medios masivos (tendían a considerar a los otros, los de la tendencia b., como figuras desactualizadas) y, b) la de quienes negaban a los nuevos medios suficiente peso, consistencia e interés, y a sus estudiosos suficiente seriedad (estos tendían a su vez a conceptuar a los otros despectivamente bajo el mote de “gurúes” que vivían “atrás de la moda de lo nuevo”). Hoy, es evidente que quienes se inscriben en b) han perdido. Pero la pregunta de fondo es: los que inscriben en a) ¿han ganado?

Creo que no. Un síntoma es que hoy los proféticos tienden (al menos muchos de ellos) a suavizar su discurso. Pareciera como si esos discursos fueran progresivamente menos proféticos (cada vez menos el gesto “X, que se lanza mañana, va a cambiar todo”) y empezaran a concentrarse cada vez más en aspectos que antes no recibían la misma atención: se describen más la operatorias sociales que se ponen en juego (y entonces se descubre que la cultura de la lectura y la escritura, milenaria, es la que con todo ha regresado); se reconoce más que lo que Internet ofrece es, bajo un nuevo sistema de intercomunicación, menos centralizada, una articulación entre medios nuevos y viejos (es, entonces, por ejemplo, cuando comienza a hablarse de Facebook ya no sólo como una red social (que lo es), como “lo nuevo” (que es) sino, también, como ese espacio que articula (entre otras cosas), fotografías, correos, el álbum de familia tradicional revitalizado, operatorias de apropiación e intervención múltiples y (por todos lados) escritura). Una mezcla de la que, como se ve, no se puede dar cuenta fácilmente sólo con la denominación “digital” (que no parece alcanzar a definir a los nuevos medios, porque todo puede ser digitalizable). Y que produce sujetos productores y receptores que operan tanto saberes de la era “digital” como de la “analógica”.

En este contexto me animo a decir que, personalmente, apuesto a una tercera posición: la de quienes están convencidos que es necesario atender, ante todo, a las relaciones que, en el nuevo sistema de medios de comunicación que convulsivamente se está generando, se producen entre los viejos y los nuevos medios (dentro y fuera de Internet).

Esta posición acepta que los nuevos medios necesitan urgentemente de una conceptualización que supere nuestra operatoria cotidiana (por consiguiente, los esfuerzos de quienes desde hace años se han inscripto en la primera tendencia merecen, en la medida en que sus aportes fueron significativos, ser reconocidos).

Pero, por otro lado, es consciente de que como los medios masivos difícilmente desaparezcan (de hecho, son parte fundamental de Internet), su estudio no debe ser abandonado, todo lo contrario: cree que cada vez es más necesario volver a los ensayos fundamentales que a ellos se han dedicado, con vistas a alumbrar, ahora que es posible, una “arqueología de los medios masivos” que nos revele qué fue lo que estos medios significaron, es decir, cuál fue el tipo de esfuerzo y apuesta que nuestra cultura, principalmente durante el siglo XX, con tanta vocación realizó.

¿Por qué “ahora que es posible”? Porque es justamente la emergencia de los nuevos medios la que termina de completar el sistema con el cual los medios masivos deben ser comparados.

¿Por qué el estudio de los nuevos medios la necesita? Porque nos permitirá terminar de comprender el estatuto de los nuevos medios, dado que es ante los medios masivos, ante todo, que esos medios definen su estatuto y lugar en la vida social.

Mario Carlón
Profesor Adjunto de Semiótica de los Medios I en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
Investigador del Instituto Gino Germani, donde dirige actualmente el Proyecto Ubacyt S417 “Mundo del Arte/Mundo de la Información”.

Lo real, lo virtual y la percepción de lo verdadero en la era de los medios digitales

Si bien las computadoras son dispositivos a través de los cuales nos aproximamos a la realidad (Levis, 1999), además reconocemos al entorno digital como una representación de la realidad. En este entorno, las instituciones, las empresas o los individuos pueden representarse de manera independiente a su realidad institucional (Chaves, 1988). Desaparecidas las nociones de “chica, mediana o grande”, en el mundo representacional de las interfaces, las empresas e instituciones pueden darse a conocer como artificios (Méndez/Pimentel, 2000), mientras que las personas son capaces de construir realidades artificiales a través de sus conversaciones en chats, sus perfiles de mensajeros instantáneos o de redes sociales como Facebook o Twitter.

En 2008, un ejercicio de experimentación en la asignatura de grado Diseño Multimedial del Instituto Universitario Nacional del Arte, dió cuenta de esto. A través de este ejercicio, los estudiantes se proponían crear, proyectar y gestionar un personaje virtual, a partir de palabras clave que surgieron de un esquicio en clase basado en una lógica de cadáver exquisito. A través de tarjetas con 8 conceptos escritos de forma automática, se construyó un personaje, que tenía que gestionar su propia imagen en la red, a través de redes sociales y de interacciones con demás usuarios “reales”. Al cabo de pocas clases, estos personajes virtuales comenzaron a sumar en sus “perfiles” una serie de contactos interesados en interactuar con ellos, sumarlos a sus perfiles personales e incluso tomar contacto físico. Evidentemente, el contacto físico no prosperó. El ejercicio terminó, los personajes se desvanecieron entre los datos perdidos de la red, mientras que los usuarios “reales” siguen usando los mismos medios de comunicación, en donde el spam, puede no solo referir a “información basura”, sino también a “perfiles basura”.

Perfil de personaje virtual. Estudiantes: Azucena Losana y Joaquín Wall, Docente: Mariano Cataldi, Cátedra Pimentel, Artes Multimediales, IUNA, 2008.

Perfil de personaje virtual. Estudiantes: Azucena Losana y Joaquín Wall, Docentes: Mariano Cataldi y Gonzalo Muñiz. Cátedra Pimentel, Artes Multimediales, IUNA, 2008.

Este ejercicio experimental forma parte de un contexto de reflexiones que se vienen realizando desde hace algunos años, especialmente orientadas a la búsqueda e identificación de conceptos que se relacionan con el pensar y hacer del diseño y del arte en el marco de lo que llamamos Cultura Digital. El artificio de la imagen de representación, encarnada en las interfaces digitales a través de las cuales nos aproximamos a “la realidad”, nos hace reflexionar acerca del par conceptual “verdad-mentira” (Pimentel, 2009).

Comentarios dejados por usuarios "reales", en base a contenido publicado por un usuario virtual. Créditos: idem figura anterior.

Comentarios dejados por usuarios "reales", en base a contenido publicado por un usuario virtual. Estudiantes: Azucena Losana y Joaquín Wall, Docentes: Mariano Cataldi y Gonzalo Muñiz. Cátedra Pimentel, Artes Multimediales, IUNA, 2008.

Acerca de este par dialógico, encontramos ejemplos que arrojan algunos datos interesantes de señalar. En el año 2006, el fotógrafo Adnan Hajj, de la reconocida agencia de noticias Reuters, publicó una serie de fotografías de un bombardeo israelí a Beirut. Sin embargo, este fotógrafo utilizó herramientas rudimentarias de clonación de pixels en fragmentos de la fotografía original, con la intención de exacerbar el humo del bombardeo.

Imagen alterada (izquierda) y original (derecha). Fuente: http://zonezero.com/magazine/articles/seelye_bosman/indexsp.html

Imagen alterada (izquierda) y original (derecha). Fuente: http://zonezero.com/magazine/articles/seelye_bosman/indexsp.html

La agencia Reuters, a partir de una denuncia realizada por un blog (http://littlegreenfootballs.com/weblog/?entry=21956_Reuters_Doctoring_Photos_from_Beirut&only), admitió la falsedad de la “información”. La dimensión técnica nos hace preguntar: ¿Cómo pudo ser tan pobre la herramienta de clonación para obtener un resultado tan evidente? La dimensión humana nos hace preguntar ¿Qué necesidad hay de exacerbar el efecto de un bombardeo en población civil, si el mismo hecho resulta condenable?
Aparentemente el grado de “espectacularidad” de la pieza fotográfica, no resultaba suficiente.

Lejos de esta realidad bélica, en nuestro contexto argentino, también tenemos nuestras pequeñas construcciones artificiales a través de la manipulación de las herramientas de retoque digital de imágenes.

Tapa del Diario deportivo Olé, lunes 11 de mayo de 2009

Tapa del Diario deportivo Olé, lunes 11 de mayo de 2009

El 11 de mayo de 2009, el Diario deportivo Olé publicó una nota en su tapa titulada “la bandera que faltaba”, donde se mostraba una foto de una bandera desplegada por la hinchada del Club River Plate antes del partido, y se señalaba “El documento fotográfico que consiguió Olé refuta la sospecha de que la puesta en escena fue premeditada y organizada por los directivos oficialistas, aunque, a la vez, los incrimina. ¿Por qué la barra retiró el único trapo que criticaba a la dirigencia?” (http://www.ole.clarin.com/notas/2009/05/12/futbollocal/01916460.html).

Ese mismo día, durante la tarde, en el canal de noticias TN se hizo referencia a la bandera. Sin embargo, la barra nunca “retiró” una bandera, ya que ésta jamás existió, el “documento fotográfico que consiguió Olé” resultó no refutar absolutamente nada: un internauta, fanático de los millonarios de Núñez publicó en un blog esa imagen alterada con Adobe Photoshop y el Diario la publicó en la tapa del día siguiente. En este caso, la información proveniente del entorno digital, falseada pero convincente, se materializó en un medio periodístico en su versión papel.

Imagen origina (izquierda) y alterada (derecha), publicadas por su autor en un blog de simpatizantes del club river Plate: http://www.turiver.com.ar/foros/campo-de-juego/45905-mi-foto-photoshopeada-en-ole-increible.html

Imagen origina (izquierda) y alterada (derecha), publicadas por su autor en un blog de simpatizantes del club river Plate: http://www.turiver.com.ar/foros/campo-de-juego/45905-mi-foto-photoshopeada-en-ole-increible.html

Como en el caso de la Agencia Reuters, la denuncia sobre la imagen falsa publicada por Olé, también se realizó a través de un blog. La aproximación a la realidad que tenemos desde la cultura mediática nos hace partícipes de una realidad relativa, de una información virtualmente “real”, hasta que se demuestre lo contrario.

Diego Pimentel

Coordinador del Posgrado de Diseño Digital, FADU UBA.
Profesor Titular, Instituto Universitario Nacional del Arte.

Referencias

. Levis, Diego (1999): La pantalla ubicua, Ed. La Crujía, Buenos Aires.
. Chaves, Norberto (1988): La imagen corporativa, Ed. Gustavo Gili, México.
. Méndez, Ricardo / Pimentel, Diego (2000): Internet: Características de la Información, de la Base de Datos al e-Commerce, III Congreso Internacional de Gráfica Digital, SIGRADI, Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil.
. Pimentel, Diego (2009): Acerca de la generación del conocimiento en el
contexto de la sociedad de la información, Resultados de la investigación “Aplicabilidad de los sistemas multimediales en la enseñanza de los lenguajes visuales y la producción de imágenes”, en el marco del Área Transdepartamental de Artes Multimediales del IUNA.

El papel de la Universidad en la construcción de su identidad digital

La Universidad se ve en la necesidad de adaptarse a un entorno abierto de colaboración donde la producción y la divulgación del conocimiento no son procesos exclusivos de las instituciones científicas tradicionales.  Su participación en la sociedad red pasa por construir una identidad digital que entre en diálogo con todos los actores y participantes en la construcción de conocimiento. Para ello necesita redefinir su papel en la sociedad y tomar decisiones clave sobre su postura ante los elementos característicos de la cultura digital: la participación, la remediación y el bricolaje. Esta identificación requiere un cambio de actitud radical en cuestiones como son la representación colectiva de las identidades distribuidas de sus miembros, la adopción de sistemas de Open Access para fomentar el acceso libre al conocimiento y el uso de tecnologías abiertas para la producción del mismo. En este artículo se defiende la identificación de la Universidad como agente activo en la cultura digital adoptando un papel de comisariado para construir y promover contextos flexibles que permitan el trabajo colaborativo en red y atraer la innovación creativa desde fuera de sus límites organizativos.

Introducción

La sociedad red se distingue por una nueva cultura digital, donde se desarrollan modelos abiertos de información y se valora la capacidad para compartir y construir conocimiento de forma colaborativa. Estas dinámicas propias de esta sociedad globalizada y digital también cuestionan los modelos tradicionales de autoridad y reputación, lo cual tiene consecuencias directas en todos los sectores sociales implicados en la generación y divulgación de conocimiento. Este nuevo entorno tecnosocial, fuertemente mediado por la tecnología digital y las prácticas sociales que genera, requiere nuevas competencias por parte de las instituciones educativas para saber gestionar el riesgo y liderar el cambio en espacios híbridos donde lo público y lo privado conviven y donde cada vez es más difícil controlar los flujos comunicativos. Entre ellos se encuentran las universidades que deben además ayudar a analizar y comprender los cambios sociales y contribuir a la formación de una ciudadanía digital. En este contexto de conocimiento abierto, interacción libre y oportunidades de aprendizaje informal, la Universidad se encuentra en un momento crítico para redefinir su papel en la sociedad de modo que pueda competir en un mercado globalizado. No olvidemos que la Universidad está fuera de los ciclos de enseñanza obligatoria, por lo que su razón de ser y de existir requiere de cierta legitimación social. Esto implica diferenciarse y establecer sus reglas de juego en un entorno donde el conocimiento no le es exclusivo y donde compite no sólo con el resto de instituciones de educación superior, sino también con otros espacios de aprendizaje más dinámicos e innovadores.

La imagen que sea capaz de proyectar, negociar y compartir en un sistema abierto no depende de los departamentos de comunicación corporativa, sino que tiene que partir desde abajo, desde el autorreconocimiento, compartiendo identidad y demostrando una actitud abierta y flexible frente a los riesgos que ello pueda generar. Ser y estar en la Red va mucho más allá de multiplicar el discurso institucional en los diferentes canales en línea. Supone, por el contrario, conocer el medio, sus prácticas, tomar una postura con respecto a las mismas y construir una identidad acorde con una cultura digital interiorizada que se base en la transparencia y la coherencia.

El reto es doble puesto que no sólo tiene que cambiar su modelo y sus prácticas para competir en una sociedad dominada por la economía del conocimiento, sino que también debe dar respuesta a su responsabilidad de formar y educar para la sociedad en la que se enmarca, lo cual pasa irremediablemente por integrar la propia cultura digital como un elemento curricular indispensable (Lara, 2007).

La identidad de la Universidad en la cultura digital

«La identidad no es lo que permanece necesariamente “idéntico”, sino el resultado de una “identificación” contingente. Es el resultado de una doble operación lingüística: diferenciación y generalización. (…) Estas dos operaciones están en el origen de la paradoja de la identidad: lo que hay de único es lo que hay de compartido.» (Dubar, 2002, pág. 11)

En su libro La crisis de las identidades. La interpretación de una mutación, el sociólogo Claude Dubar mantiene que las formas identitarias tradicionales, principalmente las «culturales» y «estatutarias», están en crisis y no sirven para definirnos, identificar a los otros y comprender el mundo. Por el contrario, sostiene que serán las formas identitarias «reflexivas» y «narrativas» las que nos podrán ayudar a darle sentido.

En la toma de decisiones de todo proceso identitario clásico «cómo soy, cómo me veo, qué quiero que los demás vean de mí y cómo me muestro», la Universidad tendrá que hacerse una serie de preguntas para redefinirse en la construcción de su identidad digital: cuál es mi papel en la sociedad, cómo puedo competir en una economía del conocimiento, qué valor específico ofrezco a la sociedad en la que me inscribo y, finalmente, cómo me enmarco y relaciono dentro de las prácticas de la cultura digital.

Es importante señalar que la identidad digital no es un campo exclusivo de las personas. También las empresas, los Estados y las instituciones deben tomar decisiones sobre la construcción y gestión de su identidad digital con respecto a las dinámicas de la sociedad red. En el caso de la Universidad, tiene que ver con cómo se diferencia de otras universidades y cómo se reconoce a sí misma tanto hacia dentro como hacia fuera en un contexto de cultura digital. Cuando hablamos de identidad digital no nos referimos a tener «presencia en línea» como equivalente a abrir perfiles en todas las plataformas de publicación en internet, ya sea un grupo en Facebook, una cuenta en Twitter o un canal en YouTube. El concepto de identidad digital es mucho más amplio y radical. Tiene que ver con la identificación que la propia institución hace de sí misma dentro de la cultura digital y con la postura que sea capaz de definir, apoyar, mantener y proyectar con respecto a su forma de relacionarse con las personas, con los contenidos y con las estructuras de producción y divulgación del conocimiento.

Cultura digital: participación, remediación y bricolaje

Siguiendo a Mark Deuze (2006), podríamos entender la cultura digital como una serie de valores, normas, prácticas y expectativas compartidas (y constantemente renegociadas) con respecto a la forma en que la gente (debería) actuar e interactuar dentro de la sociedad red contemporánea. Para este autor, los componentes principales de las prácticas en la cultura digital son la participación, la remediación y el bricolaje. Según Deuze, estos elementos se definen de la siguiente manera:

* La participación se refiere a la capacidad que tienen las personas de intervenir como agentes activos en el proceso de creación de sentido y se relaciona directamente con la posibilidad de acceder a la publicación abierta, a la producción colaborativa multimedia y a la capacidad de actuar en los procesos abiertos de toma de decisiones.

* La remediación se refiere a la capacidad que tienen las personas para modificar, manipular y reinterpretar la realidad de modo que puedan generar nuevos sentidos fuera de las formas tradicionales.

* El bricolaje implica una actitud activa y reflexiva en la recomposición que las personas hacen de su visión particular de la realidad. El concepto de bricolaje se relaciona con las prácticas y nociones de lo prestado, lo híbrido y la mezcla, por lo que se enfrenta al propio concepto de originalidad como emblema de calidad. De fondo se encuentra una actitud que prefiere el ensamblaje y disponer de muchas copias buenas a un original malo.

Dentro del contexto de este artículo, nos interesa partir de estos tres elementos para analizar en qué sentido estas características propias de la cultura digital se relacionan con la crisis de identidad de la Universidad y con sus posibilidades de reafirmación como institución de producción y divulgación del conocimiento en el siglo XXI.

Participación. Las personas como sujetos de conocimiento

Las universidades son espacios de construcción del conocimiento donde uno de sus valores fundamentales son las personas que intervienen en el proceso. Entre los colectivos
implicados en la comunidad universitaria podemos distinguir a los internos (alumnos, profesores, investigadores, personal de servicios, etc.) pero también a los externos con los que forman redes sociales en su actividad habitual. Todos ellos son actores en la cultura digital y contribuyen con sus propios contenidos y relaciones a la participación de la misma. La tendencia a la individualización y la personalización debe ser tenida en cuenta en las estrategias que diseñe la Universidad para configurar su identidad digital a partir de las identidades individuales de sus miembros. Aflora aquí una tensión propia de la sociedad contemporánea, entre lo individual y lo colectivo, como dos aspectos que están llamados a realimentarse mutuamente sin que esto suponga disolución de sus identidades particulares:

«(…) las “identidades colectivas”, heredadas del periodo precedente han sido desestabilizadas, desestructuradas y a veces destruidas. El individualismo parece triunfar en todas partes. Y, sin embargo, todas las formas de individualización (de la vida privada, del empleo, de las creencias…) no significan no sé qué tipo de triunfo del “individuo” sobre lo “colectivo”. Menos que nunca, la oposición individuo/colectivo no permite comprender los procesos en curso y las crisis que suscitan. El individuo no reemplaza al colectivo.» (Dubar, 2002, pág. 251).

Esta relación se traduce por construir una identidad sostenible, auténtica y transparente a partir de la suma de las identidades individuales que la conforman como comunidad.

Por tanto es fundamental que permita, abrace e incluso promueva la creación de vínculos sociales en el espacio digital. Siguiendo a Dubar, podríamos decir que la Universidad no tiene que inventar un lenguaje nuevo para narrarse en la sociedad digital, sino reconocer el lenguaje de sus miembros, darles una cobertura identitaria y una referencia de pertenencia sin que esto suponga obligarles a la uniformidad. En otras palabras, construir una identidad individual propia a partir de la identidad distribuida de las personas que la componen:

«El sujeto que aprende debe construir y apropiarse de su propio lenguaje, el lenguaje de su identidad personal, lo que se convierte en un proceso vital que las instituciones deben poder reconocer. Aprender a decirse se convierte en una clave esencial de las relaciones societarias, tanto en la esfera privada como en la profesional o pública. No se trata para el sujeto, con la ayuda de sus formadores, sólo ni principalmente de aprender una lengua, sino de apropiarse de los lenguajes y acceder a su propia expresión.» (Dubar, 2002, pág. 255).

Esto también implica tomar una posición de liderazgo en la gestión de la incertidumbre y servir como punto de referencia a sus miembros, con planes de formación integrales en competencias digitales que engloben capacidades técnicas, cognitivas y sociales. En este sentido, hay universidades que han tomado la iniciativa haciendo de puente con la cultura digital. Podemos poner como ejemplo el proyecto Digital Tattoo de la University of British Columbia, donde se ha elaborado un portal para explicar a la comunidad universitaria la importancia de la huella digital en Internet y ofrecer consejos para trabajar en red aprovechando las oportunidades que esto supone para la vida profesional. El espacio está estructurado en cuatro áreas (proteger, conectar, aprender y trabajar) y trata temas como la seguridad en línea, la construcción de la identidad digital, el uso de software social para el aprendizaje y la gestión de técnicas para buscar un empleo.

Remediación. Los contenidos como objetos de conocimiento

La Universidad es un espacio donde se trabaja principalmente con información y se generan nuevos sentidos a partir del pensamiento científico. Sus sistemas de validación y reproducción del saber han sido fuente de reputación durante siglos. Sin embargo, los procesos científicos están siendo cuestionados en la actualidad, tanto en lo referente a sus actores como en la aplicación de sus métodos y en la forma de ser comunicados. Esta revisión agrava además una crisis latente en los sistemas de autoridad clásicos, puesto que los sujetos encuentran canales más rápidos y flexibles donde negociar sentidos y estándares de calidad en un proceso histórico en el que la objetividad como parte del proceso científico lleva varios años siendo cuestionada:

«Desde la Ilustración, verdad y objetividad se abrazan y confunden. La alianza que se teje entre auctoritas y veritas arroja al mundo de lo opinable todo cuanto escape del reino de la ciencia. […] Nuestro argumento aquí involucra dos dimensiones del quehacer científico: de una parte, la naturaleza privada de la investigación y, de otra, el carácter público que debe tener su legitimidad. Pues la evidencia no es el resultado de la actividad de un sujeto, sino que emerge en la transición desde lo privado a lo público. O en otras palabras, en el trayecto que va desde la meditación a la reputación.» (Lafuente y Pimentel, 1998).

En este contexto la Universidad se enfrenta al dilema de revisar sus sistemas de acceso y reputación al mismo tiempo que propone y practica nuevos sistemas más acordes con la cultura digital. Centros de investigación como la Universidad de Harvard y en España el CSIC han optado por el Open Access como opción predeterminada, dando un paso al frente en su identificación como repositorios abiertos de su propia producción científica y desafiando de esta forma el sistema de validación que ha sostenido tradicionalmente el saber científico: el circuito de la publicación académica.

Estos movimientos se enfrentan con uno de los principales escollos a superar para la libre circulación de ideas como es el sistema legal de la propiedad intelectual. Por eso se han desarrollado iniciativas como el Copyleft y específicamente fórmulas como las licencias Creative Commons que permiten introducir matices y posibilidades entre la producción, el consumo y la reutilización de los contenidos.

Como hemos visto, el valor comercial no parece sostenerse en la protección de los contenidos, lo cual obliga a la Universidad a cambiar su modelo de negocio para pasar de rentabilizar los productos a rentabilizar los procesos. El proyecto OpenCourseWare impulsado por el MIT hace unos años, donde se publican los cursos en abierto a disposición de cualquier persona, ha demostrado que este tipo de iniciativas no sólo no redundan en un descenso de matriculaciones oficiales, sino que sirven para fortalecer la identidad digital de la institución. En este caso concreto se ha demostrado que el valor está en la interacción que genera la Universidad, gracias al contexto de aprendizaje y relación social que se produce en su espacio (Pernía y Marco, 2007).

Bricolaje. Tecnologías y estructuras para el conocimiento

El bricolage digital necesita de espacios, herramientas y estructuras flexibles que permitan la reapropiación del conocimiento distribuido. Entre estos medios para la acción cabe hablar de tecnologías digitales pero también de la propia organización interna de las instituciones.

Las universidades dependen de una serie de recursos técnicos para integrar eficazmente las tecnologías de la información y de la comunicación en su gestión y metodologías. A menudo observamos la escasez de políticas universitarias para dotar a sus miembros de espacios tecnológicos para el trabajo colaborativo. La reacción de éstos, en cambio, es expandirse fuera de los muros académicos buscando herramientas en medios sociales como pueden ser el uso de blogs, wikis y demás herramientas digitales de comunicación y producción social (Lara, Freire y Martí, 2007). En un entorno de software social deberíamos cuestionar hasta qué punto tiene sentido seguir con el modelo de laboratorio cerrado y valorar, en cambio, la posibilidad de optar por el software libre como una apuesta tecnológica de base cultural.

Para una universidad del siglo XXI, una estrategia de intento de control y cercamiento de las actividades expandidas de sus integrantes por el espacio de dominio público digital no resulta conveniente y ni siquiera factible. Esto hace que las plataformas virtuales privadas que se integran de manera «oficial» acaben siendo cárceles de relaciones y espacios inertes donde colgar materiales descontextualizados. Una de las oportunidades de las universidades en este sentido es fomentar la experimentación con las herramientas de producción colaborativa y situarlas dentro de un contexto de renovación metodológica que prime el aprendizaje social desde una perspectiva constructivista (Lara, 2005).

Los espacios de la Universidad también necesitan ser redefinidos para ganar en agilidad y capacidad de adaptación. La propia arquitectura de los edificios, el diseño de los despachos o la distribución de las aulas, sean presenciales o virtuales, responden a un modelo de educación tradicional alejado de las necesidades de la sociedad red: trabajo en equipo, colaboración, aprendizaje por proyectos, simulación, innovación, etc. A esto se añaden los modelos organizativos de la Universidad, que con sus estructuras jerárquicas y piramidales (rectorados, decanatos, departamentos, etc.) suponen también un elemento de fricción para avanzar en la adaptación a la sociedad red.

Por tanto, más que hablar de desarrollos tecnológicos, deberíamos referirnos a la capacidad para dinamizar estructuras que sostengan el pensamiento distribuido en red, para localizarlo y agregarlo construyendo espacios de identidad digital académica colectiva. Una posible solución a estas limitaciones puede ser el desarrollo de alianzas de colaboración con otros agentes culturales que se encuentran fuera de las estructuras regladas y que están contribuyendo también a la formación y construcción del conocimiento (medialabs, asociaciones culturales, living labs, etc.).

A modo de conclusión. La Universidad como comisaria digital

Teniendo en cuenta los elementos constitutivos de la cultura digital que hemos abordado en este artículo –participación, remediación y bricolaje–, la Universidad tiene la responsabilidad de definir su identidad digital a partir de las decisiones que tome con respecto a los procesos de identidad de sus miembros, su relación con el conocimiento abierto y su capacidad para flexibilizar sus estructuras internas. En este proceso de reconfiguración dentro de la cultura digital, la Universidad no se concibe como el lugar donde se accede al conocimiento –al menos no en el sentido clásico y tampoco de forma exclusiva–, sino como un espacio de experiencia de aprendizaje y construcción colaborativa del mismo.

Las prácticas de remediación y bricolaje necesitan cada vez más de datos abiertos y maleables que permitan su reconstrucción y puesta a disposición de nuevos sentidos. Los datos estancos no son útiles en sí mismos sino que su valor aumenta cuando se ponen en circulación para ser reinterpretados y mejorados por otros (Lafuente, 2006). En esta línea la Universidad debe aportar sentido común al gran magma de la información, garantizando el acceso libre al conocimiento y contribuyendo al filtro social de negociación de estándares de calidad. Como decía recientemente David Weinberger, «la solución al problema de la sobrecarga de información del que nos habían advertido a principios de los noventa es, curiosamente, generar más información con más metadatos».

La forma de materializar este papel de la Universidad como agente independiente y referente de credibilidad y calidad en la identificación, producción y comunicación del conocimiento abierto se podría enmarcar dentro de lo que Juan Freire ha definido como comisariado digital.

«Las marcas, las empresas de medios y muchos individuos se acabarán convirtiendo en comisarios digitales, cuya actividad principal no será ya la creación de contenido. De hecho, mientras que el crecimiento continuado de los contenidos los devalúa, este mismo proceso hace que surjan continuamente nuevos nichos que pueden ser explotados por estos comisarios.» (Freire, 2008)

La Universidad tiene un papel que desempeñar en la construcción de su identidad digital como mediadora para ofrecer los contextos de participación, interacción e innovación que necesita el bricolaje del conocimiento colaborativo en la cultura digital. Como buena anfitriona del pensamiento, debe ofrecer el libre acceso a los recursos necesarios para el trabajo en red al mismo tiempo que reconoce y potencia la red social que se genera a su alrededor. En otras palabras, la Universidad debe convertirse en un nodo de referencia, en un espacio abierto para el pensamiento distribuido con capacidad para reconocer, atraer y gestionar la inteligencia colectiva.

«El aprendizaje de la subjetividad, de la relación del sí con el sí mismo, debe también estar mediatizado, en el espacio público, por los Otros generalizados, que permiten el acceso a la ciudadanía. La cuestión de la mediación se ha convertido a la vez en central y crítica en todos los ámbitos de la vida social, cada vez más “societaria”, es decir dependiente de las configuraciones de actores que interactúan en dichos campos, parcialmente estructurados por instituciones, normas y relaciones de poder. Las instituciones no son solamente las obligaciones que se imponen a los individuos, sino también los recursos que deben aprender a movilizar eficazmente.» (Dubar, 2002, pág. 253)

Para concluir, podríamos aventurar que el valor de la Universidad no está en lo que se cuenta en las aulas, sino en lo que sucede en esas aulas y fuera de ellas, en la experiencia de aprendizaje que sea capaz de promover, generar y comisariar en un entorno de conocimiento abierto y cultura digital. El reto de la Universidad en este sentido se basa en interiorizar, practicar y divulgar estos elementos como una forma de diferenciarse en una economía del conocimiento y construir un modelo coherente con su función social.

Bibliografía

Deuze, Mark (2006). «Participation, Remediation, Bricolage: Considering Principal Components of a Digital Culture». The Information Society. N.º 22, pág. 63-75.

Dubar, Claude (2002). La crisis de las identidades. La interpretación de una mutación. Barcelona: Edicions Bellaterra.

Freire, Juan (2008). «Conocimiento y usuarios en la cultura digital». Revista FRC. N.º 16, pág. 53-57. <http://www.fcampalans.org/archivos/revista/13.jfreire.pdf>

Lafuente, Antonio (2006). «Ciencia 2.0». En: 20 años de la Ley de la Ciencia (1986-2006) [monográfico en línea]. Madrid. Número especial, diciembre 2006. [Fecha de consulta: 20/11/08] <http://www.madrimasd.org/revista/revistaespecial1/sumario.asp>

Lafuente, Antonio; Pimentel, Juan (1998). «Los imperativos de la objetividad. El escamoteo del sujeto». Revista de Occidente. N.º 210, pág. 75-92. [Fecha de consulta: 10/12/08]. <http://hdl.handle.net/10261/6595>

Lara, Tíscar (2007). «El currículo posmoderno en la cultura digital». En: Cultura Digital y Comunicación Participativa. Zemos98. [Fecha de consulta: 16/12/08] <http://www.zemos98.org/culturadigital/culturadigital.pdf>

Lara, Tíscar (2005). «Blogs para educar. Usos de los blogs en una pedagogía constructivista». Revista TELOS.  Octubre-Diciembre 2005. Vol. 65, pág. 86-93 [Fecha de consulta: 10/11/08]. <http://www.campusred.net/telos/articulocuaderno.asp?idarticulo=2&rev=65>

Lara, Tíscar; Freire, Juan; Martí, Daniel (2007). «Innovación educativa con blogs». En: Experiencias de Innovación Educativa na Universidade. Colección Formación e Innovación Educativa na Universidade. 73-83.

Pernías, Pedro; Marco, Manuel (2007). «Motivación y valor del proyecto OpenCourseWare:  la Universidad del siglo xxi». En: «Contenidos educativos en abierto» [monográfico en línea]. Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento (RUSC). Vol. 4, n.° 1. UOC. [Fecha de consulta: 15/12/08]. <http://www.uoc.edu/rusc/4/1/dt/esp/pernias_marco.pdf>

Tíscar Lara
Vicedecana de Cultura Digital en la EOI
Docente del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid

* Se publica con permiso explícito de la autora. Originalmente puesto online en http://tiscar.com/2009/04/21/el-papel-de-la-universidad-en-la-construccion-de-su-identidad-digital/

Cultura digital y la comunicación participativa

Hablar de cultura digital y comunicación participativa ha supuesto para esta edición (y el seminario del que proviene) partir de dos presupuestos que recogemos de la propuesta de David Casacuberta en su texto “Cada hombre, un artista” en el libro “Creación e Inteligencia Colectiva”.

Los dos presupuestos son:

1. Cuando hablamos de cultura digital, la tecnología no es un elemento tan importante como pueda parecer a primera vista.

2. Además de ser una forma de organizarse y producir, la comunicación participativa es, antes que nada y por encima de todo lo demás, una actitud y un posicionamiento ético en relación a la función de internet en el desarrollo y distribución de la cultura.

Los dos presupuestos están claramente interrelacionados: el segundo punto es un buen argumento a favor del primero. Y a su vez, el primero permite comprender mejor al segundo.

Si proponemos partir de estas máximas es precisamente porque advertimos en muchos casos una falta de conciencia al respecto. Quizás porque lo digital parece que paradójica e inexorablemente está siempre ligado a su definición en contraposición de lo viejo con lo nuevo.

Si atendemos a la evolución de los medios de comunicación, haciendo un ejercicio intensísimo de síntesis histórica y siguiendo el excelente análisis que realiza Jesús Carrillo en “Arte en la Red” en torno a los nuevos medios y la cultura digital, pasamos del teléfono (uno a uno) al mass media tradicional (uno a muchos), que da lugar a los new media (muchos a muchos).

Se entiende que el nuevo modelo varía de los anteriores porque de sólo recibir la comunicación pasa a transformarse en mucho más: participación, producción, reproducción, difusión de contenidos, etc. Es una nueva manera de relacionarse con el mundo a partir de un proceso de digitalización general de la producción cultural contemporánea. Y según Lev Manovich, este nuevo panorama surge de la fusión de dos tradiciones que habían coexistido durante los siglos XIX y XX: la fotografía y la computación.

Carrillo propone el ejemplo de Manovich con el daguerrotipo, construido por Louis Daguerre en 1839, un invento precursor de la fotografía moderna. Supuso, sobre todo, una revolución en el mundo de la información, ya que permitió cubrir el seguimiento de la Guerra de Crimea y de la Guerra de Secesión estadounidense. Por otro lado, y también en el siglo XIX, el matemático e inventor británico Charles Babbage elaboró los principios de la computadora digital moderna. Inventó una serie de máquinas, como la máquina diferencial, diseñadas para solucionar problemas matemáticos complejos. La máquina ya incluía una memoria para guardar los datos, un procesador para las operaciones matemáticas y una impresora para hacer permanente el registro.

La fusión de lo viejo con lo nuevo se produce cuando, como plantearía Negroponte, pasamos de átomos a bits. Argumentaba entonces que la mayor parte de la información que recibimos nos llega en forma de átomo (periódicos, revistas, libros), lo que espontáneamente nos hace evaluar y medir el transporte de esa información en átomos. La llegada del bit, que «no tiene color, tamaño ni peso y viaja a la velocidad de la luz y es el elemento más pequeño en el ADN de la información», iba a ser el culpable de que esa forma de entender el mundo cambiara. Los “nuevos medios” ya estaban aquí.

La cuestión está en que, aunque en muchos casos sigan teniendo una apariencia similar, cuando se produce el fenómeno de la digitalización, los datos son pasados a un ordenador multimedia donde pueden ser almacenados, clasificados, alterados, copiados o puestos en circulación a través de internet con suma facilidad.

El mero hecho de hablar de “medios”, aunque sean “nuevos”, es aludir al concepto de “medio de comunicación” (tradicional) que tiene relación con unos modos de producción y difusión determinados: editoriales, cadenas de radio y televisión, industrias cinematográficas y discográfica, etc.

Se alude por “herencia histórica” a una manera de ser espectador, un patrón de comportamiento, unos términos legales, un modelo de industria económica. Lo que quiero decir es que los nuevos medios son mucho más dependientes de los viejos de lo que se podría pensar. Lo nuevo, más que como elemento transgresor, se queda muchas veces en reclamo publicitario: la interactividad del SMS o la posibilidad de bajarse música de la red previo pago. Son extensiones de los patrones dominantes más que una redefinición de los mismos.

Sin embargo, y a pesar de la herencia que “sufre” la cultura digital, la fragmentación de los contenidos que permite la hipertextualidad, multitextualidad, el concepto de multitud en red, la posibilidad de compartir y copiar contenidos, la participación de diferentes sujetos en una misma producción, las intersecciones entre arte, ciencia y tecnología, o los modos de accesibilidad y telepresencia que permite internet, no puede dejar de ser tomada en cuenta. La remezcla, que permite utilizar la tecnologóa para recrear nuevos materiales y discursos, tiene la capacidad de transformar la concepción del mundo.

Quizás en estos momentos se está definiendo una nueva cultura, una cultura del remix, en el que los creadores (que podemos ser todos y cada uno de nosotros, sin complejos) producen conocimiento (re)utilizando retazos de otras creaciones, deshaciéndolas y adaptándolas en función de sus intereses. Una cultura en definición hacia un modelo de creación colectiva.

New media, net art, participación ciudadana, activismo, artivismo, digital, tecnología, mensaje, medio, ciencia, arte, poder, censura, control, cibernética, rizoma, simulacro, interfaz, internet, hipertexto, interconectividad, interactividad, creación, comunidad, educación, educomunicación, e-learning, comunicación, wiki, blogs, conductismo, pedagogía crítica, tecnoformalismo, nuevas tecnologías, tic, software libre, copyleft, teleformación… esta publicación es un pequeño compendio de textos en torno a las palabras clave que van definiendo esta nueva cultura de la participación.

Rubén Díaz López
Coordinador del colectivo ZEMOS98 y su festival audiovisual.
http://incongruente.zemos98.org

* Agradecemos al autor el permiso para poner online este artículo que originalmente fue publicado con motivo de la realización del Seminario de Cultura Digital y Comunicación Participativa realizado en la Universidad Internacional de Andalucía en noviembre de 2006.

Medios digitales y sentimientos

Científicos de la University of Southern California, dirigidos por el Dr. Antonio Damasio, realizaron una investigación donde concluyeron, entre otras cosas, que la rapidez de los medios digitales no deja tiempo al cerebro para procesar sentimientos como la admiración o la compasión ante el sufrimiento psicológico ajeno.

El estudio, publicado en la edición digital de “Proceedings of the National Academy of Sciences”, fue realizado con trece voluntarios a los cuales se les pretendió inducir un sentimiento de admiración ante una virtud o habilidad o de compasión ante un sufrimiento físico o moral basándose en historias reales convincentes.

Los investigadores concluyeron que los seres humanos pueden procesar la información muy rápido, respondiendo en fracciones de segundo a signos de dolor físico en los demás, pero la admiración y la compasión, dos de las emociones que definen a la humanidad, requieren mucho más tiempo.

El grado de emoción fue verificado a través de una serie de entrevistas antes y después de tomar imágenes del cerebro.

Estas imágenes mostraron que los voluntarios necesitaron entre seis y ocho segundos para reaccionar plenamente a las historias sobre virtud o sufrimiento moral.

Sin embargo, una vez despertada esta emoción, la respuesta duró mucho más que las reacciones suscitadas por las historias que se centraron en el dolor físico.

En opinión de Mary Helen Immordino-Yang, el estudio tiene relevancia para la enseñanza. La culpa no la tienen los medios digitales, sino “cómo se utilizan esos instrumentos”, subraya.

Según el sociólogo español Manuel Castells, “en una cultura de medios en la que la violencia y el sufrimiento se convierten en un espectáculo sin fin… se instala gradualmente la indiferencia ante la visión del sufrimiento humano”.

Pero Castells señaló que le preocupan menos los espacios sociales por Internet, algunos de los cuales pueden brindar oportunidades para la reflexión, que “la rapidez de la televisión o los juegos virtuales”.

El estudio es el primero que investiga las bases nerviosas de la admiración y que se centra en la compasión en un contexto más amplio que el del dolor físico.

“De hecho separamos el bien del mal en parte gracias al sentimiento de admiración”, señaló Antonio Damasio.

Los científicos también observaron que estas emociones están firmemente enraizadas en el cerebro y los sentidos, y afectan a sistemas nerviosos primordiales que regulan la química sanguínea, el sistema digestivo y otras partes del organismo.

El ejemplo más claro, según Immordino-yang, es el “corazón roto” del que hablan los poetas. “Estas emociones son viscerales, en el sentido más literal son la expresión biológica del ‘haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti”, dijo.

Redes sociales: entre el control y la transformación social

El 4 de febrero pasado Facebook modificó, de forma unilateral y sin previo aviso, los términos de uso de la promocionada red social. Los diarios de todo el mundo no se harían eco de la noticia hasta casi dos semanas después. El revuelo fue inmediato. Las  denuncias y protestas de millones de nosotros, los “internautas”,  hizo que la empresa no tardara en anunciar su renuncia a aplicar las nuevas normas. Las condiciones de uso continuarían siendo las anteriores.  Es decir que Facebook sigue apropiándose de los derechos de todo lo que publicamos en esta “red social”.

La cesión de derechos es válida hasta tanto no nos demos de baja de la plataforma, mantengamos o no activa la cuenta. Todo ello pretendidamente bajo la jurisdicción de las leyes estadounidenses.  Facebook es sólo un ejemplo. Condiciones similares son habituales de otras aplicaciones de la Web 2.0 (Web 2.$ es una descripción alternativa válida) y también en algunos servicios de webmail y de mensajería instantánea.

Lo cierto es que mientras algunas empresas de Internet vigilan, controlan, abusan…. nosotros seguimos como si nada ofreciéndoles gratuitamente contenidos que son los generadores de valor… no sólo simbólico.

En este marco ¿Cuál es el interés de los grandes grupos de comunicación en promocionar estos espacios que buscan competir con ellos en el reparto de los gastos publicitarios? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que se trata de fabulosos mecanismos de control social, o cuanto menos de recolección de información personal y social? ¿Acaso existe manera más fácil y barata de conocer los gustos personales y comportamientos y grupos de pertenencia de millones de personas con nombre, apellido, edad y ciudad de residencia?

El perfeccionamiento del panóptico reside en conseguir que quién esté dentro haya ingresado voluntariamente en él y no tenga presente que siempre hay alguien observándolo.

¿Cuál es el atractivo que encontramos los  millones de aficionados a este tipo de aplicaciones de la red en estar permanentemente expuestos a la mirada y el juicio de conocidos y extraños? ¿Será acaso que finalmente todos sentimos la pulsión narcisista de mostrarnos sin importarnos que mostramos? ¿Descubrirá la vidriera o escaparate digital que en realidad el resguardo de la intimidad es, o más bien era, una construcción social y cultural producto de una pacatería impuesta desde el poder? ¿Qué ha cambiado para que desde los grandes medios de comunicación y desde ciertos sectores académicos, unos y otros tan vinculados a otros poderes, se anime ahora a la exposición desinhibida de nuestros pequeños logros, de nuestras miserias, de nuestros cuerpos e ideas, de nuestros deseos, recuerdos y frustraciones, de nuestros amigos y de nuestros enemigos, de nuestras tonterías, de nuestros gustos, del color de nuestro dormitorio, de la forma de nuestro pie y del zapato que usamos, de nuestras extrañezas y aficiones?

Toda nuestra vida expuesta sin pudor en una ilusión de transparencia incapaz de revelar más que una capa exterior,  comercializable,  de quienes somos.

Me produce perplejidad la promoción continua de la superficialidad y el escepticismo como actitud ante la vida que se desprende del mensaje de los medios que se refleja con sorprendente fidelidad en la web 2.0. Perplejidad aún mayor ante la desvalorización que existe del compromiso con las propias ideas y con la vida de uno y la de los demás.

¿No es hora de pensar lo que hacemos en la Web, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos?

Es importante que no permitamos que las redes terminen pescándonos.

Comunicarnos sí, pero con verdadera libertad. Ser dueños de nuestros deseos y de nuestros actos. Quizás sea hora de comenzar a migrar hacia otros espacios menos controlados. La red es amplia, no tengo dudas que encontraremos otros lugares y si no es así, busquemos la forma de crearlos.

¿Qué sería de Facebook y de la llamada Web 2.0 sin nosotros?

Apostilla

Alguna vez, muchas personas en el mundo tuvimos la esperanza en que la paz y la justicia terminarían por prevalecer en las relaciones entre las naciones y entre las personas. Que la miseria, el hambre y la guerra terminarían por desaparecer. No ha sido así, todavía.

El consumismo lleva en sí mismo la destrucción del planeta. Lo realmente importante es concentrarnos en mejorar realmente las condiciones de vida de las personas, de todas las personas. Una vivienda digna con agua potable y servicios sanitarios, alimentación suficiente, servicios de salud, educación de calidad. El mundo está en condiciones de alcanzar estos objetivos. Para ello nos lo debemos proponer con hechos, no sólo con declaraciones políticas de buena voluntad, ni  adhiriendo a grupos de apoyo o de repudio en una red social.   En última instancia, la mejora de las condiciones de vida de la humanidad depende de cada uno de nosotros. En tal sentido, el modelo de funcionamiento de las redes sociales, al mostrarnos con claridad que los seres humanos somos el fundamento de la red, contienen un germen de transformación de enorme potencial. Ponen de relieve que es posible trabajar junto a otros en pos de un fin común.

Intuyo que muchas personas en el mundo empiezan a darse cuenta que debemos empezar a cambiar nuestro modo de actuar. Que uno más uno más uno son mucho más que tres.

Diego Levis
Doctor en Ciencias de la Comunicación
Profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA
http://www.diegolevis.com.ar

Todos somos migrantes digitales

microsoftperu1

Se publican todos los días cientos de artículos sobre los llamados nativos digitales. La nueva categoría cae en boca de cualquiera que busque demostrar algún vínculo con la era Google o su pertenencia a alguna periferia de la Web 2.0. Cada vez suena menos creíble y escala posiciones a toda velocidad en los índices de la vergüenza ajena. Nativos digitales fue casi un slogan de evangelización, una convención emergente de reductos académicos y geeks que pronto acabó por no decir nada. El culto por una especie que no existe es una categoría binaria diseñada en las últimas trincheras de la era de la imprenta.

La idea de nativos digitales poca cuenta puede dar de las dinámicas postautónomas de las redes sociales o de los videojuegos, del remixado de contenidos o de cualquier indicio de intervención en el nuevo espacio público. Muchos menos, cual software, de las identidades abiertas o de las latitudes inexploradas de los dispositivos móviles.

La endogamia y la autoevangelización lleva a muchos taggearse como “nativos digitales” (he visto curriculums y biografías que así lo expresan, y que no enlazo o publico por vergüenza ajena) y otros tantos como “inmigrantes digitales”, casi como excusa inapelable del desentendimiento o la confusión ante nuevas herramientas o contextos inéditos de interacciones.

La ficción binaria que relata un mundo dividido entre nativos e inmigrantes, no obstante, da cuenta de una brecha generacional sin precedentes, que impacta directamente en los hábitos de consumo y lecturas transmedia. Pero no más. Evita el problema de la postexploración de una red de zonas que demanda menos descubrimiento que invención. En ese sentido, quien crea que haya llegado a algún lugar, quien crea ser un “nativo digital”, sólo demuestra su incapacidad de moverse y transformarse, de migrar. Sólo por dar un ejemplo brutal: Google es el migrante por antonomasia. La empresa migra todo el tiempo hacia nuevos horizontes, que no existen hasta que los proyecta y construye. De igual modo podríamos referirnos a Amazon o Apple.

El romanticismo digital muchas veces es tanto o más rancio que cualquier apóstol de la Escuela de Frankfurt. La categoría de nativos digitales no entiende porque no se empapa, no explica porque no reconoce y sobrevive a falta de otra. Es un lugar común. Nos dice más sobre quienes la utilizan que sobre el conjunto al que pretende hacer referencia.

Lorenzo Vilches en La migración digital, un libro editado en 2001 e imprescindible para interesados en estos asuntos, tenía razón: No sólo explicó por qué “todos somos emigrantes de una nueva economía regulada por las dinámicas tecnológicas”, o cómo “la migración digital concierne en primer lugar a los sujetos interconectados que llegan a la nueva frontera de la comunicación y de lo real”. Además, dando por default que en la era postbiológica la conexión es más importante que la comunicación -y eso que Twitter no era ni un proyecto en aquella época-, sugirió la tesis de que “si la economía de los nuevos medios se dirige hacia lo simbólico, y si la industria del marketing será más importante que los productos, el papel que juega la narración para amplificar los mitos de la economía y las tecnologías aparece como indispensable para escribir la historia de la nueva sociedad”.

Mientras en los medios se leen todo tipo de notas, sobre la Generación I, la Generación R, M y no sé cuántos intentos fatuos más por renombrar a los más jóvenes, casi como buscando un punto fijo desde dónde pensar y dar raíz a la infraestructura de la narración, el mundo deja de dividirse entre norte y sur, inmigrante o nativo, u otras fronteras de reducción binaria que cancelan la complejidad negando el desborde intelectual de las estructuras de negocios, educativas y políticas.

¿Será que seguir contándonos la historia con categorías que fracturan la discusión en dos y arma bandos enfrentados es la médula de la crisis? En una historia contada así, no hay salida. Sólo refugiados. Y parece más interesante sospechar de ese binarismo nativo-inmigrante que intentar calzar en algún de los dos extremos.

Sea como fuere, podríamos resumirlo así: la inflación teórica de la dicotomía nativo-inmigrante suspende la mudanza intelectual y posterga el rediseño de los relatos. Refugia y cobija al pensamiento paralítico en la esperanza de un recambio generacional. La migración en sí, algo más complejo que la liquidación conceptual de una generación, es todavía un red de incógnitas. Innenarrable. Inescrutable.

Pablo Mancini
Profesor del Magíster Internacional en Comunicación y Periodismo Digital de la Universidad Mayor (Chile)
Gerente de servicios interactivos de El Comercio (Perú)

Nota publicada con permiso del autor. Originalmente publicada en http://www.amphibia.com.ar/todos-somos-migrantes-digitales/

Ni nativos ni inmigrantes: llamadles náufragos digitales

arequita-enero-2009-131

Nativos digitales ha sido quizás la denominación que más ha cautivado en la descripción de los jóvenes nacidos tras los 90. A partir de esa metáfora pensada a comienzos de este siglo, ríos de tinta se han escrito. Sin dudas, Marc Prensky dio en el clavo, cuando denominó de esa manera a los  nacidos en un mundo ya digital. Pero también es cierto que ésa es una forma de categorizar que levanta dudas, suspicacias, adhesiones y rechazos. De hecho, para muchos analistas, agranda indebidamente una brecha generacional con los adultos, y especialmente: atemoriza a los docentes quienes se sienten en desventaja frente a las habilidades digitales de sus alumnos.

Nativos Digitales

Recientemente Javier Velilla dedicaba en su blog varias entradas a los Nativos Digitales y en ellas recordaba que:

“Hace unos meses el consultor creativo y estratégico experto en el mundo de los jóvenes, Jeroen Boschma (2008), retomaba este análisis en su libro Generación Einstein. En su opinión, las personas que nacieron después de 1988 forman parte de una generación de nativos digitales que “les ha dotado de una manera de procesar la información más cercana a Einstein (creativo y multidisciplinar) que a Newton (racional, lógico y lineal)”. Es decir, determinados elementos compartidos definen unos principios comunes sobre la visión de la vida, el contexto y, por supuesto, los valores”.

Sin embargo, hay un aspecto que valdría la pena repensar acerca de estas denominaciones, y es el hecho de que esos nombres no dejan de poner el acento en forma casi única, central y categórica en el contexto tecnocultural (digital) de nacimiento dejando por fuera otras aristas que hacen a la cuestión generacional. ¿Determinismo tecnológico? Mmmmhh…

Lo que no hemos tomado en cuenta al aceptar como válida esta definición (reconozcamos acertada en buen parte en su descripción de lo fáctico en torno a estos jóvenes) es que, aceptarla, implica a la vez, estar de acuerdo con la idea de que estos jóvenes son así básicamente por la tecnología y no por otras variables, entre ellas su generación precedente y su contexto vincular (con los otros y con las máquinas).

Nativo Digital es considerado aquel que ha nacido y crecido en un entorno digital y esa variable es tomada casi como la única determinante en su subjetivación y “elección” de forma de vida. Sin embargo, no deja de reconocerse que hay jóvenes, que a pesar de su pertenencia generacional, no son “digitales”. Nadie discute el indudable “parecido del hombre con su tiempo”, pero éso sólo no alcanza para definir subjetividades. Lo dice quien cree en ellas fuertemente y acepta que estas generaciones son diferentes (en algunos aspectos) a anteriores. Lo dice quien ha tenido la suerte de recorrer partes del mundo discutiendo sobre ello. Pero también lo dice quien, en su día a día,  lidia en la consulta con la repetición de estructuras familiares y esquemas repetidos que provienen o bien de los genes o bien de su aprendizaje en el ambiente familiar y vincular.

Wikipedia dice que: “A digital native is a person who has grown up with digital technology such as computers, the Internet, mobile phones and MP3“.

Wikipedia dice con qué ha crecido esta generación y no con quién, y esto no es un dato menor a la hora del análisis de qué queremos decir cuando hablamos de nativos digitales. Caemos una y otra vez en la trampa de poner en manos de la tecnología nada más y nada menos que el futuro. En algún sentido, cuestionar esto me acerca (a pesar de tener ciertas diferencias) a la postura del excelente y amplio informe  Jóvenes y Cultura Messenger coordinado por Angel Gordo Lopez, donde, entre otras cuestiones, se critica la naturalización de la relación jóvenes-computadoras.

Un referente en la cultura digital como lo es Juan Freire escribe en su blog, a propósito de los nativos digitales que:

“Palfrey discute en su blog las dificultades que presenta la definición e identificación de los nativos digitales con respecto a otros colectivos demográficos, geográficos o culturales y propone algunos criterios para su definición. La edad, la pertenencia a una generación cronológica, no es un factor suficiente ni que identifique las razones últimas de la pertenencia de una persona a esta categoría (negritas mías):

- Not all people born during a certain period of history (say, after the advent of BBSes) are Digital Natives. Not everyone born today lives a life that is digital in every, or indeed any, way. For starters, only about 1 billion of the 6.7 billion people in the world have regular access to the supposedly “World Wide Web.” In other cases, young people we are meeting choose to have little to do with digital life.

Juan Freire reafirma que ni el contexto tecnocultural, ni la edad, definen por sí solos la llamada digitalidad. El hábito no hace al monje y la conectividad no construye per se la llamada Generación Einstein, la misma a la que Nicholas Carr ataca por su estupidez googlena. Como también señala John Palfrey  quien está a cargo del  Berkman Center of Internet and Society, hay nativos digitales que no son digitales e inmigrantes digitales con comportamientos digitales envidiables para un nativo.

Adolfo Estalella ha dedicado también una entrada a esta cuestión en su blog recordando que fueron dos:  Digital Natives, Digital Immigrants y Do They Really Think Differently?  los escritos de Marc Prensky que fueran seminales para la comprensión de este fenómeno social, mientras toma una postura contraria a esta denominación que entiende no adecuada y fracturante del diálogo intergeneracional.

Debemos entonces continuar describiendo y buscando parecidos y diferencias y sobre todo razones para ser digital o inmigrante más allá de la fecha de nacimiento.

El último estudio llevado a cabo en  Argentina sobre este tema, estuvo a cargo de dos señales de televisión infantil y abunda en detalles sobre las características de esta generación y su relación con la tecnología.

Las conclusiones surgieron después de consultar nada menos que a 3.000 chicos de entre 7 y 15 años, de clases media y media alta, entre los cuales (prestemos atención) el 53% dijo que no podría vivir sin televisión, 48% sin la computadora, 37% sin Internet, 35% sin celular, 34% sin videojuegos y 30% sin equipo de música.

Descubrimos o más bien confirmamos, a través de este estudio que los llamados nativos digitales no pueden vivir sin sus tech devices, pero nada se dice allí de sus padres, abuelos, hermanos o amigos. ¿Podrán vivir solos aunque hiperconectados? ¿Qué fantasía robinsoncrusoniana digital se esconde detrás de todo esto? ¿Por qué solemos omitir ese aspecto en nuestras discusiones?

Sabemos por experiencia que navegan solos. Son la Generación de la Red, de la Interactividad, del Downloading, del Instant Messaging, del MSN, pero sobre todo son la Generación del Naufragio. Nos  han dicho que parece ser que la modernidad  se hundió y con ella han perecido ideales, referencias, buques insignia y…capitanes. Estos jóvenes han aprendido a navegar solos porque han quedado solos, porque los hemos dejado solos (náufragos tecno-dependientes),  mientras naturalizamos cómodamente su relación con las computadoras y nos abstenemos de influir en sus vidas. Son nativos digitales que se han echado a la mar sin rumbo, ni capitán, con sus rudimentarias herramientas como guías para el océano infotoxicado, en buena medida porque la generación anterior se ha abstenido de participar y eso ha generado una relación con la tecnología muy cercana. Si no consideramos esto a la hora de pensar en nativos o inmigrantes, poco comprenderemos acerca de las similitudes y diferencias inter e intrageneracionales. El Informe Generaciones Interactivas en Iberoamérica confirma todo esto con datos de siete países. Ni padres, ni docentes participan activamente en la guía de estos jóvenes por el mundo de la web. Muchos ni siquiera saben qué hacen sus hijos cuando están frente a la computadora.

arequita-enero-2009-075
 
Increíblemente aun, a pesar de todo,  los náufragos piden ayudan.

Hay veces que nos recuerdan en casa o en la escuela nuestro rol guía, modelador, nuestra función de capitanes.
Pero también hay muchas veces que simplemente callan, obvian las preguntas por ser conocidas las respuestas y siguen y encallan en las rocas, o descubren nuevos mundos, nuevos trucos, nuevas percepciones y llegan a ser como el jovencito Lim Ding Wen un creador de aplicaciones para el i-phone de tan sólo 9 años de edad.

Esa quizás es la vida del náufrago digital: un joven nacido generalmente después del 90, con padres modelo Simpson, con escuelas del siglo XIX maquilladas y tecnología omnipresente. Vidasconect@das a los otros, la tecnología y sostenidos por esa conexión porque muchas veces resulta más confiable que los vínculos con los otros cercanos. Pero para todo ello, para ser náufrago digital, no es necesario tampoco ser joven, por eso hay adultos digitales, que, como inmigrantes, se manejan mejor que los nativos.

Como decíamos (La vida de un Nativo Digital año a año) estos jóvenes han visto aparecer a lo largo de su crecimiento -como notablemente aparece en el PowerPoint  Presentation del informe Teens and the internet-  del Pew Internet, decenas de nuevas tecnologías que han cambiado sus vidas.

Es curioso también observar cómo en esa presentación tan notable y esclarecedora,  aparecen  nulas referencias a personas, líderes, ideas. Lo vincular se reduce allí al vínculo con la tecnología omitiendo las relaciones intergeneracionales en un descuido harto común al discutir sobre nativos o inmigrantes.

Esa es la vida del náufrago digital: recorrer en solitario los excesos de información, imágenes e individualismo como describiera Marc Augé la  sobremodernidad,  para buscar sentidos y existencia. Y para el naufragio… no hay edad.

Por eso se puede ser náufrago joven o viejo. No es la fecha de nacimiento, ni el contexto digital, sino el contexto vincular (con los otros y con las máquinas) lo que determinará la “natividad digital”.

Por eso, la natividad no pasa por la fecha de nacimiento ni por pertenecer a una generación. Mientras los científicos sociales sigan ignorando la importancia del vínculo con la pant@lla y con los otros, como elemento fundamental a la hora de determinar pertenencias, poco se podrá avanzar.

Cuando nos circunscribimos a lo tecnológico, terminamos siendo deterministas y sobre todo reduccionistas. No alcanza con estar rodeado de tecnología para ser digital. Lo sabemos. Eso ayuda, eso familiariza, eso hace que sea un lenguaje (no una inteligencia) conocido, cercano. Pero eso sólo no hace al nativo ser  nativo o al inmigrante adoptar la lengua nueva como propia. Hay que ser capaz de relacionarse con las máquinas y fundirse con ellas para ser más que uno sólo (lo han señalado De Kerkhove y Turkle) y en el encuentro con los otros, en la Red, ser mucho más que lo que jamás soñamos. Pero para eso, hay que tener un espíritu de búsqueda de los otros, de necesidad propia de un náufrago.

Quizás paradójicamente se trate de que “sin naufragio, no hay navegación”.

Ps. Roberto Balaguer Prestes
Psicólogo egresado de la Universidad de la República (Uruguay). Postgraduado en Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes y de Adultos.
Coordinador de Grupos de Trabajo en los tres Congresos Online del Observatorio para la Cibersociedad, con sede en Barcelona
http://www.robertobalaguer.com

La evolución… ¿Es una línea o una red?

Los que me conocen o han leído mis textos saben que hay dos cosas que no me terminan de convencer: los estudios exclusivamente cuantitativos y las concepciones lineales o secuenciales. En este post me encargaré del segundo tema, mientras que del primero pueden leer algunas reflexiones en Digitalismo sobre la llamada “era del peta-byte“. Que los modelos lineales presentan grandes límites no es ninguna novedad. A las teorías de la comunicación les costó varias décadas abandonar el modelo de Shannon y Weaver según el cual la comunicación es una transmisión lineal de información. Uno de los aportes más importantes de la semiótica a los estudios de comunicación ha sido precisamente la definición de un modelo polémico-contractual de los procesos de producción de sentido. El emisor pone algo, pero también el receptor debe cooperar en la construcción del sentido.

Otro campo donde los modelos lineales gozan de óptima salud es en los relatos históricos o evolutivos. La historia se presta muy bien para ser organizada y narrada a partir de una sucesión lineal de eventos. Este aplicación de los modelos lineales a los procesos evolutivos, llevada hasta sus últimas consecuencias, termina generando discursos míticos embebidos de ideología y fe en el futuro (ver mi serie de posts sobre el mito de la web 2.o). ¿Cómo pensar un proceso evolutivo sin caer en las simplicidades de los modelos lineales? ¿Es posible complementar la lectura lineal con otras perspectivas que nos permitan ver/hablar de otra manera los procesos evolutivos?

Podemos pensar la evolución de un sistema a partir de otras metáforas. Por ejemplo a partir de la metáfora de la red. Si miramos a la evolución desde esta perspectiva, tendremos un panorama diferente. La red sociotécnica (un concepto propuesto originalmente por Pierre Lévy) está compuesta por  tecnologías, lenguajes, sujetos y procesos de producción/apropiación. En determinados momentos, algunos componentes de la red se vinculan entre sí, comienzan los intercambios y un área de esta geografía entran en estado de hiperactividad. Un par de ejemplos me ayudarán a aclarar esta idea:

1) A mediados del siglo XV se unieron varias tecnologías y saberes (la prensa para hacer vino, el alfabeto fonético occidental, el trabajo del metal de los orfebres, el papel, las técnicas de encuadernación, etc.) y se produjo un fenómeno emergente que, tal como nos enseña McLuhan,  afectó a todo el sistema cultural: la imprenta. Sin la unión de esos componentes, en un lugar y un tiempo preciso de la red sociotécnica, la imprenta no hubiera nacido. Los chinos, al no contar con los mismos componentes -les faltaba sobre todo el alfabeto fonético- no pudieron sacarle todo el jugo a la impresión con caracteres móviles, por lo que la imprenta china no terminó siendo una “killer application”.

2) A principios de la década del 1980 una serie de tecnologías entraron en estado de agitación y se unieron entre sí: la computadora Apple Mac con interfaz gráfica, las impresoras láser de HP y el lenguaje PS (Post-Script) de Adobe. Esta unión generó un proceso de agitación en la red sociotécnica que derivó en la emergencia del Desk-Top Publishing (DTP) y el comienzo de una larga transformación en las formas de producir y consumir la comunicación. Sin la confluencia de esos componentes, la historia hubiera sido diferente (de hecho, los ordenadores personales con interfaz gráfica existían en el mercado desde finales de los ‘70, pero no habían tenido éxito comercial).

Como vemos, la confluencia de una serie de elementos técnicos, cognitivos, culturales, etc. en un lugar y en un momento preciso de la red sociotécnica da lugar a la emergencia de nuevas configuraciones. Podría decirse que en este momento de la red sociotécnica el sector de los dispositivos móviles está atravesando un momento de gran agitación. Estas pequeñas interfaces están estableciendo intercambios y contaminaciones con numerosos puntos de la red sociotécnica. Los dispositivos móviles pueden ser vistos como el punto central de una galaxia con conexiones hacia la televisión, internet, fotografía, música, aplicaciones informáticas, etc. No es para descartar que dentro de algunos años este sector de la red alcance un punto de equilibrio y la agitación se traslade a otra área del universo sociotécnico.

Estas agitaciones en momentos y lugares diferentes no llegan a ser plenamente comprensibles si las estudiamos a partir de una serie lineal de transformaciones tecnológicas. El pensar en línea se reduce a mirar hacia atrás y adelante, en cambio el pensar en red nos obliga a buscar conexiones arriba y abajo, a derecha e izquierda, sin descartar el pasado (“atrás”) ni el futuro (“adelante”).

Carlos Scolari
Doctor en Lingüística Aplicada y Lenguajes de la Comunicación.
Profesor titular de Teorías de la Comunicación y Fundamentos de Comunicación Digital en la Universitat de Vic.
Coordinador del Grup de Recerca d’Interaccions Digitals (GRID).

* Publicado originalmente en http://hipermediaciones.com/ y reproducido con permiso del autor.

El lugar de la hermenéutica en la cultura digital

Quisiera sugerir la idea de una hermenéutica conectada con la técnica digital y relacionada con la teoría de sistemas desarrollada por el  sociólogo Niklas Luhmann (1987) y la cibernética de segundo orden. Esta  perspectiva implica un cambio de acentuación o una tensión que se da en el pasaje del /logos/ hablado y escrito al número o /arithmos/ digital o, en otras palabras, en el pasaje del lenguaje natural y sus procesos de interpretación a la programación computacional y a la conjunción que ella opera con dichos procesos lingüísticos pero también con otros procesos naturales y/o artificiales parcialmene independientes del ámbito del /logos/ humano (Capurro 2001). Esta conección significa en primer lugar un cuestionamiento de la posición anti-tecnológica de la hermenéutica filosófica así como también de la ambición universal de interpretación como algo basado únicamente en el lenguaje humano y centrado en el sujeto cognoscente. Por otro lado, los sistemas técnicos digitales tampoco constituyen el único horizonte desde el cual pueda interpretarse la esencia de la realidad o el sentido del ser. Con esto cuestiono tanto un humanismo anti-tecnológico como una metafísfica digital pero sostengo que vivimos en una época en la que el sentido del ser es interpretado en forma generalizada en el horizonte digital tanto en la ciencias como en la vida diaria como un “Zeitgeist” o /koiné/ de las sociedades post-industriales. Llamo a esta interpretación del ser / ontologia digital / (Capurro 2006, 2001). Desde esta perspectiva cuestiono lo que se podría llamar un humanismo digital, es decir el centrar o limitar la interpretación y la aplicación de la técnica digital al ámbito humano. La razón es que la técnica digital permite una desubjetivación de los procesos de comprensión humanos y la aplicación de programas de interpretación y acción fuera del ámbito semántico y pragmático humano, aunque no necesariamente opuestos al mismo. Esto implica una deshumanización de la hermenéutica por ejemplo en el sentido de que los procesos biológicos son entendidos como procesos de interacción y comunicación en base a códigos genéticos con la posibilidad de manipularlos y hibridizarlos en base a técnicas digitales incluyendo la posibilidad de /mejorar/ capacidades humanas dando lugar a lo que se suele llamar el transhumanismo.

La hermenéutica observa cómo el código digital es interpretado e implementado en las sociedades globalizadas del siglo XXI. Sus temas abarcan desde los procesos de la red digital a nivel social hasta los sistemas de comprensión autónomos (robótica) pasando por los sistemas híbridos biológicos (biónica) y la manipulación (digital) de la materia a nivel nano (nanotecnología). Este amplio espectro de problemas de interpretación y producción de sentido en el horizonte de las técnicas avanzadas del siglo XXI tiene como foco social el estudio de los sistemas de interpretación social en lo que actualmente se llama la Web 2.0. En este sentido se puede decir que el /círculo hermenéutico/ como metáfora fundamental de la herméutica filosófica se transforma en lo que podemos llamar la /red hermenéutica/. Esto implica también un cambio de otra categoría central de la hermenéutica filosófica, la de “fusión de horizontes” (Gadamer 1975, 284).

En el caso de la hermenéutica digital no se trata de una “fusión” sino de un /entrelazamiento/ de nodos que constituyen el tejido tanto de la red digital misma como de su hibridización con el “mundo de la vida” (“Lebenswelt”) con sus estructuras y sistemas sociales, culturales, religiosos, económicos y políticos así como con los procesos naturales. Esto implica no un reemplazar pero sí un desplazar los temas de la historicidad de la existencia humana y del lenguaje natural por los de la comunicación basada en el código digital y la artificialidad digital como tópicos centrales de la hermenéutica en el siglo XXI. El mismo carácter existencial de comprender («Verstehen ») en el sentido de un proyectar(se) del ser humano ha de ser visto en este amplio marco de lo digital hibridizado con los proyectos humanos, en especial con sus productos artificiales pero también con la naturaleza y las posibilidades también híbridas que entran en juego. Retomando una famosa frase de Martin Heidegger en “Ser y tiempo” cuando hace referencia a que el conocimiento humano se encuentra en un círculo no vicioso con respecto al cual no se trata de buscar una salida sino de entrar en él “de forma adecuada” (“nach der rechten Weise”) (Heidegger 1976, 153) podemos decir que en el siglo XXI las sociedades buscan una entrada /adecuada / a la red digital. En otras palabras, el código digital es actualmente una pre-comprensión (“Vorverständnis”) óntica de los procesos de interpretación (“Auslegung”) y construcción, almacenamiento y transmisión de sentido de las sociedades advenientes.

En un mundo digitalmente globalizado con sociedades estructuradas en base a sistemas que interactúan sin tener un meta-sistema fijo y único al cual puedan referirse tanto en su búsqueda de criterios de verdad como de legitimación ética y política, el tema de las tensiones, maltenentendidos, conflictos, oposiciones, conjuciones, ambiciones, intereses e ilusiones con relación a los procesos comprensión de sentido a nivel global y local deviene un punto clave sobre todo si se lo ve en el horizonte de los procesos técnicos acelerados y socialmente generalizados que comenzaron con la popularización de la Internet a fines del siglo pasado y se expansión en base a las técnicas móbiles de comunicación. Pero el impacto de la computación digital va más allá de un sistema global de comunicación, pues implica una perspectiva metodológica que hace por ejemplo de la biología genética una técnica de transformación de los seres vivientes, de la física atómica una técnica de transformación de la base material de la realidad a nivel nano, de la investigación de los procesos síquicos y de su base orgánica una manipulación de los mismos en base a implantes y técnicas de perfeccionamiento y/o ampliación (“enhancement”) de los mismos. En otras palabras, el así llamado cuarteto mágico /bio-nano-info-cogno/ tiene su base en una hermenéutica filosófica digital implícita que no sólo comprende sino también construye dichos procesos y fenómenos valiéndose de la técnica digital.

Mientras la hermenéutica filólogica estaba ocupada en comprender la verdad de un texto en base a criterios que aseguraran la objetividad de su interpretación, la hermenéutica filosófica descubre que siendo la comprensión una dimensión ontológica del intérprete, este no puede menos que incluírse en dicho proceso lo cual puede entenderse superficialmente como una visión subjetivista y relativista del conocimiento siendo así que se trata de un proceso de autoobjetivación y construcción social e histórica del sujeto así como también, paradójicamente, de una desubjetivización fundamental del mismo. La hermenéutica digital radicaliza este proceso de autocomprensión y autoconstrucción incluyendo los procesos biológicos que vienen siendo entendidos como procesos de comunicación de mensajes que pueden ser modificados artificialmente.

Es entonces plausible que la técnica de las redes digitales que mediatiza en forma similar pero no idéntica a otros medios como el diálogo oral, la escritura y en particular la imprenta, así como las técnicas visuales y del sonido desarrolladas en los últimos dos siglos, se vuelva un asunto hermenéutico clave, en “lo hermenéutico” (G. Figal), ya que en dicha técnica confluyen los distintos medios en un código que permite transformarlos y globalizarlos. Frente a este horizonte contemporáneo la hermenéutica no sólo experimenta un desafío a nivel de los procesos de comprensión y construcción de sentido en base al código digital sino que se ve confrontada más fundamentalmente con la cuestión misma de una sociedad que concibe cada vez más ampliamente dicha transformación como algo obvio dándole un nombre que se ha vuelto un slogan, el de sociedad de la información, al cual se añade a menudo el
término ‘y del conocimiento’ mostrando una vez más la importancia que tiene la comprensión y la construcción social de sentido. Este giro digital no significa algo extraño a la hermenéutica la cual se autocomprende desde sus inicios como un cuestionamiento de lo que es aparentemente claro así como también de lo que se resiste a la comprensión inmediata. El punto de partida hermenéutico es tanto el cuestionamiento de una aparente obviedad y el subsiguiente no-comprender. A menudo dicho no-comprender se oculta bajo un aparente comprender que hace aparecer como obvias las cuestiones de fondo y en especial la pregunta por el intérprete mismo. ¿Quiénes somos, como sociedad local y mundial, en la época de la comunicación digitalizada y globalizada? No se trata aquí de un problema de comprensión objetiva de un texto o de un fenómeno exterior al intérprete, sino de la autocomprensión del sujeto mismo, o, por así decirlo, de su “veri-ficación” en el sentido de los medios y procesos que permiten al sujeto construir su verdad histórica y social, los cuales están en nuestra época marcados por las técnicas digitales. El sujeto hermenéutico se autoverifica y autoconstruye así como sujeto digital, es decir como condicionado o compartido por lo digital sin hacerse necesariamente un esclavo de este horizonte ontológico.

Este es un punto en el que la hermenéutica digital y la cibernética de segundo orden confluyen y toman conciencia de los procesos de diferenciación social tematizados por la teoría de sistemas. Mientras que en las sociedades del siglo pasado los medios de masa pudieron dar la impresión de constituir una especie de meta-observador que garantizara como cuarta fuerza política, sumada a los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, un intercambio abierto de información entre el poder político y la sociedad civil, dicha visión se vuelve cada vez más problemática si se observa la mutua dependencia de dichos sistemas y el carácter unidireccional y jerárquico de los medios de masa. Con el advenimiento de la Internet como técnica de comunicación interactiva (de uno a muchos, de muchos a uno, de muchos a muchos etc.) que transforma a todo receptor en un emisor potencial se produce un cambio básico en la estructura de los medios de comunicación individual como algo opuesto a los medios de masas tanto a nivel local como global. La Internet comienza como una esfera aparentemente autónoma de la cual toman parte inicialmente sólo una minoría de sujetos, pero se expande rápidamente y se diferencia en diversos sistemas técnicos, entre los cuales el World Wide Web es el más popular, y en una plétora de comunidades reticulares que se vuelven parte de la vida material de tanto avanzadas como tambien menos avanzadas del siglo XXI. La señal más clara de esta inserción es el teléfono celular cuya denominación como teléfono es sólo una reminiscencia de sus antepasados.

Vista desde este horizonte la hermenéutica experimenta un cambio no sólo con respecto a sus objetos sino también a sus medios. Mientras que la  hermenéutica de textos se diferenciaba de acuerdo a diversas disciplinas tales como los textos bíblicos o la interpretación de textos jurídicos, y la hermenéutica filosófica se aplicaba al ser mismo del intérprete, la hermenéutica digital se define en el cruce del intérprete con los programas digitales y su hibridación con procesos naturales y productos artificiales. Una hermenéutica así diferenciada por /un/ medio se relaciona desde su misma autodefinición con los problemas que surgen en otros medios. Un ejemplo clásico es la crítica platónica a la escritura o su contrapartida en la crítica derridiana del logocentrismo. Aquí aplica la hermenéutica uno de sus temas favoritos, el de la relación entre las partes y el todo, siendo consciente que la visión totalizante desde un medio es un espejismo que debe ser corregido desde otros medios. La relación entre dicha precomprensión mediática y la aplicación práctica es un tema clave de la hermenéutica filosófica. Gadamer no se
cansa de indicar que la tarea hermenéutica tiene una dimensión ética fundamental ya que es en base a ella que se constituye un “sentido común” que permite la estabilidad social y la creación de instituciones es decir lo que Hegel llama el espíritu objetivo (“der objektive Geist”) o la esfera donde la dimensión abierta que Heidegger llama “Dasein” se objetiviza generando si bien no /la/ historia, sí historias de entrecruces que pierden así su carácter puramente fortuito o fáctico para devenir fomas de existencia o “Lebensformen” (L. Wittgenstein).

La hermenéutica se inscribe así en el proceso de objetivación de sentido que surge en el momento en que una comunidad humana es capaz de expresarse a nivel simbólico-digital. Los medios de objetivación de sentido, como a escritura, la imprenta y la computadora, posibilitan un alcance cada vez más universal de autoreflexión de los sistemas sociales. Pero si bien todo medio tiene en principio un alcance universal en tanto que lo allí expresado puede ser trasmitido a través de generaciones ya sea por procesos de reproducción oral o por diversas estructuras e instituciones de la memoria social, es especialmente la red digital mundial la que permite la representación del complejo de sociedades que se comunican en forma interactiva y en tiempo real, la cual, por cierto, puede transformarse también en un espejismo de carácter totalitario como sería la representación de una emisora mundial que tuviera a la humanidad como receptor actual y permanente. La hermenéutica digital cuestiona lo que Derrida llamaría la metafísica de la presencia digital.

Rafael Capurro
Doctor en Filosofía.
Profesor de Ciencia de la información y de Ética de la información en la Universidad de los Medios de Stuttgart.
Fundador y Director del International Center for Information Ethics (ICIE)

Publicado con permiso del autor. El texto completo puede leerse en el sitio donde fue originalmente publicada la conferencia: http://www.capurro.de/hermeneutica_porto.html

Yo te leo, tú me lees, todos nos leemos

Actualmente su modo de uso se ha simplificado a tal punto que casi cualquier usuario es capaz de crear y administrar un blog.” Lo dice Wikipedia, así que es obligatorio creerlo. Tener un blog es una de las cosas más sencillas del mundo y además completamente gratuita; casi tan sencilla como formar parte de una red social como Facebook o cualquier otra. Todos los días, llegan a mi casilla de mensajes, que figura en esta página, una docena de invitaciones de personas que desean que seamos “su amigo”; forman parte del correo spam, no solicitado, que entra a la casilla para ocultar, bajo su frondosidad tropical, los mensajes de los lectores que están en desacuerdo con lo que se dice en esta columna, mensajes que sí resultan entretenidos, instructivos, provocativos, en fin resultan cualquier cosa menos indeseables. Si tener un blog prácticamente no exige cualidades o destrezas, porque sólo es necesario saber tipear (ni siquiera saber tipear bien), estaríamos frente a una forma democrática de expresión cultural, considerando expresión cultural a cualquier cosa que haga, diga, piense, fabrique, escriba, dibuje o cante una persona, como les gusta afirmar a los antropólogos. Además de los blogs y de las solicitudes para hacerse de nuevos amigos , otra forma de correo no deseado son los mensajes distribuidos a interminables listas de receptores, que generalmente incluyen algún archivo adjunto con fotografías o textos, sin descartar algún virus informático. Por supuesto, pueden borrarse sin abrirlos, pero imponen repetir esa tarea todos los días, como una especie de peaje que se paga antes de leer lo que en verdad nos interesa. Nunca lamenté haberme perdido algo por la eliminación de estos mensajes; si realmente me lo había perdido, me enteraba pocas horas después, porque alguien comentaba y reenviaba lo que yo, imprevisora y descuidada, había borrado con un click injusto, sostenida por la convicción de que el spam se elimina sin siquiera leer el título del mensaje.
El temor de perderse algo que ha sido enviado a cientos o miles de personas es lo primero que se pierde cuando uno se acostumbra al tráfico de la Web. Sobrevive, en cambio, otro temor: en la oscuridad de la hojarasca, pasar por alto ese mensaje que ha sido dirigido a uno, que alguien ha escrito especialmente y del que espera una respuesta especial. La inflación desfigurante de los números, la fantasiosa máscara de una proliferación sin eco audible, alimenta ilusiones de presencia en la Red y quizás, en algunos casos, esas ilusiones encuentren su realización en un teatro más amplio que el de la pantalla de la computadora de quien emite los mensajes. Hemos leído decenas de historias que cuentan el salto del anonimato a la notoriedad a través de una novela publicada en la Web que logró una cosecha de lectores; y, si se examinan los números que informan cuántas personas miraron los videos caseros de YouTube, aunque sean unos miles, siempre será algo más que el grupo de amigos a quienes, después de comer, se les exige, como canje,  atención ante productos similares. Hace décadas, cuando la gente llegaba de vacaciones, obligaba a sus amigos a mirar las “diapositivas”; luego esa costumbre pasó a los videos. Siempre se tomaba de rehén a gente conocida. Hoy la apuesta es más amplia: “Hola, ustedes no conocen a mi gata Persianita, pero quiero contarles…”. Que estas intervenciones (como puede comprobarse en muchos blogs) reciban un número de comentarios equivalente al cero absoluto no significa nada. Las personas que escribimos en diarios bastante más leídos que centenares de miles de blogs sabemos que pueden pasar meses antes de que algún amigo nos comente una nota; pero nos consolamos al pensar que hemos obtenido quizás algunos lectores silenciosos. De modo que, aunque una entrada de un blog no suscite comentarios, aunque todas las entradasdel blog permanezcan inertes, siempre es posible creer que allá a lo lejos están los desconocidos lectores que no escriben pero que sí leen o miran. La mayoría de los blogs que aceptan este régimen de silencio duran poco tiempo y sólo persisten los exitosos, es decir aquellos que son visitados por lectores locuaces que hacen de uno o dos blogs la plataforma de una notoriedad imposible de medir. Pero ¿quién necesita medirla? Sólo se necesita medir la repercusión de productos en los que se invierte plata. Dicho todo esto, debo confesar que leo blogs, generalmente escritos por personas a quienes también leo sobre papel impreso. Esta línea que une al blog con el papel impreso (o, en el caso de algunos diarios, con la firma de periodistas o celebrities) merece ser pensada: ¿cómo cambian los estilos de intervención de un medio a otro?, ¿qué novedades trajeron los blogs a la literatura que luego será difundida como libro?, ¿qué nivel de confiabilidad tiene la información en los blogs y cómo es posible decidir si hay que creer en ella?, ¿qué cualidades tiene el formato blog que no se encuentran en el formato impreso? Contestar estas preguntas, sin apuro optimista pero también sin ponerse a la defensiva, es pensar en el futuro de lo escrito.

Beatriz Sarlo
Nota publicada originalmente en la Revista Viva del Diario Clarín el 30.11.08 y reproducida con autorización de la autora.

Se la publica en el blog como parte de las reflexiones en el espacio de intercambio de opiniones abierto por cumplirse casi 8 años de la publicación de “Trasiego”.

Entradas siguientes »