Internet, identidad y transición

En la actualidad existe un campo de problemas referido a los efectos de Internet sobre la identidad (personal, colectiva, política, social, cultural, etc.) que incluye una reactualización acerca de lo que sabíamos o creíamos saber sobre los medios masivos tradicionales como la televisión, el cine, la radio y los medios gráficos, pero también sobre el teléfono, el correo, el diario íntimo, los clubes de fans y las compras por catálogo por mencionar solo algunos ejemplos que están en el centro de la discusión sobre lo “viejo”, lo “nuevo” y la transición entre lo viejo y lo nuevo. Se trata de entender sí Internet es un medio “nuevo”, o una red que ensambla y/o reinventa medios “viejos”, o sencillamente un dispositivo que potencia la capacidad de acceso del ciudadano común al mundo mediático permitiéndole no solo interactuar con los productores sino también y en cierta medida convertirse él mismo en un productor de contenidos mediáticos.

Por otra parte, en cualquiera de estos casos el otro aspecto de la cuestión sería el preguntarse sobre si la identidades que produce Internet son distintas (y cuanto y en qué sentido) de las que producían antaño televisores, radios y diarios en papel. Lo que está en discusión entonces es del orden de las relaciones entre identidad (subjetividad), tecnología y sociedad en una época histórica sobre la que existe consenso en definir como de transición.

En búsqueda de alguna aproximación conceptual que pueda aportar novedad a este campo problemático encuentro que puede ser útil la noción de “público” acuñada por Michel Foucault en el curso Seguridad, territorio y población (1978). El público sería una forma de subjetivación que opera a través de los “medios de acción a distancia” modulando los flujos de deseos y creencias de la población y organizándolos en grupos de consumidores de imágenes, lenguajes, símbolos, mercancías, etc. y, además, regulando los modos de consumo por la acción de la publicidad. De modo que los atributos usualmente asignados a una identidad tales como la opinión, gustos, hábitos de consumo, estilos de vida, etc. serían un régimen social de consumo y producción similar al que plantea Karl Marx en la célebre Introducción de 1857.

Allí Marx escribe que el capitalismo incita a consumir previa producción de un sujeto consumidor educado para un consumo determinado según su clase social, lugar de residencia, epoca histórica, etc.: “el consumo mediatiza la producción creando para los productos un sujeto para el cual ellos son productos… el objeto no es un objeto en general, sino un objeto determinado, que se debe consumir de un modo determinado, tal como indica previamente la producción. El hambre es hambre, pero el hambre que se satisface con la carne cocida y comida con cuchillo y tenedor, es distinta a la que traga carne cruda sirviéndose de las manos, uñas y dientes. Así pues, la producción produce no sólo el objeto del consumo, sino también el modo de consumir, y no sólo de una manera objetiva sino también subjetiva. De suerte que la producción crea al consumidor”. Tenemos aquí planteada toda una concepción acerca de la identidad como producto de regímenes de producción y consumo que puede perfectamente ensamblarse con el concepto de público foucaultiano.

¿Cómo se vincula esta problemática con Internet y los “viejos” y “nuevos” medios e identidades? ¿Cuál sería, por ejemplo, la diferencia entre el publico que visona un programa de televisión en un aparato convencional con aquel que lo hace en un smartTV? ¿Tiene que ver, por ejemplo, con que el primero es pasivo y el segundo interactivo? No lo creo. El público siempre interactuó con los medios enviando millones de cartas por correo, comunicándose por teléfono, escribiendo cartas de lectores, o sencillamente esperando en la puerta del canal de TV para felicitar o insultar a un productor, un empresario o un actor: clubes de fans existieron siempre porque esa fue una modalidad de consumo televisivo creada por los productores de televisión. Ahora el público puede interactuar directamente desde el aparato de TV enviando un tweet, publicando un comentario en facebook, participando de un foro de un sitio web oficial del programa de TV, o simplemente usar un movimiento de manos o un comando de voz para cambiar de canal (en el principio me tenía que levantar de mi sillón y cambiar de canal girando la perilla, luego sin moverme usando el control remoto). La cuestión no es del orden de la interactividad sino de las modalidades de interacción que habilita Internet al ensamblarse con la TV (eso y no otra cosa es un smartTV

¿Publicar en un blog que tiene de diferente de llevar un diario íntimo? Que los contenidos íntimos ahora pueden hacerse públicos a través de Internet si es que decido hacerlo público, puedo también publicar mis poemas, mis novelas o mis ensayos, sin pasar por una editorial, el papel, el gasto de imprenta, es cierto, pero que se publique en Internet no significa que alguien lo lea. Quizás Internet es más íntimo de lo que pensamos aunque, claro está, hay alguien que por supuesto no solo lee y visiona todo lo que publicamos sino también que lo archiva, lo clasifica, lo convierte en base de datos, lo relaciona con otros individuos, nos construye un perfil de identidad tanto o mas sofisticado que cualquier otro que podamos construir nosotros mismos. Pero bueno, todos estos atributos son los que hacen que un dispositivo, un medio, genere un público: Internet produce públicos y lo hace de un modo mucho más sofisticado y complejo que cualquier otro medio –incluyendo la publicidad tradicional- nunca antes inventado por el capitalismo.

De modo que no hay viejos y nuevos medios, y tampoco viejas y nuevas identidades, sino unas condiciones de posibilidad, existencia y aceptabilidad de modos de consumir mediados, potenciados, reorganizados, clasificados y algoritmizados por Internet que no es un medio –en el sentido tradicional del término- sino una poderosa máquina que ensambla no solo los medios sino todas las esferas de la vida social en su conjunto: somos Internet o, para ser mas precisos, estamos llegando a ser Internet.

Luis García Fanlo
Doctor en Ciencias Sociales (UBA)
Investigador del Área de Estudios Culturales del Instituto Gino Germani (UBA)

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