Museos nacionales de arte en Internet. Viajando por Latinoamérica en un click

1. Introducción

            La prehistoria de Internet se remonta a finales de los años sesenta, pero su verdadera difusión no data de más allá de un cuarto de siglo. En las postrimerías de los ochenta se asistía tímidamente a la aparición de las páginas web tal como hoy las entendemos, con la paulatina incorporación de imágenes acompañando a los textos, conformando un menú que habría de ser cada vez más completo y a gusto del consumidor. Si pensamos en los hoy arcaicos sitios gopher, dotados de una información básica, presentada las más de las veces de forma árida, y sin atractivo visual ninguno, podremos hacernos una idea de los avances que se han venido y se vienen produciendo sin solución de continuidad. Otro paso de gigante se daría tras la instauración de la world wide web (www) hacia 1993, ya que este avance, que llegó a calificarse de gran “telaraña mundial”, permitió un más rápido acceso a las infinitas bases de datos hasta entonces dispersas en el ciberespacio. Se sentaron los cimientos de una verdadera revolución del hipertexto, posibilitando a través de enlaces y subenlaces, alcanzar una internacionalización de la información casi sin precedentes, capaces de barrer con las fronteras geográficas. Nos encontramos así, de pronto, ante un medio que se mostraba capaz de llevar al enciclopedismo a su máxima expresión, ante el mayor muestrario de cultura y pensamiento nunca antes visto en un espacio físico tan reducido.

            La presencia de museos en la red, y en especial los de arte contemporáneo, es un fenómeno que ha adquirido notoria importancia en la última década, acompañando esa “revolución internet”. La masiva utilización de buscadores ha facilitado la rápida localización de aquellos en el ciberespacio, siendo muchos conocidos y otros varios tan ignotos, que hasta podríamos entenderlos realmente como hijos de la googlización, signo de nuestros tiempos globales y del acceso inmediato a la información. La presencia de las instituciones museísticas en la red, lejos de representar un snobismo vanguardista, muy por el contrario, ha pasado de permitir la concreción de ciertos objetivos a convertirse en una verdadera necesidad, abriendo las puertas a una variable inédita dentro de la “nueva museología”.

            En la actualidad museística, la cuestión ha tomado relieve como tema de investigación. La teoría nació casi a la par de la praxis, dándose rápidamente la mano con ella, interactuando y verificando transformaciones en forma conjunta. En idioma español, la edición de dos monográficos referidos al tema de los “Museos en Internet” publicados por Museum Internacional en 1999 y 2000, como asimismo los dossieres sobre “Museos del siglo XXI” y “Museos y Nuevas Tecnologías” presentados respectivamente por la Revista de Museología en 2001 (Bellido Gant, 2001b) y mus-A en 2005 (AA.VV., 2005), son síntomas cuanto menos apreciables. En la nota editorial que acompañaba al primer monográfico referido, se citaban datos tan esclarecedores como rotundos, entre los que se destacaba que las visitas reales al Louvre de París se cifraban en más de cinco millones de visitantes anuales; por contrapartida, los visitantes virtuales acudían a la página web del museo en un número cercano al millón por mes.

Más del doble. En cuanto a la www se apuntaba que en sus albores, hacia 1993, se contabilizaban 130 sitios, contra 650.000 a principios de 1997 (Lord, 1999: 3); hoy no podríamos aseverar cuantos millones existen.

            Estos datos terminaron por imponerse y las direcciones de los museos fueron entendiendo a las webs como una necesidad, máxime en el nuevo modelo de museo que estipula como factor indispensable la cantidad, los números de público, en donde la apuesta está siempre más cerca de propiciar masas consumidoras que de culturalizar a las mismas como muchas veces se afirma ciegamente. Es que los números son los que abren la puerta a la necesaria participación de las empresas patrocinadoras, lo cual también es una realidad en internet. Muchos portales de museos e instituciones tienen ya en su portada el cuadro que señala la cantidad de visitantes de la página, instrumento de control que puede servir de herramienta para la captación de patrocinio. No debemos olvidar que toda página web, de una u otra manera, tiene alguna aspiración económica.

            En el texto de Museum al que aludíamos párrafos atrás, se citaba un conjunto de razones fundamentales para convencer a cualquier gestor de museos de la importancia de crear para sus instituciones un “museo virtual”; sintetizamos algunas de ellas: su carácter de herramienta para proporcionar información al público; el carácter abierto de internet, su acceso público y gratuito; la factibilidad de llegar a un público alejado de sus zonas de acceso físico; el tener una página de presentación en la Web da pedigrí añadido a los museos, “ya que su imagen de marca, su reputación de calidad y su autoridad, les permiten destacarse”. Y continúan las razones: “Las visitas al museo virtual de Internet complementan las visitas reales y no compiten con ellas… cuanta más gente visite el sitio del museo en Internet, más gente lo visitará en la vida real” (Lord, 1999: 3).

En el mismo sentido, pero desde una posición más radicalizada, António Cerveira Pinto dice: “Me gusta imaginar el museo del próximo siglo como una extensa e interactiva red de bases de datos multimedia distribuida por el inmenso espacio electrónico, estimulando un sinfín de intercambios personales, enriquecidos por la libertad inherente a las micrologías del espacio cibernético” (Cerveira Pinto, 2001). Aboga por un “museo del futuro”, como “un santuario de la experiencia estética, un lugar interactivo del saber, del placer y de la contemplación” que permita combatir la tendencia al espectáculo que experimentan actualmente muchos museos, y que impiden brindar al espectador interesado un tiempo para la contemplación filosófica, reflexión que compartimos sólo a medias, ya que nos situamos en la acera de los que consideran que la contemplación de una obra original no tiene ni tendrá parangón a través de una reproducción. En esta línea de análisis, podemos arriesgar que un museo virtual se aleja del sentido original y etimológico de “museo” como “lugar de las musas” para acercarse más al de “memoria viva y utilitaria”, aunque es justo reconocer que muchas de las salas virtuales diseñadas expresamente, además de su carácter propenso a la diversión, producen la sensación de ser un descanso para la vista. No es lo mismo ver una obra de arte virtual sobre un fondo neutro y muchas veces cargado de leyendas alusivas y extrañas a la misma, que apreciarlas en un espacio virtual en el que se ha puesto énfasis para crear un cierto clima de recogimiento.

            Los museos virtuales generan un nuevo tipo de público: “Se trata de un nuevo tipo de visitante de museos, es más cercano a un astronauta que a un peatón. No sigue un recorrido predeterminado o un camino obligado. Puede pasar de un cuadro a otro sin recorrer toda la galería o seguir una visita guiada paso a paso, con toda suerte de indicaciones y explicaciones críticas. A la salida, podría hacer también alguna compra – a distancia – en la boutique del museo virtual. Por ahora no se puede sentar en el bar del museo a tomar un café virtual con un amigo pero no conviene excluir nada. Los avances técnicos nos deparan sorpresas en cada esquina” (Battro, 1999).

            De todas estas razones, válidas todas ellas para el caso latinoamericano, nos interesa particularmente resaltar la que se vincula a las distancias espaciales, físicas, para realizar una visita real. En un momento en que el arte contemporáneo latinoamericano, en su carácter globalizador más acentuado, tiende a consolidarse (1) , y, consecuentemente, a despertar el interés de un público cada vez mayor en conocer las producciones de sus países vecinos o de los que comparten la llamada “identidad latinoamericana”, los museos virtuales se erigen en factores fundamentales para difundir los conocimientos de un lado a otro del continente, posibilitando un viaje virtual al alcance de la mano y del bolsillo. Esta situación ha servido para que el desarrollo de los museos en internet se multiplicara rápidamente en Latinoamérica, inclusive con mayor ímpetu que en Europa (Bellido Gant, 2001a: 255). El hecho de que la red les sirviera en bandeja un método cómodo y barato para darse a conocer, sumado a la penetración cultural norteamericana en casi todos los países, siempre más permeables que los europeos en ese sentido, que trajo consigo y posibilitó el desarrollo de tecnologías punta muy tempranamente, fue determinante. Los historiadores nos encontrábamos a menudo con la imposibilidad de informarnos de las producciones artísticas de las otras naciones, realidad que con internet ha cambiado de una manera inimaginable una década atrás.

Esta “desinformación” desde América hacia América no tuvo su contrapartida en nuestra mirada hacia Europa y Estados Unidos, donde la amplia difusión de libros y revistas con las colecciones de los grandes museos permitieron un conocimiento estable de las llamadas “obras maestras del arte universal”; Internet, en este sentido, vino a aportar un cúmulo mayor de imágenes y de perfeccionamiento de un conocimiento que nos era familiar. Pero en el caso de las obras de arte latinoamericanas, insistimos, estamos ante una realidad totalmente nueva. Dicha realidad se enriquece asimismo con el ahora fácil acceso, gracias a la red, de textos científicos que permiten un conocimiento más hondo de las obras y movimientos artísticos de cada región, textos que por lo general no están situados en las páginas de los museos sino en las de universidades, centros de investigación o revistas electrónicas, fungiendo de verdaderos entes complementarios a la labor de los museos virtuales que, ya sea por falta de espacio o por ausencia de investigadores de jerarquía en sus plantillas, no pueden brindar este aporte.

Por supuesto que si bien hay razones de peso para que los museos conformen una página web para difundirse, el tema presenta también inconvenientes. Maxwell L. Anderson refiere a estas desventajas, a las que contrapone nuevas evidencias que hacen positivo el aggiornamiento: “En general, los que poseen un sitio Web pasan apuros para mantenerlos al día, manejar el flujo de mensajes electrónicos, que puede convertirse fácilmente en inundación…”, pero también señala los beneficios: “Además de ofrecer acceso permanente a un tipo de información que el público suele solicitar por teléfono, fax o correo electrónico (lo que exigía antes que el personal dedicara parte de su tiempo a responder esas solicitudes)… puede convertirse en un espacio de comunicación (y) ofrecer listas de actividades que de otro modo acarrearían gastos periódicos de impresión y correo”. En definitiva, se trata de “una ventana abierta al mundo entero con un costo mínimo” (Anderson, 1999: 25).

Un apunte final en esta introducción es para situar nuestra propia visión, el punto de partida desde el cual elaboraremos este ensayo. En tal sentido, nuestro perfil correspondería básicamente al de un usuario de información, en ningún caso un especialista ni en Internet ni en nuevas tecnologías. Se tratará pues de poner en conocimiento una experiencia personal en la utilización de la información proveniente de la red, en la cual seguramente se apreciarán carencias informativas, falta de conocimientos potenciales que Internet ofrece y hasta la utilización de portales con enlaces que quizá gente más preparada en estos menesteres tildaría de limitadas (2) . Por contrapartida, damos a conocer un modelo de búsqueda, captura y análisis que, en nuestro caso particular, no data de más allá de un lustro desde que comenzamos a valernos de estos medios. Es esta nuestra intención, la de explicar con palabras aplicaciones prácticas, que no necesariamente se hallen sustentadas siempre por la teoría, por el ya importante corpus científico que sostiene la rápida y firme evolución de los museos virtuales y digitales.

2. Métodos de análisis

A medida que se fueron produciendo los avances y las adaptaciones de los museos a los “nuevos tiempos” tecnológicos, se fueron conociendo las especializaciones y las distinciones que nos permiten hoy distinguir unos museos de otros, de permitir clasificarlos. Así surgen a la luz dos ramas centrales: los museos virtuales y los museos digitales. Los museos virtuales son aquellos que se caracterizan por tener una existencia real, física, cuyas obras y/u objetos son plausibles de ser fotografiados, digitalizados, y difundidos a través de la red. En cambio, los museos digitales son aquellos cuyas obras sólo tienen existencia en la red, ya que fueron realizados con computadoras, y no poseen presencia física, tangible.

            En el caso de los museos virtuales podemos distinguir tres niveles, de menor a mayor, según el grado de sofisticación alcanzada: 1) las páginas web de museos reales que contienen la información básica; podríamos hablar de instituciones que colocan en la red el folleto de mano que normalmente se entrega al visitante real; 2) una segundo escalón, caracterizado por las páginas de museos ya adaptadas a los tiempos de la web, conteniendo enlaces, siendo los más habituales “historia del museo”, “el edificio”, “colecciones”, “actividades”, etc.; 3) un peldaño superior, en el que nos encontraríamos verdaderas instituciones virtuales, con un edificio virtual, con un recorrido o paseo virtual que nos acercaría a un concepto experimental emparentado con los “simuladores de vuelo”: sentirnos “dentro”, viviendo físicamente la visita al museo. Este caso, en Latinoamérica, se da sólo en contadas ocasiones, debido a sus costos y a la aun falta de profesionales especializados en realizar este tipo de diseños.

            Como puede apreciarse, hemos referido a una subdivisión en cuanto a la cantidad y calidad de la información brindada por los museos virtuales. Una segunda subdivisión puede orientarse más en el sentido del contenido: por un lado, la existencia de sitios web de museos reales en particular, y por otro los que se pueden encasillar en el rótulo de “museo imaginado”, formado por obras de arte digitalizadas y cuya proveniencia física es variada. Puede decirse que este concepto de “museo imaginado”, también llamado “museo imposible”, saciaría -virtualmente- todos los sueños de un coleccionista de arte o de un experto, en el sentido de poner a su disposición todas aquellas obras de arte que fueran objeto de sus desvelos, sueño que sería imposible de cumplir en la vida real pero que está al alcance de la mano en la realidad virtual.

            Una tercera subdivisión se refiere a la singularidad y a la pluralidad, a la verificación del estado de vinculación de los museos en la red con respecto a otros museos. En este sentido puede afirmarse que el tema en Latinoamérica aun está en pañales, ya que por lo general el análisis lo debemos realizar individualmente; las “comunidades de museos virtuales”, que ya tiene ejemplos consolidados en los países más desarrollados, por caso Estados Unidos con el AMN (Art Museum Network) (amn.org), apenas si se han planteado en nuestro continente. En AMN, a finales de febrero de 2006, sólo advertimos la presencia de dos museos de países de habla hispana: el Museo Franz Mayer (México D.F.) y el Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid) (3) ; desde que forman parte de este “consorcio”, los museos allí integrados han comunicado que sus páginas reciben el doble de visitantes. Los museos latinoamericanos obedecen aun al modelo de “identidad independiente” del que habla Anderson: “Esa mentalidad ‘aislacionista’ sobrevive a pesar de que el carácter único de la Web se deriva justamente de la posibilidad de conectar los museos entre sí, y conectarlos, a su vez, con el usuario final, en vez de basarse en enlaces hacia miles de páginas web desperdigadas…” (Anderson, 1999: 25).

En definitiva se trata, ni más ni menos, de ir sentando las bases para la creación de un grandioso y único “museo virtual”, de un gran “museo imaginado” de carácter universal donde tuvieran cabida los museos, las galerías de arte, las colecciones privadas y públicas, las casas de subastas… ¿Utopía? Quizás sí, pero no olvidemos que hoy estamos experimentando de forma tangible, en la red, algo que pocos años atrás no era sino eso, una utopía, por la que ni el más crédulo hubiera apostado. El camino a seguir tiene suficientes ejemplos en otras ramas de Internet, por caso la existencia de las grandes librerías mundiales como amazon.com o abebooks.com, que presentan una suerte de catálogo universal que el usuario puede consultar a partir de una búsqueda única por palabras claves, evitando tener que realizar la ya imposible tarea de consultar las páginas de cada editorial. En el caso español hay una red igualmente útil en este sentido, como es iberlibro.com, portal elaborado en Asturias y cuya oferta de libros llega a más de dos millones en la actualidad, sustentado fundamentalmente por numerosas librerías de viejo. Señala Anderson que “La comunidad museística tiene una excelente oportunidad para organizarse en la web siguiendo un patrón similar… museos de arte y demás tipos de museos saldrían ganando si se organizan en consorcios” (Anderson, 1999: 27).

3. Museos nacionales de bellas artes en internet

3.a. Museos del Cono Sur

            Vamos a iniciar nuestro paseo virtual por los museos nacionales de bellas artes latinoamericanos (4) . Un primer consejo, con la finalidad de orientarnos mejor, será el de evitar la habitual dispersión que un mundo infinito como Internet tiende a provocar. En los tiempos culturales del “homo zapping”, inquieto, escrutador, tendiendo muchas veces al desorden y a la falta de un criterio de selección a la hora de recopilar la ingente cantidad de datos que un medio como la red puede poner a su alcance, desarrollando esa capacidad casi innata para visualizar todo y asimilar poco y nada, es positivo tener las ideas claras de lo que se quiere, e intentar crear buenas pautas de control y tratamiento de la información. No debemos perder nunca de vista que Internet es ante todo información, y que atañe a la capacidad y formación del usuario convertir a la misma en conocimiento.

            Comenzaremos por el sur del continente, haciendo alusión a la web del Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina (www.mnba.org.ar), que viene acompañando los nuevos aires de la institución a partir del cese del anterior director, Jorge Glusberg. La renovación manifestada en la musealización de la colección permanente, con una coherencia que echábamos en falta en dicha etapa precedente, y en la que géneros como la caricatura, la fotografía y los documentos entraron a tenerse en consideración en ese nuevo montaje, se acompaña con un portal web actualizado permanentemente con información de las exposiciones en cartel, como asimismo otras actividades. Hay referencias tanto de las muestras pasadas como las futuras, con lo cual es sencillo vislumbrar los nuevos derroteros de la institución. La colección permanente es presentada en la web de forma muy amplia, a la que se puede acceder rápidamente a través de una barra de abecedario que contiene los nombres de un enorme número de artistas de las cuales el museo posee piezas. Por ahora las reproducciones no son de muy buena calidad (inclusive varias están en blanco y negro o con los colores distorsionados, seguramente porque han sido levantadas de publicaciones), pero más allá de esta cuestión mejorable, es una información valiosísima que tardó mucho tiempo en estar disponible.

            Este museo virtual cumple a la perfección con el propósito de brindar claridad en el mensaje, como también en la rapidez de desplazamiento de una página a otra y la apertura de las imágenes de las obras. Estas características se hacen imprescindibles en un mundo donde a un alto porcentaje de espectadores (tanto de museos reales como virtuales) nos caracteriza la impaciencia, y una cierta incapacidad para situarnos siquiera medio minuto delante de una obra para apreciarla en toda su dimensión. Podríamos decir que la calidad de la percepción del urbanitas contemporáneo ha cambiado notablemente en las últimas décadas, en las que el bombardeo de información e imágenes se ha hecho más intenso que nunca en la historia. Una web confusa y lenta puede “atentar” contra la poca paciencia que solemos tener; he aquí una clave para tener en cuenta a la hora de crear recursos electrónicos como cederrones o portales de internet.

            Del otro lado del Plata, en Montevideo, destaca el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo (www.mnav.gob.uy). Aun siendo algo sobria su presentación, este portal brinda una suficiente información acerca de las actividades del museo y su acervo. Como distinción respecto de la mayoría de los museos latinoamericanos, cada una de sus páginas informa de la fecha de su última modificación, un detalle que agradeceríamos se concretara en el resto de los museos, para tener claro la actualidad de la información que manejamos. Detalles importante de este museo virtual son las amplias referencias acerca de las exposiciones que se realizaron y se realizan en el museo, con enlaces que datan desde 1996 al día de hoy, y que incluyen amplios comentarios sobre las mismas e inclusive imágenes, cumpliendo con estas tareas funciones de verdadero archivo. En cuanto a la colección permanente, el Museo uruguayo presenta a la fecha un total de 48 artistas, incluyendo un máximo de 4 obras digitalizadas por autor y biografías de los mismos, en los que aparecen útiles hipervínculos que permiten acceder a otros artistas y movimientos artísticos.

            El Museu Nacional de Belas Artes de Río de Janeiro (www.mnba.gov.br/) además de la información básica, presenta sus colecciones divididas en secciones brasileñas y extranjeras (dibujo, escultura, grabado y pintura), además de la de arte africano. En cada uno de dichos espacios se hace referencia a sólo diez artistas, con una obra cada uno, cuya imagen se puede ver aunque no ampliable. Esta realidad hace que, sobre todo en lo que sería lo más sobresaliente de la colección, la pintura brasileña, la web no cumpla con el objetivo de dar una idea ni siquiera cercana a la riqueza del acervo, uno de los mejores del continente. Dentro del enlace colecciones está el vínculo a SIMBA (Sistema de información del acervo del MNBA), y dentro del mismo la mención al programa Donato 2:4, una gran base de datos que ya utilizan casi treinta museos e instituciones brasileños. Dicha base la componen, entre otros aspectos, mención a obras, manual de catalogación de las mismas, listados y biografías de los artistas e inclusive fichas catalográficas completas. La gran falencia es que dicho recurso por ahora sólo es consultable en el edificio del museo y no está en la red, a disposición de todo el mundo. La web del MNBA brasileño, creada a finales de 2004, tiene enlaces a otros servicios como laboratorios, biblioteca (que incluye enlace de nuevas adquisiciones en las que se menciona el mes pero no el año, lo que muestra una falta de conciencia archivística y un interés que no trasciende por ahora lo coyuntural), educación y programación. En definitiva, este portal web no está ni medianamente a la altura de la institución museística a la que representa: su diseño es pobre y en exceso austero, con fondos blancos y poco atractivos, y, sobre todo la gran carencia: hay que mostrar muchas más obras de la colección, propiciando la necesaria difusión del acervo.

            Saltamos ya a otro ámbito de Sudamérica, y en concreto al Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, que durante largo tiempo mantuvo un portal indigno de la gran institución que es, aun cuando contaba con atractivos como una largo repertorio de imágenes de cuadros de José Gil de Castro que habían formado parte de una exhibición en el museo en el año 1994; ese portal anticuado aun es localizable en internet. Los nuevos contenidos (www.dibam.cl/bellas_artes/) ya son palabras mayores, y reflejan fielmente la potencialidad y la importancia de las colecciones que conserva la mayor institución museística chilena: es un espacio de difusión e información modélico. Hacer referencia a la amplia red de información que supone este museo virtual sería alargarnos demasiado, pero sí hay aspectos distintivos que son dignos de remarcar. Dentro del enlace de institución, por ejemplo, la referencia a las cifras de visitantes, que muestran el movimiento de los mismos hasta el año 2003. Curiosamente en este caso no se da la ecuación de que a mejor portal web más visitantes en el museo “físico”: los visitantes al museo pasaron de 416.290 en 2000 a 262.161 en 2003, mientras los usuarios del museo en internet ascendieron de los 10.000 en 2001 a los 72.999 de 2003.

            El catálogo del MNBA de Chile es un segundo aspecto a destacar. Se presenta con una división en pintura y escultura chilenas, mostrando cada item una subdivisión en periodos, que en el caso de la primera va desde el arte colonial a los artistas de la llamada “morfología poética”, y, en el caso de la escultura, entre maestros y renovadores. Lo positivo aquí es que se cuelgan de la web un total de 64 pinturas y 15 esculturas, todas ampliables a buena calidad, y con sus datos técnicos completos. Asimismo, se incluye también la referencia a la Sala de Animación espacio creado dentro del museo en 1995, con la finalidad de que niños y jóvenes puedan interactuar con las obras, conociendo las potencialidades intrínsecas de estas y desarrollando su propio instinto creativo; aquí se suman 7 esculturas y 8 pinturas más.

            Pero aun falta mencionar el plato fuerte: la estupendísima y completa base de datos de artistas chilenos, con dirección propia (www.artistasplasticoschilenos.cl) y a la cual se puede acceder por dos vías, desde el enlace de proyectos (dentro de institución) y desde el más directo colecciones digitales. La misma permite hacer un recorrido por numerosísimos artistas de la A a la Z, pero que también están clasificados por área (arquitectos, artistas digitales, textiles y visuales, dibujantes, escultores, fotógrafos, grabadores y pintores). A ello se suma un interesante enlace de “generaciones” que ordena a los creadores dentro de una estructura de carácter histórico en el arte chileno. A cada artista corresponde una página que incluye, entre otros aspectos, biografía, exposiciones y bibliografía, y en varios casos reproducciones de obras, muchas de ellas ampliables a gran calidad. La base de datos está relacionada con los otros campos incluidos en la web del MNBA chileno, constituyendo un muy útil tejido de hipervínculos. Y faltaría agregar, entre los servicios que se brindan, el catálogo on line de la biblioteca del museo, y referencias a exposiciones históricas que incluyen información y más obras. Demás está decir que consideramos a esta web un perfecto modelo para emprendimientos similares a nivel regional, nacional y local, como herramienta donde la difusión y la investigación se dan la mano. Firme candidata para integrar los “favoritos” de cualquier investigador sobre arte chileno y latinoamericano.

Notas

(1) Podemos citar sintéticamente como ejemplos el “boom” del arte latinoamericano a partir de su crecimiento en las salas de subastas norteamericanas desde los ochenta, la formación de colecciones privadas especializadas en una visión continental del arte como la del argentino Eduardo F. Costantini, o la creciente circulación de exposiciones de arte de un país a otro.

(2) También tener en cuenta como limitación el carácter efímero y cambiante de la información en internet, que puede invalidar en pocos meses algunas de las conclusiones aquí recogidas (febrero de 2006).

(3) En todo caso podríamos incluir también El Museo del Barrio (Nueva York), fundado en 1969 por puertorriqueños con la finalidad de difundir el arte y la cultura latinoamericanos, y el Mexican Fine Arts Center Museum (Chicago), ambos estadounidenses.

 (4) Cuestiones de espacio nos decidieron a centrar la atención en estos, incorporando un apéndice final con otras instituciones museísticas cuya presencia en la red consideramos particularmente destacada. No pretendemos realizar un trabajo abarcativo, sino un muestrario lo suficientemente amplio como para extraer ciertas reflexiones a la luz del análisis.

Rodrigo Gutiérrez Viñuales
Doctor en Historia del Arte
Profesor titular de la Universidad de Granada

Fragmento publicado con permiso del autor. El texto completo está en “Museos nacionales de arte en Internet. Viajando por Latinoamérica en un clic”. Bellido Gant, María Luisa (ed.). Aprendiendo de Latinoamérica. El Museo como protagonista. Gijón, Trea, 2007, pp. 283-310. ISBN: 978-84-9704-286-4

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4 pensamientos en “Museos nacionales de arte en Internet. Viajando por Latinoamérica en un click

  1. Queria saber que opinar del Google Art Project y la democratizacion del acceso la cultura. Para mi es un paso importante porque permite el acceso a muchos museos y visualizar verdaderas obras de arte

  2. El movimieto “nueva museología” plantea la integracion TIC + Museos, en fin de lograr un museo abierto donde el publico tambien debe ser repensado, tal cual lo muestran los proyectos que se comentaban en los posts anteriores

  3. Me parece que las TIC son un aliado fundamental en ayudar a los museos a cumplir su rol de preservadores de objetos que albergan y proveer muchos beneficios extra

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