El estudio de los viejos y de los nuevos medios: disparadores sobre la situación actual

A medida que, cotidianamente, los nuevos medios van dejando de convertirse en profecías de un futuro lejano y se van consolidando como alternativas que, cada vez más, disputan su espacio en la vida social a los tradicionales medios masivos, una lucha entre dos tendencias analíticas de estos últimos años ha comenzado a definirse.

Esas tendencias pueden ser caricaturizadas de la siguiente forma: a) la de quienes hace años optaron por concentrarse decididamente en los nuevos medios y, ya sea implícita o explícitamente, abandonaron el estudio de los medios masivos (tendían a considerar a los otros, los de la tendencia b., como figuras desactualizadas) y, b) la de quienes negaban a los nuevos medios suficiente peso, consistencia e interés, y a sus estudiosos suficiente seriedad (estos tendían a su vez a conceptuar a los otros despectivamente bajo el mote de “gurúes” que vivían “atrás de la moda de lo nuevo”). Hoy, es evidente que quienes se inscriben en b) han perdido. Pero la pregunta de fondo es: los que inscriben en a) ¿han ganado?

Creo que no. Un síntoma es que hoy los proféticos tienden (al menos muchos de ellos) a suavizar su discurso. Pareciera como si esos discursos fueran progresivamente menos proféticos (cada vez menos el gesto “X, que se lanza mañana, va a cambiar todo”) y empezaran a concentrarse cada vez más en aspectos que antes no recibían la misma atención: se describen más la operatorias sociales que se ponen en juego (y entonces se descubre que la cultura de la lectura y la escritura, milenaria, es la que con todo ha regresado); se reconoce más que lo que Internet ofrece es, bajo un nuevo sistema de intercomunicación, menos centralizada, una articulación entre medios nuevos y viejos (es, entonces, por ejemplo, cuando comienza a hablarse de Facebook ya no sólo como una red social (que lo es), como “lo nuevo” (que es) sino, también, como ese espacio que articula (entre otras cosas), fotografías, correos, el álbum de familia tradicional revitalizado, operatorias de apropiación e intervención múltiples y (por todos lados) escritura). Una mezcla de la que, como se ve, no se puede dar cuenta fácilmente sólo con la denominación “digital” (que no parece alcanzar a definir a los nuevos medios, porque todo puede ser digitalizable). Y que produce sujetos productores y receptores que operan tanto saberes de la era “digital” como de la “analógica”.

En este contexto me animo a decir que, personalmente, apuesto a una tercera posición: la de quienes están convencidos que es necesario atender, ante todo, a las relaciones que, en el nuevo sistema de medios de comunicación que convulsivamente se está generando, se producen entre los viejos y los nuevos medios (dentro y fuera de Internet).

Esta posición acepta que los nuevos medios necesitan urgentemente de una conceptualización que supere nuestra operatoria cotidiana (por consiguiente, los esfuerzos de quienes desde hace años se han inscripto en la primera tendencia merecen, en la medida en que sus aportes fueron significativos, ser reconocidos).

Pero, por otro lado, es consciente de que como los medios masivos difícilmente desaparezcan (de hecho, son parte fundamental de Internet), su estudio no debe ser abandonado, todo lo contrario: cree que cada vez es más necesario volver a los ensayos fundamentales que a ellos se han dedicado, con vistas a alumbrar, ahora que es posible, una “arqueología de los medios masivos” que nos revele qué fue lo que estos medios significaron, es decir, cuál fue el tipo de esfuerzo y apuesta que nuestra cultura, principalmente durante el siglo XX, con tanta vocación realizó.

¿Por qué “ahora que es posible”? Porque es justamente la emergencia de los nuevos medios la que termina de completar el sistema con el cual los medios masivos deben ser comparados.

¿Por qué el estudio de los nuevos medios la necesita? Porque nos permitirá terminar de comprender el estatuto de los nuevos medios, dado que es ante los medios masivos, ante todo, que esos medios definen su estatuto y lugar en la vida social.

Mario Carlón
Profesor Adjunto de Semiótica de los Medios I en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
Investigador del Instituto Gino Germani, donde dirige actualmente el Proyecto Ubacyt S417 “Mundo del Arte/Mundo de la Información”.

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6 pensamientos en “El estudio de los viejos y de los nuevos medios: disparadores sobre la situación actual

  1. Me parece muy interesante la nota y considerar, tambien, a los nuevos medios como integradores de los diferentes niveles de la comunicacion, como una especie de autopista multidireccional, superando a los medios tradicionales.

  2. Con respecto a los nuevos medios, me parece que hay que saberlos usar. Como usuarios tenemos necesidades y los nuevos medios nos ofrecen diferentes formas de satisfacerlas. Hay que ver, probar y decidir cuál es la mejor via para hacerlo.

  3. Estoy muy interesada en investigar la relacion entre el Net Art y las practicas sociales sobre las cuales muchos proyectos se basan. Gracias!

  4. Como en otros post que fueron publicados para otras entradas, me preocupa el tema de la educación, donde creo que el desafio de la educacion pasa por no solamente enseñar a leer y escribir, si no a pensar e investigar utilizando las posiblidades que brindan los nuevos medios, a nivel individual y social.

  5. Seguramente, Fernanda se refiere al excelente articulo de Rafael Capurro (quien colabora en este blog) “Perspectivas de una Cultura Digital en Latinoamerica” que a pesar de ser de 2002, se mantiene vigente.

  6. Algunas consideraciones que realizamos en el equipo de educadores del CEDyAT http://www.cedyat.org al respecto:

    En las últimas décadas, la escuela ha sostenido una relación nada sencilla con los medios de comunicación. Entre el amor y el espanto, este vínculo se ha movido más cerca de la desconfianza, la acusación y la condena, que de la aceptación y el reconocimiento. Los medios de comunicación, sin embargo, desempeñan un papel central en la vida de los chicos y de los jóvenes.

    Los medios de comunicación, y más recientemente las Nuevas Tecnologías, han modificado la manera de construir el saber, el modo de aprender, la forma de conocer.

    La relación de los chicos con los medios de comunicación ha sido escasamente explorada en todo el mundo. Menor aún ha sido la preocupación por conocer el vínculo y la apropiación que hacen los chicos de sectores populares de los medios.

    Los niños de sectores populares no sólo aprenden contenidos y acceden a información. A partir de un programa televisivo incorporan también prácticas sociales que asumen como comportamientos cotidianos en su vida dentro y fuera de la escuela.

    La televisión, ciertamente, enseña a los niños acerca de saberes y prácticas habituales esenciales.

    ¿Cuál es, entonces, la relación que esperamos exista entre la escuela y los medios de comunicación? ¿Qué actitud nos interesa que promueva la escuela en relación con los medios?

    Incorporar los medios en la escuela significa integrar, revalorizar y resignificar la cultura ordinaria de los alumnos, en la que la radio, el diario, la revista, el cine y la televisión ocupan un lugar fundamental.

    Mayor info: http://www.cedyat.org

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