No hablemos de las TIC. Hablemos de la escuela, la enseñanza y el aprendizaje

Cuando hablamos de “las TIC”, el imaginario del profesorado y de la comunidad educativa en general lo relaciona con: ordenadores, pantallas digitales, teléfonos móviles, GPS, PDA, pocket PC, video proyectores, incluso cables, pantallas… un conjunto de aparatos que sostienen las propuestas de integración en la llamada sociedad de la información (1).

Y entonces nos encontramos con un problema, porque, al pensar en los aparatos, podemos estar olvidándonos de la escuela ¿Qué escuela queremos en esta sociedad y en este siglo? Quizás ha llegado la hora de pensar en los temas educativos enraizados en el contexto social que nos está tocando vivir, analizando el significado que tienen hoy en día, por la provocación que las TIC están realizando, tanto al conjunto de ciudadanos y ciudadanas, como a las instituciones, entre ellas a la escuela.

Vivimos momentos turbulentos, son demasiados los indicadores que nos llaman la atención a este respecto para que podamos continuar dando la espalda a esta provocación y a la nueva realidad llamada sociedad post-industrial, de la información, del conocimiento… nombres diversos que anuncian cambios. Movimientos sísmicos para un sistema que se transforma en sus propias raíces. Ha cambiado desde cómo se produce la riqueza, hasta cómo nos comunicamos y relacionamos y por qué no, nuestras propias identidades profesionales.

En esta sociedad en donde la información fluye rompiendo barreras de tiempo y espacio, donde cada vez es más difícil distinguir entre qué es lo virtual y qué no lo es. En estos contextos ambiguos y complejos que nos toca vivir y que sirven de ambiente a las nuevas generaciones ¿Qué exigencias se le plantean a la escuela contemporánea y cómo estamos respondiendo desde las diferentes esferas?
Profesoras y profesores se enfrentan hoy a presiones sociales de mayores demandas y expectativas para con la escuela: la transformación de la familia, el fenómeno de la exclusión social, los nuevos perfiles de la infancia y la juventud, multiculturalismo, violencia, medio ambiente, droga, guerra, alcoholismo, brecha digital…son algunos de los procesos que impactan sobre una escuela creada y organizada para otras circunstancias y describen situaciones ambiguas, de incertidumbre, pero también de grandes posibilidades.

Estas demandas generan necesidades de cambios en la enseñanza en su estructura más interna. Entre otras cosas, un tratamiento diferente de la información, de la secuencia, de los modos de búsqueda y de la función del profesor/a en ese contexto, de los tiempos y los espacios en donde se desarrolla la enseñanza y tiene lugar el aprendizaje.

Las transformaciones que está sufriendo la sociedad afectan a la educación porque inciden sobre los sujetos, los contenidos del currículo y las formas de aprender. El concepto de lo que debe ser enseñado en las escuelas tendría que cambiar en la medida que cambia lo que se viene entendiendo por cultura, y las fórmulas básicas de transmisión de saberes se ven alteradas por la preeminencia que adquieren los canales de distribución de la información  al margen de la educación formal (Gimeno Sacristán, 2001).

Y todo eso no se consigue solamente con introducir determinados aparatos cada vez más sofisticados en los espacios educativos. Sino que es necesario re-pensar las prácticas. Se trata, como dice Gimeno (1999) de re-inventar las prácticas escolares y con ellas a la misma escuela. Trabajando en una re-orientación de los contenidos del curriculum que consiga que los tiempos y los espacios escolares sean sustantivos, para los individuos y para una sociedad que ya es diferente y, al tiempo, para preparar los contextos que se avecinan.

Las TIC no sólo constituyen un conjunto de aparatos, sino un entorno, un espacio, un ciberespacio en el cual se producen las interacciones humanas y se generan nuevas formas discursivas en la mediación que realizan en el proceso comunicacional. Burbules y Torres (2000), sostienen que la manera más fructífera de concebir el papel de las tecnologías en la educación es considerarlas, no un depósito ni un canal (ni  un sistema de transmisión), mediante el cual los docentes proveen de información y los alumnos obtienen acceso a ella, sino más bien como un territorio potencial de colaboración, un lugar en el que pueden desarrollarse actividades de enseñanza y  aprendizaje. Un espacio social ni mejor ni peor que otros.

Sin embargo, una concepción instrumental, aún ve las TIC como objetos fijos, con un uso y una finalidad concretos. Cada cual decide o no si las adoptará teniendo en cuenta ese uso y finalidad. Esta concepción plantea problemas: las herramientas sirven para alcanzar ciertos objetivos, pero también para crear nuevos. Modifican al usuario, la cultura y los valores. Generan efectos imprevisibles, nunca las usamos sin que ellas nos usen, al mismo tiempo que cambiamos nuestro medio, somos cambiados por ellas.

Ahora bien, tanto desde las políticas educativas, como de desde cada una de las escuelas, ¿somos conscientes de la envergadura de estas demandas? Aún percibimos que las instituciones educativas están estupefactas ante la avalancha de ordenadores que les llegan sin mediar ningún tipo de explicación. Se entremezclan los discursos de la globalización de la economía, de la comunicación y del progreso en uno solo, y la escuela se transforma en el puente que nos permitirá acceder a todos esos paraísos si acepta incluir en su seno el mágico mundo de las computadoras.

Las respuestas, en la mayoría de los casos, giran alrededor de su “imprenscindibilidad”,  porque las TIC se presentan como símbolo de renovación y “modernidad” sin que esa peculiaridad sirva para repensar los contenidos y los métodos.

La sociedad “informacional” reclama a las administraciones educativas y a la escuela, una respuesta comprometida si no quiere quedar al margen de los circuitos de comunicación de cultura y de conocimiento. Estamos, cada vez con más fuerza, en un mundo en el que la educación será la actividad decisiva para poder participar y estar en ese universo o quedar fuera de él.

Los contenidos tendrían que estar en concordancia con las condiciones que impone el intercambio cultural de ideas, costumbres, hábitos, que facilita la red. Es imperativo aprovechar la riqueza de ofertas de planteamientos culturales que caracterizan a la sociedad hoy en día y encontrar pautas nuevas para las identidades que se construyen en su seno que, al mismo tiempo que respeten las culturas locales, se enriquezca con el mestizaje físico, moral e intelectual.

La escuela no puede ya basar su trabajo en la transmisión de informaciones desde las diferentes disciplinas, a modo de listado para ser repetido, sino profundizar en la manera en que usamos la información para solucionar problemas, para construir conocimiento, para compartirlo, herramientas, para que los sujetos reconstruyan progresivamente sus modos de pensar y vivir su cultura particular.
La función educativa requiere autonomía e independencia intelectual para poder seguir aprendiendo. Aprender a aprender es el lema de este siglo. Se consigue con el análisis crítico de los mismos procesos socializadores que cada individuo ha integrado de una manera particular, en sus propios esquemas de pensamiento.

Ya hace unos años, analizando la situación en las escuelas de Galicia comentaba que “… si con la introducción de estos aparatos se pretende una innovación en la escuela, tenemos que decir que no se está teniendo en cuenta todas estas cuestiones, las TIC están llegando a las escuelas y recién ahora se comienza a pensar qué hacer con ellas, dónde colocarlas, o para qué están” (Gewerc Barujel, 2002). Posteriormente una investigación realizada en una escuela concreta la titulamos Todo está en el mismo tiempo, en el mismo espacio y en la misma gente, haciendo referencia a la sensación de “dejá vu”, que tenemos cuando nos acercamos a las realidades de los centros educativos  (Gewerc y González Fernández, 2004).

Tal como hemos observado, en la escuela no se dan las condiciones materiales para que el conjunto del profesorado se forme e implemente las propuestas de innovación que la incorporación de las TIC requieren, ya que todo hay que hacerlo fuera del horario, en tiempos y espacios robados. A pulmón y por voluntad. Esto trae aparejado, que quienes se aprestan a hacer este viaje (para variar), suelen ser los que pueden, por historia, por condiciones personales que lo posibilitan…, porque tienen otras experiencias. Para que puedan producir innovaciones sostenibles en el tiempo hacen falta tiempo y espacios reales. Y allí la administración educativa tiene mucho que decir aún.

De allí que nos animamos a hipotetizar que si no hay un proyecto genuino de innovación en las escuelas, la incorporación de tecnologia se limita a reproducir, e incluso a sobredimensionar los viejos usos metodológicos y didácticos. La potencialidad de estas herramientas se aprovecha si su utilización supone re-pensar los factores implicados en los procesos de enseñar y aprender en un centro educativo concreto, en el marco de las condiciones cambiantes de la sociedad en la que vive, el sistema educativo en el que se instala y la comunidad en la que se integra.

Sin embargo, una de las cuestiones alrededor de las cuales gira el imaginario social del cambio está dado por la integración de las TIC en las escuelas. Pero, y de esto ha dado cuenta la investigación en tecnología educativa de los últimos años, una vez instaladas en los centros educativos, cuando son utilizadas, no generan mutaciones en los aspectos metodológicos ni organizativos que lleven a modificaciones sustantivas en los procesos de enseñar y aprender. Implican, más bien, prácticas de adaptación de su supuesto potencial innovador a los usos de la enseñanza tradicional.

Los estudios muestran tambien que la mayor parte del software educativo, ya sea comercial o libre al que generalmente tiene acceso el profesorado, ayuda a reproducir la propuesta ya vigente. Se justifica así el uso de unos aparatos, por el mero hecho de usarlos, sin que signifiquen un replanteamiento real de las condiciones en que se trasmite, construye y distribuye el conocimiento.

Llegados a este punto, es importante decir que se hace necesario favorecer el desarrollo autónomo de los centros para llevar a cabo proyectos sostenibles de innovación con tecnologia. Una cuestión que conecta plenamente con nuestra línea de investigación es la idea de la importancia de aprender en contexto, es decir, aprender a hacer bien las cosas, no en abstracto, sino en el lugar en el que se trabaja. Este conocimiento del entorno, de las condiciones, de los actores… favorece la idea de sostenibilidad mediante mejoras abordables, duraderas, con recursos adaptados. Las políticas sostenibles no despilfarran recursos en equipos informáticos que no se saben usar; invierten en desarrollo y formación en competencias docentes como inversiones a largo plazo.

(1) En la declaración de principios de la n, celebrada en Ginebra en diciembre de 2003 se define a la sociedad de la información como “una sociedad en la que todos puedan crear, acceder, utilizar y compartir información y conocimiento, permitiendo a los individuos y comunidades alcanzar todo su potencial y mejorar su calidad de vida de forma sostenible” Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (Ginebra, 2003)

Bibliografía

Burbules, N., y Torres, C. A. (2000a). Globalization and education : critical perspectives . New York: Routldege.
Burbules, N., y Torres, C. A. (2000b). Globalization and education. Critical perspectives. New York: Routledge.
Gewerc, A., y González Fernández, R. (2004). Todo está en el mismo tiempo, en el mismo espacio y en la misma gente: Estudio de un caso sobre la influencia de las nuevas tecnologías en el desarrollo organizativo y profesional de los centros educativos. Comunicación presentada en el 8º Congreso Interuniversitario de Organización de Instituciones Educativas: Cambiar con la sociedad, cambiar la sociedad, Sevilla.
Gewerc Barujel, A. (2002). Crónica de un proceso anunciado: La integración de las tecnologías de la información y la comunicación en escuelas primarias de Galicia. En E. Pernas Morado y I. Doval (Eds.). Santiago: ICE- Universidad de Santiago de Compostela.
Gimeno Sacristán, J. (1999). Políticas y prácticas culturales en las escuelas: los abismos de la etapa postmoderna. http//:www.quadernsdigitals.net, Monográfico, 1-25.
Gimeno Sacristán, J. (2001). Educar y convivir en la cultura global. Madrid: Morata.

Adriana Gewerc Barujel
Doctora en Pedagogía. Profesora Titular en la Universidad de Santiago de Compostela, Facultad de Ciencias de la Educación, del Departamento Didáctica y Organización Escolar en el área de Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación

Publicado originalmente en la Revista Galega do Ensino Nº 50 y reproducido con el permiso de la autora.

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5 pensamientos en “No hablemos de las TIC. Hablemos de la escuela, la enseñanza y el aprendizaje

  1. Es necesario revisar las distantes visiones que justicaron el diseño e implementacion de politicas que promovieron la insercion de las TIC en la Escuela y de ahi en mas planificar que hacemos para el futuro

  2. Tenemos el desafio de pensar como para mejorar el acceso a las TICS, la formacion docente en este sentido, y el desarrollo consecuente de los contenidos educativos

  3. Es necesario saber que hacemos con el dinero que el Estado invierte pues solamente en equipamiento, los países de la region invierten varios cientos de millones de dólares al año

  4. La inversion en TICS en formacion inicial y continua de los docentes tiene que estar acorde con el uso cotidiano que esas tecnologias son usadas por los niños y jovenes

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