Yo te leo, tú me lees, todos nos leemos

Actualmente su modo de uso se ha simplificado a tal punto que casi cualquier usuario es capaz de crear y administrar un blog.” Lo dice Wikipedia, así que es obligatorio creerlo. Tener un blog es una de las cosas más sencillas del mundo y además completamente gratuita; casi tan sencilla como formar parte de una red social como Facebook o cualquier otra. Todos los días, llegan a mi casilla de mensajes, que figura en esta página, una docena de invitaciones de personas que desean que seamos “su amigo”; forman parte del correo spam, no solicitado, que entra a la casilla para ocultar, bajo su frondosidad tropical, los mensajes de los lectores que están en desacuerdo con lo que se dice en esta columna, mensajes que sí resultan entretenidos, instructivos, provocativos, en fin resultan cualquier cosa menos indeseables. Si tener un blog prácticamente no exige cualidades o destrezas, porque sólo es necesario saber tipear (ni siquiera saber tipear bien), estaríamos frente a una forma democrática de expresión cultural, considerando expresión cultural a cualquier cosa que haga, diga, piense, fabrique, escriba, dibuje o cante una persona, como les gusta afirmar a los antropólogos. Además de los blogs y de las solicitudes para hacerse de nuevos amigos , otra forma de correo no deseado son los mensajes distribuidos a interminables listas de receptores, que generalmente incluyen algún archivo adjunto con fotografías o textos, sin descartar algún virus informático. Por supuesto, pueden borrarse sin abrirlos, pero imponen repetir esa tarea todos los días, como una especie de peaje que se paga antes de leer lo que en verdad nos interesa. Nunca lamenté haberme perdido algo por la eliminación de estos mensajes; si realmente me lo había perdido, me enteraba pocas horas después, porque alguien comentaba y reenviaba lo que yo, imprevisora y descuidada, había borrado con un click injusto, sostenida por la convicción de que el spam se elimina sin siquiera leer el título del mensaje.
El temor de perderse algo que ha sido enviado a cientos o miles de personas es lo primero que se pierde cuando uno se acostumbra al tráfico de la Web. Sobrevive, en cambio, otro temor: en la oscuridad de la hojarasca, pasar por alto ese mensaje que ha sido dirigido a uno, que alguien ha escrito especialmente y del que espera una respuesta especial. La inflación desfigurante de los números, la fantasiosa máscara de una proliferación sin eco audible, alimenta ilusiones de presencia en la Red y quizás, en algunos casos, esas ilusiones encuentren su realización en un teatro más amplio que el de la pantalla de la computadora de quien emite los mensajes. Hemos leído decenas de historias que cuentan el salto del anonimato a la notoriedad a través de una novela publicada en la Web que logró una cosecha de lectores; y, si se examinan los números que informan cuántas personas miraron los videos caseros de YouTube, aunque sean unos miles, siempre será algo más que el grupo de amigos a quienes, después de comer, se les exige, como canje,  atención ante productos similares. Hace décadas, cuando la gente llegaba de vacaciones, obligaba a sus amigos a mirar las “diapositivas”; luego esa costumbre pasó a los videos. Siempre se tomaba de rehén a gente conocida. Hoy la apuesta es más amplia: “Hola, ustedes no conocen a mi gata Persianita, pero quiero contarles…”. Que estas intervenciones (como puede comprobarse en muchos blogs) reciban un número de comentarios equivalente al cero absoluto no significa nada. Las personas que escribimos en diarios bastante más leídos que centenares de miles de blogs sabemos que pueden pasar meses antes de que algún amigo nos comente una nota; pero nos consolamos al pensar que hemos obtenido quizás algunos lectores silenciosos. De modo que, aunque una entrada de un blog no suscite comentarios, aunque todas las entradasdel blog permanezcan inertes, siempre es posible creer que allá a lo lejos están los desconocidos lectores que no escriben pero que sí leen o miran. La mayoría de los blogs que aceptan este régimen de silencio duran poco tiempo y sólo persisten los exitosos, es decir aquellos que son visitados por lectores locuaces que hacen de uno o dos blogs la plataforma de una notoriedad imposible de medir. Pero ¿quién necesita medirla? Sólo se necesita medir la repercusión de productos en los que se invierte plata. Dicho todo esto, debo confesar que leo blogs, generalmente escritos por personas a quienes también leo sobre papel impreso. Esta línea que une al blog con el papel impreso (o, en el caso de algunos diarios, con la firma de periodistas o celebrities) merece ser pensada: ¿cómo cambian los estilos de intervención de un medio a otro?, ¿qué novedades trajeron los blogs a la literatura que luego será difundida como libro?, ¿qué nivel de confiabilidad tiene la información en los blogs y cómo es posible decidir si hay que creer en ella?, ¿qué cualidades tiene el formato blog que no se encuentran en el formato impreso? Contestar estas preguntas, sin apuro optimista pero también sin ponerse a la defensiva, es pensar en el futuro de lo escrito.

Beatriz Sarlo
Nota publicada originalmente en la Revista Viva del Diario Clarín el 30.11.08 y reproducida con autorización de la autora.

Se la publica en el blog como parte de las reflexiones en el espacio de intercambio de opiniones abierto por cumplirse casi 8 años de la publicación de “Trasiego”.

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5 pensamientos en “Yo te leo, tú me lees, todos nos leemos

  1. Me encanto la nota de Sarlo. No habia tenido la oportunidad de leerla en Clarin y genial que la publiquen aca en la UBA. Los felicito por el blog, sigan asi!

  2. El tema de los blogs e internet en general es interesante. Mas aplicado a politica donde esta el caso de Obama y donde funcionarios y militantes manejarn blogs dandoles un valor agregado importante

  3. Felicitando a la UBA por esta iniciativa, queria citar a Jorge Edwars que dice que el libro, como “productor de placer intelectual” y “objeto de cultura”, es “irremplazable” y no va a desaparecer a causa de los avances tecnológicos.

    “Creo, no sólo por fanatismo, por simpatía y por vocación, sino por observación, que los avances tecnológicos no han reemplazado al libro. No lo han reemplazado como objeto de cultura, que recibe cultura y transmite cultura”.

    100% de acuerdo, el aroma de las hojas, el placer de leerlo en la playa o en una plaza, de marcarlo, de escribirlo, mmm no, en la compu no es lo mismo!

  4. UBA: Felicitaciones por la nota! El blog da origen a un movimiento de periodismo ciudadano mas fuerte, de mayor presencia e inmediatez, donde es facil subir info, imagenes y videos. Ahora no se si es mas confiable o no. Puede escribir cualquiera… Ahora alguien le cree a los medios? Alguien le cree al INDEC? Hay un problema de credibilidad sin dudas, el tema es como lo arreglamos

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