Tecnología invisible y Museo

Resumen

La convergencia de la museografía tradicional con las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) es una realidad en numerosos museos de los países económicamente más avanzados. La gran pregunta que surge en todos los encuentros nacionales e internacionales relacionados con el museo es: ¿se está configurando realmente una nueva museografía hipermedia o las TIC están produciendo una dysneilandización del museo?

Nuestro grupo Museum I+D+C tiene ya una dilatada experiencia en investigación pura y en investigaciones aplicadas a la creación de nuevos museos a través de la Fundación Complutense: www.ucm.es/centros/webs/gi5068/

 Me gustaría compartir con ustedes nuestras experiencias más significativas en la investigación y creación de nuevos museos utilizando las TIC.

Silence=Death

             Han cambiado los públicos, han cambiado los servicios, han cambiado los objetivos, ha cambiado la gestión, ha cambiado el rol del museo. El museo se está reinventando (Anderson, 2004) y esa reinvención está provocando una verdadera revolución en la museología y la museografía (Knell, McLeod y Watson, 2007). Esa revolución necesaria hace mucho ruido reivindicando un lugar en la sociedad como lo proclama el New Museum (2008) de Nueva York con un gran rótulo (un gran grito) en su fachada (Hell, yes!), y en su interior una instalación luminosa recuerda que el silencio es igual a muerte (silence=death). Si el silencio es sinónimo de muerte, el grito puede ser sinónimo de incomunicación.

   New Museum de New York. Fotografía de Isidro Moreno

            La comunicación con sus públicos, la interactividad constructiva, el relato participativo son las grandes señas de identidad de ese nuevo museo que se inserta en la cultura visual (Dikovitskaya, 2004) convirtiéndose en un auténtico paradigma de convergencias hipermedia (Moreno, 2007). Para lograr esas convergencias expresivas en las que el público deje de ser un mero paseante vigilado para adquirir un nuevo estatus participativo, son necesarias las herramientas que brindan las nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación. El momentáneo atractivo de la tecnología de moda hace que, en muchos casos, la tecnología suplante a los contenidos y esas herramientas se utilicen para deslumbrar en lugar de usarlas para alumbrar. Por eso, en nuestro grupo de investigación defendemos a ultranza la tecnología invisible al servicio de los contenidos, de la comunicación, del nuevo relato museográfico.

            Al competir por los públicos, el museo puede caer en la tentación de emular al parque temático, lo que Augé denomina efecto Disney: “Fuera de los debates sofisticados sobre el sentido de la obra, el efecto Disney se toma en serio y se constituye en autoreferencia para el futuro. Se riza así el rizo: de un estado en el cual la ficción se nutría de la transformación imaginaria de lo real, hemos pasado a un estado en el cual lo real se esfuerza en reproducir la ficción. Bajo este diluvio de imágenes, ¿queda aún sitio para la imaginación?”.

            ¿Cuáles son los límites que separan el parque temático del museo? Decía Ortega que algunas personas se niegan a reconocer la profundidad de algo porque exigen que lo profundo se manifieste como superficial. No es extraño encontrar sistemas hipermedia, que podríamos denominar torrenciales, en los que debajo de la interfaz no hay apenas fondo,  pues son sólo ruido y una fina cortina de agua turbia (museos espejo). El museo debe mostrar su profundidad frente a la superficialidad de los parques temáticos y sus sistemas hipermedia deben facilitar, como hemos dicho ya, esa inmersión hasta la profundidad que sea capaz de llegar el visitante” (Moreno, 2007, pág. 232). Pero no creo que debamos caer en la tecnofobia y en el elitismo que ha marcado al museo durante siglos. Colorado (1997) advertía hace años: “la historia del arte, quizá la más académica y tradicional de las disciplinas humanísticas, va a sufrir a corto plazo una auténtica renovación gracias a los beneficiosos efectos que los nuevos soportes hipermedia le aportan como vía de comunicación” y que esa renovación también repercutiría positivamente sobre los museos.

El museo es un organismo vivo y flexible que puede y debe acercarse al mayor número de personas sin olvidar los principios científicos. Basándose en esos principios puede recrear, por ejemplo, procesos históricos, lo que no puede, ni debe es inventarlos. Un dicho popular afirma que la realidad supera a la ficción, pues basémonos en la investigación profunda y rigurosa de esa realidad para hacer que las piedras de un yacimiento hablen, que un cuadro tome vida, que el museo no caiga en ese polvoriento silencio que le acerca a la muerte.

            En mi grupo de investigación (Moreno, 2008) Museum I+D+C materializamos estas investigaciones básicas convirtiéndolas en aplicadas cuando ponemos a funcionar la “C”, es decir la Creación. Así hemos hecho, por ejemplo, en el Museo Arqueológico de la Cueva Pintada de Gáldar (Gran Canaria, España). Cuando nos encargaron la creación del citado museo, nos encontramos con una cueva pintada con formas geométricas y con una excavación alrededor de la cueva con huecos y piedras que permitían imaginar un antiguo poblado. Por otra parte, se disponía de abundantes vasijas, pintaderas, alguna espada… Esos eran los restos materiales, restos materiales que, expuestos de una manera tradicional, bien poco dirían a la mayoría de personas que visitasen el museo. Lo más interesante era la información de que disponían los arqueólogos encabezados por Jorge Onrubia. Aquella cueva era el templo donde los primitivos habitantes canarios rendían culto a sus ancestros, y las privilegiadas viviendas construidas alrededor de la cueva habían sido habitadas por los guanartemes (los primeros reyes canarios) y por sus familiares más cercanos.

 

 Rodaje para el Museo Parque Arqueológico Cueva Pintada de Gran Canaria. Fotografía de Jorge Molina

En lugar de descontextualizar las piezas y llevarlas a otro entorno, se construyó un museo de sitio, se protegió el yacimiento con una gigantesca cubierta y se concibió un relato museográfico que permitiese a todas las personas viajar en el tiempo para ver, sentir y vivir junto a aquellos primeros pobladores de la isla, cuya cultura fue devastada en el siglo XV con la invasión de los castellanos. Antes de entrar en el yacimiento, un sistema inmersivo estereoscópico traslada a los visitantes a aquel tiempo por medio de reconstrucciones rigurosamente históricas en las que se ha sido absolutamente fiel al tipo de personajes, a sus vestiduras, al espacio que habitaron, espacio que tuvimos que transformar digitalmente, pues ha cambiado extraordinariamente la flora, la fauna y la fisonomía de la isla. Un proceso tecnológico complejo que no se percibe (tecnología invisible), pues lo importante es sentir la emoción de vivir aquel tiempo, lo importante son los contenidos, no las herramientas que se utilizan para sentir el hálito vital de aquellos habitantes, de sus reyes (los guanartemes) o de sus sacerdotisas (las harimaguadas).

 Rodaje para  el Museo Parque Arqueológico Cueva Pintada de Gran Canaria. Fotografía de Jorge Molina

 

 
Barreras físicas y barreras al conocimiento

            La National Gallery of Art de Washington tiene dos edificios muy cercanos que están unidos subterráneamente. El llamado edificio “oeste”  que se inauguró en 1941 y el edificio “este” de 1978. Ambos se observan perfectamente desde la terraza del Newseum abierto en 2008. Si analizamos narrativamente el exterior de ambos edificios descubriremos importantes diferencias comunicacionales. Quiero destacar que hablo de una narrativa moderna, no de una narrativa aristotélica que tiende a identificarse casi exclusivamente con la ficción.

 National Gallery of Art de Washington (edificio oeste). Fotografía de Isidro Moreno

National Gallery of Art de Washington (edificio este). Fotografía de Isidro Moreno

 Cualquier narrativa –y la museográfica no es una excepción– se compone de cuatro elementos básicos: personajes, acciones, tiempo y espacio. El edificio “oeste” (el espacio narrativo del museo) tiene un diseño neoclásico con grandes columnas y con una bóveda que recuerda al Panteón de Roma. Panteón significa templo de todos los dioses, y museo, templo de las musas. Un lugar reservado a los “sumos sacerdotes”  y al que, graciosamente, se deja entrar al vulgo a adorar el arte más que a comprenderlo y disfrutarlo. Al edificio oeste de la National Gallery se accede por unas escaleras (barreras), escaleras que simbolizan el ascenso de los privilegiados al templo del saber.

            Si observamos el edificio “este”, veremos que desaparecen las escaleras (barreras) y el acceso está al mismo nivel de la calle, invitando a cualquier persona a entrar directamente, sin necesidad de pasar la dura prueba para muchos (personas mayores o con alguna discapacidad) del ascenso que conduce al templo de las musas. Se han ido eliminando las barreras físicas, pero ¿se han eliminado las barreras al conocimiento? ¿Han pensado los “sumos sacerdotes” de la cultura en que todas las personas puedan disfrutar del contenido o esa supuesta apertura está más orientada a engrosar las cifras cuantitativas de visitantes?

            La investigación nos recuerda que hay que ser cautos a la hora de realizar valoraciones y conclusiones, y estas preguntas deben incitar a la reflexión serena y a la investigación profunda que imbrique públicos, contenidos y tipo de consumo cultural. Si analizamos objetivamente el tiempo que los visitantes dedican a los museos tradicionales más importantes del mundo, nos llevaremos importantes sorpresas. Por ejemplo, la mayoría de los visitantes del Louvre de París no le dedican más de 30 minutos, justo el tiempo que necesitan para encontrar el retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, la famosísima Mona Lisa de Leonardo da Vinci, también conocida como La Gioconda. El proceso de veneración es similar al que se lleva a cabo al visitar las vírgenes de Fátima, Lourdes, Covadonga… Sin embargo, en un museo como el mencionado de la Cueva Pintada, la inmensa mayoría de las personas dedican el mismo tiempo a la introducción-inmersión audiovisual y esa inmersión les lleva posteriormente a dedicar a modestas piezas más tiempo que a La Gioconda.

¿No sería interesante conocer más de cerca a la enigmática Lisa Gherardini?

¿No sería interesante dialogar con Leonardo?

¿No sería interesante conocer algo de la época en la que se creó el cuadro?

¿No sería interesante viajar por la geografía en la que el genial pintor desarrolló su arte?

¿No sería interesante descubrir el resto de facetas de da Vinci?

            Ya en 1989 Eco escribía: “un museo didáctico ideal debería estar sólo centrado, por ejemplo, en la Primavera de Boticcelli. El visitante, con variados recorridos a elección, pasará a través de una serie de situaciones expositivas que lo informen sobre la civilización florentina del siglo XV, su música, su pensamiento filosófico, la vida cotidiana de la ciudad y de la casa, la vida de la corte, los problemas económicos, el modo de trabajar de los artistas, la organización del taller del pintor, las técnicas de pintura, los condicionamientos económicos de la obra, la tradición figurativa anterior, los valores políticos, morales, religiosos en los que el pintor se inspiraba, etc. En la medida en que estas informaciones se ofrezcan de modo atrayente, usando todos los medios que se disponen, desde el film a la reconstrucción, el visitante estará en condiciones de comprender al final de su viaje qué significa y por qué es bella la obra de Botticelli”.

            Es fácil inferir que las barreras al conocimiento siguen vigentes en el museo y que las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación unidas al resto de elementos expresivos tradicionales pueden limar esas barreras y, mediante la interactividad, hacer que cada persona profundice en los contenidos hasta donde desee. Cada persona puede encontrar su propio museo. Por otra parte, la visita no debe constreñirse al tiempo dedicado al museo in situ, al museo físico. El museo virtual permite mantener una comunicación continua, una interacción participativa que hay que explorar adecuadamente.

            Hay que prestar una atención investigadora especial a las interfaces personales móviles y ubicuas, como los teléfonos celulares. Estas nuevas pantallas móviles y personales vinculadas a Internet, a la tecnología bluetooth, a la tecnología GPS… se están constituyendo en interesantes sistemas interactivos para guiarnos por el museo, para profundizar en las piezas que nos interesen, para romper las barreras del conocimiento sin llenar de prótesis tecnológicas el espacio físico del museo. Una  vez más hay que abogar por la tecnología invisible, tecnología amigable que debe ponerse al servicio de los contenidos. Siempre los contenidos, de lo contrario ocurrirá lo que advertía Braudillard (1990, pág. 31): “En el corazón de esta videocultura –de esta Cibercultura, añadimos nosotros– siempre hay una pantalla, pero no hay forzosamente una mirada”.

 Museo de Almería. Fotografía de Isidro Moreno

 

            Baudrillard nos da pie para realizar una interesante pregunta cada vez que encontremos una pantalla en un museo: ¿además de una pantalla hay una mirada? Si la respuesta es negativa, el museo estará rompiendo esa línea rigurosa que debe separarlo del ruidoso parque temático. El ruido significa incomunicación y como decía Quintius Curtius los ríos más profundos son siempre los menos ruidosos. El museo debe ser río profundo frente al parque temático que es torrente ruidoso.

            Al iniciar el epígrafe alabábamos el esfuerzo de la moderna arquitectura museística por romper las barreras de acceso al museo. Además de romper esas barreras, el continente tiene la obligación de formar una unidad con los contenidos. Nosotros que somos grandes aficionados a la arquitectura de todos los tiempos, nos congratulamos de la importancia que la arquitectura moderna concede al museo, pero hay que advertir que esa nueva arquitectura en muchos casos se olvida de los contenidos y se convierte en puro espectáculo al servicio del poder político y económico (Sudjic, 2007). Cuando en Madrid se inauguró Caixa Forum, la nueva sede cultural de la Fundación La Caixa, la primera impresión sobre el edificio y su jardín vertical era excelente, sin embargo decepcionaban profundamente los contenidos y uno no tenía por menos que preguntarse a la salida: ¿este edificio es un contenedor cultural o una valla publicitaria con contenidos culturales de relleno?.

 Caixa Forum Madrid. Fotografía de Isidro Moreno

 

 Convergencia de medios y descodificación del conocimiento

            Si se visita el Benaki Museum de Atenas dedicado al Arte Cicládico sin conocimientos previos de esa cultura y se queda uno frente a frente con una de sus estilizadas figuras, podría pensar que está ante una obra escultórica actual (figura ocho). La sorpresa llega cuando se lee la cartela: Female figurine of the canonical type (Dokathismata variety). Marble. Early Cycladic II period-Syros phase, 2800-2300 BC. Conocer que esa figura tiene entre 4800 y 4300 años, sobrecoge. Y es que la descontextualización que se produce en el museo hace que el conocimiento se halle codificado, presentándose opaco, sin alma para la mayoría de los visitantes.

            La transparencia total del conocimiento es una utopía, pero no es ninguna utopía presentar distintos caminos hacia esa utopía y que el receptor intente llegar al grado de transparencia que desee. La convergencia interactiva de medios que facilitan los sistemas hipermedia hace posible presentar esas múltiples opciones que nos permitan recuperar el alma de las piezas o disfrutar del arte intangible sin manifestaciones materiales.

            Al contemplar las figuras cicládicas nos vienen a la memoria muchos artistas modernos como Giacometti, pero también nos recuerdan a clásicos como El Greco. Y su influencia continúa. En 2007, visitando el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) me tropecé con las esculturas de una artista actual que no conocía, Marta Minujín, que me hicieron pensar una vez más en las figuras cicládicas.

   
Figura cicládica del Benaki Museum de Atenas. Fotografía de Isidoro M. Tirado   

 

 

 

Exposición de Marta Minujín en el MALBA de Buenos Aires. Fotografía de Isidro Moreno

Al leer el folleto de la exposición, la artista reconocía que el grupo de figuras que presentaba eran fruto de su fascinación por las figuras cicládicas. Esa fascinación me llevó hace años a visitar el espacio donde se desarrolló la cultura cicládica, las islas Cícladas griegas. Cuando llegué a Santorini comprendí mucho mejor la serena y estilizada belleza de estas figuras.

 
Vista de la “caldera” de Santorini. Fotografía de Isidro Moreno

La configuración geológica de Santorini la convierte en la más singular de las islas del mar Egeo y se debe a la caldera del gigantesco volcán. El mar inundó la caldera y formó esa especie de gran laguna unida al mar que deja sin aliento a los visitantes. La plácida unión con la naturaleza que se siente al contemplarla contrasta extraordinariamente con la enorme convulsión que debió producir el volcán. Imaginando el tsunami que debió producirse hace unos 3500 años, los investigadores Sandy Macgillivray, Stuart Dunn, Jan Driessen y otros han trabajado sobre la hipótesis de que dicho Tsunami fue la causa principal de la destrucción de la civilización minóica y de su hito más representativo, el palacio de Knossos. Esa hipótesis ha generado otras, la más llamativa es la que identifica la civilización minoica con la platónica Atlántida.

            Hemos dicho que el relato museográfico lo componen cuatro elementos narrativos fundamentales que interaccionan entre sí: personajes, acciones, tiempo y espacio. La exploración de uno de ellos (el espacio) nos ha desvelado parte del conocimiento codificado que se esconde detrás de las esculturas cicládicas y nos ha llevado a explorar otras vías culturales relacionadas.

Palomero (1998, pág. 108) expresa perfectamente cómo la descontextualización produce una codificación del conocimiento que impide gozarlo. Y lo explica refiriéndose a cómo presenta el Museo de Arte de Cataluña en España el románico y el gótico: “Está la pintura, está la escultura románica, gótica… ¡vale! Pero, ¿dónde está el paisaje en el que se enclava esa ermita? ¿Dónde están esas ovejas y el sonido de sus cencerros y la gente vestida de fiesta en su territorio de gracia rezando, cantando y bailando alrededor de la ermita? Nada de entorno, a cambio debo ver algo que yo no he pedido, el otro lado de los retablos que se me presentan como cascarones vacíos. Te queda la sensación de algo mal hecho, de que nos hemos saltado una parte del proceso, hemos salvado las piezas del cáncer de su desaparición, pero hemos perdido en la quimioterapia una parte de nosotros mismos”.

 Think Now, Design Later

            “Think Now, Design Later”. Pete Barry (2008), en la sobria portada de su libro, lanza este inequívoco mensaje (Figura 11). Creo que sería bueno escanear dicha portada y utilizarla como pantalla de bienvenida en todos los ordenadores de las personas que nos dedicamos a la creación de museos. Sería como la versión moderna del “Memento Mori” (recuerda que eres mortal) que les repetían a los generales romanos cuando volvían victoriosos y al propio emperador.  Portada de The Advertising Concept Book de Pete Barry
   

Y es que muchos arquitectos cuando se les encarga un museo piensan que se les ha encargado una gigantesca escultura; muchos creadores de la museografía, que se les han cedido unos espacios para que realicen sus instalaciones personales; muchos realizadores audiovisuales y multimedia, que el museo es un lugar para llevar a cabo sus elucubraciones hipermedia; muchos vendedores de tecnología, que los espacios del museo son una macro showroom para exhibir sus equipos.

            “Primero piensa, después diseña”. Pensar en los contenidos y en su plasmación museográfica, en las interacciones con los públicos diversos, en las interacciones entre museo in situ y en red, en las interacciones entre todos los componentes del museo para lograr la excelencia museográfica. Dice Palomero (1998, pág. 90) que en el museo sobran burócratas y faltan poetas. Totalmente de acuerdo. Es importante contar con grandes creadores, pero esos grandes creadores no deben olvidar que están realizando creaciones aplicadas. Creación aplicada también hacía Velázquez cuando pintó Las Meninas o Miguel Ángel al pintar la Capilla Sixtina. Larry Shiner (2004) defiende que la separación de arte y artesanía y la desvinculación del arte de su utilidad provienen del siglo XVIII, lo que le lleva a afirmar que en ese siglo se produce la “invención del arte” con un aura romántica que se mantiene hasta hoy día. “Por su propia naturaleza, la arquitectura está vinculada a lo útil, pero en el Renacimiento la música, la poesía y la pintura también eran consideradas en virtud de su utilidad” (Shiner, 2004, pág. 90).

      Como ya hemos comentado, Palomero (1998: 120), dice que en los museos sobran burócratas y faltan poetas, y que los conservadores deben ser unos contadores de historias, algo que, según él, se está perdiendo con tanta ciencia museológica y tanta técnica museográfica. De ahí que titule su artículo “Los museos y el público: veinte poemas de amor y una canción desesperada”, parafraseando a Pablo Neruda.

      Tecnología invisible y poesía visible, sensibilidad para el diálogo. Y para dialogar hay que estar dispuestos a escuchar. Hay un dicho oriental, según el cual Dios nos regaló dos oídos para escuchar el doble, dos ojos para ver el doble y una sola boca para que hablemos la mitad. Hay que facilitar la participación del receptor. Pero no hay que conformarse con permitirle que seleccione, hay que dejarle que transforme y construya. Con la participación constructiva es cuando el receptor se convierte en coautor, cuando el lector se convierte en lectoautor.

      “Think Now, Design Later”. Las tecnologías de la Información y de la Comunicación deben estar cada vez más al servicio del pensamiento. En los museos in situ es posible desdibujar las barreras entre realidad y virtualidad. Tal como pensamos, tal como hacemos, esa puede ser una buena máxima a la hora de concebir los sistemas hipermedia e integrarlos en el museo. Si tenemos que guiar un caballo virtual ¿por qué vamos a hacerlo con una interfaz de intermediación como el ratón? Implementemos unas bridas reales y dotemos al caballo virtual de los mismos atributos que tendría un animal vivo, como hacen, por ejemplo, en el National Museum of Emerging Science and Innovation (MIRAIKAN) de Tokyo. Más completa aún es la instalación interactiva del mismo museo que reproduce fielmente un sistema robótico de telecirugía de precisión.  Estamos con Anderson (2004), hay que repensar el museo, redefinirlo.

 National Museum of Emerging Science and Innovation (MIRAIKAN) de Tokyo. Fotografía de Isidro Moreno
 
 National Museum of Emerging Science and Innovation (MIRAIKAN) de Tokyo. Fotografía de Isidro Moreno

Y en “esa redefinición continua, el museo se apoyará cada vez más en las TIC, pero serán cada vez más invisibles, más al servicio de los contenidos para que cada persona encuentre su museo y dialogue con él. La sede virtual propiciará un diálogo ininterrumpido y el museo se irá humanizando. No nos dejemos engañar por los apocalípticos, el museo no puede deshumanizarse, porque, como decía Vicente Todolí, director de la Tate Modern de Londres, en una entrevista para el diario El País, todavía los museos huelen demasiado a cementerio” (Moreno, 2007). Esta afirmaciones las realizaba quien esto escribe en un libro cuyo título deja muy claro nuestro pensamiento: El factor humano de la Cibercultura.

      Jamás hay que olvidar que el paradigma de la interactividad reside en el diálogo humano y no nos olvidemos que podemos aprender en cualquier museo, como nos recuerda Bellido (2007) en su libro Aprendiendo de Lationoamérica. En el Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología de Bogotá (MALOKA), los estudiantes de ingeniería explican a los visitantes los fenómenos más complejos de la ciencia ayudándose de experimentos en directo, simuladores, sistemas hipermedia. Resulta difícil imaginar unos sistemas interactivos más eficaces. Algo parecido ocurre en el mencionado National Museum of Emerging Science and Innovation (MIRAIKAN) de Tokyo, probablemente el museo interactivo de la ciencia más avanzado del mundo y uno de los que más apoyos humanos ofrece a los visitantes.

 National Museum of Emerging Science and Innovation (MIRAIKAN) de Tokyo. Fotografía de Isidro Moreno

Algunas personas pueden pensar que estoy mezclando museos que en nada se parecen, que estoy mezclando arte, ciencia, tecnología y sociedad.  Pues sí, esa unión es la que llevamos a cabo en nuestro grupo de investigación Museum I+D+C desde la Universidad Complutense a través de la investigación AVANZA MEDIALAB: arte y cultura digital en Red y en el LABORATORIO DE CULTURA DIGITAL Y MUSEOGRAFÍA HIPERMEDIA. Nuestro propósito es generar una Plataforma de contenidos culturales y artísticos digitales en el marco de lo que se ha denominado contenidos ACTS (Arte-Ciencia-Tecnología-Sociedad), que representan uno de los movimientos más vanguardistas en la cultura digital. Universidades, instituciones culturales y científicas, empresas innovadoras trabajamos en red (real) y en Red (virtual). Contamos también con un archivo digital para poner al servicio de la comunidad nacional e internacional las obras y las experiencias que se llevaron a cabo en el MediaLab Madrid y abriremos ese museo virtual a nuevas creaciones y experimentaciones en torno al ACTS. La imagen que mejor nos identifica como grupo de investigación y creación de cultura digital es la del Dios Jano (enero) con su doble cara: una mirando hacia el futuro, hacia el nuevo año que comienza, y la otra, hacia el pasado, al año que acaba de terminar.

 

Bibliografía

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Isidro Moreno Sánchez
Codirector del Grupo Museum I+D+C
Universidad Complutense de Madrid

La base de este artículo se encuentra en la conferencia “Invisible Technology and Museological Excellence”,  EITEC 2008, 3 th. International Meeting of Technologies Applied to Museology, Conservation and Restoration, Biblioteca Almeida Garrett, Oporto, Portugal. Reproducido con permiso del autor.



Internet y la tercera edad

Este artículo expone algunos aspectos del trabajo que desarrollé para mi tesis del Programa de Actualización de Diseño Digital (PAAD) en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

La hipótesis principal que se expone es la siguiente: si los diseñadores cumplieran con ciertas condiciones, y la gente mayor finalmente se volcara al uso de una Web más amigable, se lograría acortar la brecha digital en una porción importante de la población. Se propuso encontrar aportes que se ajusten a la realidad de nuestros abuelos, con necesidades y capacidades particulares.

Introducción: El problema de la Brecha Digital y cómo afecta a la gente mayor

Sabemos que las soluciones con base en Web forman la manera en la que accedemos al mundo digital hoy y en el futuro. En contraste a esta idea, Argentina está sufriendo una brecha digital que separa a la gente con acceso efectivo a la información y a los que no.

El obstáculo que representa la brecha digital impacta directamente en la calidad de vida todos los ciudadanos, incluyendo a los adultos mayores.

Hay una realidad que no se puede ignorar: Son una población en constante crecimiento y suman un porcentaje importante en la sociedad. La gran mayoría de ellos que no están aprovechando el potencial que Internet tiene para brindarles y tampoco tienen una gran oferta de herramientas básicas para que comiencen a hacerlo.

Antes que nada, es importante tener en cuenta que existen varios problemas por los que las personas mayores sufren la brecha digital, que están más allá de su interés por acercarse a las nuevas tecnologías:

Sobre el problema del dinero y el acceso a la PC

Si bien actualmente existen algunos programas para acceder a la primera computadora, como es el programa “Programa de Acceso a computadoras para jubilados y pensionados” (1) , los planes de cuotas son en muchas ocasiones demasiado elevados para el bolsillo de un jubilado. Muchos obtienen su primera pc gratis porque algún familiar pudo comprar una nueva y le cede su antiguo modelo. Es cierto que las pretensiones para comenzar a familiarizarse con la PC no son muchas, pero estos modelos pueden tener algunas fallas que a la larga lo terminan perjudicando en la introducción al mundo digital (computadoras lentas, monitores pequeños, soporte de software antiguo)

Sobre los posibles problemas físicos y mentales del usuario

Los usuarios pueden sufrir ciertas dificultades, por lo general de índole natural. Se destacan discapacidades parciales o totales que devienen en visión disminuida, disminución de audición, falta de coordinación entre las manos y la voluntad de movimiento, dificultad psicomotriz de manipulación con precisión de objetos pequeños, entre otros.

Las Enfermedades más comunes que los afectan y dificultan la tarea de interactuar con una computadora pueden ser Artritis, Osteoporosis, Entumecimiento de músculos, Diabetes, Cataratas y otras disfunciones oculares.

Entre los Problemas psicológicos y cognitivos contamos con Problemas en la memoria, Problemas para entender y reaccionar rápidamente, Alzheimer.

¿Qué hacer con tantos problemas?

Esta serie de problemas ajenos a la voluntad (o no) de acercarse a las nuevas tecnologías la deberían ser tenidos en cuenta antes de pensar en posibles soluciones para introducirlos en las TICs.

Lamentablemente los estadares de diseño están orientados a una población relativamente joven, y no coinciden para nada con las necesidades que la población mas envejecida necesita.

El problema más inmediato muchas veces consiste en que el diseñador es un tercio más joven de lo que sería el usuario mayor, y pasa por alto ciertas consideraciones de diseño que debería tener en cuenta para llegar a abarcar también a esta porción de la sociedad (Agelight, 2001).

Específicamente hablando de los usuarios de edad avanzada, nociones básicas como la navegabilidad, la intuición al querer usar el medio, la funcionalidad que este le puede brindar, la interactividad que puede tener… todo se reduce prácticamente a nulo con el usuario mayor, a quien nada le es natural ni intuitivo.

Por lo tanto en este campo la claridad le gana a la innovación, y bajo esa premisa se debe trabajar.

Qué es lo que se sabe y qué aporta

El relevamiento de varias fuentes de información brindan una sólida base en cuanto a las condiciones de usabilidad y especialmente la accesibilidad del medio Web, fundamental para comenzar a diseñar una buena herramienta de diseño.

Además, si bien existen algunas pautas que sirven para la totalidad de los usuarios en Internet, hay muchas otras que se centran en las necesidades del usuario mayor. Por otro lado, los adultos mayores específicamente de la Argentina tienen una realidad muy diferente a la media de los países donde se realizaron las investigaciones más prestigiosas. E incluso dentro del mismo país existen diferentes tipos de abuelos que tienen necesidades diferentes, relaciones diferentes, intereses diferentes y un largo etcétera.

Gui Bonsiepe (Fathers, 2002) (2) sostiene que “los problemas de diseño se deben resolver en el propio país donde se generan”, y es por eso que en el caso de la investigación que se llevó a cabo, fue necesario arremangarse y pensar en los contrastes en problemas y soluciones con nuestros propios abuelos.

El proyecto llevado a cabo: la elección de un grupo homogéneo

 Luego de tener una base teórica de lo que significa el problema de la brecha digital y de lo que se puede hacer para introducir a los abuelos a las TICs, se comenzó entrevistando a algunas personas mayores en el marco de un centro de jubilados barrial.

Se ha decidido centrarse en este grupo de usuarios ya que suelen ser una porción activa de la sociedad mayor de nuestro país: Se reúnen, realizan actividades sociales, conocen a otras personas, mantienen el tiempo ocupado por una módica colaboración mensual de entre $3 y $5. Estas personas por lo general acuden a los centros de jubilados (también conocidos como clubes de jubilados y pensionados) en busca de realizar alguna actividad que les demande tiempo de esparcimiento.

En algunos centros de jubilados existe una sala de computación donde se enseñan las nociones básicas de informática, pero hay muchas otras donde no.

La mayoría de las personas entrevistadas afirmaron no tener contacto con Internet ni el uso de la PC. Si bien fue poca la cantidad de personas que tuvieron interés en las posibilidades que ofrece su uso y acceso , entre los que sí estaban interesados, todos encontraban varios aspectos por los que simpatizaban o encontraban realmente útiles, aunque no supieran demasiado de eso.

Buscando soluciones al problema: Diseñar – Probar – Analizar los resultados

“Twenty years of usability engineering experience uniformly indicates that the biggest improvements in user experience come from gathering usability data as early as possible in a design project ” (3) (Nielsen2003) (4)

Se propuso centrarse exclusivamente en las necesidades de estos ancianos que asisten a un centro de Jubilados. Se diseñó una Red social, una suerte de sede digital del centro de jubilados (5). Esta decisión se basó en querer mantener unido el grupo homogéneo de personas mayores y brindarles un espacio virtual donde encuentren las mismas actividades que realizan en la vida cotidiana. Reducir lo más posible los espacios de los cuales no supieran nada y encontrar caras y actividades conocidas fue una decisión afortunadamente favorable: Se notó que muchas veces no tienen interés en conocer gente nueva y prefieren quedarse con los que ya conocen. Tal vez en un futuro cuando estén más familiarizados con el uso de las tecnologías esta actitud cambie, aunque también puede ser causa de la edad o de su propia personalidad.

Esta Web contaba con herramientas básicas que se ajustaban a los saberes mínimos que puede poseer un usuario que no domina la tecnología pero al menos sabe que existe y tiene buena predisposición hacia ella.

Se pensó el mapa de sitio en base a las actividades del club. La Arquitectura de información presentaba un árbol de navegación sencillo en el que se agregan algunas herramientas que existen solo en este “Centro de Jubilados Online”

Los participantes se mostraron interesados en colaborar pero tenían cierto miedo de realizar acciones “mal” que pudieran perjudicar a la investigación. Algunos, preocupados por sus niveles educativos (en la mayoría solo contaba con educación primaria) no estaban seguros de ser poder cumplir con la tarea, pero sólo con saber leer bastaba.

Se utilizaron prototipos de papel. La prueba consistía en mostrarles impresas las páginas del sitio web y navegarlas haciendo “clic” con el dedo índice. Se les explicó en reiteradas ocasiones que debían ser sinceros y reconocer si no sabían cómo manejarse en el sitio. Se podían notar nervios y pausas de más de 10 segundos hasta que finalmente reconocían no saber qué hacer o directamente pedían ayuda. La mayoría de las veces el usuario cometía el error sólo una vez, y si lo volvía cometer nuevamente era informado de ello y reconocía lo que estaba mal.

Al finalizar las sesiones de prueba se les preguntó sus impresiones con respecto a la actividad y manifestaron que al principio les resultó difícil pero de a poco empezaban a entender cómo utilizar la herramienta. Adjudicaron sus errores a no estar muy al tanto de cómo navegar por Internet. También reconocieron que tener un sitio Web sería “Interesante” o “Útil” pero que “no es para todos” (porque a muchos no les interesa o no sabrían cómo hacer para acceder). Todos los usuarios estaban interesados en saber “como les había ido” en la prueba, lo que demuestra parte de su buena voluntad y ánimo de colaboración.

Conclusiones finales

Se pudo notar un patrón, para poder delimitar aún más el perfil dentro del grupo “Usuarios mayores”. Existen usuarios que quieren introducirse a las TICs, otros que no y otros que están en una zona “gris”: 

Usuario Tipo I

Son personas grandes en edad pero se sienten jóvenes en el interior, siguen aprendiendo todos los días. No se quedan quietos, indican “no tener miedo a nada” y pueden seguir una conversación normal en temas tecnológicos (sin manejar tecnicismos) gracias a lo que hablan con sus nietos o escucharon en la TV. Sus habilidades pueden ser el manejo de un celular sencillo incluyendo el envío de SMS, el uso de la computadora para navegar Internet y manejar una cámara digital y enviar las fotos por mail.

Usuario Tipo II

Es el grupo de personas mayores que se resignaron a utilizar la tecnología porque no les quedaba otra opción o porque vieron que los beneficios eran importantes. Entre sus habilidades se encuentra el uso de cajeros automáticos para retirar dinero o hacer depósitos, el uso de un celular sencillo para realizar y recibir llamadas y el uso de ciertos electrodomésticos con panel digital (por ejemplo horno microondas)

Usuario Tipo III

Son ancianos sin ningún interés por el cambio, personas que viven de sus experiencias en el pasado y creen que “las cosas están bien como están” y no necesitan aprender nada. Sus habilidades son muy limitadas: Pueden utilizar un control remoto de TV sin manejar más que canales / volumen / encendido. Manejan dispositivos mecánicos como relojes a cuerda o cámaras fotográficas de película. Se cree que el manejo de las TIC son factibles entre los usuarios de Tipo I y de Tipo II.

El Usuario Tipo III no es factible como usuario real ya que posee una actitud negativa a verse involucrado con las tecnologías y es en vano diseñar para él. Se ha notado que las primeras experiencias con la computadora pueden responder más a una necesidad centrada en uno mismo (lo que uno quiere hacer, lo que quiere ver, leer), mientras que en el centro de jubilados la experiencia es más social (Charlar, jugar, bailar). Tal vez, en una etapa más avanzada de aprendizaje del usuario, se pueda lograr conjugar la experiencia de Internet como una experiencia también social.

Diseñar para este usuario muchas veces desconocido y pocas veces recordado, representa un gran desafío para diseñadores y especialistas en comunicación en medios digitales. Se ha comprobado que el usuario mayor no se lo puede concebir como un Ser aislado, sino que lleva a cuestas todas sus vicisitudes. Es por eso que se deben observar todas las aristas de sus problemas, desde la salud hasta su economía, y cómo todo en su conjunto afecta al diseño. ¿Son en realidad problemas? Se ha propone verlos como desafíos y oportunidades de cambio. Ahora nos toca a nosotros, desde nuestro lugar, ayudarlos.

Notas

(1)  Administración Nacional de Seguridad social (2010)  “Programa de acceso a computadoras para jubilados y pensionados“encontrado en http://www.anses.gob.ar/jubilados/programa_computadoras/default.php

(2) Fathers, J. (Entrevistador) & Bonsiepe G. (Entrevistado). (2002) “Peripheral Vision: An interview with Gui Bonsiepe charting a lifetime of commitment to design empowerment” [Transcripción de la entrevista] encontrado en http://www.guibonsiepe.com/pdffiles/interview2_2003.pdf 

(3) “Veinte años de experiencia en la ingeniería de la usabilidad indican uniformemente que las mejoras más grandes en cuanto a la experiencia del usuario vienen de recolectar datos de usabilidad lo antes posible en un proyecto de diseño”

(4) Nielsen, J. (2003) “Paper Prototyping: Getting User Data Before You Code” Alertbox Newsletter. Encontrado en http://www.useit.com/alertbox/seniors.html

(5) Se les informó que Internet podía servir para: Comunicarse con otras personas, Para comprar y vender cosas nuevas y usadas, para buscar y encontrar amigos o conocidos a los cuales se les perdió rastro, para ver videos y escuchar música, para leer el diario, para aprender a hacer labores como tejer o cocinar, para compartir conocimientos y enseñar, para discutir temas de actualidad o e intercambiar ideas, para encontrar información sobre salud y enfermedades.

Diseñadora Gráfica Mariana Varela
Programa de Actualización en Diseño Digital (PADD)
Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo UBA

La Guerrilla Mediática y otras formas de resistencia al goce de la Marca

Todo el Arte de la Guerra se basa en la impostura.
El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar.
Sun Tzu, 500 a.C

Arte/ Guerra/ Impostura
Pensar en una poética de los Medios implica en primer lugar, considerar el contexto político y social en el que estos desarrollan su “estética” comunicacional. No todos los barrios de la gran Aldea Global son iguales y es precisamente esa diferencia la que nos interesa señalar.

Cualquier caracterización que se haga sobre los modos de funcionamiento y la producción de contenidos del complejo mediático: banalidad, superficialidad, espectacularidad, repetición, redundancia, etc., no puede desconocer el sustrato político en que se sostiene la dinámica de la comunicación masiva.

Para las endebles y vapuleadas democracias del Tercer Mundo, donde el grado de incidencia de la ciudadanía en el control de los asuntos públicos está reducido a su mínima expresión, las formas de participación democrática asumen muchas veces la forma de la ficción. En los últimos años las estrategias de dominación se han sofisticado mucho, y en lugar de emplear ejércitos armados, censura y persecuciones, el control de las masas (la tan mentada opinión pública), se mantiene en ejercicio bajo la forma del gran show televisivo. La impostura y el engaño reemplazan a la prohibición y la amenaza, como estrategias de imposición de todo lo que debemos ser y querer.

“[...] Los conceptos de democracia y desarrollo están estrechamente ligados en muchos aspectos. Uno consiste en que tienen un ‘enemigo común’: la pérdida de soberanía. En un mundo de naciones- estados, es verdadero por definición que la pérdida de soberanía conlleva una declinación en la democracia y una merma en la capacidad de llevar a cabo políticas sociales y económicas. Esto perjudica a su vez al desarrollo, una conclusión confirmada por siglos de historia económica. El mismo registro histórico revela que la pérdida de soberanía conduce consistentemente a la liberalización impuesta, a favor por supuesto de los intereses de aquéllos que tienen el poder para imponer este régimen social y económico. En los últimos años, al régimen impuesto se le llama habitualmente “neoliberalismo”. No es un término muy bueno: el régimen socioeconómico no es nuevo ni es liberal, al menos como entendían el concepto los liberales clásicos [...]”(1).

Poética y mercado

Otro punto importante para reflexionar sobre una poética de los medios es tomar en consideración la perspectiva histórica, y seguir las líneas de pensamiento que acompañan la producción del arte contemporáneo. Así podremos definir desde que lugar (bajo que supuestos) estamos en condiciones de señalar algunas experiencias de comunicación de masas como un hecho artístico.
El estudio de la significación del mundo, la interpretación, la “lectura” de la realidad, han sido señalados por R. Barthes como la característica principal del pensamiento moderno. (2)

Todo objeto es siempre la representación de otra cosa, en tanto es leído como signo: un auto-móvil, un vestido, un aperitivo, un mobiliario, son elementos que dan la información precisa acerca de la condición social, el carácter y las costumbres de un sujeto. Toda experiencia tiene sentido y éste debe ser descifrado, interpretado, traducido.

Este modo de pensar es el que propicia el terreno para el desarrollo de todas las estrategias de publicidad basadas en el valor del objeto y su relación con la pertenencia social. También es la base del Diseño, la operación de diseño consistente en convertir un objeto en un producto y justifica su sentido como generador de un discurso sobre la imagen pública y los modos de gestionarla.

El arte contemporáneo también ha asumido plenamente esta lógica del sentido “oculto” de las cosas, otorgando a la operación discursiva el verdadero valor de la obra. Dada, Minimalismo, Situacionismo, Pop y demás variaciones del Arte Conceptual han coincidido en definir lo real de la experiencia artística como un hecho discursivo. Lo que garantiza su circulación en el mercado ya no son los materiales, ni el soporte, ni el medio. El valor estético se desplaza de la obra al discurso, el fundamento artístico de una obra es lo que se dice de ella. Lo real de la obra de arte es el concepto.

Esta idea dio lugar a todo tipo de experiencias artísticas, incluidas obviamente la experimentación con medios electrónicos (obras basadas en la manipulación electrónica de la imagen y el sonido), (Fluxus/J. Cage en adelante), llevando las posibilidades expresivas de los medios a un plano que muchas veces a logrado escapar de la rutina impuesta por la propaganda.

Las llamadas “nuevas tecnologías” han dado lugar a la aparición de un conjunto de artistas que trabajan en el límite entre la tecnología, la ciencia y el diseño, desarrollando complejos sistemas interactivos bajo la forma de instalaciones, performances y demás experimentos de Realidad Virtual, Realidad Aumentada e Inteligencia y Vida Artificial. Aquí también es importante advertir en que dirección se desarrollan los contenidos de esas obras.

“[...] El poder expresivo de la interfaz, en conjunción con la creciente transparencia ‘aparente’ de las tecnologías de interfases, promueven cuestiones éti¬cas complicadas sobre la subjetividad y el control. Los artistas interactivos están en posición de ser líderes en la discusión de estas cuestiones, pero, por otra parte, corren el peligro de transformarse en apologistas de los usos industriales, corporativos e institucionales de estas tecnologías. Es esencial la conciencia sobre las contradicciones inherentes a la interactividad mediada si, como sociedad, vamos a movernos hacia el futuro con nuestros ojos abiertos”(3).

Por este motivo, es fundamental analizar el rol de la tecnología en el desarrollo del discurso mediático. La incorporación al escenario de la experiencia cotidiana de toda una serie interminable de aparatos celulares, cámaras, gadgets y demás tecno-fetiches, obligan a reformular el sentido clásico del concepto de “comunicación de masas”.

“Hay comunicación de masas cuando la fuente es única, centralizada, estructurada según los modos de la organización industrial; el canal es un expediente tecnológico que ejerce una influencia sobre la forma misma de la señal; y los destinatarios son la totalidad (o bien un grandísimo número) de los seres humanos en diferentes partes del globo”(4).

Esta definición sigue vigente solo en parte. Se ajusta claramente a la descripción de todo lo que se refiere a los mensajes producidos por las grandes corporaciones de multimedios. Pero, deja afuera todos los fenómenos de comunicación relacionados con los medios interactivos (celulares, blogs, etc.) Y conviene no olvidar que estos medios posibilitan un tráfico de información personal, pero a la vez, masiva.

El raiting es el deseo del otro

El pasaje de La galaxia Gutenberg al Nuevo Pueblo de la Comunicación Total, como lo define Eco (citando a McLuhan) inaugura la dialéctica entre Apocalípticos e Integrados. Los Apocalípticos ven una batalla perdida en cuanto a las posibilidades de participación en los canales comunicacionales de los medios, en tanto que “el destinatario del mensaje de los mass-media, desvinculado de los contenidos de la comunicación, recibe sólo una lección ideológica global, un llamado a la pasividad narcótica”(4)

Los Integrados, por el contrario, intentan controlar el mensaje en el punto de partida. Luchan por sus sillones de gerente en canales de televisión, diarios, radios, agencias de publicidad y demás espacios del complejo mediático. Sostienen que los medios pueden ser maravillosos vehículos de transmisión de contenidos culturales de calidad. La televisión nos brinda muy pocos ejemplos donde esto puede verificarse.

En tanto, todo el aparato publicitario-comercial mediático se construye alrededor de un esquema de vaciamiento de sentido hasta reducir el mensaje a nada (velocidad, estridencia, brillo, color y vacío), es difícil pensar la inclusión de algún contenido artístico que escape a la lógica de la producción seriada y formateada para el consumo instantáneo del gran público.

“Los candidatos son envasados y vendidos como dentífricos, autos y drogas de moda, por las mismas industrias consagradas a la decepción y al fraude”(1).

La televisión actual nos brinda numerosos ejemplos que parecen confirmar la visión apocalíptica. La proliferación de reality shows y todo tipo de concursos donde el objetivo es consagrar una figura por medio de la votación del público y la consecuente “eliminación” del resto de los participantes, es una interesante metáfora de la dinámica social (una puesta en escena) de las experiencias cotidianas que en el ámbito laboral, educativo, recreativo, etc., vive a diario la gran mayoría de la población.

De este modo, un mecanismo democrático y participativo (el voto telefónico) termina funcionando al servicio de los eternos valores de la exclusión y la negación de las diferencias. El único camino para triunfar es convertirse en “famoso”. Y para ser famoso solo basta con someterse (con la mayor obscenidad de la que los medios son capaces) a la exposición pública. El que no se adapta debe ser eliminado. “Los medios de comunicación de masas no son portadores de ideología: son en sí mismos una ideología”(4).

Sin embargo, precisamente por este motivo, podemos decir que el medio televisivo sostiene un modelo riguroso de la poética aristotélica, basado en el concepto de mímesis (la obra de arte es imitación). Además, la progresión dramática es tan rigurosa que tiene la capacidad de integrar en la trama las irrupciones de la publicidad y todo tipo de corte del relato. Pero, no solamente. También cumple con el otro concepto funda¬mental de la poética aristotélica: la catarsis. La difusión de las pasiones y miserias del otro (en vivo y en directo) es garantía asegurada de rating. Y como es sabido, el rating no es lo más importante de la Televisión. Es lo único importante.
En vista de este complejo panorama, Eco propone una alternativa a esta dialéctica entre apocalípticos e integrados: practicar la guerrilla semiótica (en su particular visión de lo que es la guerrilla).”[…] Por esta razón, habrá que aplicar en el futuro a la estrategia una solución de guerrilla. Es preciso ocupar, en cualquier lugar del mundo, la primera silla ante cada aparato de televisión (y, naturalmente, la silla del líder de grupo ante cada pantalla cinematográfica, cada transistor, cada página de periódico). Si se prefiere una formula¬ción menos paradójica, diré: La batalla por la supervivencia del hombre como ser responsable en la Era de la Comunicación no se gana en el lugar de donde parte la comunicación sino en el lugar a donde llega. Nosotros deberemos ser capaces de imaginar unos sistemas de comunicación complementarios que nos permitan llegar a cada grupo humano en particular, a cada miembro en particular de la audiencia universal, para discutir el mensaje en su punto de llegada, a la luz de los códigos de llegada, confrontándolos con los códigos de partida”(4).

Hasta la victoria, a veces

Los sistemas de información complementarios ya están aquí, al alcance de todos. Ya contamos con ellos bajo la forma de blogs personales, mensajes de texto, chat, videocomunicaciones, etc. Son el punto de llegada y de partida de la información. La fuente ya no es única, ni centralizada. Los destinatarios no son la totalidad de la humanidad.

En algunos casos, estos sistemas complementarios cumplen efectivamente esta función imaginada por Eco de discutir contenidos y confrontar códigos, creando comunidades críticas que se diferencian de la audiencia universal e indiscriminada.

En este punto es preciso introducir otra pers¬pectiva en el uso del concepto de guerrilla, citando al Che Guevara:

“Analizado el modo operacional de la guerrilla, su forma de lucha y comprendiendo su base de masas sólo nos resta preguntar: ¿por qué lucha el guerrillero? Tenemos que llegar a la conclusión inevitable de que el guerrillero es un reformador social, que empuña las armas respondiendo a la protesta airada del pue¬blo contra sus opresores y que lucha por cambiar el régimen social que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio o la miseria. Se lanza contra las condiciones especiales de la institucionalidad de un momento dado y se dedica a romper, con todo el vigor que las circunstancias permitan, los moldes de esa institucionalidad”(5).

Más allá del contenido revolucionario de esta motivación (hoy muy despreciado por ser “demodee”) y de la sustitución de armas por bits, desde el mundo digital encontramos un modelo interesante en el movimiento de software libre, que crece día a día gracias a su contundente sensatez, cuestionando seriamente algunos “moldes institucionales” de producción y circulación pública de la información.

Muchas personas asocian este movimiento con la actividad de los hackers, y de hecho muchos lo son, pero se trata de una postura que va mucho mas allá del sabotaje y la violación de normas de seguridad de bancos, empresas e instituciones públicas.

Aquí también citamos a Guevara: “[...] Muy importantes son los actos de sabotaje. Es preciso diferenciar claramente el sabotaje, medida revolucionaria de guerra, altamente eficaz y el terrorismo, medida bastante ineficaz, en general, indiscriminada en sus consecuencias, pues hace víctimas de sus efectos a gente inocente en muchos casos y que cuesta gran número de vidas valiosas para la revolución…”(5).

Una cuestión central de las prácticas sociales que utilizan el software libre es el lugar que se destina a la autoría. Básicamente, se pone en crisis el modelo de autor como propietario de la obra. El copyleft es la figura elegida por este movimiento, que autoriza la reproducción de una obra en cualquier formato (obra abierta). La idea de compartir ideas, herramientas y metodologías diseñadas y producidas por la misma comunidad, va en una dirección bien diferente a la que proponen y sostienen los guardianes de la marca.

La metodología de registrar patentes, programas, licencias y cobrar por su uso, encuentra como respuesta masiva la piratería y la copia salvaje. Este no es un problema para los artistas (en realidad lo es, pero, no demasiado grave), ya que en el mejor de los casos solo reciben un pequeño porcentaje del valor de su obra, sino para las grandes compañías discográficas, editoriales y cinematográficas encargadas de la producción y la distribución en todo el mundo.

También cuestiona algunas formas de legitimación del discurso artístico, en tanto la circulación y el intercambio de obras en el mundo digital escapa a la lógica del arte de salón. Para existir no necesita de “la política del vernissage” en la que conviven críticos, curadores, galeristas, marchands, banqueros y demás promotores del Arte.

Algunos ejemplos para citar como referencia de hacktivismo y otras formas de resistencia electrónica: el “Electronic Disturbance Theatre” comandado por Ricardo Domínguez http://thing.net/ , el colectivo “Critical Art Ensamble” http://www.critical-art.net/ ,y Eva y Franco Mattes http://0100101110101101.org/

Pero, como el mismo Eco nos advierte: “[...]A menudo las revoluciones se convierten en formas pintorescas de integración”3, y la gran mayoría de la población sucumbe ante la dictadura de la tendencia (gran invento del Diseño) construida eficazmente a través de múltiples operaciones publicitarias dedicadas a la fabricación de la opinión pública. La vanguardia es el mercado.
La alianza de la Tecnología, el Diseño y el complejo mediático apunta al desarrollo de microdispositivos de información personal, que además de funcionar como fabulosos emisores/receptores de información, se constituyen en poderosos signos de identidad y pertenencia. Lo curioso es que a medida que los circuitos de información se expanden, el discurso mediático es cada vez más homogéneo y compacto.

El mensaje central de la propaganda de la “vanguardia tecnológica” se basa en el concepto “la vida puede ser más simple”.
El control remoto fue la primer gran conquista de la tecnología mediática al servicio del confort humano. Ahora asistimos a un nuevo salto cualitativo en el uso de los aparatos. El desarrollo de investigaciones en Inteligencia Artificial han posibilitado que gradualmente todos los objetos se vuelvan “inteligentes”, convirtiéndose en maravillosas extensiones/prótesis del cuerpo humano. Además, ya no dependemos de molestos enchufes a los cuales estar conectados. La irrupción de los ambientes wireless en las ciudades permiten pronosticar un futuro cercano en el que nuestro cerebro WI FI dialogará con los objetos, que interpretarán nuestros deseos en forma instantánea. Gracias al avance tecnológico, las personas por fin podrán gozar de una intensa vida (artificial), a pesar de las duras exigencias del mundo actual.

Referencias bibliográficas

1 Chomsky, N. “Latinoamérica declara su independencia”, en The New York Times Syndicate. 12 de octubre de 2006.
2 Barthes, R. “La cocina del sentido”, en Le nouvel Observateur. 1964.
3 Rokeby, D. Espejos transformantes: subjetividad y control en los medios inte¬ractivos”, en Critical Issues in Interactive Media. SUNY Press: 1995.
4 Eco, U. “Para una guerrilla semiológica”, en La estrategia de la ilusión. Buenos Aires: Lumen-Ediciones de la Flor, 1987.
5 Guevara, E. “Principios generales de la lucha guerrillera”, en La Guerra de Guerrillas. 1959, Cap. 1.

Martín Groisman
Profesor Titular de Medios Expresivos
Carrera de Diseño Gráfico. FADU. UBA

Publicado originalmente en “Integración y Resistencia en la Era Global” del Forum Teórico de la X Bienal de la Habana- Cuba 2009. Reproducido con el permiso del autor.
 

¡Feliz cumpleaños, Wikipedia! Donde hay wikipedieros hay motivos para festejar

En la era pre-Wikipedia solíamos buscar información en las grandes enciclopedias… grandes por su valor, pero también grandes por el tamaño y el peso de los tomos. Quizá la grandiosidad de las ediciones —que tenían/tienen como uso alternativo decorar las casas y oficinas— era un recordatorio de cuán ambiciosa resulta la empresa de concentrar el conocimiento científico. El respaldo de grandes editoriales y el trabajo de expertos otorgaba legitimidad a los contenidos publicados.

En la década de 1990, comenzó a hablarse de enciclopedias digitales, tanto en soportes físicos como en la red. Un ejemplo de esto es Encarta, la enciclopedia de Microsoft, que estuvo vigente desde 1993 (1)  hasta 2009, cuando Microsoft dejó de venderla (2). Otro caso es la centenaria Encyclopædia Britannica, cuyas versiones en línea y en CD-ROM fueron lanzadas en 1994 (3)  y se mantienen aún.
Frente a ellas, Wikipedia surgió en 2001, vinculada a Nupedia, un proyecto de enciclopedia libre, con artículos escritos por expertos que participaban sin recibir remuneración y con un proceso de revisión por pares. La lentitud en este proceso llevó a Jimbo Wales y Larry Sanger, los fundadores, a usar un wiki para agilizar la edición (4) . Con el tiempo, Wikipedia se convirtió en un proyecto bastante más abierto, al grado que se autodefine actualmente como “la enciclopedia libre que todos pueden editar” (5): es construido, actualizado, revisado y corregido por voluntarios alrededor del mundo, en varios idiomas. Esto ha permitido que el uso sea gratuito, a diferencia de Encarta y Britannica Online.

Justamente el trabajo voluntario y el carácter de gratuidad fueron, en principio, debilidades de Wikipedia, ya que permitir el acceso de voluntarios anónimos y realizar trabajo colaborativo bajo la lógica del contenido abierto, significó romper con la tradición de las enciclopedias de siglos. Con los años, esto que parecía afectar la legitimidad del proyecto, se volvió una fortaleza. Sobre todo, la actualización podría decirse que en tiempo real —posibilitada por el uso de wiki—, ha sido una innovación acorde a nuestros tiempos.

Wikipedia ha llegado a su décimo aniversario este 15 de enero de 2011 y la celebración, acorde al espíritu colaborativo que caracteriza al proyecto, no es una, sino muchas, en distintos lugares del mundo, bajo la organización de voluntarios. El mapa muestra que la mayor parte de las celebraciones se ubican en Europa—sobre todo en las zonas centro y este— y en la India; aunque, con mayor o menor densidad, abarcan todos los continentes (6) . Donde hay wikipedieros, hay motivos para festejar.

Desde este lado de la pantalla, creo que es importante celebrar la longevidad de un proyecto como éste. Feliz cumpleaños, Wikipedia, por hacer evidente que el conocimiento debe estar al alcance de todos y no sólo de quienes puedan pagarlo, que puede ser construido por todos y no sólo por las élites de los saberes expertos, que el contenido abierto no es el futuro sino el presente y que lo gratuito no resulta necesariamente una mala inversión. ¡Feliz cumpleaños, Wikipedia!

Notas

[1] Wikipedia (2011). Microsoft Encarta. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Microsoft_Encarta#El_fin_de_la_enciclopedia_Encarta

[2] Microsoft (2011). Microsoft Encarta. Disponible en: http://www.microsoft.com/spain/encarta/default.mspx

[3] Encyclopædia Britannica Corporate Site (2011). History of Encyclopædia Britannica and Britannica Online. Disponible en: http://corporate.britannica.com/company_info.html

[4] Wikipedia (2011). Wikipedia. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia

[5] Wikipedia (2011). Bienvenidos a Wikipedia. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada

[6] Wikipedia (2011). Wikipedia 10. Página principal. Disponible en: http://ten.wikipedia.org/wiki/P%C3%A1gina_Principal

Dorismilda Flores Márquez
Maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, integrante del Colegio de Estudios Sociales de Aguascalientes AC.
dorixfm@gmail.com, http://dorisfm.wordpress.com

Museos nacionales de arte en Internet. Viajando por Latinoamérica en un click

1. Introducción

            La prehistoria de Internet se remonta a finales de los años sesenta, pero su verdadera difusión no data de más allá de un cuarto de siglo. En las postrimerías de los ochenta se asistía tímidamente a la aparición de las páginas web tal como hoy las entendemos, con la paulatina incorporación de imágenes acompañando a los textos, conformando un menú que habría de ser cada vez más completo y a gusto del consumidor. Si pensamos en los hoy arcaicos sitios gopher, dotados de una información básica, presentada las más de las veces de forma árida, y sin atractivo visual ninguno, podremos hacernos una idea de los avances que se han venido y se vienen produciendo sin solución de continuidad. Otro paso de gigante se daría tras la instauración de la world wide web (www) hacia 1993, ya que este avance, que llegó a calificarse de gran “telaraña mundial”, permitió un más rápido acceso a las infinitas bases de datos hasta entonces dispersas en el ciberespacio. Se sentaron los cimientos de una verdadera revolución del hipertexto, posibilitando a través de enlaces y subenlaces, alcanzar una internacionalización de la información casi sin precedentes, capaces de barrer con las fronteras geográficas. Nos encontramos así, de pronto, ante un medio que se mostraba capaz de llevar al enciclopedismo a su máxima expresión, ante el mayor muestrario de cultura y pensamiento nunca antes visto en un espacio físico tan reducido.

            La presencia de museos en la red, y en especial los de arte contemporáneo, es un fenómeno que ha adquirido notoria importancia en la última década, acompañando esa “revolución internet”. La masiva utilización de buscadores ha facilitado la rápida localización de aquellos en el ciberespacio, siendo muchos conocidos y otros varios tan ignotos, que hasta podríamos entenderlos realmente como hijos de la googlización, signo de nuestros tiempos globales y del acceso inmediato a la información. La presencia de las instituciones museísticas en la red, lejos de representar un snobismo vanguardista, muy por el contrario, ha pasado de permitir la concreción de ciertos objetivos a convertirse en una verdadera necesidad, abriendo las puertas a una variable inédita dentro de la “nueva museología”.

            En la actualidad museística, la cuestión ha tomado relieve como tema de investigación. La teoría nació casi a la par de la praxis, dándose rápidamente la mano con ella, interactuando y verificando transformaciones en forma conjunta. En idioma español, la edición de dos monográficos referidos al tema de los “Museos en Internet” publicados por Museum Internacional en 1999 y 2000, como asimismo los dossieres sobre “Museos del siglo XXI” y “Museos y Nuevas Tecnologías” presentados respectivamente por la Revista de Museología en 2001 (Bellido Gant, 2001b) y mus-A en 2005 (AA.VV., 2005), son síntomas cuanto menos apreciables. En la nota editorial que acompañaba al primer monográfico referido, se citaban datos tan esclarecedores como rotundos, entre los que se destacaba que las visitas reales al Louvre de París se cifraban en más de cinco millones de visitantes anuales; por contrapartida, los visitantes virtuales acudían a la página web del museo en un número cercano al millón por mes.

Más del doble. En cuanto a la www se apuntaba que en sus albores, hacia 1993, se contabilizaban 130 sitios, contra 650.000 a principios de 1997 (Lord, 1999: 3); hoy no podríamos aseverar cuantos millones existen.

            Estos datos terminaron por imponerse y las direcciones de los museos fueron entendiendo a las webs como una necesidad, máxime en el nuevo modelo de museo que estipula como factor indispensable la cantidad, los números de público, en donde la apuesta está siempre más cerca de propiciar masas consumidoras que de culturalizar a las mismas como muchas veces se afirma ciegamente. Es que los números son los que abren la puerta a la necesaria participación de las empresas patrocinadoras, lo cual también es una realidad en internet. Muchos portales de museos e instituciones tienen ya en su portada el cuadro que señala la cantidad de visitantes de la página, instrumento de control que puede servir de herramienta para la captación de patrocinio. No debemos olvidar que toda página web, de una u otra manera, tiene alguna aspiración económica.

            En el texto de Museum al que aludíamos párrafos atrás, se citaba un conjunto de razones fundamentales para convencer a cualquier gestor de museos de la importancia de crear para sus instituciones un “museo virtual”; sintetizamos algunas de ellas: su carácter de herramienta para proporcionar información al público; el carácter abierto de internet, su acceso público y gratuito; la factibilidad de llegar a un público alejado de sus zonas de acceso físico; el tener una página de presentación en la Web da pedigrí añadido a los museos, “ya que su imagen de marca, su reputación de calidad y su autoridad, les permiten destacarse”. Y continúan las razones: “Las visitas al museo virtual de Internet complementan las visitas reales y no compiten con ellas… cuanta más gente visite el sitio del museo en Internet, más gente lo visitará en la vida real” (Lord, 1999: 3).

En el mismo sentido, pero desde una posición más radicalizada, António Cerveira Pinto dice: “Me gusta imaginar el museo del próximo siglo como una extensa e interactiva red de bases de datos multimedia distribuida por el inmenso espacio electrónico, estimulando un sinfín de intercambios personales, enriquecidos por la libertad inherente a las micrologías del espacio cibernético” (Cerveira Pinto, 2001). Aboga por un “museo del futuro”, como “un santuario de la experiencia estética, un lugar interactivo del saber, del placer y de la contemplación” que permita combatir la tendencia al espectáculo que experimentan actualmente muchos museos, y que impiden brindar al espectador interesado un tiempo para la contemplación filosófica, reflexión que compartimos sólo a medias, ya que nos situamos en la acera de los que consideran que la contemplación de una obra original no tiene ni tendrá parangón a través de una reproducción. En esta línea de análisis, podemos arriesgar que un museo virtual se aleja del sentido original y etimológico de “museo” como “lugar de las musas” para acercarse más al de “memoria viva y utilitaria”, aunque es justo reconocer que muchas de las salas virtuales diseñadas expresamente, además de su carácter propenso a la diversión, producen la sensación de ser un descanso para la vista. No es lo mismo ver una obra de arte virtual sobre un fondo neutro y muchas veces cargado de leyendas alusivas y extrañas a la misma, que apreciarlas en un espacio virtual en el que se ha puesto énfasis para crear un cierto clima de recogimiento.

            Los museos virtuales generan un nuevo tipo de público: “Se trata de un nuevo tipo de visitante de museos, es más cercano a un astronauta que a un peatón. No sigue un recorrido predeterminado o un camino obligado. Puede pasar de un cuadro a otro sin recorrer toda la galería o seguir una visita guiada paso a paso, con toda suerte de indicaciones y explicaciones críticas. A la salida, podría hacer también alguna compra – a distancia – en la boutique del museo virtual. Por ahora no se puede sentar en el bar del museo a tomar un café virtual con un amigo pero no conviene excluir nada. Los avances técnicos nos deparan sorpresas en cada esquina” (Battro, 1999).

            De todas estas razones, válidas todas ellas para el caso latinoamericano, nos interesa particularmente resaltar la que se vincula a las distancias espaciales, físicas, para realizar una visita real. En un momento en que el arte contemporáneo latinoamericano, en su carácter globalizador más acentuado, tiende a consolidarse (1) , y, consecuentemente, a despertar el interés de un público cada vez mayor en conocer las producciones de sus países vecinos o de los que comparten la llamada “identidad latinoamericana”, los museos virtuales se erigen en factores fundamentales para difundir los conocimientos de un lado a otro del continente, posibilitando un viaje virtual al alcance de la mano y del bolsillo. Esta situación ha servido para que el desarrollo de los museos en internet se multiplicara rápidamente en Latinoamérica, inclusive con mayor ímpetu que en Europa (Bellido Gant, 2001a: 255). El hecho de que la red les sirviera en bandeja un método cómodo y barato para darse a conocer, sumado a la penetración cultural norteamericana en casi todos los países, siempre más permeables que los europeos en ese sentido, que trajo consigo y posibilitó el desarrollo de tecnologías punta muy tempranamente, fue determinante. Los historiadores nos encontrábamos a menudo con la imposibilidad de informarnos de las producciones artísticas de las otras naciones, realidad que con internet ha cambiado de una manera inimaginable una década atrás.

Esta “desinformación” desde América hacia América no tuvo su contrapartida en nuestra mirada hacia Europa y Estados Unidos, donde la amplia difusión de libros y revistas con las colecciones de los grandes museos permitieron un conocimiento estable de las llamadas “obras maestras del arte universal”; Internet, en este sentido, vino a aportar un cúmulo mayor de imágenes y de perfeccionamiento de un conocimiento que nos era familiar. Pero en el caso de las obras de arte latinoamericanas, insistimos, estamos ante una realidad totalmente nueva. Dicha realidad se enriquece asimismo con el ahora fácil acceso, gracias a la red, de textos científicos que permiten un conocimiento más hondo de las obras y movimientos artísticos de cada región, textos que por lo general no están situados en las páginas de los museos sino en las de universidades, centros de investigación o revistas electrónicas, fungiendo de verdaderos entes complementarios a la labor de los museos virtuales que, ya sea por falta de espacio o por ausencia de investigadores de jerarquía en sus plantillas, no pueden brindar este aporte.

Por supuesto que si bien hay razones de peso para que los museos conformen una página web para difundirse, el tema presenta también inconvenientes. Maxwell L. Anderson refiere a estas desventajas, a las que contrapone nuevas evidencias que hacen positivo el aggiornamiento: “En general, los que poseen un sitio Web pasan apuros para mantenerlos al día, manejar el flujo de mensajes electrónicos, que puede convertirse fácilmente en inundación…”, pero también señala los beneficios: “Además de ofrecer acceso permanente a un tipo de información que el público suele solicitar por teléfono, fax o correo electrónico (lo que exigía antes que el personal dedicara parte de su tiempo a responder esas solicitudes)… puede convertirse en un espacio de comunicación (y) ofrecer listas de actividades que de otro modo acarrearían gastos periódicos de impresión y correo”. En definitiva, se trata de “una ventana abierta al mundo entero con un costo mínimo” (Anderson, 1999: 25).

Un apunte final en esta introducción es para situar nuestra propia visión, el punto de partida desde el cual elaboraremos este ensayo. En tal sentido, nuestro perfil correspondería básicamente al de un usuario de información, en ningún caso un especialista ni en Internet ni en nuevas tecnologías. Se tratará pues de poner en conocimiento una experiencia personal en la utilización de la información proveniente de la red, en la cual seguramente se apreciarán carencias informativas, falta de conocimientos potenciales que Internet ofrece y hasta la utilización de portales con enlaces que quizá gente más preparada en estos menesteres tildaría de limitadas (2) . Por contrapartida, damos a conocer un modelo de búsqueda, captura y análisis que, en nuestro caso particular, no data de más allá de un lustro desde que comenzamos a valernos de estos medios. Es esta nuestra intención, la de explicar con palabras aplicaciones prácticas, que no necesariamente se hallen sustentadas siempre por la teoría, por el ya importante corpus científico que sostiene la rápida y firme evolución de los museos virtuales y digitales.

2. Métodos de análisis

A medida que se fueron produciendo los avances y las adaptaciones de los museos a los “nuevos tiempos” tecnológicos, se fueron conociendo las especializaciones y las distinciones que nos permiten hoy distinguir unos museos de otros, de permitir clasificarlos. Así surgen a la luz dos ramas centrales: los museos virtuales y los museos digitales. Los museos virtuales son aquellos que se caracterizan por tener una existencia real, física, cuyas obras y/u objetos son plausibles de ser fotografiados, digitalizados, y difundidos a través de la red. En cambio, los museos digitales son aquellos cuyas obras sólo tienen existencia en la red, ya que fueron realizados con computadoras, y no poseen presencia física, tangible.

            En el caso de los museos virtuales podemos distinguir tres niveles, de menor a mayor, según el grado de sofisticación alcanzada: 1) las páginas web de museos reales que contienen la información básica; podríamos hablar de instituciones que colocan en la red el folleto de mano que normalmente se entrega al visitante real; 2) una segundo escalón, caracterizado por las páginas de museos ya adaptadas a los tiempos de la web, conteniendo enlaces, siendo los más habituales “historia del museo”, “el edificio”, “colecciones”, “actividades”, etc.; 3) un peldaño superior, en el que nos encontraríamos verdaderas instituciones virtuales, con un edificio virtual, con un recorrido o paseo virtual que nos acercaría a un concepto experimental emparentado con los “simuladores de vuelo”: sentirnos “dentro”, viviendo físicamente la visita al museo. Este caso, en Latinoamérica, se da sólo en contadas ocasiones, debido a sus costos y a la aun falta de profesionales especializados en realizar este tipo de diseños.

            Como puede apreciarse, hemos referido a una subdivisión en cuanto a la cantidad y calidad de la información brindada por los museos virtuales. Una segunda subdivisión puede orientarse más en el sentido del contenido: por un lado, la existencia de sitios web de museos reales en particular, y por otro los que se pueden encasillar en el rótulo de “museo imaginado”, formado por obras de arte digitalizadas y cuya proveniencia física es variada. Puede decirse que este concepto de “museo imaginado”, también llamado “museo imposible”, saciaría -virtualmente- todos los sueños de un coleccionista de arte o de un experto, en el sentido de poner a su disposición todas aquellas obras de arte que fueran objeto de sus desvelos, sueño que sería imposible de cumplir en la vida real pero que está al alcance de la mano en la realidad virtual.

            Una tercera subdivisión se refiere a la singularidad y a la pluralidad, a la verificación del estado de vinculación de los museos en la red con respecto a otros museos. En este sentido puede afirmarse que el tema en Latinoamérica aun está en pañales, ya que por lo general el análisis lo debemos realizar individualmente; las “comunidades de museos virtuales”, que ya tiene ejemplos consolidados en los países más desarrollados, por caso Estados Unidos con el AMN (Art Museum Network) (amn.org), apenas si se han planteado en nuestro continente. En AMN, a finales de febrero de 2006, sólo advertimos la presencia de dos museos de países de habla hispana: el Museo Franz Mayer (México D.F.) y el Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid) (3) ; desde que forman parte de este “consorcio”, los museos allí integrados han comunicado que sus páginas reciben el doble de visitantes. Los museos latinoamericanos obedecen aun al modelo de “identidad independiente” del que habla Anderson: “Esa mentalidad ‘aislacionista’ sobrevive a pesar de que el carácter único de la Web se deriva justamente de la posibilidad de conectar los museos entre sí, y conectarlos, a su vez, con el usuario final, en vez de basarse en enlaces hacia miles de páginas web desperdigadas…” (Anderson, 1999: 25).

En definitiva se trata, ni más ni menos, de ir sentando las bases para la creación de un grandioso y único “museo virtual”, de un gran “museo imaginado” de carácter universal donde tuvieran cabida los museos, las galerías de arte, las colecciones privadas y públicas, las casas de subastas… ¿Utopía? Quizás sí, pero no olvidemos que hoy estamos experimentando de forma tangible, en la red, algo que pocos años atrás no era sino eso, una utopía, por la que ni el más crédulo hubiera apostado. El camino a seguir tiene suficientes ejemplos en otras ramas de Internet, por caso la existencia de las grandes librerías mundiales como amazon.com o abebooks.com, que presentan una suerte de catálogo universal que el usuario puede consultar a partir de una búsqueda única por palabras claves, evitando tener que realizar la ya imposible tarea de consultar las páginas de cada editorial. En el caso español hay una red igualmente útil en este sentido, como es iberlibro.com, portal elaborado en Asturias y cuya oferta de libros llega a más de dos millones en la actualidad, sustentado fundamentalmente por numerosas librerías de viejo. Señala Anderson que “La comunidad museística tiene una excelente oportunidad para organizarse en la web siguiendo un patrón similar… museos de arte y demás tipos de museos saldrían ganando si se organizan en consorcios” (Anderson, 1999: 27).

3. Museos nacionales de bellas artes en internet

3.a. Museos del Cono Sur

            Vamos a iniciar nuestro paseo virtual por los museos nacionales de bellas artes latinoamericanos (4) . Un primer consejo, con la finalidad de orientarnos mejor, será el de evitar la habitual dispersión que un mundo infinito como Internet tiende a provocar. En los tiempos culturales del “homo zapping”, inquieto, escrutador, tendiendo muchas veces al desorden y a la falta de un criterio de selección a la hora de recopilar la ingente cantidad de datos que un medio como la red puede poner a su alcance, desarrollando esa capacidad casi innata para visualizar todo y asimilar poco y nada, es positivo tener las ideas claras de lo que se quiere, e intentar crear buenas pautas de control y tratamiento de la información. No debemos perder nunca de vista que Internet es ante todo información, y que atañe a la capacidad y formación del usuario convertir a la misma en conocimiento.

            Comenzaremos por el sur del continente, haciendo alusión a la web del Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina (www.mnba.org.ar), que viene acompañando los nuevos aires de la institución a partir del cese del anterior director, Jorge Glusberg. La renovación manifestada en la musealización de la colección permanente, con una coherencia que echábamos en falta en dicha etapa precedente, y en la que géneros como la caricatura, la fotografía y los documentos entraron a tenerse en consideración en ese nuevo montaje, se acompaña con un portal web actualizado permanentemente con información de las exposiciones en cartel, como asimismo otras actividades. Hay referencias tanto de las muestras pasadas como las futuras, con lo cual es sencillo vislumbrar los nuevos derroteros de la institución. La colección permanente es presentada en la web de forma muy amplia, a la que se puede acceder rápidamente a través de una barra de abecedario que contiene los nombres de un enorme número de artistas de las cuales el museo posee piezas. Por ahora las reproducciones no son de muy buena calidad (inclusive varias están en blanco y negro o con los colores distorsionados, seguramente porque han sido levantadas de publicaciones), pero más allá de esta cuestión mejorable, es una información valiosísima que tardó mucho tiempo en estar disponible.

            Este museo virtual cumple a la perfección con el propósito de brindar claridad en el mensaje, como también en la rapidez de desplazamiento de una página a otra y la apertura de las imágenes de las obras. Estas características se hacen imprescindibles en un mundo donde a un alto porcentaje de espectadores (tanto de museos reales como virtuales) nos caracteriza la impaciencia, y una cierta incapacidad para situarnos siquiera medio minuto delante de una obra para apreciarla en toda su dimensión. Podríamos decir que la calidad de la percepción del urbanitas contemporáneo ha cambiado notablemente en las últimas décadas, en las que el bombardeo de información e imágenes se ha hecho más intenso que nunca en la historia. Una web confusa y lenta puede “atentar” contra la poca paciencia que solemos tener; he aquí una clave para tener en cuenta a la hora de crear recursos electrónicos como cederrones o portales de internet.

            Del otro lado del Plata, en Montevideo, destaca el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo (www.mnav.gob.uy). Aun siendo algo sobria su presentación, este portal brinda una suficiente información acerca de las actividades del museo y su acervo. Como distinción respecto de la mayoría de los museos latinoamericanos, cada una de sus páginas informa de la fecha de su última modificación, un detalle que agradeceríamos se concretara en el resto de los museos, para tener claro la actualidad de la información que manejamos. Detalles importante de este museo virtual son las amplias referencias acerca de las exposiciones que se realizaron y se realizan en el museo, con enlaces que datan desde 1996 al día de hoy, y que incluyen amplios comentarios sobre las mismas e inclusive imágenes, cumpliendo con estas tareas funciones de verdadero archivo. En cuanto a la colección permanente, el Museo uruguayo presenta a la fecha un total de 48 artistas, incluyendo un máximo de 4 obras digitalizadas por autor y biografías de los mismos, en los que aparecen útiles hipervínculos que permiten acceder a otros artistas y movimientos artísticos.

            El Museu Nacional de Belas Artes de Río de Janeiro (www.mnba.gov.br/) además de la información básica, presenta sus colecciones divididas en secciones brasileñas y extranjeras (dibujo, escultura, grabado y pintura), además de la de arte africano. En cada uno de dichos espacios se hace referencia a sólo diez artistas, con una obra cada uno, cuya imagen se puede ver aunque no ampliable. Esta realidad hace que, sobre todo en lo que sería lo más sobresaliente de la colección, la pintura brasileña, la web no cumpla con el objetivo de dar una idea ni siquiera cercana a la riqueza del acervo, uno de los mejores del continente. Dentro del enlace colecciones está el vínculo a SIMBA (Sistema de información del acervo del MNBA), y dentro del mismo la mención al programa Donato 2:4, una gran base de datos que ya utilizan casi treinta museos e instituciones brasileños. Dicha base la componen, entre otros aspectos, mención a obras, manual de catalogación de las mismas, listados y biografías de los artistas e inclusive fichas catalográficas completas. La gran falencia es que dicho recurso por ahora sólo es consultable en el edificio del museo y no está en la red, a disposición de todo el mundo. La web del MNBA brasileño, creada a finales de 2004, tiene enlaces a otros servicios como laboratorios, biblioteca (que incluye enlace de nuevas adquisiciones en las que se menciona el mes pero no el año, lo que muestra una falta de conciencia archivística y un interés que no trasciende por ahora lo coyuntural), educación y programación. En definitiva, este portal web no está ni medianamente a la altura de la institución museística a la que representa: su diseño es pobre y en exceso austero, con fondos blancos y poco atractivos, y, sobre todo la gran carencia: hay que mostrar muchas más obras de la colección, propiciando la necesaria difusión del acervo.

            Saltamos ya a otro ámbito de Sudamérica, y en concreto al Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, que durante largo tiempo mantuvo un portal indigno de la gran institución que es, aun cuando contaba con atractivos como una largo repertorio de imágenes de cuadros de José Gil de Castro que habían formado parte de una exhibición en el museo en el año 1994; ese portal anticuado aun es localizable en internet. Los nuevos contenidos (www.dibam.cl/bellas_artes/) ya son palabras mayores, y reflejan fielmente la potencialidad y la importancia de las colecciones que conserva la mayor institución museística chilena: es un espacio de difusión e información modélico. Hacer referencia a la amplia red de información que supone este museo virtual sería alargarnos demasiado, pero sí hay aspectos distintivos que son dignos de remarcar. Dentro del enlace de institución, por ejemplo, la referencia a las cifras de visitantes, que muestran el movimiento de los mismos hasta el año 2003. Curiosamente en este caso no se da la ecuación de que a mejor portal web más visitantes en el museo “físico”: los visitantes al museo pasaron de 416.290 en 2000 a 262.161 en 2003, mientras los usuarios del museo en internet ascendieron de los 10.000 en 2001 a los 72.999 de 2003.

            El catálogo del MNBA de Chile es un segundo aspecto a destacar. Se presenta con una división en pintura y escultura chilenas, mostrando cada item una subdivisión en periodos, que en el caso de la primera va desde el arte colonial a los artistas de la llamada “morfología poética”, y, en el caso de la escultura, entre maestros y renovadores. Lo positivo aquí es que se cuelgan de la web un total de 64 pinturas y 15 esculturas, todas ampliables a buena calidad, y con sus datos técnicos completos. Asimismo, se incluye también la referencia a la Sala de Animación espacio creado dentro del museo en 1995, con la finalidad de que niños y jóvenes puedan interactuar con las obras, conociendo las potencialidades intrínsecas de estas y desarrollando su propio instinto creativo; aquí se suman 7 esculturas y 8 pinturas más.

            Pero aun falta mencionar el plato fuerte: la estupendísima y completa base de datos de artistas chilenos, con dirección propia (www.artistasplasticoschilenos.cl) y a la cual se puede acceder por dos vías, desde el enlace de proyectos (dentro de institución) y desde el más directo colecciones digitales. La misma permite hacer un recorrido por numerosísimos artistas de la A a la Z, pero que también están clasificados por área (arquitectos, artistas digitales, textiles y visuales, dibujantes, escultores, fotógrafos, grabadores y pintores). A ello se suma un interesante enlace de “generaciones” que ordena a los creadores dentro de una estructura de carácter histórico en el arte chileno. A cada artista corresponde una página que incluye, entre otros aspectos, biografía, exposiciones y bibliografía, y en varios casos reproducciones de obras, muchas de ellas ampliables a gran calidad. La base de datos está relacionada con los otros campos incluidos en la web del MNBA chileno, constituyendo un muy útil tejido de hipervínculos. Y faltaría agregar, entre los servicios que se brindan, el catálogo on line de la biblioteca del museo, y referencias a exposiciones históricas que incluyen información y más obras. Demás está decir que consideramos a esta web un perfecto modelo para emprendimientos similares a nivel regional, nacional y local, como herramienta donde la difusión y la investigación se dan la mano. Firme candidata para integrar los “favoritos” de cualquier investigador sobre arte chileno y latinoamericano.

Notas

(1) Podemos citar sintéticamente como ejemplos el “boom” del arte latinoamericano a partir de su crecimiento en las salas de subastas norteamericanas desde los ochenta, la formación de colecciones privadas especializadas en una visión continental del arte como la del argentino Eduardo F. Costantini, o la creciente circulación de exposiciones de arte de un país a otro.

(2) También tener en cuenta como limitación el carácter efímero y cambiante de la información en internet, que puede invalidar en pocos meses algunas de las conclusiones aquí recogidas (febrero de 2006).

(3) En todo caso podríamos incluir también El Museo del Barrio (Nueva York), fundado en 1969 por puertorriqueños con la finalidad de difundir el arte y la cultura latinoamericanos, y el Mexican Fine Arts Center Museum (Chicago), ambos estadounidenses.

 (4) Cuestiones de espacio nos decidieron a centrar la atención en estos, incorporando un apéndice final con otras instituciones museísticas cuya presencia en la red consideramos particularmente destacada. No pretendemos realizar un trabajo abarcativo, sino un muestrario lo suficientemente amplio como para extraer ciertas reflexiones a la luz del análisis.

Rodrigo Gutiérrez Viñuales
Doctor en Historia del Arte
Profesor titular de la Universidad de Granada

Fragmento publicado con permiso del autor. El texto completo está en “Museos nacionales de arte en Internet. Viajando por Latinoamérica en un clic”. Bellido Gant, María Luisa (ed.). Aprendiendo de Latinoamérica. El Museo como protagonista. Gijón, Trea, 2007, pp. 283-310. ISBN: 978-84-9704-286-4

Desafíos teóricos de la ética intercultural de la información

La oposición entre relativismo y objetivismo o universalismo en la ética, como la he venido analizando anteriormente, tiene su origen en la idea que el conocimiento y la emoción son dos fuentes supuestamente independientes de la verdad de los juicios morales. Esta oposición es problemática a nivel de la ciencia empírica como lo demuestra por ejemplo la obra del neurobiólogo Antonio Damasio (1995). La fenomenología ha analizado cómo el ser-en-el-mundo (Heidegger 1976) se nos hace explícito en diversos sentidos dependiendo de afectos fundamentales. Pensemos en la tranquilidad, el odio, la alegría o la tristeza, como los analiza, por ejemplo, el fenomenólogo Karl Baier (Baier 2006) y el psiquiatra suizo Medard Boss, fundador de la escuela del análisis existencial (“Daseinsanalyse”) inspirada en un largo contacto académico y personal con Heidegger (Boss 1975, 288-299). Es bien conocido el análisis heideggeriano de la angustia (“Angst”) como un afecto (“Stimmung”) que nos abre el mundo y al mundo desde la facticidad de la existencia, es decir desde el mero hecho de ser-en-el-mundo sin poder dar una razón suficiente ni de este hecho ni de la existencia del mundo mismo, a diferencia del temor (“Furcht”) que tiene un objeto de referencia concreto. Otro ejemplo de este análisis de la relación entre afectos y conocimiento es aquella “experiencia clave” (“mein Erlebnis par excellence”) descrita por Wittgenstein en su “Conferencia sobre ética” con las siguientes palabras:

“Esta experiencia, en el caso que la tenga, puede ser descrita, creo, con palabras como: ‘estoy maravillado por la existencia del mundo’. Pero luego tiendo a usar expresiones como: ‘qué extraño que el mundo exista” (Wittgenstein 1989, 14, mi traducción).

 Wittgenstein cree que sólo la existencia del lenguaje mismo es la expresión apropiada de esta experiencia. El 30 de diciembre de 1929 anota Wittgenstein:

“Creo que puedo imaginarme lo que Heidegger quiere decir con ser y angustia. Los seres humanos tienen la tendencia a correr contra los límites del lenguaje. Piensa, por ejemplo, en el asombro de que exista algo (…) La ética es este correr contra los límites del lenguaje.” (Wittgentein 1984a, 68, mi traducción).

 
Wittgenstein estaría muy asombrado al leer la solución Floridiana del “problema del león” reductible a una ontología con distintos “niveles de abstracción”. Lo que mueve al agente y paciente humano es la “condición de arrojado” (“Geworfenheit”) del existir. Y esta se abre a través de afectos que fundamentan la llamada (“Ruf”) a tomar cuidado del ser-en-el-mundo en su inabarcable, inagotable e inexpresable totalidad y contingencia. (Heidegger 1975, 274ss). Llamo angelética – del griego angelía, es decir mensaje – una teoría filosófica que tematiza esta llamada, es decir que concibe al ser como mensaje y que sirve de base a una ciencia empírica. (Capurro 2003).
 
Somos, en verdad, originariamente pacientes, es decir receptores de la llamada del ser-en-el-mundo. Es esta experiencia universal de facticidad la que caracteriza la existencia humana dando lugar a respuestas desde ‘afectos fundamentales’ (“Grundstimmungen”) diferentes. Baier muestra cómo en el budismo se expresa una experiencia de la transitoriedad del mundo en forma de afectos de tristeza y alegría movidos profundamente por el sufrimiento. Estos afectos nos abren el mundo y al mundo de forma distinta al admirar griego (thaumazein) al que aludía Wittgenstein. Baier indica que hay que tener cuidado en no caer en estereotipos cuando se comparan, por ejemplo, culturas en Oriente y Occidente. No existen diferencias absolutas ente las culturas ni tampoco existen afectos fundamentales exclusivos de una u otra cultura. Esto muestra que el “problema del león”, visto desde esta perspectiva, es un falso problema. Pero sería también muy fácil sostener la premisa contraria, es decir que en el fondo no existen diferencias culturales, postulando que estas son solamente ónticas, para utilizar la terminología heideggeriana. Esta es una posición que Philip Brey llama “absolutismo moral descriptivista” (Brey 2007, 2) y que va, como afirma Brey, contra la experiencia. Baier sugiere hacer un análisis profundo de textos y objetos literarios, religiosos, artísticos y de la cultura diaria a fin de ver lo más claramente posible la complejidad de los fenómenos, sus interacciones, contradicciones, exclusiones etc. así como sus expresiones en diversas formas de comprensión del ser-en-el-mundo no menos que en las instituciones y materialidades en las que se fijan y fundamentan estructuras de poder individuales y colectivas, locales y globales, sociales y ecológicas.

 
Desde esta perspectiva podemos pensar la búsqueda de un fundamento común pero no homogenizante para responder a la llamada ontológica del siglo que recién ha comenzado, como originándose no sólo desde una finalidad (pros hen), sino también desde un ‘desde donde’ (hothen) común, el ser-en-el-mundo, como un origen que se refleja en forma diversa de acuerdo a afectos fundamentales en distintos contextos culturales e históricos. Este origen puede interpretarse también como una llamada del otro a la que alude, por ejemplo, Emmanuel Lévinas mostrando cómo la experiencia de gratuidad y contingencia se da en forma ejemplar en el rostro del otro (Levinas 1968). Universalidad y singularidad se condicionan mutuamente, puesto que el otro es siempre un otro concreto, histórico, situado con todo su bagaje cultural y sus diversos afectos fundamentales.
 
Si mi análisis del fenómeno actual de la globalización digital es correcto, esta no se reduce al ámbito de la comunicación social sino que abarca también todos los fenómenos en su posibilidad de ser digitalizados a lo que llamo ontología digital. No es esta ni una posición metafísica que afirme que el ser de los entes esta constitutído por bits, ni tampoco es una tesis epistemológica dogmática que afirme que dicha perspectiva es la única posible y verdadera.
 
La respuesta a la pregunta por el ser, es decir al mensaje del ser y al ser como mensaje, es siempre histórica y contingente. En nuestra época una respuesta es la dada por la ontología digital siempre y cuando se la entienda en su carácter de perspectiva posible de interpretar el ser de los entes y no como un reduccionismo metafísico que afirmara que los entes son bits o que sólo tiene sentido interpretarlos como bits, lo que sería un reduccionismo epistemológico (Capurro 2006). Si este diagnóstico de nuestra época es correcto, el desafío ético de las tecnologías globales, como es el caso de las TIC, es justamente de carácter intercultural.
 
¿Cómo responden otras aperturas originarias del y al mundo basadas desde otros “afectos fundamentales” al desafío cultural de las TIC? Este desafío va, en efecto, más allá del campo de la comunicación y por tanto más allá de la “ética de la comunicación global”. Yo hablo de una ética digital así como también de una ética de la información digital en sentido amplio en la que los entes son vistos como digitalizables, diferenciándola de la ética de la información en sentido restringido al ámbito de la comunicación digital (Capurro 2009). Ambas pueden ser objeto de un análisis crítico intercultural. La ética de la información digital en sentido amplio es a su vez más restringida que la ética informacional de Floridi. A diferencia de esta última, ella se plantea actualmente las consecuencias prácticas del horizonte global de la digitabilidad de todos los fenómenos en el marco del actuar humano. No pretende ser ni una metafísica digital – lo que Floridi llama “ontología digital” –  ni una ontología o, mejor, una metafísica universal a un máximo nivel de abstracción.
 
La EII en sentido restringido, es decir relacionado a la comunicación humana puede a su vez restringirse, como lo propone Philip Brey, al análisis normativo de sistemas éticos de interpretación de morales dadas en vistas a su validez y legitimidad. En este caso es necesario tomar como punto de partida al ser-en-el-mundo compartido, pero percibido desde distintos “afectos fundamentales”, buscando formas de pasaje, en el sentido de traducción, transmisión y traslación, de una a otra perspectiva. Esto sólo es posible si no se parte de la premisa de culturas cerradas sino de experiencias basadas en una realidad común, que se expresa de diferentes maneras. Vista así, la red digital comunicacional es una respuesta global a la  llamada de concebirnos como humanidad. En las respuestas a esta llamada se entrecruzan evidentemente singularidades históricas, geográficas, sociales y culturales. Pero es importante recordar que hay otras llamadas universales como son la crisis ecológica, la lucha contra la miseria, las enfermedades como el SIDA, la malaria, el hambre y la desocupación. Me estoy refieriendo con esto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas.

Rafael Capurro
Doctor en Filosofía.
Profesor de Ciencia de la información y de Ética de la información en la Universidad de los Medios de Stuttgart.
Fundador y Director del International Center for Information Ethics (ICIE)

El texto publicado, con permiso del autor, corresponde al punto 1.4 de la conferencia “Desafíos teóricos y prácticos de la ética Intercultural de la Información” presentado en la Conferencia inaugural en el I Simpósio Brasileiro de Ética da Informação, João Pessoa, 18 de marzo de 2010 . El texto completo puede leerse en el sitio http://www.capurro.de/paraiba.html



Prácticas cartográficas cotidianas en la cultura digital [Razón y Palabra]

Resumen

El conjunto de “prácticas cartográficas” participativas que están emergiendo en el seno de la cultura digital, bajo etiquetas tales como neogeografía o cibercartografía, parecen proporcionar a la ciudadanía las condiciones adecuadas para el desarrollo de nuevas formas de relación con los espacios urbanos en habitan. En este texto exploraremos el modo en que la visualización de información territorial puede proporcionar las plataformas que contribuyan a la activación de procesos de participación ciudadana y a la (re)apropiación cultural del espacio público urbano, así como a la construcción de los imaginarios urbanos.

Palabras clave: Prácticas cartográficas, información territorial, participación ciudadana, espacios urbanos

Abstract

The number of participative “cartographic practices” emerging on Digital Culture, under names like “newgeography” or “cybercartography” seems to proportionate the right conditions to citizens for the development of new relation forms with the urban spaces they inhabit. In this text, we explore the way on which the visualization of territorial information can proportionate the platforms that could contribute to the activation of citizenship participation and the cultural (re)appropriation of the public urban space, as well as the construction of urban imaginaries.

Keywords: Cartographic practices, Territorial information, citizen participation, Urban spaces

Prácticas cartográficas hegemónicas vs. prácticas cartográficas alternativas

Al realizar un breve recorrido por los principales hitos de la historia del pensamiento esquemático en la comunicación gráfica, Joan Costa (2007: 125) comenta el caso del plano de Bedonia (Italia), un mapa grabado sobre una superficie de piedra de 2,5 por 3,5 metros que data de la edad del bronce y en el que por medio de una serie de puntos y líneas se representan casas, cultivos y delimitaciones arquitectónicas del asentamiento.

En el tiempo transcurrido desde la creación de este ejemplo prehistórico hasta el surgimiento de las sofisticadas visualizaciones de información espacial que nos rodean en la actualidad la representación visual del territorio –en sus múltiples expresiones y finalidades– ha funcionado como uno de los mecanismos fundamentales para el ejercicio del poder y el control social por parte de instituciones y grupos dominantes, al tiempo que, sin embargo, ha desempeñado también una función crucial en los procesos de apropiación del espacio por parte de la ciudadanía.

La representación visual del territorio es una de las prácticas más importantes para la configuración de las relaciones que el ser humano mantiene con los espacios que “habita” – en el sentido más amplio del concepto–, de tal forma que su análisis es imprescindible para el estudio de la vida cotidiana.

A lo largo de la historia de la cartografía, el mapa ha sido comprendido principalmente como un instrumento al servicio de dirigentes políticos, usado para la administración de estados y ciudades así como para la planificación de acciones militares, ya sea a nivel local o en macro-proyectos de dominación tales como el colonial (Pickles 2004, en Perkins 2007). En este sentido, la cartografía se entiende como una actividad ejercida por profesionales que tienen los conocimientos y el acceso a los recursos y técnicas necesarios para ello, de modo que el mapa funciona como un instrumento producido de acuerdo a un programa determinado por los propósitos de esta clase política.

Un ejemplo de este ejercicio de poder a partir del mapeo en el ámbito urbano lo encontramos en la “domesticación” que en el marco de la modernidad se aplica a los viejos núcleos urbanos europeos. La intrincada estructura propia de la ciudad medieval actúa como un mecanismo de defensa que privilegia el conocimiento local propio de la comunidad conformada por los habitantes sobre el de los agentes externos, de tal modo que tal estructura, “as a semipermeable membrane, it facilitated communication within the city while reamining stubbornly unfamiliar to those who had not grown up speaking this special geographic dialect” (Scott 1998: 54). Para Scott, las operaciones de mapeo o reconocimiento militar de ciudades instigadas por las autoridades tras la Revolución Francesa constituyen un claro ejemplo de estrategia diseñada para localizar y obtener un acceso más rápido a aquellos puntos de la ciudad que permiten desactivar de la forma más eficiente las potenciales revueltas.

Pero más allá de ser un instrumento para el control del territorio urbano ya existente, el mapa actúa en este contexto como un instrumento de reconfiguración y adaptación de estos espacios, así como para la creación de otros nuevos. A partir de lógicas cartesianas en las que las avenidas se cruzan las unas con las otras para formar retículas geométricas se aspira a facilitar las tareas de administración, el suministro de servicios y, por supuesto, el control de una ciudad que, frente a la medieval, es ahora fácilmente “legible” desde fuera. No obstante, a pesar de la eficiencia para la gestión de la ciudad perseguida en muchos casos a través de estas medidas, no conviene olvidar que, como bien apunta Scott, “the fact that such order works for municipal and state authorities in administering the city is no guarantee that it works for citizens” (Scott 1998: 58).

Al margen de lo que podríamos considerar como unas prácticas cartográficas hegemónicas, minoritarias, elitistas, al servicio del poder y/o de la ciencia, en las que el mapa funciona como un instrumento creado por profesionales de acuerdo con protocolos altamente definidos y con un relativamente restringido programa de usos y finalidades; también han existido otras cartografías alternativas: heterogéneas, radicales, tácticas, ciudadanas, participativas, colaborativas, ambiguas, abiertamente subjetivas, cotidianas.

Como es obvio, a pesar de que determinados proyectos cartográficos requieran unos medios, técnicas y datos accesibles únicamente para unos pocos, el simple acto de representar el territorio sobre una superficie con el objeto de facilitar la orientación en el espacio –saber dónde estamos– y de registrar y/o comunicar un itinerario concreto supone una práctica cartográfica que cualquier persona está en disposición de llevar a cabo, probablemente del mismo modo en que lo está para aprender un sistema de comunicación verbal.

En gran medida, las prácticas cartográficas alternativas, de un modo u otro han aspirado a subvertir las lógicas establecidas desde el poder y a promover el cambio social, frecuentemente a través de un perseguido empoderamiento de la ciudadanía. En esta línea se situarían conceptos tales como la “cartografía radical”, definida por Alexis Bhagat y Lize Mogel como “the practice of mapmaking that subverts conventional notions in order to actively promote social change” (Bhagat & Mogel 2008: 6) o las “cartografías tácticas”, entendidas como una extrapolación de los principios del tactical media al ámbito de la representación espacial: “the creation, distribution, and use of spatial data to intervene in systems of control affecting spatial meaning and practice. (…) they (tactical cartographies) are political machines that work on power relations (Institute for Applied Autonomy 2008: 30).

Impulsados por colectivos e individuos que pueden enmarcarse, según el caso con mayor o menor facilidad, en ámbitos como el de las prácticas artísticas, los movimientos sociales, el activismo ciudadano, la academia, pero también (o además) en forma de iniciativas empresariales de todo tipo y en contextos puramente domésticos, en los últimos años hemos visto emerger numerosas prácticas que a partir del uso del mapa están produciendo nuevas percepciones de la ciudad y, de algún modo, le devuelven al mapa una capacidad para construir narrativas que durante los últimos siglos había ido deteriorándose.

Prácticas cartográficas y cultura digital

En el contexto de la cultura digital, los procesos de representación territorial y las diversas actividades desarrolladas en torno a éstos están cambiando de tal forma que adjetivos como “participativo”, “colaborativo”, “comunitario” o “ciudadano” –aplicados desde hace años a actividades como el periodismo o las ciencias– han comenzado también a emplearse para identificar prácticas emergentes en el ámbito de la cartografía que rompen de diversas formas con las lógicas previas.

Desde hace décadas los sistemas de información geográfica (SIG) han permitido gestionar información territorial a través de tecnologías digitales, lo cual ha contribuido a que las prácticas cartográficas hegemónicas que mencionábamos antes se hayan transformado considerablemente al incrementar las capacidades que ofrecen para gestionar la información.

Sin embargo, la inflexión más sustancial parece haberse producido precisamente en lo que respecta al desarrollo de las que hemos llamado prácticas cartográficas alternativas, a través de la adopción por parte de éstas de recursos y herramientas que en la era pre-digital eran accesibles únicamente en contextos profesionales, científicos y por tanto altamente acotados. Es precisamente a partir de las prácticas en torno al mapa que emergen en la vida cotidiana desde donde surgen conceptos tales como el de neogeografía, que no hacen si no repensar al mismo tiempo las actividades cartográficas profesionales y sugerir una cierta crisis de las mismas.

The ability for users to comment on a map, to delete meaningless places, add meaningful places, and to share those comments and places with others, may provide means of putting practices of spatialization and temporalization in the hands of users – allowing them to manipulate, or shape, their city – instead of limiting the potential of everyday life and
controlling the flow through abstracted technological objects and models of information.
(Anne Galloway 2008: 403)

Si bien son diversas las tecnologías y los usos que parecen estar otorgando al mapa un lugar central en el seno de la cultura digital (locative media, ubiquitous computing, geoetiquetado, etc.), Hudson-Smith y Crooks identifican una aplicación concreta y una fecha exacta con lo que ellos consideran un momento en el que “the rise of volunteered geographic information, crowd sourcing, Neogeography and citizen science, amongst many other newly emerging terms linked to the geographic profession” (Hudson-Smith & Crooks 2008: 2). La aplicación es Google Maps y la fecha el 23 de abril de 2005, el día en que el número de consultas en el buscador Google de esta herramienta superó al número de consultas del término GIS (Geographic Information Systems).

Más allá del carácter anecdótico de la fecha, que los propios autores reconocen, los lanzamientos de Google Maps y Google Earth han supuesto un punto de inflexión en la capadidad de acceso y manipulación de información geográfica por parte de los usuarios y simbolizan la “liberación” de una serie de prácticas y actividades que, por diversos motivos, habían permanecido históricamente accesibles tan sólo a colectivos reducidos y altamente endogámicos, y que mayoritariamente habían sido ejercidas desde el ámbito profesional. Esta superación del número de personas interesadas en Google Maps en relación con el número de personas interesadas en los sistemas de información geográfica redefine el estatus de la cartografía en cuanto a práctica de la vida cotidiana.

Es en este escenario donde se empieza a hablar de una transformación a gran escala de las prácticas cartográficas y de la geografía en general –dada la relevancia del mapa para esta disciplina científica–, para unos amenazada por la “rebelión de los legos” y según otros enriquecida por una “liberación” de la información geográfica, que es adaptada ahora a nuevos contextos que se alejan de metodologías científicas y protocolos profesionales y que se guían por objetivos muy diferentes a los de las minorías que habían tenido el acceso en exclusiva a los recursos e información, abriendo así el espectro de usos que se dan al mapa en la vida diaria.

No obstante, a pesar de que Google Maps ha supuesto un elemento fundamental para la transformación de las prácticas cartográficas digitales, Walsh apunta que únicamente lo ha hecho haciendo accesible para muchos lo que antes lo era sólo para unos pocos:

What was “Web 2.0” about Google Maps mashups? Google provided a web-based component for others to build applications on. It allowed developers to decorate their websites with pictures of the world without having to license data or dig deep into cartographic tools. It altered the data licensing models of suppliers. Yet it changed none of the processes used to bring people and data sources together. It offered what had been available previously only to a few, to many; but the only people able to Harness Collective Intelligence and create value from it, were Google themselves. (Walsh 2008: 29)

Según este análisis, frente a las aplicaciones de Google y a los mashups generados por los usuarios a partir de su API de libre acceso, el proyecto que realmente encarnaría un modelo paradigmático de incorporación de los principios y lógicas de la Web 2.0 y el código abierto al ámbito cartográfio sería Open Street Map, en la medida en que en este proyecto los usuarios no se limitan a localizar elementos sobre una representación del territorio – generando una capa de información superpuesta a la información proporcionada por Google– si no que son los propios usuarios los que construyen el mapa, generan por tanto el contenido en sus totalidad y dejan así de estar supeditados a los intereses de una macrocorporación que puede reflejarse por ejemplo en el borrado selectivo de construcciones en determinadas zonas.

En The Practice of Everyday Life De Certeau (1988) explicaba cómo a lo largo de los últimos quinientos años, concretamente desde los momentos en que el pensamiento científico moderno comienza a gestarse, el mapa había ido progresivamente repudiando, expulsando de sí, los itinerarios que, paradójicamente, habrían hecho posible su existencia. El mapa había estado hasta entonces orientado a visualizar operaciones espaciales, recogiendo así itinerarios e incluso yuxtaponiendo al trazo que marcaba los pasos que el viajero debía seguir con una serie de ilustraciones de los eventos clave en el transcurso del viaje. De este modo, el mapa funcionaría a modo de narración. Sin embargo, progresivamente el mapa va expulsando de sí la acción, aquellos elementos que han sido una parte indispensable en su construcción: “it colonizes space; it eliminates Iittle by little the pictural figurations of the practices that produce it”, de tal modo que oculta “the operations of which it is the result or the necessary condition. It remains alone on the stage. The tour describers have disappeared” (De Certeau 1988: 121). Tal vez ahora, en el contexto digital, el mapa comienza a incorporar nuevamente de manera explícita aquellos procesos que lo hacen posible.

Hacia un giro epistemológico de la geografía: el mapa como acción

Brian Harley (1989, en Dodge & Kitchin 2007) recurre a Foucault, Derrida y la teoría crítica para plantear que el mapa es ante todo una construcción social y cuestionar así la visión positivista de éste como un producto de la ciencia capaz de mostrar de manera neutral y objetiva la realidad al permanecer exento de cargas ideológicas. Crampton (2003, en Dodge & Kitchin 2007) expone la necesidad de cuestionar las propias bases ontológicas de la cartografía y entender el mapa como un producto contingente, sujeto a las condiciones históricas de los momentos y lugares en que es producido y leído, incapaz por tanto de reflejar “la verdad”. John Pickles (2004, en Dodge & Kitchin 2007) apunta la necesidad de una cartografía “post-representacional”, que no vea al mapa como un espejo de la realidad sino como un productor de realidad, y “des-ontologizada”, que reconozca que las prácticas cartográficas alternativas tienen un estatus ontológico igual que las desarrolladas desde ámbitos científicos. En definitiva, propone entender al mapa no como algo externo al mundo que representa, sino como algo que está dentro de él y que por tanto tiene efectos en él.

Dodge y Kitchin acaban con una propuesta que va un paso más allá de estas críticas a las bases ontológicas de la cartografía clásica al sugerir que los mapas “have no ontological security; they are ontogenetic in nature” (Dodge & Kitchin 2007: 335).

A pesar de que estas aportaciones teóricas son consideradas por estos autores como pasos fundamentales en la gestación de un giro epistemológico de la geografía y la cartografía, tales planteamientos permanecerían aún basados en una perspectiva que percibe al mapa como un producto estable. Es decir, a pesar de cuestionar el carácter ontológico clásico de la cartografía –que el mundo puede ser representado fielmente haciendo uso de procedimientos científicos–, no lo hacen sino proponiendo como sustitutas otras ontologías alternativas. Dodge y Kitchin pretenden ir más allá al proponer que el mapa carece de una “seguridad ontológica”, sean cuales sean las bases de ésta, de modo que según estos autores el mapa es siempre un resultado del momento, del contexto, que no existe si no es en la práctica y, por tanto, lejos de ser “producto” es siempre “proceso”. El mapa “sucede” sólo en el momento en que alguien interpreta una forma visual dada como la representación de un territorio y, por tanto, son siempre “práctica”. Cualquier representación espacial no es más que:

… a set of points, lines and colours that takes form as, and is understood as, a map through mapping practices (an inscription in a constant state of reinscription). Without these practices a spatial representation is simply coloured ink on a page. (This is not a facetious statement – without the knowledge of what constitutes a map is or how a map works how can it be otherwise?) Practices based on learned knowledge and skills (re)make the ink into a map and this occurs every time they are engaged with – the set of points, lines and areas is recognized as a map; it is interpreted, translated and made to do work in the work. As such, maps are constantly in a state of becoming; constantly being remade. (Dodge & Kitchin 2007: 335)

W.J.T. Mitchell sintetiza el funcionamiento de cualquier mecanismo de representación apuntando que una representación es “always of something or someone, by something or someone, to someone” (Mitchell 1990: 12). El pensamiento cartográfico clásico asumiría sin problemas las dos primeras afirmaciones de esta triada. Por un lado el mapa se concibe tradicionalmente como una representación de algo (of something), que en su caso sería una porción de espacio, el territorio en sí, y que puede estar además complementado por la superposición de datos generados a partir de un amplio espectro de fenómenos que de algún modo se caracterizan por una dimensión espacial que permiten asociarlos con unas coordinadas de latitud y longitud, es decir, “suceden” en tales coordenadas. Por otro lado, el mapa es siempre representación por medio de algo [1], unos materiales concretos –piedra, cuero, papel, madera, pantallas, la luz de un holograma, etc– como por medio de unos códigos que tienen que ver con el modo en que el terreno es proyectado en la superfice, la escala aplicada, las formas gráficas y colores empleados para visualizar la información o el grado de iconicidad o semejanza de las formas gráficas usadas en la representación con respecto a su referente – desde mapas topográficos altamente detallados hasta otros topológicos más esquematizados.

Las corrientes críticas señaladas por Dodge y Kitchin parecerían limitarse a cuestionar las relaciones entre el territorio (of) y aquello que lo representa (by), al destacar el carácter retórico implícito en cualquier representación. Es decir, tales planteamientos rechazarían la idea de que la representación puede reflejar o mostrar lo real para sostener que, por el contrario, toda representación proporciona siempre argumentos, construye un discurso y en vez de “reproducir” la realidad lo que hace es “producirla”.

Por su parte, la propuesta de repensar el mapa lanzada por Dodge y Kitchin desplazaría el foco de atención de la cartografía hacia el tercero de los aspectos presentes según Mitchell en todo proceso de representación: que la representación es siempre “to someone”. En otras palabras, el mapa debería entenderse ante todo como un proceso que se da en un contexto determinado, siempre sujeto a la interpretación de alguien que en un momento y lugar concretos entiende como una forma dada como una representación espacial: “maps are of-the-moment, beckoned into being through practices; they are always mapping” (Kitchin and Dodge 334). Y tal interpretación no está ni siquiera restringida a procesos comunicativos en los que alguien entiende como mapa una forma gráfica producida por otra persona con el objetivo de representar una zona geográfica determinada, sino que es aplicable a la comprensión de cualquier forma visual como representación espacial por parte de alguien.

Esta dependencia de la acción como única vía para que “algo” pase de ser “mapa en potencia” a actualizarse como representación espacial implica que el mapa es siempre contigente y que está sujeto a un proceso que “sucede” en el marco de múltiples variables culturales así como a las espectativas personales y temporales de quien experimenta tal
interpretación.

En esta misma línea Perkins (2008) reivindica potenciar un estudio de las “cultures of map use”, tomando como premisa que no existe un único uso correcto del mapa y que es necesario explorar el amplio abanico de prácticas cartográficas que se dan en la vida cotidiana. Y precisamente en el contexto de la cultura digital, tecnologías y prácticas emergentes estarían contribuyendo a ampliar la frecuencia y tipologías de los usos y producción de representaciones espaciales en la vida cotidiana:

The medium becomes much more social and task-oriented, more ubiquitous, ephemeral and mobile. Users and producers are no longer separate. Pervasive technologies offer people possibilities of putting themselves on their own map, destabilising the taken-for-granted representational neutrality of the image; new kinds of maps are being made; more people are making maps; more things are being mapped; and mapping is taking place in more contexts than ever before. (Perkins 2008: 151)

Este hecho estaría a su vez contribuyendo a potenciar una ruptura con los presupuestos de la cartografía clásica y los enfoques puramente cognitivistas, promoviendo así un giro epistemológico en el modo en que el mapa es comprendido desde la ciencia, “where concern shifts towards observing the social practices of actors in real-world settings, and explores how practices lead to making sense of the world” (Perkins 2008: 152). Es la “vida social” del mapa lo que empezaría a cobrar relevancia en este marco.

Tal cambio de perspectiva en el modo en que el mapa es concebido desde la ciencia coincide además con el ya mencionado desarrollo de una serie de aplicaciones, servicios online y herramientas digitales que permiten a los usuarios acceder a información geográfica y manipular representaciones territoriales de modos que antes eran inaccesibles desde fuera de contextos profesionales, lo cual no sólo está afectando a las prácticas cartográficas alternativas y/o cotidianas sino a las profesionales: “professional tools are entering the realm of the masses via Web 2.0 technologies and from this the professions’ themselves are changing” (Hudson-Smith and Crook 2008: 3).

Internet local, geolocalización y vida cotidiana

A lo largo de los últimos años, Internet y el resto de tecnologías digitales asociadas han ido integrándose de manera gradual en la vida cotidiana, de tal forma que han sido múltiples las transformaciones experimentadas a escala local y en relación con los espacios en los que transcurre la cotidianeidad.

A pesar de que el boom de la geolocalización y la proliferación de dispositivos –cada vez más pequeños– capaces de procesar este tipo de información abren las puertas al desarrollo de prácticas insólitas en los modos de relación que la ciudadanía puede mantener con sus entornos locales, hasta el momento el alcance de estas tecnologías en la evolución de la “Internet local” puede considerarse marginal si lo comparamos con el de otras tecnologías “convencionales”. La normalización de las operaciones bancarias a través de Internet, la vigorización de las interconexiones del tejido empresarial a partir de un uso intensivo de Internet “como herramientas, como modelo de negocio y como cultura organizativa”, los blogs de barrio, la autorganización de acciones ciudadanas mediante aplicaciones web 2.0 o iniciativas como las locapedias son algunas de las tecnologías y prácticas emergentes que “están en gran medida orientadas específicamente a entornos locales generando realidades híbridas, fruto de la integración de procesos y elementos analógicos y digitales” (Freire 2009).

En este sentido, la creciente adopción de tecnologías de geolocalización en la cotidianeidad no debe ser entendida como un desencadenante de prácticas digitales de carácter local, sino como algo que se inserta en un contexto de usos previo y que está conectado con toda una serie de prácticas existentes a las que de algún modo vendría a complementar.

La ciudad contemporánea está cada vez más caracterizada por un aumento de espacios mixtos o híbridos en los que elementos materiales y flujos de información (en su mayoría invisibles) convergen. Más que nunca, el mapa se convierte así en un instrumento orientado a la visualización de fenómenos invisibles o que simplemente son de naturaleza no visual. Si estamos de acuerdo en que “one of the most striking features of the new visual culture is the growing tendency to visualize things that are not in themselves visual” (Mirzoeff 1999: 5), el mapa pasa a ocupar una posición central en la cultura visual contemporánea junto a otras estrategias de visualización abstracta que son adoptadas desde diversos ámbitos sociales.

Las operaciones espaciales desarrolladas en torno al mapa en la cultura digital abren las prácticas cartográficas hacia nuevos horizontes en los que, más allá de representar relaciones espaciales, “they reveal conditions in the city that were previously hidden in spreadsheets and databases” (Varnelis and Meisterlin 2008) e incluso comienzan a visualizar información que nunca había sido recogida en tales bases de datos, al estar fuera de los intereses de aquellos con la capacidad para generarlas.

Referencias

Certeau, M.D., 1988. The Practice of Everyday Life, Berkeley: University of California Press.

Dodge, M. & Kitchin, R., 2007. Rethinking maps. Progress in Human Geography, 31(3), 331–344.

Freire, J. (2009). Cultura digital en la ciudad contemporánea: nuevas identidades, nuevos espacios públicos. Pp. 155-165. En: Piensa Madrid / Think Madrid. Ed. La Casa Encendida. Coordinación: Ariadna Cantís & Andrés Jaque.

Galloway, A., 2004. Intimations of Everyday Life: Ubiquitous Computing and the City. Cultural Studies, 18(2, 3), 384-408.

Hudson-Smith & Crooks, 2008. The Renaissance of Geographic Information: Neogeography, Gaming and Second Life, Centre for Advanced Spatial Analysis, University College London. Disponible en:
http://www.casa.ucl.ac.uk/working_papers/paper142.pdf

Mitchell, W. J. T., 1990. Representation. En Frank Lentricchia & Thomas McLaughlin, eds. Critical Terms for Literary Study. Chicago and London: The University of Chicago Press, págs. 11-15.

Paraskevopoulou, O., Charitos, D. & Rizopoulos, C., Prácticas artísticas basadas en la localización que desafían la noción tradicional de cartografía. Artnodes. Revista de Arte, Ciencia y Tecnología, (8), 5-15. Disponible en:
http://www.uoc.edu/artnodes/8/dt/esp/paraskevopoulou_charitos_rizopoulos.html

Perkins, C., 2007. Community Mapping. The Cartographic Journal, 44(2), 127–137.

Perkins, C., 2008. Cultures of Map Use. The Cartographic Journal, 45(2, Use and Users Special Issue), 150-158.

Scott, J.C., 1998. Seeing Like a State: How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed, New Haven: Yale University Press.

Varnelis, K. & Meisterlin, L., 2008. The invisible city: Design in the age of intelligent maps. Adobe Think Tank. Disponible en:
http://www.adobe.com/designcenter/thinktank/tt_varnelis.html

Walsh, J., 2008. The beginning and end of neogeography. GEOconnexion International Magazine. April 2008:28-30.

Zelevansky, L. ed., 2008. An Atlas of Radical Cartography, Rochester: Journal of Aesthetics & Protest Press.

[1] Mitchell indica que las representaciones, además de “por algo”, pueden ser “por alguien”. Sería el caso de un actor que interpreta (representa) a un objeto. No obstante, para simplificar nuestra exposición partimos de un supuesto en que el mapa es representado por algo.

Juan Freire
Doctor en Biología
Profesor Titular de la Universidad de La Coruña (UDC)
Responsable de la Cátedra de Economía Digital de la Escuela de Negocios EOI.

Daniel Villar Onrubia
Magister en Tecnologías Digitales, Comunicación e Información (UNED)
Cursante del doctorado del programa Information, Communication & the Social Sciences del Oxford Internet Institute
Miembro del equipo de coordinación del Espacio-Red de Prácticas y Culturas Digitales de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA)

Publicado originalmente en Razón y Palabra 73 (Agosto-Octubre. Cultura digital y vida cotidiana en Iberoamérica: Una revisión crítica más allá de la Comunicación. Coordinación: Edgar Gómez Cruz y Tíscar Lara). ISSN: 1605-4806 (pdf). Reproducido con permiso de los autores.

¿Dónde queda Katmandú? Del copy&paste a la construcción de información y conocimiento

El copy&paste y el uso de información descontextualizada se traducen, quizá, en dos de los más grandes dolores de cabeza de quienes nos dedicamos a la docencia. Con frecuencia encontramos alumnos que presentan textos total o parcialmente plagiados de Internet; pero también hay estudiantes que se esfuerzan por investigar, sólo que su grave error es dar por hecho que todo lo que encuentran en la red es cierto. De cualquier modo, antes de criticar a la generación de Monografías.com y otras curiosidades, deberíamos preguntarnos por aquélla que está contribuyendo a su formación.

La normalización del plagio como forma de hacer la tarea, tiene que ver con dos razones principales, según los propios jóvenes: es más fácil y los profesores no se dan cuenta. Para los docentes que sí nos damos cuenta, resulta hasta ofensivo pensar que, además de incumplir con sus obligaciones como estudiantes, nos imaginan como unos seres descuidados, ingenuos y pre-cibernéticos. La salida oscila entre una baja nota o la anulación del trabajo, incluso en algunas instituciones existe la figura del DA (deshonestidad académica) para calificar este tipo de conductas.

Por otro lado, la costumbre de incluir información descontextualizada, o bien, de darle legitimidad sólo porque está en la red, es también cada vez más recurrente. A diferencia de “los reyes del plagio”, en estos casos se trata de alumnos que buscan hacer bien su trabajo, pero que no han desarrollado habilidades para discriminar fuentes de información; su argumento, cuando hay errores evidentes, es que “eso decía en Internet”.

En este sentido, el uso de la información en la educación, se constituye como un reto; ya que señalar los errores es fácil, sobre todo si son cometidos por los estudiantes, pero buscar soluciones creativas que permitan mejorar la calidad de los trabajos no siempre es algo que todos —profesores y alumnos— quieran hacer.

Recientemente, Umberto Eco señaló, en entrevista con Eric Fottorino:

En el futuro, la educación tendrá como objetivo aprender el arte del filtro. Ya no hace falta enseñar dónde queda Katmandú o quién fue el primer rey de Francia, porque eso se encuentra en todas partes. En cambio, habría que pedirles a los estudiantes que analicen quince sitios para determinar cuál es para ellos el más confiable. Habría que enseñarles la técnica de la comparación (1).

Provocador, como casi siempre, Eco habla del arte del filtro, pero a la vez invita a pensar la labor de la educación en estos tiempos, en los cuales la escuela ha dejado de ser la proveedora de contenidos, para ser una desarrolladora de competencias. Al respecto, hace pocos posts, Adriana Gewerc Barujel señalaba, en este mismo blog, que:

La escuela no puede ya basar su trabajo en la transmisión de informaciones desde las diferentes disciplinas, a modo de listado para ser repetido, sino profundizar en la manera en que usamos la información para solucionar problemas, para construir conocimiento, para compartirlo, herramientas, para que los sujetos reconstruyan progresivamente sus modos de pensar y vivir su cultura particular (2).

Asumir tales transformaciones implica reconocer la necesidad de cuestionar nuestras propias concepciones sobre la educación, así como nuestras prácticas. Para el caso concreto que nos ocupa en este post, podemos pensar en un desplazamiento del foco de interés que durante mucho tiempo ha estado colocado sobre la información en sí misma, como si fuera algo estático; hacia la comprensión de la información como algo dinámico, centrado en la búsqueda, organización y apropiación de la información para la solución de problemas y/o la construcción de conocimiento.

El problema del copy&paste va más allá del plagio y el problema de la inserción de datos descontextualizados va más allá del descuido o de la ingenuidad; lo verdaderamente grave es que, en la búsqueda de lo fácil, se evita pensar y construir.

Dorismilda Flores Márquez
Maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, integrante del Colegio de Estudios Sociales de Aguascalientes AC.
http://dorisfm.wordpress.com


(1) Fottorino, E. (2010, octubre 13). Umberto Eco: ‘En el futuro la educación deberá enseñar a comparar sitios web. Revista Ñ. Recuperado el 15 de octubre de 2010, de http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/educacion-debera-ensenar-comparar-Web_0_352764926.html

(2) Gewerc Barujel, A. (2010, octubre 14). No hablemos de las TIC. Hablemos de la escuela, la enseñanza y el aprendizaje. Cultura Digital. Recuperado el 15 de octubre de 2010, de http://ubaculturadigital.wordpress.com/2010/10/14/no-hablemos-de-las-tic-hablemos-de-la-escuela-la-ensenanza-y-el-aprendizaje/. Publicado originalmente en la Revista Galega do Ensino Nº 50.

El escenario infinito. Internet y la musealización sin fronteras

Las sentencias La información es poder y La tecnología es un derecho adquieren gran importancia en nuestros días, en lo que se ha venido a denominar sociedad de la información. Las comunicaciones se han desarrollado como nunca antes había ocurrido, surgiendo decenas de canales de televisión, televisión vía satélite, emisoras de radio, periódicos, revistas, teletextos, redes informáticas… En este contexto la información es fundamental en todos los ámbitos de nuestra sociedad, en la política, en la economía, en el arte, en la educación y en la ciencia.

La sociedad actual, dominada por el consumo y los medios de comunicación, se encuentra reestructurada por la lógica de la seducción y de lo efímero. Nos encontramos ante un presente colectivo dirigido por la lógica dominante de la producción-consumo-comunicación de masas, pero también ante un presente personalista que es el resultado del desarrollo de un individualismo hedonista y consumista. Sin embargo esta sociedad también se caracteriza por un deseo de conservación y de entusiasmo por el pasado, es lo que Gilles Lipovetsky denomina efecto patrimonio, con la multiplicación de museos, emplazamientos, ciudades y monumentos clasificados, producto del empeño por proteger la herencia histórica (1).

 El aumento del nivel de vida de nuestra sociedad, unido al desarrollo de una cultura del ocio y de un afán consumista están incidiendo en que aparezcan en el mercado productos que combinan gran cantidad de información textual con imágenes, sonido, gráficos… En este contexto, los museos han emprendido una labor de difusión de sus colecciones a través del medio digital que es utilizado no sólo en ambientes educativos sino también en el entorno familiar y doméstico.

Los museos tal y como hoy los percibimos constituyen instituciones culturales íntimamente relacionadas con la sociedad contemporánea. El desarrollo de los acontecimientos ha puesto en evidencia como una de las características definitorias de los museos, su capacidad para acomodarse a los cambios sociales. Como es lógico las fuertes mutaciones operadas en la sociedad mediática se han traducido también en la transformación de nuestros museos por la irrupción de las nuevas tecnologías así como en el desarrollo de nuevos perfiles para estas instituciones.

El museo en su evolución a lo largo del tiempo ha ido adquiriendo una dimensión social fundamental hasta el punto de que hoy en día prácticamente no se entiende a la institución museística sino es al servicio de la sociedad. La magnitud de este fenómeno ha llevado a plantear estrategias orientadas a aproximar el museo a la sociedad a través de su reestructuración conceptual y organizativa y el fomento de la difusión o proyección externa del mismo con el propósito de acercar las colecciones a los visitantes, empleando recursos didácticos propios del museo. La función difusora ha cobrado tal relieve en los últimos años, que ha llegado incluso a desplazar algunas de las misiones fundacionales de los museos.

En las últimas décadas se ha producido una transformación en la organización interna de los museos como consecuencia de la informatización de numerosas tareas museográficas y museológicas; también se ha modificado la relación de los mismos con el público, en un proceso en el que la acción didáctica en su interior ha cobrado gran relevancia y la difusión externa ha multiplicado su efecto en buena medida por adoptar estrategias propias de la promoción comercial. Junto a las mencionadas, los servicios de información han cobrado un protagonismo esencial, tanto en la difusión de la imagen corporativa del museo como en la comunicación de las muestras temporales y otras actividades complementarias; pero también, en la difusión de los fondos, a través de la edición de CD-ROM y DVD y su incorporación a Internet.

El interés de los museos por las nuevas tecnologías, y como señala Andrés Carretero, de las nuevas tecnologías por los museos, es un hecho incuestionable que está en muchos casos acelerando el proceso de reflexión sobre sus sistemas documentales, sobre el propio contenido de la institución y sobre los servicios que puede ofrecer a la sociedad (2). En este sentido el propio ICOM, consciente de los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad, intenta vincular los museos a los avances técnicos e informáticos.

 El cambio más significativo es el que se deriva de la implantación de un nuevo ámbito para las relaciones sociales y culturales, superador del estrecho escenario en el que se sucedían los acontecimientos marcados por una relación entre centros y periferias que tendía a jerarquizar los espacios y a fomentar la compartimentación de los territorios. Los medios de comunicación han logrado matizar estas diferencias y han contribuido a homogeneizar los comportamientos sociales y culturales; pero ha sido la fuerte implantación del medio digital  el fenómeno que más ha incidido en la globalización de los comportamientos.

 Internet facilita que el ámbito de relación de los individuos adquiera una dimensión superadora de lo local y abra las posibilidades de que sus propuestas sean atendidas en el lugar más apartado del planeta. Además de esta superación de la dimensión espacio-temporal, Internet ha fomentado la expresión espontánea, el ejercicio de la crítica y ha consolidado una fórmula de democracia -de ciberdemocracia habla Paul Mathias- en la que se han refugiado ciertos ideales libertarios. Bajo la metáfora de la aldea global se consolidó un esquema nuevo de relaciones sociales y culturales que hoy ha cristalizado en una actitud extrovertida/extravertida propia de entornos en los que el mestizaje, el sincretismo y el cosmopolitismo se han instalado definitivamente (3).

En estos momentos en los que asistimos a la definición de nuevos comportamientos, la gran capacidad de comunicación del nuevo medio permite experimentar propuestas de un arte abierto y pulsar la respuesta de un público diverso con el que los emisores pueden sostener un dialogo individualizado. Propuestas como las de Umberto Eco de una obra abierta cobran hoy nueva actualidad y pueden valorarse desde la perspectiva de su recepción, ponderando en cada caso el perfil del destinatario y, de estimarlo así el creador, redefinir su propuesta artística, como consecuencia de que en la sociedad extravertida la creación también se somete a discusión.

Es sin duda en el campo de la difusión donde estas tecnologías tienen más que aportar. No debe entenderse la difusión como una vulgarización de los elementos singulares de un museo, ni como una actividad menor destinada a aligerar las actuaciones científicas propias de esta institución. Debe entenderse como el conjunto de acciones encaminadas a dar a conocer el museo y poner los medios y los instrumentos precisos para que sea apreciado, valorado y disfrutado por el mayor número de visitantes. En definitiva, es el medio por excelencia para cumplir con aquel objetivo de aproximar el museo a la sociedad.

Las estrategias que el museo ha utilizado tradicionalmente para difundirse han sido muy variadas, desde la publicación de boletines informativos, revistas, folletos, materiales didácticos y catálogos hasta la realización de visitas guiadas y exposiciones temporales. Hoy en día los medios de difusión son o pueden llegar a ser otros sin olvidar los tradicionales pero apostando por otros más económicos pero a la vez más operativos y globales.

Junto a la difusión este medio también ofrece nuevas posibilidades didácticas a través de la estructuración de la información, adecuándola al usuario al que va dirigida, creando filtros de acceso dependiendo del grado de interés del visitante y organizando los contenidos según las disponibilidades docentes o divulgativas.

Un aspecto realmente importante es la utilización de diversos soportes -audio, vídeo, texto, música- que facilitan una mejor aproximación al museo. También, gracias a internet, se hace posible la actualización continua de la información, al poder mantener unos datos fijos relacionados a la vez que modificar, ampliar o agregar datos y conclusiones que convierten a esa información en un elemento vivo y nunca caduco. Y por si ello fuera poco, se ofrece una disponibilidad constante que permite un mayor acercamiento: ya no dependemos de entradas, horarios, colas, problemas de transporte o cupos diarios. Desde nuestras casas podemos acceder en cualquier momento del día o de la noche al museo para visitarlo virtualmente, conseguir información del mismo o relacionarlo con bienes afines.

Sin embargo aunque mucho se ha recorrido no debemos engañarnos, sólo estaremos auténticamente desarrollados cuando no seamos meros consumidores de la información sino que seamos capaces de convertirnos en creadores de la misma (4). Para ello es imprescindible que las distintas instituciones apoyen programas de investigación tendientes al diseño de corpus informativos, y no sólo a la gestión (5). Teniendo en cuenta el enorme potencial patrimonial que tiene nuestro país, debemos ser nosotros los que generemos la información sobre ese patrimonio y ser capaces de incorporarnos activamente a la sociedad de la información (6).

 El medio digital

 Como han señalado varios autores, las posibilidades que el medio digital ofrece debe considerarse como la gran revolución tecnológica del siglo XXI, aunque existe cierta confusión a la hora de delimitar las características y potencialidades de este medio.

Para Xavier Berenguer las tres grandes virtudes del medio digital son la espacialización, la ingravidez y la interactividad. La espacialización se ha conseguido a través de las imágenes sintéticas en movimiento, imágenes generadas por ordenador en varios elementos pequeños y sencillos para obtener otros más complejos, teniendo más relevancia aquéllas que por su contenido llegan a parecer moleculares en su diseño y la conquista infográfica, que trata de la generación de imágenes sintéticas por ordenador. No sólo se puede modelar y codificar números, texto, imágenes, etc., sino que además el ordenador permite la simulación en cuatro dimensiones.

La ingravidez o intangibilidad, es decir esa condición etérea de la información digitalizada, se corresponde con el paradigma moderno según el cual todo es y no es a la vez. La desmaterialización del medio audiovisual conlleva una gran ventaja: el traslado multimediático de un lado a otro del planeta gracias a las telecomunicaciones. De esta forma los autores tienen la posibilidad de difundir su obra sin intermediarios. En el futuro se plantea que cualquiera podrá constituirse como emisor, hecho que necesariamente agitará el mercado del arte.

La tercera virtud del medio digital es la interactividad. Gracias a esta capacidad, el espectador modifica la recepción de la obra según sean sus interacciones y supone la participación del espectador en la misma.

Para Antonio Rodríguez de las Heras el mundo digital se encuentra delimitado por la superficie de la pantalla electrónica, donde la imagen digital que aparece no ofrece una superficie sino una interficie activa a través de la cual se establece una triple relación con el mundo real. En un primer nivel el espectador puede interactuar con el mundo digital a través de su mano, utilizando el ratón o cualquier dispositivo similar; el espectador puede intervenir, de una manera superficial, en este nuevo entorno. En un segundo nivel, el espectador puede entrar en ese mundo produciéndose una sensación de inmersión total. El último nivel, y más sugerente, consistiría en poder introducirse en ese mundo digital a través de la vida artificial. Este autor delimita las once propiedades que el soporte digital presenta y que condiciona las creaciones artísticas que lo utilizan. De esta manera señala la densidad, accesibilidad, resonancia, disolución, interacción, actualización, ubicuidad, deslocalización, amorfía, asincronía y plegado (7). Esta certera caracterización se debate con la pervivencia de una terminología que, pese a ser superada por nuevas nomenclaturas, sigue vigente creando una gran confusión en el lector.

 La idea del museo viajero

 Prácticamente desde su fundación el museo ha sufrido innumerables críticas, siendo sin duda en la época de las vanguardias históricas cuando su función social fue cuestionada con más virulencia. Baste recordar a los futuristas y sus deseos pirómanos contra los museos, o a los dadaístas y su iconoclas­ta nihilismo contra todo lo relacionado con el arte. Dentro de la corriente iconoclasta debemos destacar la figura de Marcel Duchamp que no sólo procuró desacralizar la creación artística, poniéndole bigotes a la Gioconda, sino que creó su propio museo personal. De 1936 a 1941 se dedicó a construir 300 copias de su Boite en Valise, una especie de pequeño maletín transportable en la que incluía reproducciones y réplicas en miniatura de sus obras: un museo transportable.

Ilustración 1. Boite en Valise de Marcel Duchamp

Con las posibilidades del medio digital cada uno puede construirse su museo ideal y visitarlo a cualquier hora del día o de la noche a través de la pantalla del ordenador. También se puede recrear en realidad virtual o realidad aumentada catedrales, esculturas, pirámides… para que cada uno pueda tener sus obras de arte favoritas y construirse su museo ideal.

 A la posibilidad de poseer las obras también se añade la voluntad de completar unos museos inacabados, incapaces de abarcar toda la producción artística. Esta posibilidad ha concedido al espectador una relación totalmente nueva con la obra de arte. Especialmente revelador y fundamental para el logro de estos planteamientos fue el texto de André Malraux sobre el Museo Imaginario.

Ilustración 2. André Malraux seleccionando fotografía para su museo imaginario

En 1956 André Malraux publicó una importante reflexión sobre el Museo Imaginario, que fue traducida con el significativo título de El Museo sin muros. Malraux consideraba que ningún museo o, mejor dicho, que todos los museos del mundo no pueden sino dar una visión limitada de la cultura, porque en  su opinión “nuestros conocimientos son más amplios que nuestros museos; el visitante del Louvre sabe que no encuentra allí de manera significativa ni a Goya, ni a los grandes ingleses, ni a Miguel Ángel pintor, ni a Piero della Francesca, ni a Grünewald; apenas a Vermeer. Allí donde la obra de arte no tiene más función que ser obra de arte, en una época en que se prosigue la exploración artística del mundo, la reunión de tantas obras maestras, de la cual están sin embargo ausentes tantas obras maestras, convoca en el espíritu a todas las obras maestras. ¿Cómo dejaría de llamar a todo lo posible, esa mutilación de lo posible?” (8).

 Francisca Hernández afirma que tras Malraux el museo ha dejado de ser visto como el templo del arte para comenzar a mostrarse como la memoria viva, que trata de conservar los objetos que testimonian distintos momentos históricos y que pueden hacer referencia a elementos individuales o comunitarios. Nos encontramos ante una concepción del museo como memoria útil que dirige su mirada hacia el futuro, sin olvidar el pasado y que, en ningún caso, puede considerarse como simple memoria-objeto (9).

Estas dos ideas, el afán de posesión de obras de arte y la creación de un Museo Imaginario que albergue todas las creaciones artísticas y no imponga discursos sesgados al espectador, se conjugan en los museos virtuales y digitales.

Del museo participativo al museo virtual

La aparición de los museos virtuales tiene un precedente indirecto que no podemos olvidar y que explica, en parte, la evolución que está experimentando el mundo de los museos reales, en los que se utilizan sistemas multimedia e hipermedia. Estos sistemas permiten al visitante liberarse de la pasividad receptora e introducirlos en una dinámica activa y participativa. Los Museos de la Ciencia y la Técnica han sido pioneros en la utilización de estas tecnologías.

Ilustración 3. Ciudad de las Ciencias y la Industria de La Villette de París

Dentro de éstos debemos referirnos al Exploratorium de San Francisco y a la Ciudad de las Ciencias y la Industria de La Villette de París (10). El primero fue fundado en 1969 por Frank Oppenheimer, considerado el primer impulsor del movimiento del museo participativo. La mayor aportación de Oppenheimer, utilizada por casi todos los museos científicos, radica en conceder una participación activa al visitante que puede tocar y manipular los objetos, que no son piezas originales sino copias elaboradas por equipos de expertos. Estos museos se entienden como lugares que estimulan el interés y el conocimiento con una orientación interdisciplinar que permite un aprendizaje lúdico.

En Europa, y siguiendo los planteamientos de Oppenheimer, encontramos la Ciudad de las Ciencias y la Industria de La Villette de París, fundada en 1986 como un gran centro cultural en el que se presentan las ciencias y las técnicas utilizando medios audiovisuales e informáticos y reuniendo todos los sistemas actuales de comunicación. Se trata de un centro muy dinámico y en estrecha relación con otras instituciones científicas. Uno de los espacios más interesantes del museo es la sala de espectáculos de medios múltiples denominada Geoda equipada con un sistema de proyección imax/omnimax, rayos láser y un espectacular dispositivo sonoro dirigido por ordenador. En el país galo también destacamos el Musée Quai Branly de París inaugurado en 2007 como parte del gran legado de Chirac.

Otro ejemplo interesante es la propuesta del ZKM/Media Museum en Karlsruhe (Alemania), inaugurado en 1997 para presentar creaciones multimedia junto a otras realizadas sobre soporte tradicionales, intentando representar en esta institución las diversas líneas de investigación desarrolladas en las últimas décadas sin convertir en un criterio excluyente el soporte y las técnicas con las que han sido realizadas. Este centro además pone en contacto a artistas con técnicos especializados que facilitan a los creadores el acceso a los medios tecnológicos (11).

En España existen museos que ponen las tecnologías de la información y la comunicación al servicio de la narrativa hipermedia y de la narrativa museográfica. Entre ellos podemos destacar el Museo de la Festa (Museo del Misterio de Elche) con una instalación multimedia donde se explican sus orígenes, su evolución y donde se recrea virtualmente las representaciones que se hacen en las fiestas de agosto o el Museo del Arte Ecuestre para la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre de Jerez (12).

 Un caso especialmente interesante, por su temática específica, es el Museo Internacional de Electrografía de Cuenca (MIDE) creado en 1990 por la Universidad de Castilla-La Mancha como un centro de investigación sobre tecnologías electrográficas. Su objetivo es conservar, mostrar e incrementar una colección internacional de obras creadas por artistas que han utilizado para su realización cualquier tipo de máquinas y procesos relacionados con las nuevas tecnologías. En este museo se pueden contemplar obras realizadas mediante el uso de ordenadores, estaciones videográficas digitales, fotocopiadoras, faxes, Internet y cualquier sistema electrónico.

 Los sistemas multimedia y la realidad virtual no sólo se utilizan para crear nuevos museos virtuales y digitales sino que facilitan las relaciones entre distintos museos considerados tradicionales y racionalizan algunas de las labores clásicas de los museos como puede ser la documentación de las piezas.

 Ante este panorama, John Hanhardt, conservador y jefe del Departamento de cine y vídeo del Whitney Museum de Nueva York,  reflexiona sobre el cambio de paradigma que los museos están experimentando con la incorporación de las nuevas tecnologías informáticas y la realidad virtual. Plantea qué tipo de arte contendrá un museo digital y cómo afectarán éstos al arte original y a la creación de un archivo virtual que contenga tanto obra de creación reciente como réplicas de obras del pasado (13). Con una actitud más comprometida, Francisca Hernández señala cómo la realidad virtual nos conduce a transformar, dentro del ámbito museístico, nuestra manera tradicional de acercarnos a los objetos dentro del museo. La existencia del museo virtual hace posible que muchas personas puedan entrar en contacto con las obras de arte navegando por Internet sin tener que acercarse directamente al museo, donde éstas se encuentran. Es posible que esta nueva forma de difusión de las colecciones y de acercamiento del museo a la sociedad sirva de pretexto e invitación para que, en un momento posterior, el espectador pueda encontrarse directamente con la obra original y gozar ante su presencia real. Pero, en todo caso, no cabe duda de que la realidad virtual nos aporta una nueva función del arte, la de invitarnos a vivirlo, aunque sólo sea a partir de unas réplicas digitales de unas obras que tienen entidad física fuera del ámbito cibernético. No menos intenso es el disfrute de obras digitales cuya existencia sólo es posible en el espacio electrónico, pasamos así del simulacro del objeto al disfrute de una realidad nueva, por definición aobjetual.

El medio digital como hacedor de nuevos museos

Internet no sólo difunde los museos y las colecciones ya existentes, sino que también ha propiciado la aparición de nuevos tipos de museos. En este sentido podemos destacar la aparición de los museos virtuales y digitales. Un museo virtual se entiende como una réplica de los museos tradicionales pero en soporte electrónico: “Los museos virtuales reciben fundamentalmente esta denominación porque suelen copiar los contenidos de algún otro museo real, siguen la obra de algún artista o tratan un tema especial. Aunque los museos virtuales no reemplazarán nunca las visitas físicas para ver los originales de obras históricas para la humanidad, cuando la distancia o las posibilidades económicas no permiten ir, siempre pueden ser una opción muy válida para un primer acercamiento, de una forma más próxima (virtual) a lo que sería la verdadera visita” (14).

Para Arturo Colorado “museo virtual es el medio que ofrece al visitante un fácil acceso a las piezas y a la información que desea encontrar en diferentes temas artísticos y en distintos museos. De hecho, el Museo Virtual sería el nexo entre muchas colecciones digitalizadas y puede ser utilizado como un recurso para organizar exposiciones individuales, a la medida de las expectativas e intereses del usuario” (15).

 Nos parece una definición muy acertada de cómo debemos plantearnos el futuro de los museos como instituciones acordes con los cambios tecnológicos que estamos viviendo. Estas tecnologías son capaces de aprovechar estos avances para crear unos sistemas que permiten la interconexión entre comunicaciones electrónicas en red, sistemas de búsqueda y gestión de la información, procesos de digitalización, organización de bases de datos, hipertexto, interactividad, multimedia, realidad virtual…, al servicio del goce estético y del conocimiento de las manifestaciones artísticas.

No nos cabe duda de la existencia de ventajas importantes en los museos virtuales frente a los museos tradicionales: facilidad de acceso para el visitante, múltiples interpretaciones de la colecciones, mejora en la organización y unificación de las colecciones, acceso al museo más cómodo y atractivo, facilidad a la hora de presentar obras contemporáneas que combinan materiales y técnicas.

Junto a éstos también debemos destacar los museos digitales que incorporan las potencialidades de este medio y que están formados por obras realizadas, exclusivamente con dicho soporte. Estos museos nos introducen en nuevas manifestaciones artísticas, el arte digital, que utiliza las tecnologías de la información y la comunicación para realizar obras de gran fuerza visual e intelectual y que además con frecuencia favorecen la participación del espectador. Estas manifestaciones se caracterizan por la pérdida de materialidad de la obra plástica, se trata de imágenes que se crean sobre el soporte magnético, con el auxilio de los códigos binarios que soportan el lenguaje digital, sin recurrir a materiales y técnicas convencionales.

Ilustración 4. MUVA

Las nuevas tecnologías permiten que el usuario interactúe con la obra de arte lo que establece una nueva definición de obra acabada/inacabada, de artista y de público y se redefinen los papeles de cada uno. Junto a estas potencialidades, debemos destacar las enormes posibilidades de difusión. El incremento de ordenadores personales como consecuencia de las expectativas que ha despertado Internet, convierten al medio electrónico en un espacio privilegiado de comunicación artística que pronto equiparará las visitas físicas y virtuales a galerías y museos.

No nos cabe duda que Internet y los nuevos soportes electrónicos han propiciado un cambio radical en el funcionamiento, pero sobre todo en la propia naturaleza del museo. En estos momentos ninguna institución que se precie rechaza las potencialidades que la red puede ofrecer. De todas formas no debemos dejarnos impresionar por los avances técnicos, pues siempre serán necesarias las ideas, las argumentaciones y los discursos históricos como base fundamental del museo.

Pero no todo deben ser parabienes para estas tecnologías. En un trabajo sobre los usos y abusos de Internet por parte de los museos, Cunliffe (16) enumera los tres problemas principales de los sitios de museos:

 1. Desarrollo sin una clara noción del objetivo del sitio

 2. Falta de evaluación para saber si satisfacen las necesidades y deseos de los  usuarios

 3. Material en el sitio que duplica aquel del espacio físico del museo, sin aprovechar las posibilidades que brinda el nuevo medio.

 Un análisis no exhaustivo por las páginas web de los museos pone de manifiesto que estos males están presentes en algunos de los sitios. Algunas instituciones se han sumado a la moda de “Internitis”. Esto puede ser muy costoso para los museos, dado que está demostrado que las instituciones pierden 40% de sus visitantes virtuales tras una experiencia negativa con el sitio. Cunliffe indica que lo fundamental es la evaluación de los usuarios, lo cual permite al museo desarrollar una página web que sea atrayente y útil para los visitantes.


Ilustración 5. MUVA

De todas formas y a pesar de esta visión crítica no queremos dejar de comentar una de las experiencias más interesantes dentro del panorama de museos virtuales. Me refiero al Museo Virtual de Arte -MUVA I (17) – (Uruguay) (http://muva.elpais.com.uy/). Se trata de una magnífica iniciativa apoyada por el principal diario uruguayo, El País, y consolidada con la tarea interdisciplinar de arquitectos, diseñadores e historiadores que han hecho de esta institución una verdadera obra de arte digital en sí misma, sólo existente en la red. Dedicada a la difusión del arte uruguayo contemporáneo, logra el desafío de reunir en un espacio virtual obras muchas de las cuales se hallan en los talleres de artistas y en colecciones privadas, y que rara vez llegan a museos, centros de exhibición o galerías. Juntar esas obras en un solo espacio real es muy difícil, pero un medio virtual permite hacerlo.

 

Ilustración 6. MUVA

El éxito de esta iniciativa se ha concretado con la inauguración, el 30 de agosto de 2007, de una segunda sede virtual del museo MUVA II (18)  para seguir ofreciendo a los espectadores una visión lo más completa posible del arte uruguayo contemporáneo.

Notas 

(1) LIPOVETSKY, Gilles: “Cultura de la conservación y sociedad postmoderna” en La cultura de la conservación. Fundación Cultural Banesto. Madrid. 1993, p. 80.

(2) Una iniciativa gubernamental es la creación del programa DOMUS, desarrollado por el Ministerio de Educación y Ciencia, con el objetivo de crear un catálogo común para los museos españoles. Las funciones del programa van desde el catálogo, preservación, gestión de imágenes, taquilla, técnicas y difusión por Internet. Se ha adoptado, no sin ciertas dificultades, por diversas comunidades autónomas como Andalucía, Aragón, Valencia o Madrid.

(3) CASTRO MORALES, Federico: “Patrimonio y cibercultura: Historia Interactiva de la Humanidad” en PH. Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico n. 21. Sevilla, 1998.

(4) SOLER HERREROS, Ch.: “La oferta, la demanda, la competencia y el precio de las culturas”, en Cultura, Arte y Tecnología en el cruce de civilizaciones. Valencia, 2006.

 (5) El gobierno español puso en marcha, en el bienio 2004-2005, el Programa España.es para el desarrollo de la sociedad de la información en nuestro país.  Dentro de este programa se contempló el programa Patrimonio.es cuyo objetivo era la digitalización y difusión a través de la red del patrimonio histórico, artístico y natural español facilitando la creación de contenidos educativos a la vez que fomentar el turismo cultural. Con posterioridad el gobierno puso en marcha el Plan Avanza (2006-2010), que se enmarcó en el Programa Nacional de Reformas diseñado para cumplir con la estrategia de Lisboa. El principal objetivo del Plan es conseguir que el volumen de la actividad económica relacionada con las Tecnologías de la Información y la Comunicación se acerque al 7% del PIB en el año 2010.

(6) Recientes estudios cibermétricos nos presentan un panorama bastante desigual en cuanto a la presencia de “lo español” en la red. Así, el uso del español como lengua en la red es del 7,9 % en 2006, el cuarto puesto tras el inglés (30,6 %), el chino (13 %) y el japonés (8,5 %). Detrás encontramos el alemán, francés, coreano, portugués, italiano y ruso. Frente a esta presencia, que nos puede dar la idea de una situación bastante ventajosa, somos los cuartos en el ranking mundial, otros datos no son tan alentadores. Así la presencia de contenidos en español representa el 4,6 % por detrás del inglés, alemán y francés. Hay que observar que el alemán y el francés que están por detrás del español en uso nos aventajan en cuanto a contenidos. Es decir tenemos un hipotético potencial de uso lingüístico del español pero los contenidos que volcamos a la red no responden a ese potencial.

(7). Rodríguez de las Heras, A. “La fotografía digital”, en En Imatge i recerca. Ponències i comunicacions. 5es Jornades Antoni Varés. Ajuntament de Girona, Girona, 1998. pp. 95-126.

(8). MALRAUX, André: “El museo imaginario” en Las voces del silencio. Emecé. Buenos Aires, 1956. p. 13.

(9). HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, Francisca: Manual de Museología. Síntesis. Madrid, 1994. p. 123.

(10). En el panorama europeo, se acepta que Le Palais de la Decouverte de París fue el primer museo interactivo de las ciencias francesas, creado en 1937. El Museo de la Ciencia y la Tecnología de Chicago es posterior, creado en la década de los años treinta con motivo de la Exposición Universal de 1933.

(11). El País. Ciberp@ís. 8 de octubre de 1998. p. 15.

(12) Agradecemos al profesor Isidro Moreno la información facilitada sobre estos museos en el Curso de Verano Difusión del Patrimonio Cultural y Nuevas Tecnologías, celebrado en la sede de Baeza de la Universidad Internacional de Andalucía (10-14 de septiembre de 2007).

(13)  HANHARDT, John G.: “Reflexiones sobre el museo en la era de la realidad virtual” en La realidad virtual, número monográfico de La Revista de Occidente, n. 153. Madrid, 1994. pp. 91-104.

(14) TALENS OLIAG, Sergio, HERNÁNDEZ ORALLO, José: Internet. Redes de computadores y Sistemas de Información. Paraninfo. Madrid, 1997. p. 530.

 [15]. COLORADO CASTELLARY, Arturo: “Museo e hipermedia” en Revista de Museología n. 11. Asociación de Museólogos. Madrid, 1997. p. 33.

(16) CUNLIFFE, Daniel, et al.: “Usability Evaluation for Museum Web Sites”, en Museum Management and Curatorship, 2002, vol 18, n. 3.

(17). El MUVA I recibe diariamente entre 300 y 4.000 personas procedentes de 80 países.

 (18). El diseño arquitectónico del MUVA II es obra del Arq. Ricardo Supparo y la construcción virtual estuvo a cargo del diseñador y programador Rafael Gallareto. Dirigieron el proyecto la comisaria Alicia Haber y el coordinador de Proyectos Digitales de El País Guillermo Pérez Rossel, con el apoyo del Jefe de Sistemas Gonzalo Rosadilla, Gustavo Suárez y Rossana Pesce, diseñadores y editores de sonidos y video.

Bibliografía

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María Luisa Bellido Gant
Doctora en Historia del Arte por la Universidad Carlos III de Madrid
Profesora Titular en Historia del Arte y Coordinadora  del Master Universitario en Museología de la Universidad de Granada

Publicado en Publicado en Acceso, comprensión y apreciación del patrimonio histórico-artístico. Reflexiones y estrategias. El contexto museístico. Málaga. Ayuntamiento de Málaga, 2008. pp. 185-202. Reproducido con el permiso de la autora

Facebook: Usuarios y usos

Resumen

Este artículo forma parte del trabajo que estoy desarrollando para mi tesis de maestría: Tecnologías infocomunicacionales y reconfiguraciones de los espacios de significación en la vida cotidiana. Usos de la red social Facebook en jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires.

El objetivo en este texto es analizar ciertas formas de constitución subjetividades mediáticas de los sujetos de la investigación, que exploran, por placer, necesidad o diferentes inquietudes, formas particulares u originales del uso de Facebook.

Michel De Certeau ha analizado en detalle lo que llamó tácticas y estrategias, como artes del hacer en la vida cotidiana en nuestras sociedades occidentales contemporáneas. Las estrategias, ideadas a priori, son generadas por las instituciones o estructuras de poder, mientras que las tácticas, son utilizadas por los sujetos modernos en su vida cotidiana, como formas en que los sujetos negocian las estrategias establecidas (De Certeau, 1996: 42). Es por demás interesante el juego que plantea De Certeau en relación a los saberes cotidianos, a las acciones a través de las cuales las personas imprimimos nuestro sello dentro de los contextos y coyunturas en las que nos encontremos inmersos. Los casos que se analizan en este capítulo son claros ejemplos de formas de imprimir un sello personal dentro de la red social Facebook. También son claros ejemplos de los muy diferentes tipos de uso que se pueden desarrollar dentro de la red social y de cómo pueden llegar a darse. Más de una vez se habla en textos periodísticos sobre la frivolidad de Facebook y se dan ejemplos de grupos que se crean para que Luciano Pereyra deje de cantar u otros que sancionan Se que sos gay ricky fort, también grupos de fanáticos de la película Esperando la carroza y Brandoni diciendo “tres empanadas”, y podríamos seguir mencionando infinidad de ejemplos (Di Próspero; 2010: 17). En este artículo veremos otros ejemplos de grupos que, si bien pueden tener un costado lúdico o ligado a la dispersión, no forman parte de lo que podríamos denominar usos frívolos. Si bien se propone cierta tipología de los usos que se describen, cabe señalar que se trata de una tipología muy acotada, dado que se han acotado la cantidad de casos por una cuestión de extensión del artículo y, principalmente, ya que, entre los usos más livianos o frívolos y los usos más serios o comprometidos, existe una enorme gama: Facebook es muchas cosas para mucha gente.

Uso constructivo. Facebook como herramienta para la superación de problemas

En el momento de mi acercamiento, Virginia tenía 25 años, una carrera de abogada en su etapa final en una universidad privada, trabajo en el estudio de su padre, casa en zona norte y una reciente afición por el dibujo y el canto, por lo que comenzó a tomar clases de ambas cosas. Hace muy poco también creó un grupo de Facebook “Amputados.com”, con el fin de encontrarse con gente que esté viviendo la misma situación que cambió su vida de un día para el otro, gente “incompleta”, como ella dice con el humor (“todos tenemos el mismo humor negro porque, o te suicidás o te reís de tu situación” (Virginia)) que ha ido desarrollando por estos días “para  sobrellevar” (Virginia) su nueva realidad. Ella sufrió la amputación de su brazo derecho. A escasos tres meses de lo sucedido y después de investigar en Internet y no encontrar agrupaciones de personas amputadas, tuvo la idea y luego creó el grupo en la red social. En su grupo de Facebook se presenta de la siguiente forma:

“Mi nombre es Virginia. Hace ya 3 meses me amputaron mi brazo derecho a raíz de una malformación corporal estructural llamada: síndrome del opérculo toráxico.
Esta es una experiencia nueva para mi, por lo que me gustaría contactar a gente que haya pasado por una experiencia similar para intercambiar información y ganas de salir adelante.
Este cambio de vida complica un poco las cosas, pero abre nuevas visiones de la vida. Es el principio de algo nuevo y positivo. Se puede!”(Virginia)

A la semana de haber abierto el grupo, Virginia ya contaba con 100 “admiradores”, con quienes comenzó a interactuar con sus admiradores, como era su objetivo, tal como lo expresa en el epígrafe de su foto de perfil: una historieta del personaje de caricatura Matías:

“Hola! El fin de éste grupo es que gente que ha sido amputada pueda contactarse, intercambiar experiencias y aportar datos que nos puedan servir” (Virginia)

  

Al poco tiempo de haber creado el grupo, Virginia tuvo que restringir el acceso (antes era abierto a todos) ya que se había adherido a él personas con algún tipo de fetichismo con amputados, como ser, quienes pertenecen al grupo Devotos o los Wannabe. Hablando (vía mail o chat de Facebook) con ellos, interactuando con otros amputados o investigando en la información de perfil, Virginia aprendió rápidamente a descubrir las características comunes de estas personas:

“Generalmente no se muestran o muestran solamente la prótesis, o ponen una foto en la que no aparecen, como foto de perfil” (Virginia)

Una de las chicas amputadas con la que más interacción tiene le explicó que no tenía que asustara con los devotos:

“No tienen por qué ser maniáticos sexuales, pueden ser buena gente también. (…) Este Miguel (me muestra en la pantalla) es devoto (…) lo dejé porque no molestaba (…) Desde que lo restringí no me molestan más los loquitos” (Virginia)

Virginia comenzó a modificar el uso de su grupo a medida que se relacionaba con sus miembros e iba viendo que pasaba con el grupo.

“Muchos me buscan después en mi perfil personal, y ahí los acepto o no. interactúo desde mi perfil después. (…) Por ejemplo con la chica de Córdoba, que le falta una pierna, le digo: – mirá que a esta, esta y esta también les falta una pierna y ella va y después les manda solicitud a sus perfiles” (Virginia)

El uso que Virginia le comenzó a dar al grupo, porque “así se fue dando” es el de “puerta de entrada” a la generación de diferentes tipos de relaciones:

“es una puerta de entrada a todo lo que después es buscar (…) Se dio así, se fue dando sólo… (…) Nos encontramos (en Facebook) y después vemos cual es el que tiene tu misma amputación, para hablar. (…) Con mi caso no encontré a nadie, salvo una yanqui que perdió el brazo, entonces le dije que si conocía a gente que haya perdido el brazo, me contactara, porque, por más que la otra persona haya perdido una pierna, es distinto, es completamente distinto” (Virginia)

Esta chica vive en Miami y le está averiguando y pasando información a Virginia sobre opciones de prótesis de brazos, información de mucho valor para ella. Virginia viajará a Miami en unos meses a fin de analizar ese mercado de prótesis y, de encontrar la opción que la conforme, comprar una. Cuando le pregunto si aprovechará el viaje para conocer a la chica yanqui, se queda pensando y contesta que no sabe si exponerse ella o exponer a la chica a la situación “sería una situación rara: yo voy a estar con mi familia y creo que sería incómodo para ella, no creo.” y no explica mucho más, pero se evidencia por un lado incertidumbre y por otro, cierto temor hacia los posibles encuentros personales con quienes ella llama gente como uno, pero que no lo son tanto aún: “es un proceso difícil” (Virginia).
Como ésta, Virginia ha desarrollado muchas nuevas relaciones en Facebook, con contacto cotidiano, cuyo principal objetivo es el intercambio de experiencias en torno a la amputación:

“La verdad que hablo mucho con las chicas, casi todos los días (…) Una de ellas se puso a salir con un chico y me cuenta como hace (…). está bueno porque te hacen preguntas muy concretas, que no hablás con todo el mundo, preguntas bastante incisivas. (…) Cosas que yo misma me había preguntado pero no las había hablado con nadie.. (…) Todo el tema de salir con chicos.. Ella (la chica de Córdoba que conoció a través de su grupo) en definitiva la pasó, me entendés?. ¿Cómo es?, Cómo la planteás, entonces está bueno porque ya pasaron por eso y su experiencia te puede resultar o no.. (…) La verdad que me está sirviendo mucho” (Virginia)

Desde la internación, sus amigos y familiares utilizaron Facebook como la vía principal de comunicación para los partes médicos, solicitar dadores de sangre (que fueron cubiertos en una hora), para darle fuerza, demostrarle afecto y darle ánimos. Virginia, cuando podía entraba a responder los mensajes que dejaban en su muro: “Vicky les habla. Gracias a todos por el apoyo!! Uds me dan fuerza para seguir en esta lucha. El Doc dijo que los estudios están saliendo todos bien así que hay una chance de que me den el alta el lunes. Los quiero y pronto me andaré paseando con mi fantasmita Manu Chau. Abrazo y medio para todos!!!!!!!!!!! =)” (19/12/09), subir dibujos que comenzó rápidamente a hacer con la mano izquierda, cambiar la foto de perfil a partir de su evolución, escribir estados de ánimo, ser irónica con sigo misma: “LA UNICA CON 2 BARRAS DE TITANEO Y UNA ANGIOPLASTÍA A LOS 25 AÑOS!!! 1 EN 10000”.

Todo el proceso tiene algún tipo de registro suyo o de sus amigos y familiares en Facebook.

En el álbum de fotos “SPA ANCHORENA” están las imágenes que fue tomando durante todo el proceso de internación. El cumpleaños de su hermanito se festejó en el sanatorio, todos decoraron la habitación con guirnaldas, globos. Virginia se disfrazó de payaso para su hermanito. Su día a día, como ella quiso mostrarlo en imágenes, está registrado en Facebook.
 
Hoy Facebook es fundamental en su proceso de adaptación a su nueva vida, a través de las nuevas relaciones que va desarrollando con la gente como uno. En la interacción, Virginia va comprendiendo las similitudes y diferencias que puedan tener entre ellos. No es la misma problemática la que ella atraviesa con su brazo, que la de la chica cordobesa que conoció a través de su grupo en FCBK con la pierna. Esta chica se sorprendió de lo pronto que Virginia se animó a ir a la playa, por ejemplo. Virginia le explicó como se lo había planteado ella, como se impuso su autosuperación, un poco gracias a que le pasó en pleno verano y a que, siendo el brazo, no se puede esconder, como una pierna:

“Analizamos entre las dos, porque además analizamos nuestra situación, es como una terapia grupal (se ríe). Yo le dije que yo no puedo esconderlo, se ve: superalo o superalo, no queda otra.(…) Hablamos horas, estamos conectadas todo el día. Ella va a hacer sus cosas, yo las mías, nos volvemos a encontrar y nos contamos que hicimos, cómo le fue con el novio, etc.. hacemos mucha catarsis” (Virginia)

Para “hablar” con estas personas utiliza el chat del FCBK, cotidianamente. Tener esta herramienta dentro de FCBK le permite no tener que usar el Messenger (MSN), que considera más privado y utiliza con sus amigos más cercanos:

“No se lo doy a todo el mundo (…) es mucho más privado. Te ven conectado todo el tiempo, qué se yo… vos no sabés quién está del otro lado…” (Virginia)

Virginia va tanteando su nueva realidad consciente de lo largo y difícil del proceso de aceptación y adaptación que está enfrentando. Facebook le proporciona una herramienta fundamental en esta nueva etapa de autoconocimiento que la convulsiona a ella y a su entorno y le abre “todo un mundo” (Virginia).

Este mundo tiene también reglas nuevas que Virginia está conociendo (como interactuar con la “gente como uno”) y también generando (su grupo y el manejo del mismo conforme se van dando las interacciones), a través de tácticas que prueba e incorpora a medida que su experiencia, su juego, en términos bourdianos (Bourdieu; 2007: 166- 167) se va desarrollando.

Hay nuevas relaciones que Virginia está aprendiendo a tratar, por ejemplo, encontró una modelo inglesa que le falta una mano, me mostró su perfil de Facebook y las fotos “hace un modelaje muy lindo” (Virginia). Y fantasea con hacer ese tipo de fotos en algún momento. Le pregunté si chateaba con esa chica inglesa, si le había preguntado por el modelaje, y me dijo que por el momento no, pero que muchos amigos de ella se habían hecho admiradores de AMPUTADOS.COM o le habían enviado solicitud de amistad a su perfil personal. Por otro lado, no descarta el comenzar a interactuar con la ella en el futuro. Me mostró las fotos de la chica, casi todas parecen ser fotos  publicitarias, Virginia las mira con curiosidad y cierta admiración:

“es genial, mirá como lo lleva. Ni te das cuenta de que le falta la mano” (Virginia).

Según Pierre Bourdieu: “las leyes mecánicas del ciclo de reciprocidad son el principio inconsciente de la obligación de dar, de la obligación de devolver y de la obligación de recibir” (Bourdieu; 2007: 157). Estas leyes son las que Virginia está practicando con mucho cuidado con la gente que va conociendo. El cuidado es por ella y por los demás, por ejemplo, en una oportunidad mientras mirábamos su perfil, apareció una chica en el chat y Virginia le explicó que estaba en medio de una entrevista, que no podía chatear con ella en ese momento. Comentó que, alguna vez sin querer, dejó el chat abierto y la chica que estaba del otro lado le seguía escribiendo y se ofendió al no tener respuesta. Conoció varias chicas amputadas bisexuales y esta chica justo estaba intentando acercarse a ella. Ahora tiene mucho cuidado, al menos para no herir susceptibilidades. También va con cuidado cuando retrasa el acercamiento a otros contactos, como la chica inglesa, y, por mayor que sea su curiosidad, su falta de respuesta podría significar la imposibilidad de establecer una relación con ella. Como expresa Bourdieu: “reintroducir la incertidumbre es reintroducir el tiempo, con su ritmo, su orientación, su irreversibilidad” (Bourdieu; 2007: 159). Virginia no avanzará en contactar a la chica inglesa en este momento pero el tiempo que transcurre mientras se decida a finalmente hacerlo o no, es tiempo significativo, sobre todo en Facebook, donde es posible estar al tanto de ciertos eventos de la vida del otro sin necesidad de mantener un contacto uno a uno. La relación puede ser activada por alguna de las partes en cualquier momento, “supone una verdadera creación continua y puede interrumpirse en cada uno de sus momentos, y que cada uno de los actos inaugurales que la constituyen corre siempre el riesgo de caer en el vacío, de quedar sin respuesta” (Bourdieu; 2007: 168). Este proceso no es visible para Virginia, quien está dentro del “fuego de la acción, el sentido de la situación (…) la lógica de la práctica como participación práctica en el juego. (Bourdieu; 2007: 166- 167).

Los dones que Virginia está aprendiendo a intercambiar en estas relaciones tienen que ver sobre todo con  información de valor, ya que la acerca a su nueva realidad, por ende, a ella misma.

Si bien los sujetos de los que hablo en este capítulo no se consideran fanáticos de Facebook ni de las redes sociales en general, cada uno a su manera, ha generado formas de interacción novedosas, positivas y exitosas, desde el punto de vista del objetivo de los proyectos que ellos mismos crearon y del valor que sus contactos les expresan a través de los comentarios, los ida y vuelta en el muro y las distintas formas de participar e interactuar de diferentes formas (muro, chat, mail, etc). Durante las observaciones y entrevistas se pudo observar que, sin necesidad de conocer la red social en profundidad (“ni siquiera se para que sirve el perfil, no lo uso” (Gabriela), otros sujetos de esta investigación, tenían dificultad para encontrar la opción para tener en una sola vista, todos los comentarios que hubieran hecho a uno de sus álbumes de fotos) sin embargo, han logrado más de lo que se habían propuesto. Virginia, en cambio, sí hace un uso bastante exhaustivo de Facebook: en su perfil personal tiene a todos sus “amigos” categorizados por grupos (Universidad, Trabajo, Gente como uno – personas amputadas -, etc), sus álbumes de fotos pueden ser vistos por los grupos que ella selecciona:

“si estoy en una fiesta con una copa en la mano, no da que los vea un profesor de la facultad o alguien del trabajo” (Virginia).

Si bien Virginia hace un uso muy inteligente de la herramienta, esto tiene que ver con una necesidad de mantener una reputación y, por otro lado, con una cuestión de comodidad:

“quiero saber que están posteando el grupo de amputados, voy a “Gente como uno” y listo” (Virginia).

Virginia comenta que tiene una amiga que es licenciada en Comunicación, que “nos avivó a todas” con la administración del perfil, sobre todo después de enterarse de situaciones incómodas de gente conocida, generadas en la red social.
 
Usos artísticos – colectivos. Cuando Facebook es más que un hobby

“Me cortaron Facebook en el trabajo! Me cortaron las piernas al mediodía! A veces estoy cansada y, en vez de irme a fumar un pucho, no, me meto en Facebook. Hoy en la hora de almuerzo llovía, trabajo en una obra en construcción, los albañiles se habían ido, me meto en Facebook… “acceso denegado (…) Nos cagaron Facebook…”(Gabriela)

Gabriela es arquitecta, trabaja todo el día y tiene como pasatiempo la fotografía. Cuando tiene un momento libre lo aprovecha para subir algún álbum con las “tramas” que realiza a partir de fotos de alguna temática en particular. Gabriela saca y recopila fotos sobre un tema que le interesa y luego hace una especie de collage.

“Yo no tengo tiempo de dedicarme a esto, pero nada, boludeando un día, me compilé todas las tramas que hago y armé un grupo (en FCBK) que se llama Tramando mis tramas. Antes había tratado de armar el blog pero tenía que cargarlas, eran muy pesadas y dije, bueno, las subo a Facebook. (…) Vi que todo el mundo se empezaba a hacer fan y dije “copado” y entonces empecé a invitar a todo el mundo. (…) También hubo gente que lo vio de otro y se hizo fan. (…)
Yo puse (en la información del grupo) esto es un hobby que tengo, me gusta sacar fotos para salir un poco de la rutina. (…) Después una amiga se va de vacaciones y me manda fotos y mi hermana también y me manda aportes de tramas que iba sacando de cerca, pero las tramas que yo hago nunca las armé con los aportes de otros, porque es propiedad intelectual del otro… Yo tampoco sabía que en un grupo la gente puede meter cosas, lo armé como si fuera un álbum de fotos, que sólo yo podía editar, no como si fuera un grupo para que la gente aporte y después vi que la gente podía meter cosas…” (Gabriela)


“Yo siempre tengo la idea de que no se entienda qué es la foto, entonces saco fotos muy de cerca y por ahí no sabés qué es, o temas, hice uno que eran Playmobil, entonces saqué fotos al Playmobil y armé una trama. Otra, no se, eran mosaicos de Gaudí, y les saqué bien de cerca al mosaico y no se sabe de dónde está y bueno, lo armé así (..) Ahora las regalo para los cumpleaños de mis amigas.” (Gabriela)

Si bien Gabriela no desea utilizar las imágenes de otras personas, es interesante que su hobby personal haya convocado espontáneamente a otros a participar, enviando sus tramas. La creatividad individual de Gabriela en una red social propició interacciones, de ida y vuelta con un saldo positivo para Gabriela. Sin intención expresa ni tácita, se generó una participación inesperada, quienes participan hacen un aporte a Gabriela, más allá de que ella luego los utilice o no para sus tramas, a la vez que exponen sus fotos (aportes) a todos los miembros del grupo, quienes también pueden hacer comentarios o dar opiniones de éstas. La intención de Gabriela era compartir su hobby con los demás y como escape de la rutina “como un poco de shampoo, para salir de la rutina de todos los días”, no buscaba recibir aportes: “yo no lo armé como un grupo para que la gente aporte (…) sólo los invité a ver mis fotos”, lo cual le significa un plus, una satisfacción mayor.

De hecho, la descripción que Gabriela consignó en la página principal del grupo expresa ese objetivo inicial:
“Estas son fotos mías que estoy editando, para armar tramas y crear imágenes…para salir un poco de la rutina arquitectónica”

Sin quererlo, y aunque aún no esté convencida de llevarlo a cabo, hizo de su hobby individual algo colectivo, ya que la intención de sus “fans” y familiares que le envían fotos de tramas a su grupo, es la de regalárselas desinteresadamente (sólo hay que visitar el grupo para corroborarlo (1)) como material para sus tramas. Esta espontaneidad no soslaya sino que genera objetos de arte colectivo.

Gabriela no sabía que podía recibir aportes, tampoco se esperaba la repercusión que tuvo, ya que amigos de amigos y desconocidos se han hecho admiradores de su grupo, algo que desde un blog le hubiera costado mucho más tiempo, Facebook funciona así como una herramienta aceleradora de las relaciones y de posibilidad de ocurrencia de las mismas o de nuevas formas de ellas, a través de la espontaneidad. Ella puede compartir sus creaciones, sus tramas, con conocidos y desconocidos (el grupo es abierto), sin otra pretensión,y cuando tiene ganas de hacerlo, esto lo ha ido descubriendo a medida que fue armando y dándole forma a su grupo, y a medida que el mismo grupo se ha ido conformando más allá de sus objetivos iniciales.

“En el ámbito de la economía de consumo los cambios han sido muy importantes. Estrategias y tácticas están a menudo estrechamente vinculadas en una relación interactiva, y sus funciones se invierten con frecuencia. Esto es particularmente cierto para las industrias y medios de comunicación “nacidos digitales”, como lo son las relacionadas al software, a los juegos electrónicos, Web sites y redes sociales. Sus productos están explícitamente diseñados para ser customizados por los usuarios”  (Manovich; 2008: 267). (2)

Si bien esta es la lógica de participación y coconstrucción que proponen las redes sociales, en los casos aquí analizados, hubo otras lógicas en acción, por supuesto favorecidas por las características intrínsecas a toda red social. Lógicas de continuidades y discontinuidades respecto de las prácticas: fotografiar tramas en el caso de Gabriela, es una continuidad, una práctica que ella ya venía realizando en su vida antes de Facebook. Pero, en Facebook el proyecto personal adquirió otras características de despliegue y retroalimentación a través de los aportes de un público con el que antes no contaba, lo cual denota una lógica de discontinuidad. Para Virginia la discontinuidad irrumpió en su vida, cambiándola de un día para el otro a través de una amputación, y la búsqueda de restablecimiento de una continuidad con su vida anterior a través de un nuevo yo se está constituyendo en gran medida en Facebook, donde se despliegan sus nuevas relaciones con la gente como uno.

“Facebook, Flickr, Google y otras compañías de medios sociales animan a los usuarios a escribir aplicaciones, mash-up sus datos y a añadir nuevos servicios (desde principios de 2008, Facebook ha hospedado alrededor de 15,000 aplicaciones escritas por desarrolladores externos)”  (Manovich; 2008: 267). (3)

Más allá y antes de la constitución, a partir de las redes sociales, de un consumidor altamente productivo y poco pasivo,

“el prosumidor que imaginó Alvin Toffler en solitario al principio de la década del setenta, (…) que es la figura que tiene la capacidad de adecuar la producción estandarizada a un tipo de requerimiento más individual y personalizado, coproduciendo aquello que consume” (Urresti, 2008: 54)

Varios de los sujetos de mi investigación encontraron en Facebook el público que necesitaban para sus producciones y creaciones.

Si bien se podría calificar de prosumidores a personas que como Virginia y Gabriela desarrollan algún tipo de actividad creativa u original en una red social, en el sentido en que no sólo consumen sino que también generan contenidos, no se trataría exactamente del tipo de prosumidor que Marcelo Urresti describe. No son nativos digitales “casi sobreadaptados a un tipo de medio que les reclama participación y compromiso para completar el vínculo comunicactivo” (Urresti, 2008: 54 – 55) no se ven a ellas mismas en términos de nativos o de inmigrantes digitales, ni siquiera se sienten del todo atravesadas por la tecnología. Son ellas quienes, simplemente y sin demasiadas vueltas, cuestionamientos o definiciones, adaptan el medio (Facebook) a sus inquietudes y necesidades, descubriendo sus posibilidades de hacerlo sobre la marcha, en el “fuego de la acción (…) la lógica de la práctica como participación práctica en el juego (Bourdieu; 2007: 166- 167) en el desarrollo de continuidades y discontinuidades, a través del desarrollo de astucias tácticas, en términos de De Certeau (De Certeau; 1996: 42).

Facebook puede ser utilizado en muchos sentidos y en diferentes niveles de complejidad o de ajustes a las necesidades e inquietudes personales, en gran medida debido a su operacionalidad netamente intuitiva, o sencilla, pero, como se ha visto, no se trata sólo de una cuestión meramente técnica. Como se observa, se puede ser tranquilamente un usuario muy lejos de un experto (y sin intención de llegar a serlo) y obtener igualmente un beneficio no calculado. Se puede ser un heavy user independientemente del tiempo que se dedique a Facebook, en términos de la importancia que ese uso tenga para el usuario. También se puede desarrollar el expertiz necesario para un uso con objetivos específicos, sin si quiera estar enterado.

(1) http://www.facebook.com/group.php?gid=39086439644&ref=ts#/group.php?gid=39086439644 

(2) Traducción de la autora

(3) Traducción de la autora

Bibliografía

Bourdieu, Pierre (2007) El sentido práctico. Buenos Aires: Siglo veintiuno editores.

De Certeau, Michel (1996) La invención de lo cotidiano. Artes de hacer. México: Universidad Iberoamericana.

Di Próspero, Carolina (2010).  Tecnologías infocomunicacionales y culturalización de la economía. Facebook como ejemplo de la cultura como recurso. En Razón y Palabra n° 73, Agosto 2010 http://razonypalabra.org.mx/N/N73/MonotematicoN73/14-M73DiProspero.pdf 

Manovich, Lev (2008) Software takes command. Creative Commons License. Derivative works 3.0 United States License.

Urresti, Marcelo (2008) Ciberculturas juveniles. Los jóvenes, sus prácticas y sus  representaciones en la era de Internet. Buenos Aires: La Crujía.

Carolina Di Próspero

Licenciada en Ciencias de la Comunicación UBA.
Maestranda Antropología Social, FLACSO.
Investigadora tesista en el proyecto UBACyT S443.

Premio WikiChains-UNIA

Nuestro amigo y colaborador Daniel Villar Onrubia nos informa que la Universidad Internacional de Andalucía convoca el I Premio de Proyectos Digitales para el año 2010. La convocatoria se enmarca dentro del programa de actividades del Espacio-Red de Prácticas y Culturas Digitales UNIA y en esta primera edición la convocatoria se lanza en colaboración con la organización sin ánimo de lucro WikiChains.

 El plazo para presentar la inscripción y la documentación finalizará el 31 de enero de 2011.

Para todos los interesados en participar, pueden visitar la web http://pcd.unia.es/wikichains/premio-wikichains-unia.html

Nuevos hábitos de lectura. Lectura en pantallas

No hace falta repasar la historia de la cultura oral y escrita –ya lo hizo muy bien, entre otros, Alberto Manguel en Una historia de la lectura- para saber que con cada cambio, en cuanto a la naturaleza de los textos se refiere, llegaban también nuevos hábitos, no exentos de crítica y suspicacias. Los hábitos son modos de proceder que tiene cada persona de manera instintiva, y con los que se maneja en el mundo. Los hábitos de lectura hace tiempo que ya han cambiado y este cambio lo ha provocado Internet. La novedad de este nuevo hábito de lectura es que están siendo los medios impresos los que se están adaptando a la costumbre de leer cada vez más en pantallas, en cualquier lugar, gracias a cualquier soporte. No ha habido que inventar nada como la imprenta; los ordenadores y la Red ya estaban aquí. Por tanto, el nuevo hábito de leer en pantallas no es tan nuevo. El cambio que sucede a esta manera de leer sólo atañe a partir de ahora apenas a cuestiones técnicas, de mejora, para que las pantallas en las que hacemos gran parte de nuestras lecturas sean cada vez más amables y cómodas, como ya lo son algunas.

Es posible que hasta los más “ávidos lectores” en realidad lean más tiempo delante del ordenador que libros impresos. Una vez más tenemos que recordar, antes de seguir avanzando, que esta tendencia se va a incrementar según crezcan las generaciones nativas digitales. No vamos a entrar otra vez en la discusión de que si el papel es mejor (porque es con lo que he crecido) o que si los libros electrónicos no son libros o que si leer en una pantalla no es leer (tampoco lo era hacerlo en edición de bolsillo en la parada de autobús cuando se popularizó este formato). Sobre todo porque, insisto, todos leemos con pantallas (el 78% de la población sobre el 68%) por alguna razón u otra, desde la más profesional (investigación, búsqueda de información, consulta, estudio, foro de discusión, etc.) hasta la más aparentemente trivial (redes sociales, blogs, navegar por Internet, leer correos electrónicos, “hojear” revistas digitales, páginas web, etc.).

Otra de las premisas de las que se parte cuando se habla de hábitos de lectura es desde la idea de que leer sólo significa leer libros. Es más, sobre todo en el ámbito del libro, a veces nos creemos –con cierta lógica gremial algo egocéntrica- que leer es sólo leer a Kant o Tolstoy, y enseguida olvidamos que, incluso nosotros mismos, pasamos más tiempo leyendo otras cosas en lugar de los libros a lo que nos gustaría dedicar más horas. De nuevo, para observar debemos tomar distancia con respecto a nuestros gustos personales, hábitos propios y costumbres cercanas, y pensar en cómo actúan y van a actuar las nuevas generaciones de lectores. Leer no es sólo sentarse en la butaca favorita junto a una luz ideal y disfrutar de una buena edición de nuestro clásico preferido. Sabemos que este tipo de lector es la minoría. Y este tipo de lector también ha adquirido el hábito, antes de recogerse en su cómoda butaca, de pasar largos ratos delante de una pantalla para leer, lo que sea. Y esta tendencia va a ir a más

La buena o mala costumbre de leer en pantallas

Ante esta evidente costumbre que compartimos la mayoría, habría que analizar detenidamente la transformación de ciertos hábitos como el de la lectura, no necesariamente malos por el hecho de ser otro al que hemos practicado hasta hace unos años. Existen tantas lecturas como tipos de texto. Cada lectura requiere su tiempo y su atención (en este sentido continúa siendo interesante la diferenciación que ha establecido Scolari, siguiendo a Cavallo, G. y R. Chartier, entre lectura “intensiva” y “extensiva”, en profundidad la una, más superficial y multimedia la otra. Está bien como punto de partida, aunque se podrían matizar aún más a raíz de las diferencias entre los soportes y los contenidos). Hay diversos estudios que afirman que la lectura online es una lectura más fragmentaria, que dedica menos atención al texto en profundidad y más al conjunto general de ideas, el tipo de lectura que se hace de páginas web o incluso prensa online, pero también en papel: ¿Quién se lee el periódico de principio a fin? Hojeamos, miramos titulares, vamos y venimos según el interés que tenemos por las noticias, etc. Otra cosa es leer una novela o un ensayo. La diferencia estriba en el mismo hábito. Si siempre se ha leído en papel, nos puede resultar cansado leer una novela en la pantalla. Sin embargo, parece que todos nos hemos habituado a leer la prensa online –la edición de prensa online ha crecido un 40% en el último año, y son ya 21 millones de lectores del New York Times en su formato digital-, y poco a poco lo vamos haciendo con manuales o libros a los que sólo podemos acceder a través de la red y gracias a la digitalización. En un interesante y extenso estudio sobre el futuro de Internet, el 65% de los encuestados considera que la red mejorará la comprensión lectora y de escritura; por el contrario, el 32% consideran que Internet ha disminuido la capacidad de comprensión, no sólo lectora.

Se afirma que la lectura en pantallas favorece la distracción en detrimento de una lectura que potencie la atención y el pensamiento crítico (existen programas para despejar una página web y dejar el texto limpio en la pantalla), pero se parte desde la idea de la lectura en papel. Lo cierto es que los nuevos hábitos traerán una nueva configuración del pensamiento que no tiene que ser necesariamente inferior. En las generaciones que han crecido con los ordenadores se han detectado mayores índices de alfabetización y una mayor capacidad para el razonamiento complejo. La lectura en Internet ha resultado ser una gimnasia cerebral en muchos aspectos neurológicos. Si bien, otros estudios indican que el papel favorece la comprensión lectora. Todavía no hay datos de lectores que sólo hayan leído en pantallas.

El cerebro muestra una gran capacidad de adaptación, mucho más rápida que la voluntad que revelan sus respectivos dueños. Un adagio de los científicos que trabajan sobre la inteligencia social dice que el ser humano se resiste a los cambios, pero que se adapta fácilmente a ellos. Lo que en principio nos cuesta, acaba por no resultarnos tan incómodo. Habrá generaciones que no necesiten tal adaptación porque tendrán el hábito desde siempre. Es cierto que las pantallas y soportes móviles no siempre están pensados para el tipo de lectura que hacemos en un texto impreso. Salvo en el caso de los e-Readers, que tratan de imitar la misma sensación, para la lectura en un ordenador, en un iPhone o en una tableta tipo iPad ya se están configurando los formatos de acuerdo a estas nuevas formas de acceder a ella. La tinta electrónica, E Ink, no supone el mismo cansancio para la vista, con la luz adecuada. A su vez, para evitar la inhibición de melanina, la excitación que supone en ocasiones la retroiluminación de cierto tipo de pantallas al estar mucho tiempo expuestos a ellas, se está experimentando con pantallas que adopten los dos modelos: tinta electrónica y retroiluminación: las pantallas mixtas.

Las posibles alteraciones oculares, sensación de fatiga, por la excesiva exposición de los ojos sobre estas pantallas ya están dejando de ser un problema, si realmente lo han sido en todos los casos. El Dr. Travis Meredith, director del departamento de oftalmología de la Universidad de Carolina del Norte, ha llegado a la conclusión de que son otros muchos malos hábitos los causantes de esta fatiga, y no la tecnología. Las últimas pantallas de LCD no tienen que ver con las de nuestros primeros ordenadores o las de las televisiones de sólo hace unos años. Ante toda lectura, en papel o en pantalla, existen una serie de normas para evitar problemas de atención y oculares, como tener una buena postura, leer con la luz apropiada, hacer pausas durante la lectura y estar a una distancia prudencial del texto. Sabemos que un papel ahuesado es más amable que el blanco, como el de los folios, que, junto a determinado tipo de luz, puede ser muy molesto y provocar incluso dolores de cabeza, según la sensibilidad del lector (para la lectura continuada, oculistas y neurólogos recomiendan la bombilla azul). Hay otras cuestiones en cuanto a la vista cansada que atañen a la edición de los textos, también universales en cualquier formato: una buena maquetación y, sobre todo, una tipografía adecuada y clara. Con los libros digitales los editores ya no tienen que ajustar interlineados y márgenes en cajas hasta el límite de la hoja para ahorrar papel; nuestra vista lo agradecerá.

Nada impide pensar –solventados los problemas técnicos- que si las generaciones que nunca hubieran pensado que iban a pasar tantas horas leyendo delante del ordenador se han habituado a hacerlo, y durante mucho tiempo, las nuevas no sean capaces de leer una novela en una pantalla sin problema. Todavía nos faltan datos para saber qué diferencias se pueden establecer entre la lectura en papel y en pantalla, diferencias que no significan necesariamente que una sea mejor que otra,  como afirma la conocida científica noruega Anne Mangen, que estudia nuestro comportamiento lector desde hace años. Y no hablamos de la que, a día de hoy, nos resulte más cómoda y para según qué tipo de lectura. Una vez más es cuestión de educación y de hábitos generacionales.

Presuponer que los niños se vuelven cómodos con Internet y no van a volver a ser capaces de leer un libro porque la web es más divertida es generalizar demasiado y dejar en manos de ellos mismos su propia educación. Lo cierto es que si un niño o joven quiere leer, se le inculca la necesidad -al menos a esas edades- de la lectura, lo hará, y es muy posible que lo haga en alguna pantalla, y aún más posible que con menores distracciones que nosotros porque conocerá mejor el medio. Si bien es cierto que es diferente la educación lectora que el hábito de lectura, la introducción de las TIC es las escuelas van acercar ambos conceptos sustancialmente. “A pesar de” Internet, los índices de lectura infantil se han mantenido estables en estos diez años, incluso han aumentado.

Los nuevos hábitos en el ámbito educativo.

Mientras se consigue que la lectura en pantallas sea más amable y la plasticidad de nuestro cerebro se adapta a una lectura continuada en pantallas, acostumbrado como está al papel, los datos de lectura de contenidos digitales señalan que esta tendencia va en aumento y, al contrario de lo que se cree, en función del hábito de leer, estudiar y trabajar con el ordenador. La evidencia es la cantidad de tiempo y uso que le dedicamos al ordenador y a la red, tanto en el ámbito universitario como de trabajo. Antes que dispositivos de lectura específicos como el Kindle, Papyre, iPhone, Sony Reader, iPad, etc., a día de hoy casi la mitad de los lectores que adquieren ebooks lo hacen para leer en el ordenador.

Las universidades y bibliotecas no son ajenas a esta tendencia. Por una parte, las bibliotecas están adaptando sus infraestructuras a la digitalización. Por otra, las universidades están ya en el proceso de digitalización de los textos (eTexts), con los que ya trabajan estudiantes y profesores. El observatorio JISC, que se dedica a la investigación del impacto, comportamiento y desarrollo de nuevos modelos de negocio alrededor de los ebooks y libros de texto electrónicos, concluye en su último estudio que el 64,6% de alumnos y profesores de las universidades del Reino Unido en las que han lleva a cabo su investigación utilizan libros digitales. Ya en el 2008 el 53% de los estudiantes con contenidos digitales sólo leían en la pantalla del ordenador. Los datos de ese mismo año en nuestro país señalaban que el 51% de los estudiantes optarían “frecuente o muy frecuentemente” por usar versiones electrónicas de los libros antes que versiones impresas, frente al 32% que “a veces” prefieren los libros electrónicos. Sólo un  17 % afirmaba que siempre usaba la versión impresa. En ambos ejemplos, es muy posible que los porcentajes disminuyesen con estudios de humanidades, donde la relación con el libro impreso es otra.

En Francia, un estudio señalaba recientemente que  el 48% de los que ya han probado un ebook destaca la comodidad de la lectura como una de las ventajas de este formato. El porcentaje es aún mayor -73%- entre los que ya son lectores habituales de ebooks. Y el interés aumenta a medida que se lee más, es decir, que se es un lector habitual.

Los nuevos hábitos llevan a nuevas formas de expresión.

Con estos datos está muy claro que la lectura en pantalla va a ocupar cada vez más el lugar que antes lo hacía el papel. En el ámbito de la prensa escrita ya hemos visto que está siendo así. Determinado tipo de libro o género tardará más tiempo en ser leído en formato digital, y una vez más los bestseller serán –ya lo son- la punta de lanza de los ebooks; el lector de bestsller es el lector mayoritario de libros. Los cambios están tan cerca que ya existen nuevas creaciones, quizá nuevos géneros, que se adecuan a los nuevos soportes de escritura y de lectura. Tanto en lectura online como para libros digitales. La característica que mejor define un texto online es el hipervínculo. La lectura online no es lineal, es más explorativa.

Sobre la lectura online podemos ver diversos ejemplos de cómo un texto puede ser leído de un modo que facilita su comprensión. Un buen ejemplo de ello es la edición online del Finnegans Wake, de James Joyce; un texto de por sí difícil y que en su versión en red favorece una lectura, precisamente, sin distracciones. Otro ejemplo es una edición del Cándido de Voltaire, llevada a cabo por la Biblioteca Pública de Nueva York. Un Cándido 2.0 para la lectura online en el que caben todo tipo de comentarios, aclaraciones, relaciones, etc., siempre y cuando sean pertinentes. Un texto social sobre el que se puede debatir, apuntar, compartir relaciones, pero respetando el texto original del autor. Otra cosa son los nuevos experimentos en los que la obra quede abierta por voluntad de su autor y en colaboración con sus potenciales lectores. En las últimas jornadas de ANELE tuvimos ocasión de escuchar las interesantes propuestas al respecto de Peter Brantley sobre la posibilidad de interacción y la autoría o de Tíscar Lara  a propósito de las competencias digitales y el conocimiento abierto, más enfocado a la educación.

Las posibilidades de narración pueden ir más allá del hipertexto y alcanzar las cotas de lo multimedia. No vamos a entrar aquí en si es o no es literatura, pero lo cierto es que como posibilidad ya existen ejemplos, y sobre la calidad, sean o no géneros nuevos o tonterías interconectadas, quizá todavía es demasiado pronto para juzgarlos. Como en cualquier ámbito creativo, las obras son buenas o son malas, sin entrar a valorar cómo o por quién están hechas, aparte de los gustos personales, claro. Desde las micronovelas para el iPhone, superventas en Japón, a otros ejemplos de la llamada webliteratura, se abren nuevas formas de expresión que hacen de los experimentos con nocilla algo obsoleto, si no lo eran ya antes. Son tales las diferentes posibilidades de leer hoy en día que se están creando plataformas para debatir estas nuevas formas de expresión que unen la literatura con las nuevas tecnologías. Un ejemplo muy reciente de esto es The Literary Platform. En España están haciendo un trabajo importante sobre literatura digital y electrónica desde el Portal de Literatura Electrónica Hispánica, alojado en el proyecto Cervantes Virtual, con un interesante blog sobre las novedades de estos nuevos posibles géneros.

Como es lógico, nuevas maneras de escribir y de leer conllevan nuevos modos de interpretar y pensar: En Portugal, José Afonso Furtado, desde una perspectiva textual, o en Francia Jean Philippe Pastor, desde una perspectiva más cercana a la filosofía con claras influencias derrideanas, están profundizando en las consecuencias de la hipertextualidad, los textos digitales, el metadato y cómo repercute no sólo en la creación textual sino también en un nuevo modo de pensar y entender el mundo, un nuevo mundo interconectado y multimedia que requiere una nueva revisión hermenéutica. Aquí, desde una perspectiva textual o de lectura, Antonio Rodríguez de las Heras o José Antonio Millán, entre otros, también dirigen su mirada en sus análisis a los cambios fundamentales que suponen tanto la lectura como la escritura digital.

 

Lectura responsable

A partir de ahora podemos, expectantes, observar hacia dónde se van a dirigir las palabras, en compañía de qué otros modos de representar una idea o una historia. Hasta dónde va a llegar el texto y cómo van a seguir afectando estos cambios a nuestra manera de leer. En pantallas. El debate sobre el libro y su mística (Blanchot, Steiner), y con él el del texto y sus variaciones (Bajtín, Barthes, Genette, Derrida, Deleuze, Iser y Jauss, etc.), toma ahora un nuevo sentido cuando pensamos en las posibilidades de la lectura y escritura en o para las pantallas. El “ruido” que provocan las imágenes alrededor de un texto, las distracciones de un género interdisciplinar, multimedia o sencillamente hiperanotado son sólo tales si el lector no se compromete con lo que está leyendo. No es la primera vez que sugiero que este tipo de lectura no lineal requiere de un lector más responsable –más aún que lector de libros impresos-, que sepa conducirse durante la lectura.

Las posibilidades de lectura se han multiplicado. El tiempo que pasamos leyendo también, cualesquiera sean los tipos de texto. El genial George Steiner ha escrito, en un alarde de exageración aristocrática que a él se le puede permitir, que “los libros de bolsillo no forman una biblioteca”. Me temo que si miramos con esa perspectiva al futuro no vamos a tener ninguna biblioteca en casa y, sin embargo, nunca vamos a dejar de leer.

José Antonio Vázquez Rodríguez
Profesor de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid

Publicado originalmente en el sitio Dosdoce.com. Reproducido con permiso del autor.

No hablemos de las TIC. Hablemos de la escuela, la enseñanza y el aprendizaje

Cuando hablamos de “las TIC”, el imaginario del profesorado y de la comunidad educativa en general lo relaciona con: ordenadores, pantallas digitales, teléfonos móviles, GPS, PDA, pocket PC, video proyectores, incluso cables, pantallas… un conjunto de aparatos que sostienen las propuestas de integración en la llamada sociedad de la información (1).

Y entonces nos encontramos con un problema, porque, al pensar en los aparatos, podemos estar olvidándonos de la escuela ¿Qué escuela queremos en esta sociedad y en este siglo? Quizás ha llegado la hora de pensar en los temas educativos enraizados en el contexto social que nos está tocando vivir, analizando el significado que tienen hoy en día, por la provocación que las TIC están realizando, tanto al conjunto de ciudadanos y ciudadanas, como a las instituciones, entre ellas a la escuela.

Vivimos momentos turbulentos, son demasiados los indicadores que nos llaman la atención a este respecto para que podamos continuar dando la espalda a esta provocación y a la nueva realidad llamada sociedad post-industrial, de la información, del conocimiento… nombres diversos que anuncian cambios. Movimientos sísmicos para un sistema que se transforma en sus propias raíces. Ha cambiado desde cómo se produce la riqueza, hasta cómo nos comunicamos y relacionamos y por qué no, nuestras propias identidades profesionales.

En esta sociedad en donde la información fluye rompiendo barreras de tiempo y espacio, donde cada vez es más difícil distinguir entre qué es lo virtual y qué no lo es. En estos contextos ambiguos y complejos que nos toca vivir y que sirven de ambiente a las nuevas generaciones ¿Qué exigencias se le plantean a la escuela contemporánea y cómo estamos respondiendo desde las diferentes esferas?
Profesoras y profesores se enfrentan hoy a presiones sociales de mayores demandas y expectativas para con la escuela: la transformación de la familia, el fenómeno de la exclusión social, los nuevos perfiles de la infancia y la juventud, multiculturalismo, violencia, medio ambiente, droga, guerra, alcoholismo, brecha digital…son algunos de los procesos que impactan sobre una escuela creada y organizada para otras circunstancias y describen situaciones ambiguas, de incertidumbre, pero también de grandes posibilidades.

Estas demandas generan necesidades de cambios en la enseñanza en su estructura más interna. Entre otras cosas, un tratamiento diferente de la información, de la secuencia, de los modos de búsqueda y de la función del profesor/a en ese contexto, de los tiempos y los espacios en donde se desarrolla la enseñanza y tiene lugar el aprendizaje.

Las transformaciones que está sufriendo la sociedad afectan a la educación porque inciden sobre los sujetos, los contenidos del currículo y las formas de aprender. El concepto de lo que debe ser enseñado en las escuelas tendría que cambiar en la medida que cambia lo que se viene entendiendo por cultura, y las fórmulas básicas de transmisión de saberes se ven alteradas por la preeminencia que adquieren los canales de distribución de la información  al margen de la educación formal (Gimeno Sacristán, 2001).

Y todo eso no se consigue solamente con introducir determinados aparatos cada vez más sofisticados en los espacios educativos. Sino que es necesario re-pensar las prácticas. Se trata, como dice Gimeno (1999) de re-inventar las prácticas escolares y con ellas a la misma escuela. Trabajando en una re-orientación de los contenidos del curriculum que consiga que los tiempos y los espacios escolares sean sustantivos, para los individuos y para una sociedad que ya es diferente y, al tiempo, para preparar los contextos que se avecinan.

Las TIC no sólo constituyen un conjunto de aparatos, sino un entorno, un espacio, un ciberespacio en el cual se producen las interacciones humanas y se generan nuevas formas discursivas en la mediación que realizan en el proceso comunicacional. Burbules y Torres (2000), sostienen que la manera más fructífera de concebir el papel de las tecnologías en la educación es considerarlas, no un depósito ni un canal (ni  un sistema de transmisión), mediante el cual los docentes proveen de información y los alumnos obtienen acceso a ella, sino más bien como un territorio potencial de colaboración, un lugar en el que pueden desarrollarse actividades de enseñanza y  aprendizaje. Un espacio social ni mejor ni peor que otros.

Sin embargo, una concepción instrumental, aún ve las TIC como objetos fijos, con un uso y una finalidad concretos. Cada cual decide o no si las adoptará teniendo en cuenta ese uso y finalidad. Esta concepción plantea problemas: las herramientas sirven para alcanzar ciertos objetivos, pero también para crear nuevos. Modifican al usuario, la cultura y los valores. Generan efectos imprevisibles, nunca las usamos sin que ellas nos usen, al mismo tiempo que cambiamos nuestro medio, somos cambiados por ellas.

Ahora bien, tanto desde las políticas educativas, como de desde cada una de las escuelas, ¿somos conscientes de la envergadura de estas demandas? Aún percibimos que las instituciones educativas están estupefactas ante la avalancha de ordenadores que les llegan sin mediar ningún tipo de explicación. Se entremezclan los discursos de la globalización de la economía, de la comunicación y del progreso en uno solo, y la escuela se transforma en el puente que nos permitirá acceder a todos esos paraísos si acepta incluir en su seno el mágico mundo de las computadoras.

Las respuestas, en la mayoría de los casos, giran alrededor de su “imprenscindibilidad”,  porque las TIC se presentan como símbolo de renovación y “modernidad” sin que esa peculiaridad sirva para repensar los contenidos y los métodos.

La sociedad “informacional” reclama a las administraciones educativas y a la escuela, una respuesta comprometida si no quiere quedar al margen de los circuitos de comunicación de cultura y de conocimiento. Estamos, cada vez con más fuerza, en un mundo en el que la educación será la actividad decisiva para poder participar y estar en ese universo o quedar fuera de él.

Los contenidos tendrían que estar en concordancia con las condiciones que impone el intercambio cultural de ideas, costumbres, hábitos, que facilita la red. Es imperativo aprovechar la riqueza de ofertas de planteamientos culturales que caracterizan a la sociedad hoy en día y encontrar pautas nuevas para las identidades que se construyen en su seno que, al mismo tiempo que respeten las culturas locales, se enriquezca con el mestizaje físico, moral e intelectual.

La escuela no puede ya basar su trabajo en la transmisión de informaciones desde las diferentes disciplinas, a modo de listado para ser repetido, sino profundizar en la manera en que usamos la información para solucionar problemas, para construir conocimiento, para compartirlo, herramientas, para que los sujetos reconstruyan progresivamente sus modos de pensar y vivir su cultura particular.
La función educativa requiere autonomía e independencia intelectual para poder seguir aprendiendo. Aprender a aprender es el lema de este siglo. Se consigue con el análisis crítico de los mismos procesos socializadores que cada individuo ha integrado de una manera particular, en sus propios esquemas de pensamiento.

Ya hace unos años, analizando la situación en las escuelas de Galicia comentaba que “… si con la introducción de estos aparatos se pretende una innovación en la escuela, tenemos que decir que no se está teniendo en cuenta todas estas cuestiones, las TIC están llegando a las escuelas y recién ahora se comienza a pensar qué hacer con ellas, dónde colocarlas, o para qué están” (Gewerc Barujel, 2002). Posteriormente una investigación realizada en una escuela concreta la titulamos Todo está en el mismo tiempo, en el mismo espacio y en la misma gente, haciendo referencia a la sensación de “dejá vu”, que tenemos cuando nos acercamos a las realidades de los centros educativos  (Gewerc y González Fernández, 2004).

Tal como hemos observado, en la escuela no se dan las condiciones materiales para que el conjunto del profesorado se forme e implemente las propuestas de innovación que la incorporación de las TIC requieren, ya que todo hay que hacerlo fuera del horario, en tiempos y espacios robados. A pulmón y por voluntad. Esto trae aparejado, que quienes se aprestan a hacer este viaje (para variar), suelen ser los que pueden, por historia, por condiciones personales que lo posibilitan…, porque tienen otras experiencias. Para que puedan producir innovaciones sostenibles en el tiempo hacen falta tiempo y espacios reales. Y allí la administración educativa tiene mucho que decir aún.

De allí que nos animamos a hipotetizar que si no hay un proyecto genuino de innovación en las escuelas, la incorporación de tecnologia se limita a reproducir, e incluso a sobredimensionar los viejos usos metodológicos y didácticos. La potencialidad de estas herramientas se aprovecha si su utilización supone re-pensar los factores implicados en los procesos de enseñar y aprender en un centro educativo concreto, en el marco de las condiciones cambiantes de la sociedad en la que vive, el sistema educativo en el que se instala y la comunidad en la que se integra.

Sin embargo, una de las cuestiones alrededor de las cuales gira el imaginario social del cambio está dado por la integración de las TIC en las escuelas. Pero, y de esto ha dado cuenta la investigación en tecnología educativa de los últimos años, una vez instaladas en los centros educativos, cuando son utilizadas, no generan mutaciones en los aspectos metodológicos ni organizativos que lleven a modificaciones sustantivas en los procesos de enseñar y aprender. Implican, más bien, prácticas de adaptación de su supuesto potencial innovador a los usos de la enseñanza tradicional.

Los estudios muestran tambien que la mayor parte del software educativo, ya sea comercial o libre al que generalmente tiene acceso el profesorado, ayuda a reproducir la propuesta ya vigente. Se justifica así el uso de unos aparatos, por el mero hecho de usarlos, sin que signifiquen un replanteamiento real de las condiciones en que se trasmite, construye y distribuye el conocimiento.

Llegados a este punto, es importante decir que se hace necesario favorecer el desarrollo autónomo de los centros para llevar a cabo proyectos sostenibles de innovación con tecnologia. Una cuestión que conecta plenamente con nuestra línea de investigación es la idea de la importancia de aprender en contexto, es decir, aprender a hacer bien las cosas, no en abstracto, sino en el lugar en el que se trabaja. Este conocimiento del entorno, de las condiciones, de los actores… favorece la idea de sostenibilidad mediante mejoras abordables, duraderas, con recursos adaptados. Las políticas sostenibles no despilfarran recursos en equipos informáticos que no se saben usar; invierten en desarrollo y formación en competencias docentes como inversiones a largo plazo.

(1) En la declaración de principios de la n, celebrada en Ginebra en diciembre de 2003 se define a la sociedad de la información como “una sociedad en la que todos puedan crear, acceder, utilizar y compartir información y conocimiento, permitiendo a los individuos y comunidades alcanzar todo su potencial y mejorar su calidad de vida de forma sostenible” Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (Ginebra, 2003)

Bibliografía

Burbules, N., y Torres, C. A. (2000a). Globalization and education : critical perspectives . New York: Routldege.
Burbules, N., y Torres, C. A. (2000b). Globalization and education. Critical perspectives. New York: Routledge.
Gewerc, A., y González Fernández, R. (2004). Todo está en el mismo tiempo, en el mismo espacio y en la misma gente: Estudio de un caso sobre la influencia de las nuevas tecnologías en el desarrollo organizativo y profesional de los centros educativos. Comunicación presentada en el 8º Congreso Interuniversitario de Organización de Instituciones Educativas: Cambiar con la sociedad, cambiar la sociedad, Sevilla.
Gewerc Barujel, A. (2002). Crónica de un proceso anunciado: La integración de las tecnologías de la información y la comunicación en escuelas primarias de Galicia. En E. Pernas Morado y I. Doval (Eds.). Santiago: ICE- Universidad de Santiago de Compostela.
Gimeno Sacristán, J. (1999). Políticas y prácticas culturales en las escuelas: los abismos de la etapa postmoderna. http//:www.quadernsdigitals.net, Monográfico, 1-25.
Gimeno Sacristán, J. (2001). Educar y convivir en la cultura global. Madrid: Morata.

Adriana Gewerc Barujel
Doctora en Pedagogía. Profesora Titular en la Universidad de Santiago de Compostela, Facultad de Ciencias de la Educación, del Departamento Didáctica y Organización Escolar en el área de Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación

Publicado originalmente en la Revista Galega do Ensino Nº 50 y reproducido con el permiso de la autora.

¿Asistiré? ¿Tal Vez? ¿No? Facebook y la construcción del acontecimiento

Un intelectual conocido afirma en Facebook que va a asistir a una conferencia. No importa su nombre: lo llamaremos Dr. X. El evento se lleva a cabo, pero él no asiste. El colega que organiza la conferencia, Dr. Z, lo advierte, pero no se molesta. Al contrario, se siente agradecido. Cuando Dr. X organiza un evento (una mesa redonda), Dr. Z comunica en Facebook que asistirá. Tampoco lo hace, pero Dr. X tampoco se siente molesto, sino agradecido.

La gran mayoría de los amigos de ambos en Facebook ignoran lo ocurrido. Creen que los dos asistieron a esos respectivos eventos. Quizás alguno desconfíe, pero tampoco dice nada. No pregunta, no interroga, no intenta confirmar. ¿Será porque no se pone a prueba públicamente a los amigos?

Se ha hablado mucho de la publicación de nuestra privacidad e intimidad en las redes sociales. Del fin del decoro y la discreción, de la exhibición pública de nuestros gustos y preferencias. Pero se habla menos de estos sucesos. Y sin embargo, episodios de este tipo son cotidianos en Facebook.

¿Por qué se focaliza menos esta dimensión? Creo que una de las cosas que suceden es que estamos acostumbrados a analizar los medios, pero nos cuesta asumir la posición de analistas de nosotros mismos, ahora que nos hemos convertido, en cierta forma, en medios de comunicación.

Como toda puesta en juego de vínculos interpersonales, en este caso mediatizados, las operaciones de estos intelectuales en Facebook ponen en juego problemas morales. ¿Hicieron bien Dr. X y Dr. Z? En un cierto nivel, desde el punto de vista de los vínculos interpersonales, probablemente sí: han expresado una forma de amistad. A los amigos se los apoya.

Desde el punto de vista de una teoría de la mediatización, es decir, si consideramos la intervención mediática y pública de ambos profesionales, probablemente no: al construir esos acontecimientos y no comunicar luego que finalmente no asistieron no dijeron toda la verdad. Como muchas veces lo hacen los medios y por eso son mismo condenados.

Pero aún hay otra pregunta mejor a considerar: ¿Creen realmente los demás (los “amigos” de ambos) que los sujetos hacen en sus vidas lo que anuncian en Facebook? ¿O simplemente piensan que el hecho de que, por ejemplo, alguien anuncie que va a asistir a un acontecimiento, no implica necesariamente que lo haga? Es decir, ¿piensan que comportarse de ese modo está mal o que, más bien, es tan sólo una forma mediática de apoyo?

Creo que la mediatización de la vida social a que nos someten las redes es tan rápida, que aún no sabemos muy bien qué pensar sobre estas operaciones (quizás sea un modo mucho mejor de llamar estas acciones que considerarlas comportamientos).

Hasta ahora, no vi a nadie en Facebook denunciar a otro porque no asistió a un evento. Hasta que no nos convertimos, cada uno, en verdaderos medios de comunicación, tampoco sucedían frecuentemente estas cosas. En la vida social muchas veces alguien dice que ha hecho algo que no hizo; pero hoy, que hay que páginas personales que tienen miles de seguidores, estos acontecimientos parecen haber cambiado de estatuto.

Complejas situaciones que enfrentamos desde que hemos empezado a vivir una vida fuertemente mediatizada y que cada uno debe resolver día a día.

Mario Carlón
Profesor Adjunto de Semiótica de los Medios I en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
Investigador del Instituto Gino Germani, donde dirige actualmente el Proyecto Ubacyt S417 “Mundo del Arte/Mundo de la Información”.

Derechos de los lectores de libros digitales

Las plataformas de acceso y venta de libros digitales de Google, Amazon y Apple, entre otras, están basadas en el concepto de “libros en la nube”, que conlleva una nueva manera de acceder a la información y al conocimiento. La digitalización del libro está transformando la manera en que los lectores acceden a la información y al conocimiento, bien sea la lectura en pantallas de todo tipo de contenidos digitales, el auge del comercio electrónico de libros y revistas, el intercambio de información entre conocidos y perfectos desconocidos o la gestión del conocimiento a través de herramientas de comunicación online como Twitter o Wikipedia, entre otros. Pero esta transformación no tiene por qué afectar necesariamente a nuestros derechos adquiridos a lo largo de la historia como consumidores de libros ni mermar nuestros derechos a la privacidad como ciudadanos.

Los lectores de Dosdoce.com saben que somos unos claros defensores de los libros electrónicos y de la lectura en pantallas. Precisamente por nuestra defensa de la edición digital, abogamos por una definición concisa y transparente de los derechos de los lectores de eBooks antes de que se consolide en la futura sociedad digital el nuevo modelo de acceso a los libros digitales, más conocido como los “libros en la nube” o “pago por lectura”.

Estos nuevos hábitos de acceso a la Red están determinando el enfoque del concepto Libro en la nube, que significa básicamente que en lugar de tener que ir a un ordenador para acceder a nuestros libros o revistas, todos esos contenidos y aplicaciones estarán disponibles en la Red y serán accesibles para cualquier persona en cualquier momento y desde cualquier tipo de dispositivo (un ordenador, un móvil o un eReader).

Derechos adquiridos que no debemos ceder

En el mundo analógico -por así decir-, como compradores de libros en papel queda establecida una serie de normas cuya importancia y necesidad social no habíamos posiblemente valorado hasta la aparición de los libros digitales, y que no debemos ceder con la llegada de nuevas formas de acceso a los libros, la información y el conocimiento:

- Cuando compramos un libro en una librería nos convertimos en los dueños de ese producto.

- Nuestros datos de compra no pueden ser reutilizados sin nuestro permiso.

- Nuestro historial de compra no puede ser vendido para fines comerciales (publicidad, etc.).

- Nuestras afinidades lectoras no pueden ser divulgadas a terceros.

- Podemos realizar compras de libros totalmente anónimas pagando en metálico y sin dejar rastro personal alguno de dicha compra.

- Podemos prestar nuestro libro a un familiar, amigo o compañero del trabajo.

- Nuestras notas y apuntes son personales y visibles hasta cuando queramos para quien queramos.

Todos estos derechos de los lectores, que nos son tan habituales con cada compra y uso de un libro en papel, deberían garantizarse en el nuevo entorno digital.

Los libros en la nube: interconexión vigilada

Las plataformas de acceso y venta de libros digitales de Google, Amazon y Apple están basadas en el concepto de “libros en la nube”, que conlleva una nueva manera de acceder a la información y al conocimiento. En vez de descargarme un libro en mi ordenador o eBook, me conectaré a una determinada plataforma para acceder a mis libros.

El “libro en la nube” no se puede descargar ni imprimir; accedemos a una plataforma donde tenemos nuestra biblioteca de libros y una serie de posibilidades para acceder a ese contenido. Podemos, por ejemplo, alquilar el contenido durante un año o un mes, así como acceder a un determinado libro con los comentarios de otros lectores.

Sin lugar a dudas, este nuevo modelo de pago por lectura aportará enormes ahorros financieros y la posibilidad de generar múltiples servicios de valor añadido a las plataformas de acceso y venta de eBooks. No obstante, compartir conocimiento en línea o alquilar un libro digital no debería convertirse en un ejercicio de constante defensa por parte del usuario para sentirse seguro o protegido.
 
Podemos, y debemos, aceptar que un libro en formato digital dejará de ser un objeto material y tangible como lo había sido hasta ahora. Pero esto no significa que debamos ceder nuestros derechos como ciudadanos a los intereses comerciales de las empresas privadas. Hay que hallar la manera de encontrar un equilibrio entre las ventajas de la nube y los derechos adquiridos de los lectores ante la privacidad, intimidad  y propiedad.

Defensa de nuestros derechos como lectores

En los Estados Unidos, el colectivo de bibliotecarios y varios organismos sin ánimo de lucro como la Electronic Frontier Foundation han asumido el reto de evitar que la consolidación de estos nuevos modelos de acceso al conocimiento choque contra los valores democráticos más básicos.

La biblioteca digital siempre disponible en cualquier momento y en cualquier lugar favorecerá el acceso a múltiples contenidos digitales, pero las autoridades públicas deberían plantearse legislar sobre qué pueden hacer o no estas empresas en la nube con el fin de proteger nuestros derechos como consumidores y ciudadanos.

No debemos permitir que nuestros datos personales relacionados con los hábitos de compra online y nuestras afinidades lectoras derivadas de nuestra lectura en pantallas sean utilizados para fines comerciales sin nuestro consentimiento expreso.

A raíz de todos estos argumentos y siguiendo iniciativas similares en los Estados Unidos en relación con este tema, como las de Peter Brantley, director de contenidos del Internet Archive, o las recomendaciones de la mencionada Electronic Frontier Foundation proponemos el siguiente dodecálogo para proteger los derechos del lector de libros digitales.

Dodecálogo de derechos del lector de libros digitales

1.Las plataformas de acceso y venta de eBooks no deben comerciar con el historial de compra de los lectores sin su consentimiento previo.

2.Aquellas plataformas que quieran reutilizar con fines comerciales el historial de compra de los lectores para mejorar sus sistemas de recomendación de libros o generar ingresos publicitarios relacionados con las compras realizadas deberán comunicar previamente a los lectores qué tipo de información guardan en sus plataformas, por cuánto tiempo y para qué fines comerciales.

3.El lector de libros digitales podrá acceder a esta información personal en cualquier momento y borrar su historial en caso de considerarlo oportuno.

4.Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberán garantizar que los eBooks adquiridos son propiedad de aquellas personas que los han comprado. Tras la polémica decisión de Amazon de entrar en la cuenta de sus usuarios y eliminar los ejemplares digitales vendidos del libro de George Orwell 1984 por discrepancias con su proveedor, se justifica que exijamos que las plataformas de comercialización de eBooks se comprometan a respetar nuestros derechos como consumidores. Ninguna plataforma o librería virtual debería ser capaz de eliminar de mi cuenta un libro ya adquirido o limitar el acceso al mismo sin mi consentimiento expreso.

5.En caso de alquiler, pago por lectura o subscripción de cualquier contenido digital, el usuario debería tener una opción a compra perpetua.

6.Al igual que en el mundo analógico podemos prestar un libro comprado a un amigo, en el mundo digital deberíamos preservar el derecho a realizar préstamos de libros en cualquier formato y sin coste adicional.

7.Se nos debe garantizar la posibilidad de leer cualquier libro de nuestra biblioteca en la nube o plataforma en cualquier dispositivo, sin restricciones ni limitaciones por sistemas, derechos, fronteras, etc., y siempre de una forma amable y legible.

8.Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberían permitir que las personas que deseen hacer sus compras en un entorno plenamente privado puedan hacerlo sin que sus datos de compra sean almacenados en ningún momento ni comercializados a terceros.

9.Los compradores de libros digitales podrán eliminar su historial de compra o alquiler, así como destruir los propios libros adquiridos, en cualquier momento y de forma definitiva sin dejar rastro alguno de su previa existencia en ninguna memoria virtual.

10.Los lectores podrán regalar o revender cualquier libro adquirido que ya no se quiera mantener en su biblioteca digital.

11.Los lectores podrán subrayar, marcar y hacer anotaciones de forma anónima en sus libros adquiridos. Aquellos lectores que quieran compartir con otros lectores sus anotaciones personales deberán poder hacerlo, pero si en cualquier momento cambian de opinión también podrán retirar las aportaciones prestadas.

12.Al igual que podemos mantener nuestro número de teléfono móvil si nos cambiamos de operador, las plataformas deberán garantizar la portabilidad de los datos de los usuarios. Si por cualquier motivo un lector abandona una plataforma deberá poder transportar los libros adquiridos, notas e historial de compra a la nueva plataforma de forma fácil y eficiente.
No debemos olvidar que nos encontramos en la primera fase de definición del futuro modelo de sociedad digital. Lo que hagamos, cómo lo hagamos y lo que decidamos en esta primera etapa tendrá una amplia repercusión en el futuro. Como lectores ciudadanos nos corresponde garantizar que los intereses públicos de la futura sociedad digital estén por encima de los intereses económicos de las empresas por muy legítimos que sean.

Javier Celaya
Master en Relaciones Internacionales (Universidad de Columbia de Nueva York)
Fundador de Dosdoce.com
Autor de libro “La empresa en la web social” (2008).

José Antonio Vázquez Rodríguez
Profesor de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid

Publicado originalmente en el sitio Dosdoce.com. Reproducido con permiso de los autores.

Culturas de innovación vs. cultura de calidad

La “tiranía de la innovación” puede generar peligrosas perversiones. Cuando una organización se siente obligada a introducir un transformación profunda sin entender realmente su naturaleza y consecuencias se producen monstruos. La innovación se ha convertido en un requisito imprescindible, ya sea como única vía de supervivencia ya sea como adaptación a presiones (y oportunidades) políticas. Pero esa necesidad o imposición no significa que necesariamente la organización entienda lo que significa (y además tiene diferentes significados cuando es una demanda del mercado o de los usuarios respecto a cuando es una demanda política). Los dos casos que comento a continuación pueden ilustrar estas ideas:

- en las universidades españolas, y como consecuencia del proceso de adaptación al espacio europeo de educación superior, se ha generado un discurso de la innovación que se ha convertido en el leitmotiv de sus equipos rectorales. Pero este discurso se ha acompañado de una práctica basada en realidad en la implantación de sistemas de calidad. Las universidades han llegado (de nuevo) tarde a los cambios y empiezan ahora a incorporar métodos de gestión de calidad que se popularizaron hace ya bastantes años en el ámbito empresarial. Paradójicamente sienten la necesidad de denominarlo como innovación, la tendencia de moda en estos momentos la empresa. Como consecuencia, se promueve que se innove en los métodos docentes, pero cuando se empiezan a experimentar tímidamente alternativas a prácticas ya anquilosadas, rápidamente llegan los sistemas de calidad exigiendo estandarización y protocolos estables y previsibles. De este modo se logra “congelar” unos procesos que aún se estaban iniciando y que casi nunca habían podido ser experimentados, evaluados y mejorados. Como consecuencia las universidades se dotan de un catálogo de prácticas docentes “innovadoras” que, como en cualquier tipo de innovación en su fase inicial, están condenadas al fracaso en un alto porcentaje. Pero este fracaso no se puede transformar en un proceso de destrucción creativa que de lugar a otros y mejores métodos. Bien al contrario, el efecto paralizante de la calidad hace que sus catálogos de métodos docentes se llenen con un conjunto de cadáveres exquisitos destinados a permanecer e impedir futuras innovaciones y, por tanto, cualquier tipo de transformación real.

- en muchas empresas, sobre todo aquellas de tamaño mediano y grande y con una trayectoria prolongada, la exigencia de implantación de sistemas de innovación se encuentra con enormes dificultades para cambiar las prácticas habituales de los diferentes departamentos. Además suele existir el problema añadido de identificar los agentes adecuados que puedan ser reasignados en sus funciones para provocar este cambio o de invertir recursos para incorporar nuevos profesionales que trabajen en unos objetivos que, en buena parte de las ocasiones, no son comprendidos por la mayor parte de la organización. Al tiempo estas empresas suelen contar con un departamento de calidad que ha crecido en los últimos años para poner en marcha numerosos sistemas y protocolos y que se haya en la búsqueda de razones para su continuidad. La solución fácil, y aparentemente barata y rápida, es confiar la innovación a los responsables de calidad; al fin y al cabo ambos objetivos parecen coincidir plenamente al promover mejoras en la actividad de la empresa. Pero, de nuevo, se mezclan culturas y prácticas absolutamente incompatibles y contrarias entre si. Las consecuencias pasan muchas veces por convertir la innovación en un sistema burocrático al servicio de la obtención de apoyos financieros públicos y de la certificación de procesos supuestamente innovadores pero que en realidad ya habían sido definidos por completo antes de iniciarse.

Cultura de calidad

Los sistemas de calidad son quizás el resultado más exitoso del management científico. El análisis sistemático y cuantitativo de los procesos que suceden en una organización permite su estandarización y la aplicación de métodos de mejora continua que sucede siempre dentro de unas prácticas bien delimitadas.

La calidad sigue siendo necesaria, pero ya no es, en buena parte de los sectores, un factor diferencial de competitividad. Es un requisito para mantenerse en el terreno de juego. Pero la aproximación a la gestión basada en la calidad sigue siendo muy frecuente debido a sus “ventajas”: fácilmente medible y evaluable, existe una legión de consultores dedicados a vender este tipo de sistemas, y es fácilmente incorporable a la formación convencional.

La limitaciones del management científico

Sobre la gestión basada en la eficiencia, o la “gestión como ciencia” (más allá de los sistemas de calidad) es recomendable el libro Competing on Analytics de Thomas Davenport y Jeanne Harris. Estos autores explican el funcionamiento de los modelos de gestión basados en el desarrollo de sistemas de información y su análisis estadístico y modelización para comprender cuantitativamente el funcionamiento de la organización y de los mercados y su evolución futura. Pero este enfoque explota solo una de las formas posibles de uso de las herramientas cuantitativas. Así, ya unos años antes Michael Schrage, en el libro Serious Play, explicaba como las simulaciones podían ser utilizadas en el desarrollo de estrategias, explorando futuros alternativos. El objetivo de estos juegos, “alimentados” por la mejor información cuantitativa y cualitativa disponible, no es definir un único futuro (el más probable en términos estadísticos) si no generar escenarios alternativos sobre el que diseñar estrategias y poder evaluar las consecuencias de cada una de ellas.

La capacidad de predicción de los modelos analíticos es siempre limitada en sistemas complejos con elevadas dosis de incertidumbre que solo se pueden reducir hasta cierto punto a pesar de que se incremente el volumen y calidad de los datos. Puede ser útil observar lo que sucede con las ciencias ambientales, un ámbito donde las herramientas de simulación se emplean de un modo intensivo pero su poder de predicción es muy limitado, como proponen y documentan Orrin Pilkey y Linda Pilkey-Jarvis en el libro Useless arithmetic. Why environmental scientists can’t predict the future. Al igual que en el caso de las ciencias ambientales, los sistemas sociales (que incluyen a los mercados) y las organizaciones empresariales siempre han sido, y cada vez más, sistemas complejos donde nuestra capacidad de reducción y manejo de la incertidumbre es muy limitada. Así, el valor de las simulaciones es muy limitado si las empleamos como herramientas predictivas clásicas. Los sistemas de calidad son un caso canónico de uso predictivo, gaussiano, de los métodos cuantitativos. La innovación necesita de otros métodos, como aquellos que podemos englobar dentro del pensamiento de diseño, pero puede obtener beneficios de herramientas cuantitativas utilizadas en el análisis de escenarios.

Culturas de innovación

La innovación es intrínsecamente inestable. No son única ni principalmente un conjunto de competencias técnicas y procedimientos (aunque éstos si son parte de los procesos de innovación). La innovación es una cultura que debe incorporarse a la estrategia y al modelo organizativo.

En este sentido, las culturas de innovación no son ni mucho menos homogéneas. Existen una serie de factores como el tamaño de la organización, su estrategia, y el sector y sus factores de competitividad que condicionan los modelos de innovación. Por ejemplo, podríamos citar a aquellas empresas que centran sus capacidades de innovación en un departamento de I+D, otras en que los procesos de innovación se distribuyen en toda la estructura, o aquellas que conforman redes con actores externos para generar innovación abierta. Cada modelo requiere de estrategias específicas y por tanto necesita culturas en gran medida diferentes.

La innovación es, por su propia idiosincrasia, difícilmente gestionable en el sentido que se gestionan otras funciones en una organización (y especialmente la calidad), pero si es posible facilitarla y crear condiciones que generen la cultura de innovación apropiada. Por ejemplo, son diferentes las competencias y modelos organizativos, y en síntesis la cultura, que necesitan empresas que innovan dentro de un departamento de I+D o de forma distribuida. Aún más diferentes son para los casos en que se establecen estrategias de colaboración con redes abiertas. Pero además, en ocasiones el reto consiste en la transformación de la organización para hacerla evolucionar hacia modelos mayor capacidad de innovación. Cada modelo requiere su propia cultura de innovación, pero en ninguno de ellos la cultura de calidad proporciona claves esenciales, bien al contrario generará efectos perversos.

Juan Freire
Doctor en Biología
Profesor Titular de la Universidad de La Coruña (UDC)
Responsable de la Cátedra de Economía Digital de la Escuela de Negocios EOI.

Publicado originalmente en http://nomada.blogs.com y reproducido con permiso del autor.

¿Qué es la angelética?

I. ¿Qué es la angelética?

Es el nombre de un nuevo campo de investigación científica. ¿Por qué este nombre? ¿Cuál es su origen? La palabra ‘angelética’ está derivada del griego angelía que significa mensaje. Es también la palabra que utilizamos en castellano cuando designamos a los ángeles como mensajeros divinos. Sobre esto último existe una larga tradición en la teología, tanto en la cristiana como en otras religiones: la angelología. La angelética designa, a diferencia de la angelología, el estudio del fenómeno de los mensajes y los mensajeros, independientemente de su origen divino, o, mejor dicho, estudia este fenómeno dentro de los límities de la condition humaine.

Esto último no quiere decir que se excluyan estudios conexos tanto en el campo de las religiones como en las ciencias naturales (por ejemplo el estudio de mensajes y mensajeros a nivel celular), pero el enfoque específico es el de los mensajes y los mensajeros humanos. Lo humano implica siempre, naturalemente, la técnica. Es justamente en este momento histórico del surgimiento de la Internet en el que el fenómeno técnico de los mensajes y los mensajeros digitales, comenzando por el e-mail hasta todo tipo de actividades  políticas, científicas, culturales y económicas en la red, juega un rol preponderante y por así decirlo paradigmático en la sociedad mundial del siglo XXI.

II. ¿Hasta qué punto es esta una nueva ciencia?
Como ya lo indicaba, se trata de estudiar un fenómeno humano con una larga trayectoria y que tiene sus raíces en la evolución de la vida. Naturalmente que es posible investigar el dinamismo de la vida y de los seres vivientes entre si y con su entorno como un proceso de elaboración de mensajes o informaciones. Esto ha sido demostrado ampliamente por el desarrollo de la cibernética y de la teoría de sistemas. Pero es también evidente que el fenómeno de los mensajes a nivel humano nos confronta con una complejidad y una especificidad que no puede tratarse adecuadamente sólo en base a los instrumentos conceptuales y técnicos de, digamos, la teoría de la información de Claude Shannon y Warren Weaver.

Por otro lado la revolución industrial de los últimos dos siglos provocó el auge de la teoría del marketing, o sea del estudio de la propagación de mensajes con fines de beneficio económico. Si recordamos además la revolución cultural producida por el invento de la imprenta podemos ver también aquí el influjo de la técnica para difundir mundialmente mensajes de tipo político, religioso y económico en la edad moderna. Es necesario recordar también la historia de la técnica y la organización de los correos y, last but not least, la historia y la teoría de las relaciones entre los estados basadas en embajadas y embajadores.
III. ¿Una sociedad transparente?
La revolución técnica de la imprenta crea una nueva situación no sólo mediática sino también angelética. Immanuel Kant ve justamente en la distribución no censurada de la investigación científica a través de la imprenta el medio en el cual los ideales y mensajes del Iluminismo puedan difundirse e influenciar indirectamente (!) los procesos políticos. Con el proceso de secularización surgen nuevos mensajes políticos y (pseudo-)científicos que intentan ocupar, con consecuencias catastróficas para la sociedad y la naturaleza, el antigüo lugar de la estructura vertical valiéndose, como en el caso de la Alemania nazi, entre otros medios, de la radiodifusión. El auge de los medios de difusión masivos con su estructura uno-para-muchos pone en cuestionamiento la tarea de crear un espacio público libre de estructuras de presión, donde la fuerza de los argumentos y la racionalidad de los actores tengan la primacía. Este es justamente el ideal proclamado (!) por filósofos como Jürgen Habermas, quien ve en los medios de difusión masiva de mensajes tanto una oportunidad como un peligro para su ideal de una sociedad de comunicación transparente.

Habermas indica que Kant no había podido prever la posibilidad de una transformación del espacio público dominado por los medios de comunicación masivos (Capurro1996a). El filósofo italiano Gianni Vattimo ha criticado a su vez la sociedad transparente Habermasiana destacando su aspecto utópico y nivelador de diferencias, siendo así que una razón más “débil” permite distintas formas de mestizajes culturales y heterotopías las cuales se reflejan hoy más claramente en el carácter decentralizado de la Internet (Vattimo 1989).  

IV. La época de los ángeles vacíos
El filósofo alemán Peter Sloterdijk ha señalado que vivimos en una “época de ángeles vacíos” o de “nihilismo mediático”, en la que nos hemos olvidado del mensaje a trasmitir mientras que los medios de trasmisión se multiplican: “Este es el ‘disangelio’ propio de la actualidad” (Sloterdijk 1997). La palabra ‘disangelio’, que Sloterdijk toma de Nietzsche, destaca, en contraposión a ‘evangelio’, el carácter vacío de los mensajes distribuídos por los medios masivos y que culmina con la famosa frase de Marshall McLuhan: “The medium is the message”. Aquí justamente surge la pregunta hasta que punto la Internet crea un nuevo espacio angelético capaz de provocar nuevas sinergías de mensajes y mensajeros así como de sus emisores y receptores sin el carácter jerárquico y absoluto o pseudo-absoluto de los mensajes sagrados o de sus sustitutos políticos. Si los medios de masa se mueven, de acuerdo a Sloterdijk (1983), dentro de una estructura cínica, surge evidentemente la pregunta sobre el carácter “fantasmático” de los nuevos medios (Zizek 1997, Capurro 1999a).

Con esto llegamos a lo que hoy llamamos una ética de la información que tiene como tarea explicitar los posibles horizontes teóricos y prácticos para mantener, promover y crear nuevas formas de vida en común en un mundo donde no sólo los parámetros clásicos de lugar y tiempo determinantes para la creación y difusión de mensajes son cuestionados, sino donde también las estructuras locales de poder político que hasta ahora controlaban dicho fenómeno se encuentran paradójicamente en la situación inversa. Las grandes (r-)evoluciones económicas y sociales están basadas menos en el dominio de los medios de producción de objetos materiales que en el de los medios de comunicación de mensajes. Estos últimos fundamentan a los primeros (Capurro 1995, 1999). 

V. De la hermenéutica a la angelética
Finalmente quisiera indicar la relación entre la angelética y la hermenéutica (Capurro 2000). La hermenéutica fue una de las grandes corrientes filosóficas del siglo XX. Más allá de la lucha de escuelas (positivismo, Marxismo, racionalismo crítico, filosofía analítica, teoría de las ciencias etc.) puede decirse que uno de los grandes resultados de la reflexión del siglo XX ha sido la conciencia del carácter interpretativo del conocer y saber humanos. Esto vale tanto para, por ejemplo, Karl Popper con su caracterización del saber científico como un saber eminentemente conjetural, sujeto a falsificaciones empíricas, como con respecto al “círculo hermenéutico” explicitado por Hans-Georg Gadamer basándose en la analítica Heideggeriana.

Toda interpretación presupone un proceso de transmisión de mensajes. El texto que ha de ser interpretado tiene que ser previamente trasmitido y anunciado. Hermes es primariamente mensajero y en base a ello también intérprete y traductor. Toda hermenéutica presupone una angelética. Este carácter mensajero de la comunicación y  la interpretación es justamente lo que la angelética quiere analizar lo cual es una tarea no menos compleja y de largo alcance que la de la hermenéutica en el siglo pasado.  La angelética, a diferencia de la hermenéutica, tiene un carácter eminentemente práctico. No se trata sólo de comprender sino de provocar un cambio en el recipiente. La relación entre emisor y recipiente se puede concebir en analogía con el círculo hermenéutico como circulo angélico. Todo receptor es un emisor potencial y así también un mensajero y vice versa. Es por esto también que la dimensión ética es mas inmediata en la angelética que lo que pensaba Gadamer con respecto a la hermenéutica.

Conclusión
Fue mi intento en estas pocas líneas invitar a colegas a elaborar juntos lo que podría ser una ciencia clave del siglo recién comenzado. La angelética como teoría de los mensajes es así ella misma un mensaje con aspiraciones a crear sobre sí misma y sobre los otros un saber común. Sus preguntas conciernen origen, fin y contenido de los mensajes, estructuras de poder, técnicas y medios de difusión, modos de vida, historia(s) de mensajes y mensajeros, codificación e interpretación, aspectos sociológicos, sicológicos, políticos, económicos, estéticos, éticos y religiosos. Todo un cosmos científico por así decirlo.

Bibliografía
Capurro, R. (1995): Leben im Informationszeitalter. Berlin 1995.
- (1996): On the Genealogy of Information. En: K. Kornwachs, K. Jacoby, Eds: Information. New Questions to a Multidisciplinary Concept. Berlin 1996, p. 259-270.  
- (1996a): Informationsethik nach Kant und Habermas. En: A. Schramm, Ed.: Philosophie in Österreich. Viena 1996, p. 307-310.
- (1999): Ich bin ein Weltbürger aus Sinope – Vernetzung als Lebenskunst. En: P. Bittner, J. Woinowski, Eds.: Mensch – Informatisierung – Gesellschaft. Münster 1999, p. 1-19. 
- (1999a): Beyond the Digital.
- (2000): Hermeneutik im Vorblick.
Flusser, V. (1996): Kommunikologie. Mannheim 1996. 
Serres, M. (1993): La légende des Anges. Paris 1993. 
Sloterdijk, P. (1997): Kantilenen der Zeit. En: Lettre International, 36, p. 71-77. 
- (1983): Kritik der zynischen Vernunft. Frankfurt a.M. 1983.
Vattimo, G. (1989): La società trasparente. Milán 1989.
Zizek, S. (1997): Die Pest der Phantasmen. Viena 1997.

Rafael Capurro
Doctor en Filosofía.
Profesor de Ciencia de la información y de Ética de la información en la Universidad de los Medios de Stuttgart.
Fundador y Director del International Center for Information Ethics (ICIE)

Publicado con permiso del autor. El texto completo puede leerse en el sitio http://www.capurro.de/angeletica.html

Universidades conectadas

Cuando indagamos en textos que abordan el panorama actual de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) aplicadas a la educación, es difícil descubrir aquellos que nos sitúen en elementos concretos. Es común tropezar en esta línea temática con aquellos textos que de manera reiterada se centran una y otra vez sin cesar en la historia del internet, la polémica por sus diversos usos y la tan culpable brecha digital. Esto no quiere decir que carezca de relevancia lo antes mencionado, pero cuando los análisis se concentran exclusivamente en ello diluyen la profundidad que se necesita en un escenario innovador y altamente cambiante por sus usos,
aplicaciones y perspectivas a futuro.

La universidad conectada, Perspectivas del impacto de Internet en la educación superior en gran medida viene a llenar este vacío bibliográfico que nos acerca a los verdaderos líderes de opinión (y protagonistas en acción) de los Estados Unidos en este campo desde una visión global sin divagaciones abordan el impacto del internet con sus transformaciones y desafíos.

El autor Matthew Serbin Pittinsky, Presidente de Blackboard Inc. y Candidato a doctor por Teachers College de la Universidad de Columbia1, se inicia como editor en este libro pero en ningún momento es un novato. En el sector lo respalda una basta experiencia como conferencista en: Harvard Business School, the Software Publishers Association, y EDUCAUSE. Así como numerosos artículos, que han sido citado en los principales medios de comunicación, como The Chronicle of Higher Education, The Washington Post, The Wall Street Journal, The New York Times y BusinessWeek.

Con título original en inglés The wired tower perspectives on the impact of the Internet on higher education el libro se publica en el 2003 por Upper Saddle River, NJ : Financial Times y Prentice Hall. Nace como resultado de las conferencias pronunciadas en abril del 2001 ante la reunión de trescientos cincuenta líderes educativos y académicos en Washington, D. C. ante el impacto del aprendizaje electrónico sobre la educación superior ¿es transformador o evolutivo? Este tipo de temas no tendría mayor relevancia en el área sino fuera por sus integrantes, en los cuales podemos encontrar a personajes tan importantes como Neil Postman, profesor en la Universidad de Nueva York, y conocido por su libro Tecnópolis. La rendición de la cultura a la tecnología.

El texto en lengua española es editado por Ediciones Aljibe, en el que intervienen el Consorcio Fernando de los Ríos, Enseñanza Abierta de Andalucía, así como la Junta, Universidad y Radio Televisión de Andalucía. Inicia con una introducción a la edición en español, denominada Un horizonte nuevo: e-learnig 2.0 dictada por Matthew Serbin Pittinsky y Gordon Freeman, generalmente los lectores omiten esta parte para entrar directamente al libro, en este caso es recomendable leerla porque de manera muy breve nos introduce a la naturaleza del texto con sus principales referentes, como lo es la relación histórica entre la universidad y la red en un contexto de intereses donde en un proceso realmente rápido el aprendizaje electrónico es un medio, que ya no crea tanto asombro, según palabras de Neil Postman se convierte en un medio para lograr un fin, no es un fin en sí mismo.

Aborda las predicciones de la evolución versus transformación en la educación digital ante instituciones más tradicionales integradas en un mundo digital y la falta de consolidación de las instituciones online únicamente. Identifica las cuatro columnas de los desafíos modernos de la transformación de la universidad tradicional como lo son: la equidad, el acceso, la calidad y la eficiencia.

Sin alejarse del mundo de los mercados explica la necesidad de conjuntar en este aprendizaje electrónico 2.0 una manera práctica la mayor eficiencia y calidad, así como el aumento de la participación de docentes y estudiantes en políticas educativas en sus diferentes niveles. Este proceso se da en dos conceptos ampliamente desarrollados a lo largo del libro: evolución y transformación.

Serbin Pittinsky en un primer capítulo llamado: La transformación a través de la evolución contextualiza al lector con predicciones del impacto de Internet, identificando los elementos de la futura educación superior como piedra angular de la economía y la sociedad de los Estados Unidos. Es un hecho que la integración de la vida universitaria se encuentra cada vez más conectada a las tecnologías de Internet aún entre las polaridades de la euforia al escepticismo consecuencia del colapso de las punto.com.

Este autor ubica el crecimiento de varias tendencias de la educación superior estadounidense que han venido desarrollándose desde hace tiempo hasta ahora. Dentro de estas tendencias podemos encontrar: El renovado centro de atención puesto en la pedagogía y en el educando, el movimiento de la tecnología desde el despacho administrativo a la ventanilla de atención al público, la importante búsqueda de nuevas fuentes de financiación y la presión y la oportunidad de servir a nuevas matriculaciones y mercados. Que lo lleva ha afirmar que lo evolutivo es la pedagogía donde la convicción de que la comunicación de persona a persona es un proceso fundamental para la educación efectiva.

Es el Rector del Teacher College de la Universidad de Columbia, Arthur Levine que expone en Educación superior: una revolución externa, una revolución interna que ante el cuestionamiento del impacto del Internet sobre la educación superior ¿transformador o evolutivo? Este catedrático con amplia experiencia en el ramo plantea que se encuentra en una revolución con cinco fuerzas que la impulsan: El cambio de una economía con base industrial a una con base en la información, los cambios en la demografía de la educación superior, la influencia de la tecnologías de la información y la comunicación como expansión, la rápida e histórica inversión del sector privado y la convergencia entre las organizaciones productoras de conocimiento por su distribución de contenidos a públicos más grandes.

La idea de revolución la fundamenta en que están surgiendo tres tipos básicos de universidades,estas son: Las universidades de ladrillo o tradicionales, las universidades virtuales aquellas donde se accede de manera electrónica y finalmente, las universidades de ladrillo y virtuales siendo esta combinación la más competitivas.

La universidad tradicionalmente se basa en la enseñanza, investigación y servicio pero también responde a exigencias del mercado en márgenes de rentabilidad lo que lleva al reto del crecimiento de nuevos proveedores educativos entrelazados con la creación, conservación,difusión y aplicación del conocimiento.

Es en El aprendizaje electrónico en el mercado de la educación postsecundaria: una visión desde Wall Street donde el analista de inversiones para el Credit Suisse First Boston Greg Cappelli desde el ámbito económico analiza a la educación superior como una industria desde los fundamentos de la economía empresarial.

No lejos de la visión de Capelli en el capítulo 4, Martín Irvine de la Universidad de Georgetown desde una perspectiva internacional aborda La emergente industria global del aprendizaje electrónico donde la idea de educación forma parte de la economía global y sus efectos tanto económico como social están impulsando la adopción del aprendizaje electrónico y los servicios de educación a distancia.

Encuentra elementos que definen el rumbo de la educación como industria ante desarrollos como el surgimiento de una red global de negocios que sirve al mercado educativo y los estándares educativos internacionales o transnacionales en los nuevos modelos de negocios de los proveedores de educación en el sector privado.

El análisis del cambio en la estructura tradicional de un curso universitario por el impacto de las tecnologías de Internet se da en Calidad, coste y acceso: el caso del rediseño por Carol A. Twigg que con amplia experiencia evalúa las fortalezas y debilidades en el rediseño de cursos con tecnologías de la información. Aunque el acceso es uno de los elementos a los que ha contribuido la tecnología, es todavía un tema a discusión la búsqueda de la alta calidad y los bajos costos ante la lucha contante de la aplicación de los formatos ya existentes al aprendizaje electrónico.

La práctica cotidiana: perspectiva de un responsable de los servicios informáticos en el campus,de Donald Spicer da gran equilibrio a este libro pues es aquí donde se abordan los componentes cotidianos de hacer posible el cambio de la interacción de la educación superior e internet que al margen de los grandes números y la estadística del mercado es la puesta en práctica de las ideas que establecerá el éxito o fracaso de un proyecto, de lo cual está muy cerca un jefe de los servicios informáticos (JSI). Esto es a través de analizar los elementos que componen esta práctica hasta llegar a uno de los programas universitarios online más destacados de todo el mundo como puede ser el University of Maryland University College (UMUC).

Es así como después de este recorrido Neil Postman en Cuestionamiento de los medios de comunicación mediante diferencias cualitativas reconoce la importancia de cuestionarse la tecnología en nuestras vidas. Este reconocido autor de más de veinte libros como Language in America, Teaching as a Subversive Activity, The Disapparance of Childhood y otros; aborda seis cuestionamientos, clarificando previamente que “una tecnología es simplemente una máquina,una herramienta de integración, mientras que un medio, como han escrito muchos eruditos, es una creación social”

Plantea preguntas como ¿Qué problemas soluciona esta nueva tecnología? ¿De quién es el problema? ¿Qué nuevos problemas se crean al solucionar uno viejo? ¿Quien y qué podría resultar dañado por una solución tecnológica?¿Se gana o se pierde en los cambios producidos por las nuevas tecnologías?¿Quién y qué adquiere poder gracias al cambio tecnológico? Enfatizando que las preguntas son las que se haría cualquier persona que deseara empezar a comprender los medios de comunicación, independientemente de la formulación ideológica de las respuestas.

El libro es concluido por Matthew S. Pittinsky con el capítulo Cinco grandes promesas del aprendizaje electrónico que desde el cambio producido en el mismo a través de su formación académica, afirma que “ha aprendido de primera mano el poder del cambio en la tecnología” para posteriormente dar cinco predicciones que incluyen: convergencia de modalidades, tecnologías académicas nuevas y más sofisticadas, extracción de datos, el perfil del estudiante y por último,comunidades y servicios en una red omnipresente.

Es así que este libro es altamente recomendable para quien quiere navegar desde el escepticismo de Postman, pasando por el análisis de los mercados hasta la visión de un jefe de servicios informáticos en una lectura accesible y actual necesaria para aquel que quisiera conocer el impacto de Internet en la educación superior.

Notas

1 Con el trabajo de investigación de los efectos en la clase en el Programa de Sociología de la Educación

Bibliografía

Serbin, M. (2006). La universidad conectada, perspectivas del impacto de Internet en la educación superior. Málaga: Ediciones Aljibe – Consorcio para la enseñanza abierta y a distancia de Andalucía.

Horacio Guevara Cruz
Profesor investigador del Grupo Emergente de Investigación de la Universidad Mesoamericana, México

* Artículo reproducido con permiso del autor. Originalmente fue publicado en Perspectivas del impacto de Internet en la educación superior (Reseña) Revista Q, 3 (6), 4, enero-junio 2009.

¿Internet ante su encrucijada?

Desde hace algunos años el uso de Internet se ha naturalizado.  El correo electrónico, el chat y más recientemente las redes sociales son formas de comunicación cada vez más habituales entre personas de diferentes edades y sectores sociales, en especial entre los jóvenes.  Ha pasado el tiempo en que tener una dirección de correo electrónico estaba reservado a  un grupo más o menos numeroso de privilegiados. 
 
La gran expansión que tuvieron en su momento los cibers y el progresivo descenso de los precios de las computadoras y de las tarifas de conexión facilitaron la integración de Internet en la vida cotidiana de muchos de nosotros. 

Millones de usuarios de la red no nos conformamos con ser consumidores pasivos de contenidos y, aprovechamos las posibilidades y versatilidad de los medios digitales para  crear y compartir imágenes, textos, música y videos a través de Internet.

El desarrollo tecnológico hace que actualmente el dispositivo de comunicación  sea casi irrelevante. Puede ser una PC, una computadora portátil  o un celular de última generación: lo fundamental es la calidad de conexión a la red.  En este contexto resulta auspicioso el crecimiento del número de conexiones de banda ancha que se ha registrado en los últimos años. Hoy algo más del 28% de los hogares de la Argentina dispone de este tipo de conexión. Sin embargo, esta cifra es todavía limitada ante el 64% de hogares  suscriptos a un servicio pago de televisión o las más de 35 millones de líneas activas de telefonía celular.

¿Cuál es la causa de la menor difusión de Internet? En repetidas ocasiones se utiliza como explicación la “brecha digital”, desigualdad de acceso a la Red cuya reducción es considerada por distintos organismos multilaterales y gobiernos como un medio para combatir la pobreza y favorecer el progreso social y económico. Simplificación que se apoya más en deseos o intereses que en datos concretos. ¿Acaso en los países con un alto nivel de conectividad se verifica un descenso en los índices de pobrezay de desigualdad atribuible al uso de Internet?

En contadas ocasiones, en cambio, se señala la posibilidad de que Internet resulte poco atractiva para un porcentaje significativo de la población. El precio no parece el motivo principal al menor índice de conectividad de los argentinos respecto a otros medios. Recordemos que en las principales ciudades del país es posible disponer de conexión de banda ancha por algo más de la mitad de lo que vale el abono básico a la televisión por cable y que se puede adquirir una computadora de escritorio por un precio equivalente o menor al de un televisor. Lo cierto es que no todas las personas están dispuestas a pagar por algo si no lo encuentran verdaderamente útil para sus vidas. 

Quizás llegue el día en el que aceptemos que Internet es nada más y nada menos que un maravilloso canal de comunicación entre los seres humanos y no una suerte de panacea universal.  

Diego Levis
Doctor en Ciencias de la Comunicación
Profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

Tiempo, espacio y la angustia de la vida desmaterializada

1. Información y tiempo

Nunca en la historia hemos tenido tanta información a nuestro alcance y tan poco tiempo para entenderla y, sobre todo, para poder disfrutarla.

2. Tiempo y relación

Nuestras relaciones cada vez son más complejas, se desarrollan en el espacio físico y en la red. Nuestro tiempo se modifica, se deforma y se adapta a los tiempos múltiples de los nodos de nuestra red. Quizás sea este el cambio más complicado a la hora de gestionar nuestra vida cotidiana; los días pasan a tener realmente 24 horas en las que todo puede suceder en cualquier momento, pero tenemos al tiempo un ritmo fisiológico al que estamos sujetos. Seguimos siendo esclavos de nuestra propia naturaleza que no es ni mucho menos digital.

3. Tiempo y espacio

Tendemos a posicionarnos, a tener bien sujetos los pies al suelo, para poder dominar el mundo o al menos nuestro contexto más próximo, para poder decidir por nosotros mismos, tener autonomía y tomar nuestras decisiones. Pero muchas veces cuando nos anclamos al suelo todo se mueve a nuestro alrededor y todo se desplaza. De este modo somos nosotros los que en realidad estamos perdiendo nuestro rumbo.

Alternativamente, podríamos pensar en que irremediablemente el flujo nos arrastrará. Si aceptamos esa situación, deberemos aprender a desplazarnos, deberemos aprender a tomar esas pequeñas decisiones, a realizar esos pequeños movimientos que en un momento dado pueden acabar por llevarnos a lugares radicalmente distintos. Tenemos que aceptar que no podemos controlar nuestro espacio vital, pero si quizás podemos manejar los tiempos para decidir hacia donde y por donde podemos caminar.

Posdata. 4. Los libros y la vida desmaterializada (que surgió hace unos meses de una fantástica conversación  con Chiu Longina y Manolo Gago)

Vivimos cada vez con mayor intensidad una vida desmaterializada, más móvil, más volátil, más impredecible. Quizás el libro es el último objeto material, la única posesión física que realmente nos ancla a un espacio físico personal. Todos experimentamos la angustia de esa carga cada vez mayor de libros que atesoramos, pero que al tiempo se convierten en una rémora cuando debemos iniciar nuevos proyectos o aventuras. El libro es quizás el objeto mejor diseñado para la interacción con el hombre; lo ha sido durante mucho tiempo y posiblemente lo seguirá siendo por mucho tiempo. Pero además el libro ha adquirido para nosotros un carácter simbólico, casi religioso, y ese es el que experimentamos ahora como problema. Quizás el punto de no retorno se sitúa cuando alguien decide abandonar ese tesoro para poder vivir por completo la vida desmaterializada.

Juan Freire
Doctor en Biología
Profesor Titular de la Universidad de La Coruña (UDC)
Responsable de la Cátedra de Economía Digital de la Escuela de Negocios EOI.

Publicado originalmente en http://nomada.blogs.com y reproducido con permiso del autor.

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