El poder de organizar sin organizaciones

¿Otra vez sopa?

Oscilamos permanentemente entre la desilusión y el desencanto por un lado, y el magnetismo y el deslumbramiento por el otro. Días enteros de pasmo y aburrimiento, y de pronto un desencadenante y un disparador que prende todas las neuronas al mismo tiempo, como las lucecitas de un árbol de Navidad, y pensamientos y conceptos que estaban adormilados se ponen a girar frenéticamente.

El catalizador puede ser una escena de la vida cotidiana, o un inesperado programa de TV (como Pushing Daisies o los tres pilotos de la Mujer Biónica versión 2008). Puede tratarse de larguísimos decálogos explicando lo inexplicable, cual es el baile del gobierno y la gauchocracia devenida oposición campestre, alrededor de un intríngulis que ya nos tiene hartos a todos.

O más probablemente en mi caso sumergirme en alguno de las decenas de libros que voy sumando y sumando en cada viaje a pilas inestables que me encandilan con frases filosas, subentendidos llamativos, ejemplos que me dan envidia pero sobretodo un andamiaje cognitivo fantástico que permite cada día entender mejor que es esto de la revolución internetiana.

Un poco la clave de este itinerario es la irrenunciable constatación de que un cambio en las formas de comunicación supone, sin reduccionismos, un cambio en las formas sociales de la tecnología. También queremos saber porqué Internet se halla en peligro de implosionar en cualquier momento (polémica entre la neutralidad de la red y de los lobbies monopólicos que quieren reapropiársela). También nos preocupa que, atravesada por discusiones banales y triviales (¿es buena o mala la red?, ¿genera adicciones?, ¿hay que reforzar la dieta cognitiva de los nativos digitales con tónicos argumentativos y con horas obligatorias de lectoescritura?), nos estamos perdiendo de entender y participar en una conversación extraordinaria, que aunque tiene final incierto (como la misma aventura humana), permite empero unos juegos de lenguaje y un diseño de formas de vida (muchas veces autoorganizadas) muy tentador.

Quien esta vez me acaba de despertar de mi enésimo sueño dogmático (¿seré un cataléptico memético?) es Clay Shirky en su extraordinario manifiesto anti-Coasiano “Here comes everybody. The power of organizing without organizations“, que obviamente me reverbera con el “Here comes the sun” de Los Beatles por infinitos motivos. Dado que Clay es el guionista de la presentación que estoy dando en este momento en la EAFIT en Medellín (embellecida como nunca antes por la contribución en diseño de Silvana Coratolo), empecemos a desenroscar sus culebras, para ver porqué conviene dejarnos picar (o abrazarnos si las únicas que pican son las víboras) por ellas.

Tecnología y organización social

El discurso sobre las tecnologías (ya sea encomiástico o enderezado a denostarlas) pasa por alto muy rápido que lo que tenemos que evaluar, criticar, asimilar, apropiarnos y rediseñar no son las apariencias sino que de lo que se trata es de entender los mecanismos. Es inútil llenarse de datos a favor o en contra de determinada estrategia, consumo tecnológico o invocación a las mieles o las maldiciones del consumismo sin antes pasar por el trabajo del concepto como hacen estos diseñadores meméticos.

Por eso nos gusta el atajo tomado por Shirky -afín en mas de un sentido al gran Yochai Benkler de “The wealth of networks“– cuando sostiene que las nuevas tecnologías hacen posible el armado de nuevos formatos grupales cada vez en forma más transparente y fácil. Sólo ese detalle, ejemplificado en su libro con Flickr y eBay, con Facebook y Amazon, con We are the Media y Oh My News y un listado tan interminable como contundente, merece más de una meditación.

Pero mientras muchos otros autores hacen casuística y enumeran, diagnostican y descollan en etnografías descriptivas (valiosas sobretodo porque ante la inmensidad de este territorio siempre se nos escapan detalles interesantes, comunidades poderosas, y ejemplos difíciles de encontrar por cuenta propia), Shirky examina las reglas generativas, los mecanismos explicativos y el entramado tecno-económico-comunicacional que subtiende a estas variaciones sin fin de nuevas formas tecnoculturales.

El fantasma de Coases y de como subvertirlo

Al facilitar exponencialmente la autoorganización de los grupos, sin tener que recurrir a un management formal, estas herramientas han alterado los viejos límites acerca el tamaño, sofisticación y alcance del esfuerzo autoorganizador.

Nos deslumbramos (o decepcionamos) con los números de fotos almacenadas en Flickr (250 millones), los videos que nunca dejan de correr en Youtube (75 millones, 1 millón de visitas diarias, 200.000 videos nuevos subidos diariamente) o la magnificencia de la Wikipedia (680 millones de visitas anuales, 10 millones de artículos en 250 idiomas) o la proliferación de weblogs (se crean 3 cada 2 segundos en todo el planeta y Technorati relevó mas de 100 millones).

Lo que la guerra a favor o en contra de los números ignora es que las mismas herramientas que hacen posible estos reservorios acumulativos unificados a través del tagging, conllevan entre otras consecuencias la perdida de las ventajas relativas de las instituciones modernas, basadas en la escasez, la profesionalización y básicamente un sistema de administración de los costos de transacción que hizo imposible -hasta hace un par de años atrás- la generación de estas plataformas sociales de servicios.

Cuando los costos de transacción se vuelven demasiado caros para ser administrados dentro de una organización única, los mercados son mas eficientes que las empresas (o cualquier otra administración centralizada).

Siempre fue así y cuando Coases enunció su celebre teorema en el paper titulado La Naturaleza de la Empresa en 1937, nadie imaginaba que la teoría económica se desfondaría acuciada por el disolvente corrosivo de las tecnologías de las telecomunicaciones, Internet y el software social, despectivamente bautizado como web 2.0, por quienes creen que el neologismo de hoy exorciza su fascinación devaluada de ayer.

Lo cierto es que las nuevas herramientas sociales están cambiando esta ecuación bajando en forma drástica los costos de coordinación de la acción grupal.

La Mermaid Parade de Coney Island

Shirky ilustra su tesis de la baja de los costos de coordinación con un ejemplo fantástico, pero que bien podría ser cualquier otro. La Mermaid Parade de Coney Island que hasta Junio de 2005 era apenas una extravagancia local de un grupo de fanáticos, que gustaba encontrarse para disfrazarse, tomarse fotos mutuamente y como cualquier colectivo acotado satisfacerse con el juego.

La secuencia era clara y distinta. Tomar(se) fotos, Compartir(las) y… verlas algún día juntos o separados. Antes de la existencia de Flickr no había que agregar mucho más. Lo curioso es que la existencia de Flickr no presupone ninguno de los condicionales que imaginamos necesarios para convertir a ese evento (o a cualquier otro igualmente intrascendente) en un objetivo explícito y voluntario propio del sitio.

Porque ni Flickr tiene una política editorial que permite singularizar a éste u otro evento como merecedor de operaciones de compartir. Ni mucho menos tiene acceso a los manifestantes que terminarán formando parte del colectivo, de modo de inducirlos a compartir (digitalmente) sus fotos. Ni mucho menos puede aislar las fotos que esas decenas o centenares de participantes (de los cuales la mayoría apenas sacan una decena al mejor estilo larga cola mientras un par sacan entre 100 y 200 fotos) sacan ese día.

Lo que hace posible este fenómeno emergente es simplemente el etiquetamiento de las fotos. La combinación de usuarios, identificadores y almacenamiento en una plataforma compartida vuelve posible lo que durante décadas fue tan solo el simple acto de ver fotos (compartidas) en una plataforma de servicios. Pero al hacer posible esa operación tan puntual de etiquetamiento todo cambia.

Si hasta ahora estas comunidades virtuales eran inimaginables es porque resultaba imposible acercarse a sus integrantes prospectivos sin utilizar medios de irradiación (broadcast) masivos, caros y fundamentalmente fuera de escala (equivalentes a matar mosquitos con cañones).

La combinación de herramientas relativamente transparentes, costos de almacenamiento marginales, abaratamiento de los equipos y de los costos de la conexión, y sobretodo, un aumento brutal de la alfabetización digital especialmente en los nativos quienes son los que usan masivamente estas plataformas, ha permitido invertir la secuencia clásica.

Porque si siempre (pre-internetianamente) se trataba de juntarse primero para compartir después, el decálogo de la web 2.0 es simétrico hasta el tuétano Compartamos primero, y después (eventualmente) juntémonos.

 ¿Qué sucede cuando los costos de transacción colapsan?

Cuando penetramos la costra de la sorpresa y no nos perdemos fácilmente en la denuncia de estas tecnologías como Caballos de Troya de las sociedades que antes fueron disciplinarias (Foucault), después se convirtieron en de control (Deleuze), y ahora estarían trasvistiéndose en un capitalismo de ficción dulce pero no menos letal, nos enfrentamos a un dato singular.

¿Qué sucede cuando los costos de transacción colapsan? ¿Qué sucede cuando ya no quedamos atrapados en la antinomia “pequeñas bajas en los costos de transacción que vuelven mas eficientes los negocios” (mayestáticos, organizadores del orden social, fabricadores de cohesión y responsables del mantenimiento de los flujos materiales en cuya ausencia no habría sociedad) y “grandes bajas en los costos de transacción que crean actividades distintas de los negocios o de las instituciones” (pero de una irrelevancia monumental como testimonia la Mermaid Parade, los eventos de Trekkies, o el encuentro de hobbistas de Coches Chevy como vimos hace un par de semanas cerca de la Estación Fluvial en Rosario)?

Previo a la revolución interneteana “Tertium non datur”, no existía una alternativa a organizaciones hechas y derechas (pero profundamente egoístas y en contradicción con las libertades de los agentes que las constituyen) por un lado y las desorganizaciones, paraorganizaciones o protoorganizaciones de afinidades electivas, pero triviales, discontinuas y sin potencial de crecimiento o agregación.

Dicho más crudamente aún. Previo a estas herramientas tecnoculturales la opción era “Acción institucional” por un lado y “ninguna acción” por el otro. Lo que emerge como terceras formas hechas posibles por estas herramientas son acciones de grupos vagamente estructurados operando sin ningún management centralizado y fuera de la zona de ganancia (Slywotzky).

Las herramientas de software social amplifican la facilidad de juntar/nos. Y nos obligan a preguntarnos y a responder a la pregunta crucial: ¿Porqué hasta ahora la acción de los grupos había estado limitada a las organizaciones formales? ¿Qué está ocurriendo actualmente que está cambiando este patrón?

 Fomentando los patrones sociales de uso de las tecnologías para compartir

Herramientas comunicacionales hubo siempre, y en general con el paso del tiempo son desgastadas y privadas de su efecto generativo, libertario. Mientras la voluntad de compartir deseos y talentos y de potenciación de los esfuerzos grupales parece ser una característica inherente a la condición humana.

Pero esta sociabilidad (grupalidad) solo fructifica cuando existen patrones sociales de uso de esas tecnologías. Y sin ser hiperbólicos nunca existieron dispositivos de asociación tan poderosos (aunque los críticos iluministas se solacen en realzar el carácter irrelevante y culturalmente vacío de la mayoría de los intercambios. Ver especialmente el trabajo fabuloso en un sentido, pero totalmente previsible en otro de Paula Sibilia La intimidad como espectáculo) como los que tenemos actualmente.

Además que el ensamblaje se vea facilitado no habla de convergencia sino de proliferación. Son infinitos los intentos (las startups, los mash/ups, las búsquedas) pero siguiendo la lógica de la larga Cola, es probable que solo algunas prosperen en la cabeza aunque ello no quita la riqueza de intercambiar en la cola.

Llegados a este punto y antes de emprender un nuevo salto relevemos los grados diferenciados por complejidad creciente de la escalera de actividades hechas posibles por las herramientas sociales: Compartir, Cooperar y Acción colectiva (producción colaborativa asociada a responsabilidad).

En sucesivas entregas examinaremos cada una de estas modalidades, pero mas allá de los detalles queda claro que lo que hemos encontrado por debajo del horizonte de las posibilidades de Coase es un tesoro español poblado de marevedíes de oro. Y queremos quedarnos con algunos de ellos sin lugar a duda.

 Alejandro Gustavo Piscitelli 

Profesor Titular del Taller de Procesamiento de Datos, Telemática e Informática.
Carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.
Gerente General de Educ.ar.

Nota originalmente publicada en http://www.filosofitis.com.ar/2008/05/31/el-poder-de-organizar-sin-organizaciones/

Quienes deseen ver la presentación del Profesor Piscitteli en EAFIT pueden hacerlo en http://www.slideshare.net/apiscite/charla-eafitoea/

 

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5 pensamientos en “El poder de organizar sin organizaciones

  1. Me pregunto si conexiòn es organización, si contaco digital es una forma nueva de organización o es conectividad. Sin restarle importancia a la misma, porque ampliando los cìrculos sociales, se generan nuevos esquemas de encuentros y desencuantros.
    Eso es organización? No lo se, puede pasar, puede ser conectividad

  2. Retomando a Benkler, me pregunto: El “efecto Berlusconi” (el poder político desproporcionado que la propiedad de los medios de comunicación da a sus dueños o a los que pueden pagarlos)en Argentina sera Clarin como quiere hacer parecer el gobierno o seran otros dueños que permanecen mas anonimos?
    Y el “efecto Baywatch” (el desplazamiento sistemático del discurso público a favor de la distribucción de productos de entretenimiento estandarizados)es tan claramente Show Match y haciendo todo por un sueño?

  3. Mi hija usa Facebook y supongo que otros sitios similares. La pregunta es saben los usuarios de este tipo de servicios que estas empresas pueden manipular y vender su información personal al mejor postor? Saben quienes son los dueños de estos sitios?

  4. El comentario de Rosario me hace recordar una metáfora brillante de Tomás Maldonado en “Crítica de la razón informática”, cuando traduce la palabra “web”: por un lado red y por otro telaraña. Y se pregunta, con respuesta abierta: ¿En Internet no existirá una araña?

  5. Respecto al trabajo de Paula Sibilia “La intimidad como espectaculo” y su concepto de “diario extimo” para hablar de los blogs, otro caso interesante de analizar seria el de Lorena Bassani (Si la de quiero un novio) que a los tres meses de su “diario extimo” dejo el blog mas visto de Argentina porque el personaje se estaba comiendo a la periodista, a la persona. ¿Sació su sed de realidad? ¿O mas bien se ahogo en su sed de realidad? (Siempre tomando que Internet es el lugar donde existe esa promesa de realidad).

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