Trasiego: casi 8 años después

El 2 de febrero de 2001, Juan José Millás publicaba en el diario El País “Trasiego” una nota donde el ganador del Premio Planeta se preguntaba acerca de la transición del hombre analógico al digital.

Reflexionaba, Millás:

Hay individuos que hacen jornadas analógicas de ocho o nueve horas y luego se gastan todo lo que ganan en diversiones digitales. Quiere decirse que al volver del trabajo entran en Internet y se dejan la tarjeta de crédito en sexo o en medicina virtual. Por el contrario, hay gente que tiene su negocio en la Red, pero que derrocha el dinero obtenido con los bits en bares analógicos o en médicos reales, de los que te auscultan y te toman la tensión en directo. No sabemos quiénes son más felices, si quienes se ganan la vida en átomos y se la gastan en bits, o quienes se la ganan en bits y la gastan en átomos. Lo cierto es que hay un trasiego agotador entre una realidad y otra. Pese a ello, los entendidos afirman que las incursiones a la Red se hacen todavía desde una mentalidad analógica, porque el hombre completamente digital aún no ha aparecido, aunque no se cansan de anunciar su advenimiento.

Desde este espacio abierto por la Universidad de Buenos Aires para pensar la red y las formas de interacción social con las nuevas tecnologías,  invitamos a los lectores a intercambiar ideas y experiencias sobre en qué parte de la transición analógica – digital el hombre se encuentra.

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6 pensamientos en “Trasiego: casi 8 años después

  1. Hace muchos años tuve la oportunidad de escuchar a José B. Terceiro quien decia que “Somos seres analógicos atrapados en el mundo digital que hemos creado”. Me gustaria que el debate tambien pasara por este concepto.

  2. No olvidemos que detrás de todo, o mas bien delante, estan las emociones y los sentimientos. Antes que lo analogico y lo digital, mucho antes. Lean a Damasio, cuando habla de emociones y sentimientos.

  3. ¡Que interesante el debate! Particularmente me encanta Millas y el tambien publico un “Articuento” que empezaba diciendo:

    “Dentro de miles de años, cuando los antropólogos descubran nuestros restos, llegarán a la conclusión de que entre el homo digital y el analógico hubo intercambio cultural y genético, como se sospecha ahora que sucedió entre el Neanderthal y el sapiens. Y no se equivocarán. Hay, de hecho, mujeres digitales que se enamoran de hombres analógicos y hombres analógicos que hacen sus compras semanales en establecimientos digitales. Parece mentira que entre dos dimensiones de la realidad tan alejadas entre sí se produzca este ir y venir de semen o de productos gastronómicos”.

    Parece como cuando Tato Bores hizo de arqueologo investigando los restos de Argentina y encontro los rastros del menemismo. ¿Se imaginan que pase de verdad lo que Millas imagina?

  4. En el mismo articulo que dice Gustavo, Millas agrega:

    “Personalmente, aunque soy analógico, no es raro que por las noches me deslice como una sombra hasta mi estudio para abrir sigilosamente el ordenador y hacer incursiones en el territorio de los seres digitales”.

    Y cerraba diciendo

    “…pienso que aunque la existencia virtual es la única llamada a sobrevivir, quizá los antropólogos del futuro sean capaces de reconocer que los hombres y mujeres reales mantuvimos, como el Neanderthal frente al sapiens, una postura de perplejidad que, aunque analógica, también dolía”.

    Genial no?

  5. Pensar la cuestión de las nuevas tecnologías en términos de “hombre analógico” y “hombre digital”, como si se tratase de escalones evolutivos o definiciones antropológicas me parece una metáfora que no ayuda a la comprensión de los fenómenos implicados, y sólo cumple la función de reforzar el énfasis puesto comunicacionalmente en entender las TICs como una “revolución total del hombre”.
    Al momento, me parece que el mayor poder de las nuevas tecnologías (en lo que respecta a su injerencia cotidiana, en la vida diaria) no reside en cuestiones tecnológicas, como su capacidad de procesamiento, o de almacenamiento; sino más bien en el imaginario implícito en cada uno de los discursos que día a día comparten teóricos, medios de comunicación y consumidores.

  6. Tiendo a coincidir con Juan Ignacio, en que plantear el debate en términos “enfrentacionales” puede estar errando el tiro. Es como volver a “Apocalípticos e Integrados”, donde aquellos que habían logrado a duras penas integrarse al posmodernismo quedan alelados por la Web2 y sienten que se acaba el mundo. El señor Millas escribe brillantemente, pero también se escribió así -o en ese tono- sobre la cultura de la televisión. Bueno, también escribieron así sobre todo, desde que el cine mataba al teatro, el teatro al libro impreso, y éste a los libros escritos a mano en oscuros talleres monasteriales. Así que vamos, colegas comunicólogos, afinando la puntería, y a analizar también el potencial de las llamadas TICs, y no sólo sus efectos -supuestamente o no- alienantes. Y a los más maduros de entre nuestros teóricos: un cursito de Office e Internet dictado por cualquiera de los miles de estudiantes que se bancan así los cafés y los libros no cuesta tanto y contribuye. Además de que ya son miles los abuelos que se comunican por video-chat con sus nietos emigrados allende el océano, ello contribuirá también a su propia -y nuestra- actualización de la disciplina. No sea cosa que, en lugar de liderar el campo de la Comunicación Social, la carrera toda se convierta en un Neanderthal.

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