Todos somos migrantes digitales

Se publican todos los días cientos de artículos sobre los llamados nativos digitales. La nueva categoría cae en boca de cualquiera que busque demostrar algún vínculo con la era Google o su pertenencia a alguna periferia de la Web 2.0. Cada vez suena menos creíble y escala posiciones a toda velocidad en los índices de la vergüenza ajena. Nativos digitales fue casi un slogan de evangelización, una convención emergente de reductos académicos y geeks que pronto acabó por no decir nada. El culto por una especie que no existe es una categoría binaria diseñada en las últimas trincheras de la era de la imprenta.

La idea de nativos digitales poca cuenta puede dar de las dinámicas postautónomas de las redes sociales o de los videojuegos, del remixado de contenidos o de cualquier indicio de intervención en el nuevo espacio público. Muchos menos, cual software, de las identidades abiertas o de las latitudes inexploradas de los dispositivos móviles.

La endogamia y la autoevangelización lleva a muchos taggearse como “nativos digitales” (he visto curriculums y biografías que así lo expresan, y que no enlazo o publico por vergüenza ajena) y otros tantos como “inmigrantes digitales”, casi como excusa inapelable del desentendimiento o la confusión ante nuevas herramientas o contextos inéditos de interacciones.

La ficción binaria que relata un mundo dividido entre nativos e inmigrantes, no obstante, da cuenta de una brecha generacional sin precedentes, que impacta directamente en los hábitos de consumo y lecturas transmedia. Pero no más. Evita el problema de la postexploración de una red de zonas que demanda menos descubrimiento que invención. En ese sentido, quien crea que haya llegado a algún lugar, quien crea ser un “nativo digital”, sólo demuestra su incapacidad de moverse y transformarse, de migrar. Sólo por dar un ejemplo brutal: Google es el migrante por antonomasia. La empresa migra todo el tiempo hacia nuevos horizontes, que no existen hasta que los proyecta y construye. De igual modo podríamos referirnos a Amazon o Apple.

El romanticismo digital muchas veces es tanto o más rancio que cualquier apóstol de la Escuela de Frankfurt. La categoría de nativos digitales no entiende porque no se empapa, no explica porque no reconoce y sobrevive a falta de otra. Es un lugar común. Nos dice más sobre quienes la utilizan que sobre el conjunto al que pretende hacer referencia.

Lorenzo Vilches en La migración digital, un libro editado en 2001 e imprescindible para interesados en estos asuntos, tenía razón: No sólo explicó por qué “todos somos emigrantes de una nueva economía regulada por las dinámicas tecnológicas”, o cómo “la migración digital concierne en primer lugar a los sujetos interconectados que llegan a la nueva frontera de la comunicación y de lo real”. Además, dando por default que en la era postbiológica la conexión es más importante que la comunicación -y eso que Twitter no era ni un proyecto en aquella época-, sugirió la tesis de que “si la economía de los nuevos medios se dirige hacia lo simbólico, y si la industria del marketing será más importante que los productos, el papel que juega la narración para amplificar los mitos de la economía y las tecnologías aparece como indispensable para escribir la historia de la nueva sociedad”.

Mientras en los medios se leen todo tipo de notas, sobre la Generación I, la Generación R, M y no sé cuántos intentos fatuos más por renombrar a los más jóvenes, casi como buscando un punto fijo desde dónde pensar y dar raíz a la infraestructura de la narración, el mundo deja de dividirse entre norte y sur, inmigrante o nativo, u otras fronteras de reducción binaria que cancelan la complejidad negando el desborde intelectual de las estructuras de negocios, educativas y políticas.

¿Será que seguir contándonos la historia con categorías que fracturan la discusión en dos y arma bandos enfrentados es la médula de la crisis? En una historia contada así, no hay salida. Sólo refugiados. Y parece más interesante sospechar de ese binarismo nativo-inmigrante que intentar calzar en algún de los dos extremos.

Sea como fuere, podríamos resumirlo así: la inflación teórica de la dicotomía nativo-inmigrante suspende la mudanza intelectual y posterga el rediseño de los relatos. Refugia y cobija al pensamiento paralítico en la esperanza de un recambio generacional. La migración en sí, algo más complejo que la liquidación conceptual de una generación, es todavía un red de incógnitas. Innenarrable. Inescrutable.

Pablo Mancini
Profesor del Magíster Internacional en Comunicación y Periodismo Digital de la Universidad Mayor (Chile)
Gerente de servicios interactivos de El Comercio (Perú)

Nota publicada con permiso del autor. Originalmente publicada en http://www.amphibia.com.ar/todos-somos-migrantes-digitales/

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9 pensamientos en “Todos somos migrantes digitales

  1. Me parece muy bueno el intercambio de ideas sobre esta cuestión de los nativos digitales. Por mi parte, permitanme acordar con la posición que tomaba Diego Levis hace 2 años:

    “Nativo digital no es nada más que un lema de moda, hueco e insignificante (sin referente. Nativo es aquel que nace y crece en un país, domina su lengua, adquiere naturalmente determinados habitos culturales (gestos, comidas, costumbres, sonidos, etc). ¿Los jóvenes de hoy dominan el lenguaje informático? Me produce risa. Doy clase a estudiantes universitarios argentinos de diversas edades, muchos de ellos menores de 20 años y la mayoría a duras penas saben usar el email y el chat y algunos juegan con videojuegos”

    1000% de acuerdo.

  2. Se supone que soy una inmigrante digital y mis hijos nativos digitales. Se asume que percibimos diferente y que hablamos lenguajes distintos. Todo es posible. Me pregunto qué persona percibe igual a otra. Pero también creo en comunicarnos, entendernos a través de estos lenguajes, con nuestros hijos, y que aún ellos puedan crecer en un mundo de libros, cultura, sms y video juegos.

  3. Para todos aquellos que aún sueñan con que sus hijos lean, les digo: no claudiquen, no es imposible, pero es difícil.

    El Ministerio de Cultura y Comunicación francés acaba de publicar un estudio que pone de manifiesto el descenso progresivo de los índices de lectura tradicionales entre los nativos digitales, incluso entre aquellos que perteneciendo a una familia lectora y dotada de un capital cultural y educativo superior, han sustituido la lectura en papel por otros hábitos asociados a dispositivos o pantallas digitales. El estudio dice que entre la población de entre 10 y 24 años la relación entre padres lectores e hijos también lectores ha decrecido en casi cuarenta puntos: si el hogar familiar se declaran lectores un 80% de los padres esa cifra decrece hoy hasta el 48% en los hijos mientras que la correlación estadística en el uso de ordenadores u otros artilugios electrónicos es de 46% a 36%.

  4. Si quieren una mirada positiva, pues compren el libro “Grown Up Digital: How the Net Generation is Changing Your World HC”, editado en 2008, donde Don Tapscott sostiene que los nativos digitales son naturalmente cooperativos, desarrollan mejor todas las competencias relacionadas con el trabajo solidario, son capaces de atender simultáneamente a procesos que se desarrollan en paralelo y su capacidad para tomar decisiones es mucho más rápida y taxativa que la de sus mayores

  5. Es grandioso el postulado relativo a la emigración e inmigración; pero, ¿cuándo se es un desterrado? Claro, no me victimizaré, sé muy bien por donde ando; sólo que, también me gusta llamar la atención. Los aculturados gozamos muy bien del “ciber space” confabulados con la retórica y los neoplasmos. De cualquier modo, viajar y emigrar contienen presuposiciones y suposiciones -probablemente- divergentes. Sin embargo, créame que se explicó muy bien. Espero su visita.

  6. No deja de sorprenderme la eficacia de los métodos de propaganda. Lanzo un lema, lo repito hasta la saciedad como verdad incuestionable y consigo instalar una categoría “académica” a partir de una idea hueca disfrazada de profundidad.
    Niños, jóvenes y adultos formamos una especie única, la de los seres humanos, con capacidades similares. Categorizar es dividir cuando lo que debemos buscar son aquellas cosas que nos unen. En toda diferenciación anida el germen de la discriminación.
    Nativos vs migrantes…todos somos humanos o como dice Edgar Morin todos somos terrícolas.

  7. Todos somos de la especie humana, pero, no todos somos buenos en matemáticas, en historia o lenguaje. Unos son mejores haciendo actividades manuales, otros armonías musicales, algunos manejan muy bien su coordinación sicomotora y otros son buenos en cálculos numéricos. Ello tiene que ver con características genéticas, cuestiones de contexto cultural, competencias y habilidades desarrolladas de acuerdo al ethos de cada cual. Cada entorno desarrolla más ciertas habilidades, al decir de Ortega y Gasset:la persona y sus circunstancias.
    Somos iguales, pero, no somos iguales. Los que han nacido en el metalenguaje multimedial y en el hipertexto digital, que han vivido toda su vida frente a una pantalla (Homo Videns, de G. Sartori) sin duda que desarrollan otras competencias que aquellos que crecieron en comunidades diferentes, en mayor contacto con el medio ambiente, por ejemplo.
    Sin duda el nativo digital (nuestros niños) tienen desarrollos que los migrantes digitales tratamos de adquirir. Sin embargo, hay adultos que tienen competencias propias de los nativos digitales, debido a que han tenido la posibilidad de hacer una inmersión total en el medio digital.

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